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canto desolado al supermercado

En lo que antes fue mercado,
y ahora es "súper" por lo grande,
se reunen los humanos
y sus vicios abundantes.

Al ingresar, oh sorpresa,
notamos algo distinto.
Al rato nos damos cuenta:
¡cambiaron todo de sitio!

Entonces sale solito
nuestro primer improperio,
ya que encontrar cada cosa
es resolver un misterio. 

En nuestra lista de compras
hay cereales, pan y arvejas.
Lo que habría que agregar,
es paciencia con las viejas.

Una de ellas, paqueta,
ahí cerca de la verdura,
aprieta toda la fruta
buscando la más madura. 

Otra sin más apuro
compara precio por precio.
Para elegir un yogurt
está dos año y medio.

Está el que abandona el chango
en el medio del pasillo,
y el que sin culpa te pega
con el suyo en los tobillos.

El carrito hemos llenado
con enorme sacrificio.
Falta llegar a la caja, 
eso sí que es un suplicio.

Parece que el Sr Coto
no sabe hacer bien las cuentas:
para atender mil personas
sólos dos cajas abiertas.

La cajera, oh personaje
de esta divina tragedia,
posnet en mano te mira
con ojos de vaca muerta.

De las filas elegimos
la que menos largo alcanza;
para darnos cuenta al rato
que es la que más lenta avanza.

Allí estarán los sujetos
que harán amargo este rato,
gente que a uno le dan ganas
de cometer asesinato.

La señora entrada en años
con la mansedad de un buey,
quiere pagar lo comprado
con doscientos pesos ley.

El hijo que hace la cola
pone cara de zoquete
porque está esperando al padre
a que el changuito replete.

El que con muchos productos
se mete en la cola rápida
merece que le regalen
de premio su propia lápida.

Y esta rima aquí termina
mientras dice a la bartola:
la vida es eso que pasa
mientras uno hace la cola.


Tercera entrega del afamado volumen "Te rimo cualquier pavada", que usted puede adquirir a un precio módico en la caja de su supermercado amigo. 
No se lo pierda!



 





de la necesidad de un sucucho

Cuando empecé a trabajar desde mi casa (hace una eternidad), andaba con la notebook de un lado a otro, bendiciendo la posibilidad de estar ganándome el pan, por ejemplo, recostada en la cama y espiando los programas de chimentos.
Con el tiempo fui descubriendo que este deambular con la oficina al hombro sólo significaba una cosa: no dejaba de trabajar nunca. Porque sí, podía estar en la cama, espiando la televisión, pero eran las tres de la mañana y yo seguía "en la oficina".
Por eso, tener un lugar al que limitar el espacio de trabajo del espacio vital se convirtió en algo imprescindible. Así nació la necesidad del sucucho. Chico, o grande, con o sin puerta, la cuestión es poder, como hace cualquiera, dejar la oficina y llegar a casa, aunque el viaje se reduzca a dar dos pasos.
Hace tres semanas y debido a la próxima llegada de #hija, hube de abandonar mi sucucho para cederlo a la progenie. Los sacrificios de ser madre.
Durante la mudanza estuve perdida. Molesta. Trabajando, otra vez, en la mesa del comedor, en un rincón de la cocina. 
Pero ya está. Tomé posesión del nuevo sucucho (antes conocido como el cuarto de Chino) hace unos días y volví a recuperar mi mundito aparte. Porque aunque se trate de la oficina, también es mi lugar, mi espacio de la casa. Abarrotado de cosas, y libros, y adornitos y muñecos. 
Se los presento. Este es mi sucucho (próximamente me mando a hacer una placa que diga "Mi sucucho" y la cuelgo por algún lado, lo acabo de decidir).






  

si sortean casas por lotería, por qué no sortear el menú semanal

Hace un tiempo puse a consideración de esta honorable asamblea (?) ese problemita universal que surge cuando, cada noche, nos preguntamos "¿qué comemos?" y se arma la de San Quintín. 
Los integrantes de este foro me dieron varias ideas, y de ellas salió lo que hoy cuelga de mi heladera y hace dos semanas pongo en práctica: el "Menú semanal por sorteo o licitación".

A pedido del público, cuéntoles cómo funciona.

Preparación:
1. Durante un par de días estuvimos, junto a Concubino, recolectando platos y recetas que hacemos siempre, algunas que teníamos olvidadas, y buscamos nuevas.
2. Luego las separé en categorías (pongalé: carnes, verduras, pastas, tartas, arroces... y así).
3. Armé tarjetas con los platos, sus ingredientes, y una breve explicación de la preparación (que sirve para platos nuevos, o para Concubino, que sólo recuerda cómo se hacen los fideos.)
4.Finalmente, (y durante un domingo de superacción en el que además cosí dos dobladillos, dos fundas de almohadones y  una bolsa en la que mandé el regalo para mi ahijado), armé un "panel" de donde cuelgan las tarjetas.

Funcionamiento: 
1. De los siete días de la semana, el menú funciona durante cinco. Los otros dos se pide o se comen sobras, o se hacen sámbuches.
2. Cada domingo (que es cuando hacemos el pedido del súper) se sortea un plato por categoría. Con eso tenemos los ingredientes que hay que comprar para cocinar toda la semana. 
El sorteo es la parte lúdica de la cuestión, elegimos números, cerramos los ojos, tiramos las tarjetas por el aire cual secretaria de Sofovich, qué se yo... si se tienen niños quizás hasta sea un momento divertido de la familia (ah, ella se comió un capítulo de la Súper niñera y se hace la pedagógica.)
3. En cada categoría, además, hay tarjetas en blanco, o comodines, que nos obligan a buscar una receta nueva de dicha categoría. 
Sólo se puede sacar un comodín por semana.
4. Las tarjetas usadas se van guardando aparte, para que no entren en el sorteo de la semana siguiente, y los platos no se repitan.
5. Cuando se gastan todas las tarjetas, se recomienza el sorteo desde cero. Cuantas más recetas se tengan, más variedad en la alimentación familiar, y menos repetición de platos (y de la frase "otra vez arroz???").

Obviamentese si uno tiene unas ganas locas de comerse una grande de napolitana (y no dormir en toda la noche porque no puede más de la acidez, cof cof), o de cocinar mondongo, no importa lo que diga el menú. La idea es eliminar el conflicto inútil de cada día. Y colaborar a lograr la paz del mundo.

Confección del panel: cinco broches, un cacho 'e goma eva, un sobre con las tarjetas a ser sorteadas, un sobre para las tarjetas ya utilizadas, un sobre para las tarjetas en blanco (que se irán rellenando a medida que salgan los comodines -y que también se pueden usar para hacer la lista de compras-.) Y listo el pollo... o lo que haya salido en el sorteo.


historia de una pared

Cuando nos mudamos a esta casa hubo que hacer muchos arreglos, entre otras cosas, repintarla completa. Había tantas posibilidades que casi enloquezco, pero opté por pintar todo de un mismo tono de blanco (un blanco que no lo es) y una pared de color en cada cuarto. 
En el mío, además, planifiqué poner una "mocheta" (se me ocurrió una idea y me enteré que se llamaba mocheta) de lado a lado en la susodicha pared de color, para ubicar cuadros y adornitos pequeños encima.
Eso nunca sucedió. 
Después planifiqué poner estantes en diversos niveles.
Eso tampoco sucedió.
Y así fue pasando el tiempo, y todas mis decisiones acerca de la pared quedaban en la mera idea. Y la pared seguía tan mustia como siempre.
Hasta que un día, de esos en los que me ataca la actividad febril (como este domingo, ya contaré al respecto), agarré los portarretratos sin pintar que había comprado hacía un año, un papel (¿crepe?) con el que me habían envuelto una taza, pintura, plasticola, armé cuadritos y finalmente los pegué a la pared con cinta doble faz.
Y ahora, cada vez que entro a mi cuarto, la pared me recibe llena de recuerdos, que seguirán aumentando con el tiempo.
Esa es la historia de esta pared. 
Ahora, llena de nuestra historia.



oda al publicista


Oh tú que eres el obrero
del arte capitalista,
ése que con gran premura
me vende cualquier verdura.

Oh tú que a tu mente obtusa,
la esfuerzas hasta el martirio,
y le vendes al incauto
desde un auto hasta colirio.

Hoy vengo a cantarte a tí,
Oh fiel padre del anuncio,
poetizo de la promo,
hacedor de los concursos;

Hoy vengo a cantarte a tí,
y de rimas hice un curso,
porque en tu prosa me veo,
y es horrendo tu discurso.

Pues me pintas cual esclava,
para vender lavandina.
Soy una sierva inliberta
de la Señora Cocina.

Pero si de Axe se trata
sólo soy un par de tetas,
un culo de dimensiones,
con cerebro de mamerta.

¿Acaso no sabes tú,
y tus otros camaradas
que mi sangre es bermellón,
rubí, roja o escarlata?

¿O es que acaso te confundes
ya entre todos los avisos,
y te crees que en mi útero
hay ríos de limpiapisos?

¿Por qué de mis tripas haces
un problema, un lamento,
encadenando mi suerte
al puto tránsito lento?

Músculos firmes, piel tersa,
sin rastros de grasitud;
y si soy vieja y me pisho,
¡llegó la "maduritud"!

Esa palabra oh creativo
no existe en el español.
Quizás sea un concepto nuevo
de tu idioma, el "menstruñol".

Lo que es yo, hablo castizo,
digo las cosas de frente:
tus avisos me dan asco,
me hacen querer matar gente.

Pues me tratas de boluda,
o de carne al matadero,
y pa’ que lave la ropa
Axel me canta un bolero.

No sé de dónde saliste,
si tienes madre o hermana,
pues para tí las mujeres
son todas pelafustanas.

Pero de algo estoy segura
Creativo Publicitario,
si llegas a ser mujer
me rebano los ovarios.


Esta pieza poética es la segunda incluida en el libro "Te rimo cualquier pavada", de próxima aparición en todos los kioskos de diarios de Paternal. Pídalo a su canillita amigo ya mismo!

365 días después

Dije que no iba a hacerlo en un salón porque era demasiado. Participé de fiestas en las que, mientras los adultos se emborrachaban y pasaban vergüenza gracias a las artes de una animadora, el agasajado lloraba en brazos de un integrante de la única mesa de todo el cumpleaños que no participaba de ningún juego (adivinen cuál era esa mesa).
Pero sí tenía ganas de festejar. Y motivos de sobra: el primer año de mi primer hijo. No se trataba sólo de la alegría por ver cómo creció ese ser minúsculo que un día habitó mi panza y ahora anda por la casa diciendo "uva". También se trata del festejo de un año en el que podemos decirlo, sobrevivimos: como padres (superando las ganas de tomar un vuelo a Singapur para no volver), como pareja (y hubo momentos jodidos, jodidos), como primerizos. Todo un logro. Se los aseguro.
Así que poco a poco me fui entusiasmando, y lo que tenía pensado como un té "muy tranquilo" con la familia, terminó con adornos, torta de DOS pisos e inclusive unos souvenirs (hechos a mano, para los que hicimos una sesión de fotos ad hoc con gorro y globos).
¿Se me fue un poco de las manos? Naaah.
En mi defensa sólo voy a decir una palabra (y los que lo conocen sabrán qué significa): Pinterest. 
El resultado fue una linda reunión, en la que todos la pasamos bonito, comimos mucho, y cantamos el feliz cumpleaños después de la siesta del homenajeado, que se rehusó a soplar la velita (aunque la semana anterior se la pasó soplando al aire cada vez que le cantábamos el apio verde). 
Superamos el primer año. Ahora todo será pan comido (paabre, ella se autoengañaba como loca.)




PD: El niño recibió regalos, algunos de tamaño considerable. Digo yo, si empezamos así, qué me espera en tres años? ¡Voy a tener que alquilar un departamentito aparte sólo para guardar juguetes! 

casa porota

porque empecé a pensar en esto ni bien apareció la segunda rayita en el Evatest
porque me compré una máquina de coser para hacer los almohadones, banderines y cintas (y después no la usé nunca más, toda una decepción para Concubino que pensó que por fin iba a tener dobladillos en sus pantalones)
porque esas letras de yeso me costaron un perú y rompí como veinte
y porque él todavía ni se entera (aunque se hipnotiza frente a los muñequitos de la pared cada vez que lo cambio) comparto el cuarto de Poroto con ustedes
y aprovecho a jurar ante estos santos evangelios (?) que la máquina de coser volverá a las canchas en algún momento
no desesperes, Concubino, ya dejarás de pisarte los pantalones
si así no lo hicieras, que dios y la patria costurera me lo demanden




galletitas de avena contra la lluvia

podemos usar un paraguas, o correr dando saltitos debajo de los techos; podemos negarnos a sacar la nariz de la casa en todo el día... o, para combatir la lluvia, podemos llenar la casa de vapores dulces, de olorcitos siempre memorables. nada mejor para un día como el de ayer, o el de hoy, que el calorcito del horno, el olor a manteca, el chocolate derritiéndose, la vainilla, la tentación de comer la masa así como está por más dolor de panza que te dé, las galletitas recién salidas del horno, y la sorpresa del que entra y sonríe al verlas sobre la mesa.
nada mejor para un día como ayer, o como hoy. 
les dejo la receta. prueben y después me dicen.

ingredientes
125g de manteca
155 g de azúcar
1 huevo
1 cda de leche
esencia de vainilla
210g de harina
1 cdita de polvo de hornear
280g de avena
200g de chocolate picado
nueces picadas

preparación
mezclamos la manteca y el azúcar hasta que se forme una pasta (qué lindo, me siento Narda Lepes), después agregamos los líquidos (huevo, leche y e. de vainilla) y mezclamos. 
después vamos a incorporar los "secos",(harina, avena y chocolate) de a uno y mezclando para que todo quede bien integrado. si les gusta también se pueden agregar nueces o cambiar el chocolate por miel.
después hacemos bolitas de masa y las aplastamos para que queden discos. ubicamos  los susodichos (separaditos porque se inflan) sobre una asadera y  llevamos al horno fuerte hasta que se doren de arriba y de abajo.
ya está. 
espero que me hayan entendido, si no, preguntan.



patriota

A tono con los festejos, RaraMezcla no se podía quedar atrás y se quiso convertir en el "blog más ignoto del Bicentenario" (porque ahora todo debe llevar esa palabreja en el nombre, aunque se trate de rollos de papel higiénico). 
Por eso, se puso la peineta, el miriñaque y se llenó de azules, blancos y dorados. 

También porque su autora se aburre rápidamente de los diseños que aplica. (Pero no se lo digan a naides.)

Viva la patria!    


elegía del paño

Me asalta la pregunta, inquieta, maldita. 
De esas misteriosas, insondables, profundas.
Me asalta en el recinto, sagrado, certero,
donde la mano nutricia prepara el puchero. 
 
Me asalta insoslayable, abatida en la mesa.
La pregunta me asalta, molesta,  maloliente. 

Si yo la recambio, la cuido, ¡la aseo!
Pero ella se empecina, oh la ballerina.
Sumidero de tela, estercolero amarillo.

¿Llegará el día próvido 
en el que no te adivine, 
a oscuras o a tientas, 
yaciendo mugrienta?

¿Llegará sin remedio 
la jornada venturosa 
en la que después de usada, 
no seas flor de olorosa?

hay alguien en casa?

Hace unos años irme de vacaciones cuando todos estaban de vuelta me parecía una idea excelente, divina, espectacular... incluso era una especie de revancha inútil. Ah, ustedes están acá, trabajando cual perros y yo me estoy yendo a no hacer nada, muajaja- decía, como una tarada sin remedio (mientras creía reirme como Cruela de Vil y sólo confirmaba mi taradez).

A medida que los años pasan me es cada vez más dificil no desear subirme al primer micro a cualquier parte, tipo 3 de diciembre. Es que en agosto ya parezco un trapo de piso con el que baldearon todas las veredas mugrientas de Buenos Aires.
Entonces he llegado a una sabia conclusión: si antes no me importaba llegar a marzo sin vacaciones era porque podía llegar a marzo sin vacaciones.
Con febrero saludando en la puerta, mi estado mental y físico es bastante similar al estado de Sandro... en este mismo instante.
Lo único que deseo, sueño y veo reflejado en la pantalla de la computadora como un espejismo en medio del desierto es una playa, un trago y una reposera soportando mis carnes desparramadas y blancas.
Y lo único a lo que puedo aspirar es a pasar un sábado en la playa de sombrishas amarishas que se inventó el benemérito jefe de la ciudad de Buenos Aires. Una playa en la que te calcinarás cual molleja arrebatada, mientras frente a tus ojos se balancean millones y millones de litros de agua que no podrás tocar, si no quieres morir instantáneamente.
Por lo que, seguiré esperando, no me quedan más opciones. Debo trabajar por lo menos hasta... abril.
Me acabo de dar cuenta que nunca lo había puesto por escrito. A-B-R-I-L 
Me retiro a llorar. Que la pasen lindo.


PD: Y a ustedes, que se van o se fueron o se irán de vacaciones antes que yo, y que me obligan a desearles felicidad y descanso, sepan que no los envidio. No, no. no... no voy a caer tan bajo.
Sepan que los odio.