libertad es poder,
poder elegir,
elegir en libertad.
elegir si quiero casarme
con él, o con ella,
o vivir soltera hasta que la muerte me separe;
tener un hijo, o quince, o ninguno;
dar la teta, esconderla,
hacerme las tetas,
andar con las tetas sueltas.
andar por la vida como me plazca
mostrando el culo o con túnica,
despeinada, maquillada, o sin depilar;
comiendo chocolate o lechuga;
tomando cerveza o agüita saborizada;
andar,
andar por donde quiera,
como quiera,
con quien quiera;
andar sin temor
sin temor a los insultos,
a la mano que no es mía y que me toca aunque no quiera,
a la violencia disfrazada de piropo,
a la violencia sin ningún disfraz;
poder estudiar si quiero,
poder trabajar
o ser la ama de mi casa,
o hacer todo junto y a las corridas.
porque quiero
porque elijo
porque nadie me lo impone.
poder decir
y cantar
y amar,
como quiera
cuando quiera
a quien quiera.
sin temor.
eso es libertad,
para cada una,
diferente,
mujer, y mucho más
mujer, y nada menos.
Aunque tarde: feliz día de laS mujereS.
Por más libertad. Para todas.
Mostrando entradas con la etiqueta ... y zapatos de goma. Mostrar todas las entradas
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canto desolado al supermercado
En lo que antes fue mercado,
y ahora es "súper" por lo grande,
se reunen los humanos
y sus vicios abundantes.
Al ingresar, oh sorpresa,
notamos algo distinto.
Al rato nos damos cuenta:
¡cambiaron todo de sitio!
Entonces sale solito
nuestro primer improperio,
ya que encontrar cada cosa
es resolver un misterio.
En nuestra lista de compras
hay cereales, pan y arvejas.
Lo que habría que agregar,
es paciencia con las viejas.
Una de ellas, paqueta,
ahí cerca de la verdura,
aprieta toda la fruta
buscando la más madura.
Otra sin más apuro
compara precio por precio.
Para elegir un yogurt
está dos año y medio.
Está el que abandona el chango
en el medio del pasillo,
y el que sin culpa te pega
con el suyo en los tobillos.
El carrito hemos llenado
con enorme sacrificio.
Falta llegar a la caja,
eso sí que es un suplicio.
Parece que el Sr Coto
no sabe hacer bien las cuentas:
para atender mil personas
sólos dos cajas abiertas.
La cajera, oh personaje
de esta divina tragedia,
posnet en mano te mira
con ojos de vaca muerta.
De las filas elegimos
la que menos largo alcanza;
para darnos cuenta al rato
que es la que más lenta avanza.
Allí estarán los sujetos
que harán amargo este rato,
gente que a uno le dan ganas
de cometer asesinato.
La señora entrada en años
con la mansedad de un buey,
quiere pagar lo comprado
con doscientos pesos ley.
El hijo que hace la cola
pone cara de zoquete
porque está esperando al padre
a que el changuito replete.
El que con muchos productos
se mete en la cola rápida
merece que le regalen
de premio su propia lápida.
Y esta rima aquí termina
mientras dice a la bartola:
la vida es eso que pasa
mientras uno hace la cola.
Tercera entrega del afamado volumen "Te rimo cualquier pavada", que usted puede adquirir a un precio módico en la caja de su supermercado amigo.
No se lo pierda!
la gorda y su balance con delay
Se me complica.
Se me complica escribir por los motivos que ya todos saben.
Pero más se me copmplicaba hacer un balance de un año que se fue hace una semana, pero que dejó tantas emociones que no me alcanzó el calendario.
Entonces, cómo hacer un balance sin pensar, "pucha, imposible que el 2013 le llegue a los talones". Porque una no se caracteriza por ser positiva, vio.
Pero termino haciéndolo igual, porque mirar para atrás me llena de alegría. Una de las pocas veces que no me dio nostalgia sino placer pensar en lo que pasó, porque pasó de todo...
El Chino sobrevivió a nuestros cuidados durante un año completo, lo suficiente para darnos cuenta que esto de ser padres quizás no era tan imposible, ni tan tremendo como pensamos los primeros meses.
Nos convencimos tanto del tema, que al mes siguiente me enteré que estaba nuevamente embarazada. ¿Estamos locos? Y sí, un poco sí.
El test dio positivo a miles de kilómetros de casa, en una de esas ciudades en las que por mucho que estén en otro país uno nunca se sentirá extranjero.
Porque viajamos, con niño a cuestas, volamos largo y tendido. Conocimos un lugar en el mundo, de esos a los que siempre querremos volver, aunque quién sabe.
Y viajamos también, con panza y niño a cuestas, a la casita de las sierras, a la que seguro volveremos.
Disfruté de mi familia, y de mi panza, y de mis amigos. Como nunca, porque este año aprendí a abrirme un poco más al mundo.
Y por eso pude conocer gente nueva y amorosa, dejando de lado muchas de las taritas asociales a las que me tengo acotumbrada. Tuve vergüenza, terror escénico, me sentí un poco rara entre gente extraña, pero valió la pena. Perdí prejuicios y sumé amigos, de los virtuales y de los otros.
Me embarqué en un proyecto colectivo, hermoso, lleno de amor.
Colaboré con los proyectos individuales de mis amigos.
Participé de la felicidad de los otros y compartí la propia.
Leí, como una loca, como una hambrienta de historias. Fueron más de veinte libros en menos de un año, mientras empollaba, mientras esperaba.
¿Hubo cosas feas? Y sí, siempre las hay. Pero pude aprovecharlas para reconocer en marido a un compañero de fierro, de esos con los que cualquier cosa puede ser enfrentada.
Y al final llegó Rosita, proveniente de Hobbiton.
Las cero horas del primero de enero me encontraron dando la teta, dos ojos azules clavados en los míos, y una sonrisita recién estrenada.
No puedo pedir más. El 2012 siempre va a estar en mi memoria como un gran gran año.
En 2013 tendré que aprender a ser mamá de dos. Tendré que seguir trabajando con mi vergüenza, mi miedo al error y a la mirada del otro. Tendré que aprender por fin a delegar para no enloquecer.
Alimentar las nuevas amistades, y las antiguas. Fortalecer este vínculo que me empareja con un hombre increíble.
Espero seguir viajando. Espero seguir creciendo.
2013: estamos en carrera.
Se me complica escribir por los motivos que ya todos saben.
Pero más se me copmplicaba hacer un balance de un año que se fue hace una semana, pero que dejó tantas emociones que no me alcanzó el calendario.
Entonces, cómo hacer un balance sin pensar, "pucha, imposible que el 2013 le llegue a los talones". Porque una no se caracteriza por ser positiva, vio.
Pero termino haciéndolo igual, porque mirar para atrás me llena de alegría. Una de las pocas veces que no me dio nostalgia sino placer pensar en lo que pasó, porque pasó de todo...
El Chino sobrevivió a nuestros cuidados durante un año completo, lo suficiente para darnos cuenta que esto de ser padres quizás no era tan imposible, ni tan tremendo como pensamos los primeros meses.
Nos convencimos tanto del tema, que al mes siguiente me enteré que estaba nuevamente embarazada. ¿Estamos locos? Y sí, un poco sí.
El test dio positivo a miles de kilómetros de casa, en una de esas ciudades en las que por mucho que estén en otro país uno nunca se sentirá extranjero.
Porque viajamos, con niño a cuestas, volamos largo y tendido. Conocimos un lugar en el mundo, de esos a los que siempre querremos volver, aunque quién sabe.
Y viajamos también, con panza y niño a cuestas, a la casita de las sierras, a la que seguro volveremos.
Disfruté de mi familia, y de mi panza, y de mis amigos. Como nunca, porque este año aprendí a abrirme un poco más al mundo.
Y por eso pude conocer gente nueva y amorosa, dejando de lado muchas de las taritas asociales a las que me tengo acotumbrada. Tuve vergüenza, terror escénico, me sentí un poco rara entre gente extraña, pero valió la pena. Perdí prejuicios y sumé amigos, de los virtuales y de los otros.
Me embarqué en un proyecto colectivo, hermoso, lleno de amor.
Colaboré con los proyectos individuales de mis amigos.
Participé de la felicidad de los otros y compartí la propia.
Leí, como una loca, como una hambrienta de historias. Fueron más de veinte libros en menos de un año, mientras empollaba, mientras esperaba.
¿Hubo cosas feas? Y sí, siempre las hay. Pero pude aprovecharlas para reconocer en marido a un compañero de fierro, de esos con los que cualquier cosa puede ser enfrentada.
Y al final llegó Rosita, proveniente de Hobbiton.
Las cero horas del primero de enero me encontraron dando la teta, dos ojos azules clavados en los míos, y una sonrisita recién estrenada.
No puedo pedir más. El 2012 siempre va a estar en mi memoria como un gran gran año.
En 2013 tendré que aprender a ser mamá de dos. Tendré que seguir trabajando con mi vergüenza, mi miedo al error y a la mirada del otro. Tendré que aprender por fin a delegar para no enloquecer.
Alimentar las nuevas amistades, y las antiguas. Fortalecer este vínculo que me empareja con un hombre increíble.
Espero seguir viajando. Espero seguir creciendo.
2013: estamos en carrera.
corazón
un corazón limpio y sonriente
suena a cascabeles
un corazón remendado
que ahora late más tranquilo
32 tamborcitos a lo lejos
sonando cada vez más cerca
muchos corazones al mismo ritmo
haciendo lo que mejor saben:
poner las cosas en movimiento
el gremio de Rulo
Rulo es ese ser humano que aparece en nuestras casas ante una llamada de auxilio porque: nos llueve en el living, explotó la instalación eléctrica, el inodoro se convirtió en una fuente romana, nos quedamos sin lavarropas, hay que instalar un artefacto...
Y no importa a qué rama del arte de arreglar/instalar/acondicionar se dedique, aunque lo desconozcamos, Rulo pertenece a una secta que nació en el medioevo y sigue a rajatabla un código de conducta estricto; una serie de leyes que ha jurado respetar hasta la muerte (en el 90% de los casos, producida a manos de sus clientes). Por eso, no importa si plomero, gasista, electricista o cerrajero, Rulo hay uno solo.
- Si Rulo fuera médico, Rulo se la pasaría diagnosticando enfermedades terminales, aunque tengas una gripe de morondanga. Llamás a Rulo para que cambie una lamparita. Eso creés vos, que sos un ignorante y no sabés que la lamparita "se quemó porque
hay un cable del año 20 que hace masa con uno del año 63 y es
imprescindible cambiar todo", o te caerá la AFIP y te meterá preso por
contrabando de instalaciones eléctricas antiguas (?). Menos mal que está Rulo para salvarte.
- Y después del diagnóstico, Rulo anuncia su solución, que siempre es la misma: hay que romper. Así como el chico de sistemas lo primero que hace es apagar todo y volver a prenderlo, Rulo rompe. Porque Rulo, en el fondo de su corazón, más que arreglar cosas, ama romperlas.
- Rulo es veloz, hasta que empieza el trabajo. Rulo diagnostica el problemón y promete arreglarlo en menos de lo que canta un gallo. Lo que no aclara Rulo es que el gallo se quedó mudo hace una década y hay que enseñarle a cantar de nuevo. Entonces, un día, te levantás, vas a la cocina en pantuflas, y te encontrás a Rulo desayunando con tu marido y tus hijos, como un integrante más de la familia.
- Así como Rulo tiene una concepción del tiempo diferente a la del resto de los mortales, sus presupuestos se acomodan a una lógica que ningún economista en toda la historia de la humanidad ha desentrañado jamás. Es por eso que Rulo te puede cobrar 500 pesos por apretar una tuerca, y 1000 por cambiar todos los caños de la casa. El valor de "la mano de obra" es un misterio sólo comparable a la existencia de OVNIS o la autoría de las líneas de Nazca.
- Rulo es exhibicionista. Rulo gusta de usar pantalones anchos, que dejan al descubierto sus partes traseras. Partes que una no querría ver ni en sus peores pesadillas. Pero si Rulo no muestra la raya, no sería Rulo.
A este blog lo lee gente que vive en parajes exóticos (?) y países del primer mundo en los que Rulo quizás no exista. Porque hasta donde sabemos Rulo es autóctono, nacional y popular.
Y usted, ¿tuvo la suerte de cruzarse con Rulo alguna vez?
Si es así, cuente su experiencia, y ya que está mándele saludos, y dígale que me sigue lloviendo el techo de la cocina. Pero que no se haga drama, que yo lo espero.
con la frente marchita
Podés estar en el lugar más hermoso del mundo, o en la ciudad más increíble. Rodeado de la gente que querés, comiendo rico, alojado cómodamente y pesando sólo a dónde ir a pasear. Podés estar pasándola muy bien. Sin embargo, llega un momento en el que sólo deseás una cosa: VOLVER.
A tu casa, a tu cama, a tus pequeñas ceremonias diarias.
Una lástima que eso también implique volver al trabajo.
De todos modos, no hay mejor lugar que el de uno (más allá de que en este instante, el lugar de una sea un verdadero despelote).
Ando volviendo. Espero que sigan por ahí.
de vacaciones
Por eso hace tanto que este blog anda en stand by (si es que alguien se dio cuenta). Porque en vacaciones intento respetar mi tabla de la ley vacacioneril, que consta de algunos preceptos fundamentales.
A saber:
1. No tomarás el santo nombre "vacaciones"en vano.
Esto quiere decir que toda vacación debe por lo menos durar 10 días. Quince o más es la medida ideal, pero no siempre se puede (hay un invento del demonio denominado "jefe" y otro denominado "dinero" que en general te impiden irte el tiempo que quisieras a donde realmente te gustaría -por ejemplo, un mes a las Islas Maldivas-).
Eso sí, un fin de semana largo no son vacaciones, cuando empezás a descansar te tenés que volver. Eso es frustración.
2. Te alejarás de todo elemento con enchufe como si se tratara del anticristo
Esto incluye la computadora, el cargador del celular (y más aún si es un blackberry o esas porquerías a las que te llegan los mails), el lavarropas, el secador de pelo y/o planchita (en vacaciones se luce el estilo "sovash" o "a la que te criaste") y cualquier otro electrodoméstico, a excepción de la heladera (en la que solo habrá cerveza, gaseosa, cositas para picar y elementos para hacer sánguches.)
3. No cocinarás ni por orden de un juez
La alimentación base de las vacaciones es sánguche. Comprado o hecho artesanalmente. No importa si te fuiste al polo norte y hace un frío que te duelen los huesos (?), ni se te va a ocurrir ponerte a hacer un guiso. Invitate a comer a la casa de alguien, o metete en uno de esos restaurantes tipo tenedor libre y arrasá con todo, pero jamás de los jamases te pongas a cocinar (a no ser que te encante).
4. Un porcentaje de tu tiempo debe estar dedicado a hacer nada.
Y cuando digo nada es nada.
Si hay que despertarse todos los días a las 6 am para hacer excursiones estás en un campamento del ejército, no de vacaciones.
Tirate panza arriba por lo menos una horita y disfrutá del ocio. Ese ocio que vas a extrañar todo lo que te resta del año.
5. En las vacaciones criarás panza
No te vas a privar de esa milanga a la napolitana que explota de calorías grasas, o de ese salmón, o de ese helado bañado en chocolate porque estás a dieta. Dejá que la balanza descanse un rato, ya está harta de ver tu cara de horror cada vez que te le subís encima. Desabrochate el cinturón, que tus abdominales se relajen y se estiren.
No te preocupes, ya habrá tiempo para bajar ese contrabando de alfajores que llevás encima: el tiempo que hay entre unas vacaciones y las siguientes.
el deporte y el hombre
En tiempos de Copa América, o sea, en tiempos de fútbol hasta por las orejas, comparto algunos datos importantes para que tú, ignorante de los vericuetos de esa especial relación entre ciertos seres humanos y los deportes, sepas cómo conducirte entre tanto gorrobanderayvincha sin morir en el intento.
1. Si es fútbol (o algo parecido), hay que verlo.
No importa si se trata de Esportivo Villa Tachito vs. Club Atlético Desahuciados de Palomar, del picadito de un grupo de conductores de algún programa de cable, del fútbol-tenis entre estrellas deportivas venidas a menos en el programa de Tinelli, o del campeonato de fútbol de Nikelodeon*, el hombre que lleva el vicio del deporte en la sangre se sentará frente al televisor cual ratón hpnotizado por el flautista de Hamelin, y así quedará hasta el final del susodicho partido (o del que le siga, o del siguiente).
No intente conocer la razón de esta hipnosis, las causas serán descriptas con frases indemostrables del estilo de "en esta categoría son todos partidazos", "el fútbol es fútbol" y tautologías similares.
2. Si no entiendes, no sabes o no te interesa: no comentes.
El nivel de tolerancia de estos seres humanos frente al televisor durante un partido de fútbol es similar al de ese barrabrava endemoniado que hace gestos obscenos a cámara mientras canta "son todos putos, los tenemos que matar". Si tú eres un ser que no comprende la ley del off side, o no le interesa comprenderla, y quieres mantener tu salud intacta, no es recomendable que intervengas con ningún tipo de comentario durante el match.
Ahora, si entiendes, sabes y eres mujer, hazte valer muchacha. Basta de seguirle la corriente a los primitos lejanos del eslabón perdido que afirman que "la mujer" no entiende el fútbol.
Eso sí, intenta realizar pocos comentarios adyacentes como "qué cara de nabo que tiene Messi" o "ese peinado a Tevez realmente lo favorece" porque aunque tú sepas de fútbol ellos no entienden de estética.
3. El nivel de importancia de un partido puede ser fácilmente medido por el promedio de puteadas proferidas en un minuto, o bien por la carencia absoluta de las mismas.
Si el espécimen putea a los gritos, incluso a santos que se acaba de inventar (como San Araujo, patrono de las corbatas horrendas) o, por el contrario, está frente a la pantalla con los ojos abiertos, sin pestañar ni emitir ningún tipo de sonido, es recomendable salir de la habitación sigilosamente para buscar el carnet de la obra social. Es probable que de un momento al otro al susodicho le agarre un patatús y uno tenga que salir corriendo a llamar a la ambulancia.
4. Cualquier deporte en el que intervenga una pelota, es digno de ser visto.
En nuestra infancia los ejemplares amantes del deporte tenían pocas oportunidades de estupidizarse sin remedio frente a la televisación de los deportes: el campeonato de fútbol, algún que otro de tenis y nada más.
Pero gracias al avance de la tecnología y la aparicion de los canales de cable, ahora es probable que tengamos que convivir con un sujeto que frente a cualquier imagen móvil de un ser humano haciendo algo con una pelota, comience a producir baba a raudales mientras dice en una media lengua "uh, que bueno, el partido de Kuchevaski - Del Petro" (jugadores ignotos incluso para sus conterráneos) o "uh, mirá, el campeonato de pelota al cesto de Ucrania".
Y si usted tiene la infinita desgracia de poseer canales HD, la torura es doble (y más nítida).
*Nota: esto está basado en HECHOS REALES.
tres tristes postres
Vas a comer afuera. Las almas gordas solemos disfrutar de tooooda la comida, pero tenemos especial predilección por el final de la misma: el broche de oro, la frutilla de la torta... o sea, el postre.
Aunque estés a punto de reventar siempre hay un lugarcito para algo dulce (y por las bombachas de Fortuna, ¡que las publicidades no me vengan a querer convencer de que un yogurt laxante se puede convertir en postre!). Pero personalmente, y esto no sé si lo podré compartir con alguien porque es una de esas manías inexplicables que tiene una, hay postres que jamás pediría en un restaurante (y casi que no comería en ninguna ocasión).
No es porque sean feos, no es porque carezcan de la suculencia (?) que debe tener todo postre que se precie de tal; simplemente es porque de sólo verlos sobre un plato me deprimen. Son postres TRISTES.
Aquí el top 3 (y aclaro que no incluyo a la reina de la tristeza, la gelatina, porque ese liquidito de nada no puede ser considerado postre en ningún lugar del universo).
Batata+máquina o membrillo+fresco, o haga la mezcla que se le ocurra, el queso y dulce es un postre "tradicional", como el mate ponele. Pero ¿alguien se preguntó por qué se llama "vigilante"? Porque no hay postre más amargo, mala onda y carente de gracia. Con ese nombre no hay más nada que agregar.Duraznos en almíbar.En serio, ¿a quién catzos se le ocurre pedir una copa de duraznos en almíbar en un restaurante? Un "postre" cuya preparación consiste en sacar un durazno de una lata y meterlo en un recipiente sólo puede servirse en una mesa familiar, en tu casa, esos días en los que te morís por comer algo dulce pero no querés seguir engordando cual pavo de navidad. No es que los duraznos en almíbar sean muy diet, pero siempre son preferibles al cuartito de helado de la heladería amiga (sí, esa en la que ya deberías tener acciones)
El almendradoEl almendrado, y su prima menor la casatta, postres que por alguna razón están presentes en todas las fiestas navideñas y findeañescas desde que tengo uso de razón. En los restaurantes generalmente los compran para esas fehcas y luego se los van encajando a los pobres diablos que lo piden en julio, sin saber que están comiendose al fantasma de las navidades pasadas.Imposibles de adornar, presentar y que queden más o menos lindos. Siempre serán un cacho de helado cuadrado sobre un plato. Triste, moooy triste.
la no estación
Llega la media estación, ese lapso en el año en el que salís a la mañana con 10 grados y a las tres horas te tenés que meter todo el abrigo que incluiste en tu vestimenta allí donde no te da el sol, justamente porque el sol calentó la superficie terrestre y ahora hacen 25 grados, y vos estás sudado como un cerdo a la parrilla.
Es la época en la que las madres comienzan a decir "llevate un saquito por las dudas refresque". La media estación, la no estación, en la que todos parecemos salidos de un manicomio, la mitad vestidos de invierno, la otra mitad en chancletas.
Una estación de porquería, en fin... Fea, como usar ojotas con medias.
y si no tienen pan, que les den torta (y así se armó la podrida)
Hace un tiempo que aprendí a ofrecer algo de tomar, de manera casi automática, cuando alguien llega a casa. Fue un proceso arduo, iniciado por recomendación de Concubino, porque jamás me acordaba y parece que quedaba un poco flojo.
Es que soy una anfitriona a la sanfaçon, nunca tuve muy en cuenta las reglas de protocolo y ceremonial casero, y en realidad me importan un pito.
Debe ser por eso que no logro entender a los fundamentalistas de la anfitrionidad. Esas personas que a toda costa, inlcluso la misma incomodidad de sus invitados, se empeñan en ser anfitriones estresha.
Como esos mozos pesados que te llenan el vaso cuando nadie se lo pidió, esta gente se siente profundamente ofendida si uno no se atiborra como un cerdo con el excesivo alimento que han preparado. ¿Qué querés que haga si no me entra un niño envuelto más, que me los incruste por las orejas y los use de audífonos?
Son esas personas que al cumpleaños del hijo/marido/etc. se sienten en la obligación de llevar la torta (casera, obviamente), aunque el susodicho cumpleaños se realice en un boliche entre adultos borrachos saltando y rodando por el suelo, que terminarán utilizando la torta para hacer una guerra al mejor estilo Tres Chiflados.
Mi mamá es una de esas fundamentalistas. Y mi cuñada también.
El viernes pasado he descubierto que ésta no es una buena combinación. Por lo menos si las dos se sienten obligadas a demostrar sus dotes al mismo tiempo (una por dueña de casa, la otra por madre).
Todo sucedió en el cumpleaños de mi hermano (ese boludo grandote al que le siguen diciendo el nene). Mi cuñada cocinó durante dos jornadas para alimentar sólo 6 bocas. Mi madre es de las que lleva la torta bajo el brazo. Y mi hermano definitivamente no sabe manejar ciertas situaciones (porque es un boludo grandote).
Temí por mi salud cuando entré a la cocina y vi la cara de mi cuñada que blandía una cuchilla enorme con la excusa de estar cortando la picada, pero evidentemente quería ajusticiar a alguien. No quise indagar en el motivo de su mal humor, pero debería haberlo supuesto, cuando la vena de la sien estuvo a punto de reventarle en el mismo momento en que Madre ingresaba al lugar con la bendita torta.
Y como soy una ignorante en estas cuestiones, no tuve mejor idea que hablar... ¡de la comida! "No te hubieras molestado, pedíamos algo y listo, así no laburabas", dije, pobre de mí.
Ante esto, la cabeza de mi cuñada giró sobre su eje, sin que el resto del torso modificara su posición, y con los ojos en llamas me contestó:
"A mi casa nadie trae comida"
WTF?
Por las dudas asentí, como si en esa frase se escondiera el sentido de la vida, y me fui a cuidar a Poroto, que si tiene hambre grita, y mientras le den de comer no le interesa de dónde venga el alimento. Y si está lleno eructa con ruido, y sabe cagarse estruendosamente aunque en frente tenga al rey de Inglaterra.
En fin, un verdadero sabio. No como el resto, que puede armar la tercera guerra mundial por una torta mugrienta*.
*Hay que aclarar que si a Madre se le prohibía llevar la torta el conflicto iba a ser el mismo... o sea, la única solución era hacerlo en mi casa, o en un restaurante.
Odol pregunta (y contestá, o te bajo los dientes)
La convivencia a veces puede ser pantanosa. No, no quise decir espantosa y se me mezclaron las letras. Digo pantanosa, porque hay momentos de la vida compartida con otro en los que toda la buena voluntad, el amor, el diálogo o las pocas ganas de soportar su cara de culo no son suficientes, y una decisión se convierte en un callejón sin salida. No hablo de grandes elecciones como la compra de un inmueble, las vacaciones, o el tipo de educación que la vas a dar al pobre vástago que está en tu vientre; hablo de cosas tan insulsas como: ¿qué comemos?, ¿a dónde vamos?, o ¿cine o película en casa?
Y frente a estas situaciones cotidianas, repetidas hasta el hartazgo, hay una frase, un conjunto de palabras que me hace hervir la sangre y que podría considerar la peor frase de la historia de la humanidad -bueh, más o menos-. Es el famoso "Lo que quieras, me da lo mismo".
Una frase que generalmente viene acompañada de una postura corporal ad hoc, que podría denominarse la posición del potus ibéricus.
Veamos.
Situacion 1:Sábado a la tarde. A se dirige a B, que está desparramado en el sillón del comedor.A: - ¿Querés ir a caminar por el Jardín Japonés o nos quedamos mirando tele?B, utilizando la menor cantidad de músculos corporales posibles: - Como vos quieras, me da lo mismo.Por la frase A puede colejir que al susodicho le da igual cualquier opción. Pero no hace falta ser profesor de neurolingüística para darse cuenta de que el sólo esfuerzo al realizar su respuesta ya le produjo calambres. Entonces, ¿le da lo mismo?
Esta situación, me dirán, se puede arreglar fácilmente: que A haga lo que se le cante y si al otro no le gusta que se embrome por no decir nada. Ok. Por ahora sigamos.
Evaluemos la siguiente situación.
Situación 2:Novia a Novio más o menos reciente: -El sabádo es la fiesta de comunión de mi hermanito en Plumas Verdes (léase: la concha de la lora) ¿Querés venir?Novio, con cara de potus ibéricus: -No sé. Como vos quieras.
¿Decime qué catzos quiere decir eso? Si no quisiera que vengas no te invito. Entonces, si te pregunto es porque quiero, lo que estoy intentando saber es qué querés hacer vos. No yo. Yo ya me conozco.
¿Se entiende por qué esta respuesta me hace estallar la vena de la sien cual petardo ilegal? Justamente porque NO es una respuesta.
Un día podés estar sin ganas de decidir. Ok. Pero no siempre.
No te puede dar lo mismo comer mondongo que sushi Rulo. No te puede dar igual ir al cine con unos amigos que acompañar a tu sobrinita adolescente al recital de Ricardo Arjona.
A mí no me mientas Rulo. No te-da-lo-mis-mo.
¿Entonces? ¿Pensás que dejando la decisión en mis manos me dejás contenta y evitás un posible conflicto?
Lamento decirte Rulo, que estás equivocado. Que lo único que me provocás con la posición del potus ibéricus es ganas infinitas de arrancarte los pelos de las cejas con los dientes (?).
Porque si quisiera vivir con un ente sin voluntad que me acompañara en cualquier decisión sin decir palabra, me hubiese comprado un Tamagochi.
A mí no me da lo mismo lo que quieras hacer o te guste. Por eso pregunto. Alguna pizca de voluntad te debe quedar. O te convertiste en un potus y no me di cuenta.La próxima vez contestame Rulo, o voy a empezar a regarte todas las mañanas.
Nota final, para todos los Rulos del mundo: Se vienen las fiestas. Se van a tener que enfrentar a la gran pregunta: ¿la pasamos con tu familia o con la mía?
¿Qué van a contestar? ¿Les da lo mismo?
Vayan preparando la respuesta.
"de los cuernos...
y de la celulitis nadie se salva". Ese podría ser un buen adagio para implementar en el futuro cercano, y hacerlo parte del acervo popular.
Porque, aunque la TV nos quiera vender culos torneados con la perfección de una manzanita de cera, y Susana Gimenez parezca cada día más flaca y más jóven (incluso que su propia nieta), todos sabemos que es MENTIRA.
Algo que hay que explicarle al Rulo, permanentemente para que no pierda el sentido de la realidad:
- Rulo, ¿vos sabés por qué Jessica Cirio tiene ese culo redondo y parado? ¡Porque nunca lavó un plato Rulo, por eso!
(Nótese que la inconexión entre enunciados no ayudará a que Rulo comprenda. Luego debe explicarle que Cirio, en lugar de lavar platos, se la pasa tirada en un centro de estética donde le aniquilan la celulutis a base de sobamientos a repetición.)
Hay que comentarle, así como al pasar, mientras le damos un mate con cascaritas de naranja, que los seres humanos tenemos poros, arrugas, imperfecciones, en fin, y que el Photoshop es un invento del mismísimo demonio.
"Estos muslos cascoteados son una huella indeleble de la vida misma, Rulo. Estos pozos le gritan al mundo que yo he vivido". Le podemos decir, en un arranque de filosofía de supermercado.
"Estas son las venas varicosas de América Latina, golpeada por la historia y el imperio". Eso, si ya nos hemos tomado un par de tintos y nos da por la política internacional. (Siempre hay que tener cuidado con el dosaje de alcohol en sangre, querida amiga, porque te podés encontrar derrapando al grito de "tu hermana se hizo un lifting pero sigue siendo un bicho canasto" o cosas semejantes.)
O, bien, le podemos mostrar a nuestr amorcito, esas lindas imágenes que se publican cada vez con mayor asiduidad, en las que se muestran los antes y después de los retoques digitales.
No aseguramos que Rulo deje de mirar los culos que aparecen en Tinelli con la baba cayendo de sus comisuras cual lobo en celo. Pero habremos sumado a la causa de las mujeres que sí arrugan: la frente, las patas de gallo y demás extensiones dermáticas, pero que tienen las ideas bien firmes.
esas pequeñas cosas que convierten una mañana cualquiera en una mañana de terror
- darte cuenta que es lunes
- darte cuenta de que no te diste cuenta antes y apagaste el despertador, y estás llegando tarde.
- la imagen deprimente de los platos que ayer no tuviste ganas de lavar, mirándote desde la pileta de la cocina.
- ese charquito en el baño en el que no reparás, hasta que lo sentís esparciéndose por tu media limpia
- no saber si ponerte un poncho o unas bermudas... porque el tiempo juega a la indesición y el servicio meteorológico a la inutilidad
- las llaves que juegan a las escondidas (y te ganan).
- darte cuenta que es lunes divino tesoro
Últimamente los jóvenes están en el ojo de la tormenta. Son objeto de análisis, discusiones y teorías filosóficas de todo tipo, emitidas por homúnculos que, o nunca fueron jóvenes o tienen poca memoria.
Se los acusa (a los jóvenes, porque a los homínidos que difunden estupideces a troche y moche nadie los mira), digo, se los acusa de borrachos, violentos, promiscuos, drogadipptos y, según le convenga al gobernante de turno, de boludos sin ideología o troskistas revolucionarios que quieren desetabilizar al país (a los políticos les encanta decir "desestabilizar", y "crispado" y "yo no tengo nada que ver con eso, viene de la gestión anterior".)
La televisión se relame. Los busca, los mira, critica sus modos, les reclama una adultez que ni ella misma tiene. E incluso les pregunta por sus padres.
¿Dónde está su padre que es usted el que debe salir a manifestarse?
Y peor aún, ¿quién es su padre para que a usted se le ocurra salir a manifestarse?
Los jóvenes, en todas las épocas, fueron culpables. Porque sí, por las dudas. Porque están y estuvieron ahí para recordarle a muchos "adultos" que ellos un día también creyeron en algo, que también soñaron con cambiar el mundo. Pero sobre todo, están ahí para recordarles que finalmente dejaron que el mundo los cambiara a ellos.
Y frente a tanta estupidez, nunca viene mal un poco de inteligencia...
culinarias
* No entiendo a la gente que dice que "comer es un trámite" y otras porquerías semejantes. La comida está para saborearse y disfrutar. Nunca ví un trámite que se saboreara, a no ser que te guste la que te atiende en la oficina del monotributo.
* No sé hacer un huevo poché. Lo únicos grados de "huevez" que conozco van del duro al líquido sin escalas.
* Cada dos por tres me olvido una olla al fuego. No quemé la casa porque Fortuna aún me defiende de mi propia estupidez.
*Madre dice que tengo "buena mano" para los dulces.
No sé si se refiere a mi habilidad para prepararlos o para alcanzarlos y llevármelos a la boca.
* Los que empaquetan cosas con papel film en el súper no quieren que las utilices. Y una vez abiertas es imposible volver a dejarlas bien tapadas.
* Las fechas de vencimiento exageran.
* Un tomate no puede durar "fresco" una semana. O es de cera, o algo raro les están poniendo.
* Después de varios años de usar el mismo horno, sigo equivocándome de manijita al querer prender una hornalla.
* La hornalla más chiquita es inútil a todo servicio.
* El primer cajón es de cubiertos, el segundo de repasadores, y el tercero es un agujero negro.
* Ahí está la cuchara para hacer papitas noisette que compramos con madre una navidad. Fue la única vez que se usó. Y no para hacer papitas noisette.
* Las papas congeladas y el puré chef no saben igual que los naturales, pero están muy bien.
No así todos esos engendros en sobre. ¿A quién se le ocurre que una paella puede venir en polvo?
* "A ojito" no es una buena manera de medir ingredientes, pero es la única que utilizo.
* Cuando sea grande voy a tener una cocina con isla, pastalinda, exprimidor de naranjas, (de ese que se aplastan), muchas sartenes colgando, colador chino, cuchillos de todos los tamaños, morteros de todo tipo, y me voy a hacer la Narda Lepes hasta para hacer un arroz con manteca.
ganamos
La espera fue tensa, y la verdad no tenía muchas esperanzas.
Amiga vino a casa y estuvimos varias horas charlando los tres, indignándonos, elevando la voz como si esos señores que hablaban en la tele pudieran escuchar nuestras respuestas.
- No puedo ni pensar qué va a pasar - me dijo ella- la decepción sería muy grande.
Cenamos, seguimos discutiendo, entendiéndonos, intentando mirar desde los ojos del otro.
Nos despedimos, en la calle desierta y helada, antes de que cambiara el día.
Seguíamos sin saber.
No pude soportar mucho más, el embarazo me duerme. Un sueño incontrolable.
Y me dormí. Y me desperté a la madrugada. Concubino había prendido la radio, pero no daba signos de estar despierto. Escuché, en silencio, y me levanté.
Concubino me habló, desde la habitación: - ¿te sentís bien?
- Sí, le dije. ¿Viste que ganamos?
Y nos quedamos un ratito charlando. Como dos viejitos, escuchando "el noticioso".
Ganamos todos. De eso se trataba.
Ganaron aquellos a los que se les estaba negando un derecho que otros disfrutaban. Ganamos los privilegiados (porque un derecho para unos pocos no es derecho sino privilegio) que queríamos igualdad.
Ganó mi hijo o hija, porque va a vivir en un país un poco más justo.Sé que falta mucho, pero estamos avanzando.
Ojalá sigamos haciéndolo.
Pero hoy hay que estar contentos, porque hoy ganamos.
un cuento para no dormir
Cuando era chica me contaron que una vez una señora tuvo un hijo. Pero ese hijo no era de su marido, era de otro señor: un señor invisible, que al parecer no por ello era menos fértil.
Imagino las cosas que habrán dicho las vecinas indiscretas de aquella mujer . Debe haber sido la comidilla del barrio.
Para colmo de males, cuando ese hijo creció, salió a abrazar a los leprosos, a los pobres, a las prostitutas y a todos los débiles que andaba encontrando por ahí. Un hippie, un loquito, un raro, un anormal. ¡Las cosas que le habrán dicho!
El hijo de esta señora andaba rodeado de unos pescadores medio brutos, diciendo al que lo quisiera escuchar que lo más importante de la vida no era tener plata, poder, armas o tierras, lo más importante era el amor. Y no cualquier amor, el amor incondicional al otro. Que siempre era un semejante.
¡Esos otros, mis semejantes!
Las cosas que le habrán dicho.
Después me explicaron que a ese hombre lo mataron. Porque eso quería el padre (el señor invisible, pero fértil) que en realidad era él mismo, y otro más, todos juntos pero separados.
Ahí las cosas se ponían un poco más complicadas. Lo del embarazo mágico vaya y pase, ¿pero el resto?
El resto era peor.
Ese hombre, el raro, se había muerto por mí. Por mí y por mis pecados.
Porque yo, en el mismo momento de nacer, ya era una pecadora.
Todo por culpa de otra señora, que no quedó embarazada de un señor invisible, pero que nació de una costilla, y se extralimitó con la dieta y la condenaron por glotona. (Las cosas que le habrán dicho.)
Así que, en resumen, uno venía fallado de fábrica. Pero se solucionaba fácil: le tiraban un agüita en la cabeza y san se acabó.
Pero ¿y los bebés que se morían sin agüita? Y... se iban al limbo. Que ya no existe.
Porque antes, cuando a mí me contaban todo esto, había limbo, cielo, purgatorio e infierno. Todos lugares a los que uno iba a parar cuando se moría. La selección era simple: cuanto más pecados tenías más cerca del infierno estabas. Y ahí te hacían cosas espantosas por toda la eternidad.
Entonces, mejor ser bueno. Te convenía.
¿Y el semejante?
El semejante no sé, vos cuidate las espaldas.
Y así se acumulaban las ideas, todas mezcladas. A los ocho le tenía miedo al cuco, pero más miedo me daban los pecados mortales. A los diez sabía que los ángeles son seres-puramente-espirituales-dotados-de-inteligencia-y-voluntad, y otras cosas que ahora no sé repetir pero que están todas en un librito amarillo de preguntas y respuestas.
A los trece iba a misa para ver a los chicos que me gustaban.
Y a los quince tenía cada vez más preguntas.Y las respuestas no estaban en el librito amarillo, y muchas veces se resumían a un "porque es así".
Y así no me servía.
Y hoy, que ya no le temo al cuco, y mucho menos a los pecados mortales; que no me asusta el infierno, al que en cualquier momento lo clausuran por pasado de moda; que no voy a misa, ni siquiera para hacer sociales.
Hoy, que acá nomás la gente se va a juntar para reclamar una igualdad que les es negada; y que más allá festejará la diferencia, que no por eso nos hace desiguales...
Hoy pienso en ese hombre, el de las sandalias y los pelos largos. Ese, nacido de un embarazo por lo menos extraño, en una familia con dos padres (aunque uno fuera invisible). Ese que le daba la mano a los leprosos y defendía a las putas.
Ese, del que habrán dicho tantas cosas.
Ése hoy estaría con los suyos (los raros, los loquitos, los anormales) levantando una bandera de colores. Una bandera que no es otra más que la del amor al otro.
El otro, mi semejante.
noticias
Las letras de molde dicen sus primicias. Anuncian victorias, inseguridades, progresos, o crisis. Contean los grados celcius del día más frío, o del más caluroso de la década. Cuentan las horas del día más corto, la inflación del mes más largo para el bolsillo.
Todos los días, al compás de la "agenda", como dicen los que saben, leemos lo importante, lo urgente, o quizás sólo lo vendible.
Títulos que también dicen algo de lo que nos pasa. Algo, y muchas veces casi nada.
Porque esa, nuestra noche más larga, no tuvo nada que ver con el cambio de estaciones y el calor de un abrazo jamás se midió en grados celcius.
Porque nuestras victorias, derrotas, inseguridades o nuestras crisis no llegan a la tapa de los diarios. Se escriben sí, en nuestros ojos, en esa arruga debajo del flequillo, en unas manos endurecidas, en un hoyuelo como un pozo de alegrías.
Son noticias que nadie anuncia en letras rojas.
Y son las noticias más urgentes, las más importantes, esas que no se venden: nuestras noticias.
Esas que, todas juntas, algunos las llaman "vida".dos palabras
Estoy en silencio porque tengo algo en la punta de la lengua.
Trabado ahí por decisión, y también supongo que por miedo. Como
si soplar esas dos palabras, desde la punta de la lengua, conjurara unas
fuerzas invisibles, rabiosas.
Como si por sólo dos palabras en voz alta fuera a cambiar el
destino, el futuro, ponele el nombre que quieras.
No creo en casi nada. No tengo cábalas ni santos de devoción.
No alzo la mirada al cielo más que para ver las nubes. No llevo estampitas y no
cruzo los dedos.
Y sin embargo… sin embargo no puedo decir esas dos palabras.
Las guardo ahí, al ras de los labios, en la punta de la
lengua.
Un poco más.
Por las dudas.
A ver si todavía.
Y también las guardo ahí porque son dulces.
Después de todo, quizás estoy aprovechando a saborearlas.
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