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the sillita gate

Trato de no discutir con mi madre. Treinta años de clases intensivas de chocar con una pared de sordera, me han enseñado que la mayor parte de las veces es preferible decir "tenés razón" o directamente hacer silencio, a gastar las energías vitales en querer hacerle entender algo a una persona que cree que su cosmovisión es la única posible. Y que los demás somos todos medios opas. 
Desde cuestiones políticas a temas tan triviales como explicar que un xilofón para un niño de 6 meses es tan divertido y tan seguro como chupar un clavo oxidado (y el niño encontraría más diversión en el clavo), llevarle la contraria en algo es una tarea titánica.
La última batalla se está desarrollando alrededor de una sillita. 

No sé de dónde sacó, mi madre, que existe una tradición familiar por la cual "cada uno tiene su sillita" (de esas que en general vienen acompañadas con mesitas ad hoc y donde los niños hacen que toman el té o pintan). 
ELLA es la que tiene sillita. Y un día, en plena adolescencia, me encajó un banquito a mí, imposible de rechazar, por estar pintado con sus propias manos. ¿Para qué catzos podía querer un banquito a los 17 años?
Mi hermano nunca supo de sillita.  Por lo que, o no es considerado parte de la familia, o la tradición hace agua por todos lados.

La cuestión es que cada vez que puede, mi madre, me dice que le va a comprar LA sillita al Chino. "Porque todos tienen su sillita".
A esta altura del relato me tiraría por la ventana con tal de no soportar la frase antedicha una sola vez más. Pero tengo deberes de madre.
Le expliqué que no tengo lugar donde poner la sillita, gracias a ella misma, que antes de esta batalla se empecinó en traer un caballito del tamaño de un pony para que el niño lo montara (el niño, con 9 meses, lloraba a mares cada vez que veía al susodicho caballito del demonio). 
Le dije que el niño no sabe cómo carajo se usa una sillita, y que se va a romper la crisma.
Le dije que una sillita sola es un embole para cualquiera, que debería tener su mesa. Y que si no me entra una sillita menos me va a entrar el jueguito completo.
Finalmente le dije que si se aparecía con una sillita en mi casa la iba a usar de madera para un asado.

Pareció entender. O me dejó creer que entendía.
Porque un domingo de estos que pasaron, fuimos a almorzar a su casa. Y cuando abrimos la puerta, en el medio del comedor, desubicada como vegetariano en Siga la vaca, ¿qué había esperándonos? Una sillita. 
No la compró, era su sillita. 
Su idea era corroborar ante los ojos del resto, los opas que no saben nada de la vida, que el niño se iba a divertir un montón con la sillita.
¿Y qué hizo el niño?
Miró la sillita, se subió a la sillita, y se balanceó hasta caer como una bolsa de nabos de la putísima sillita. 
Y con esto, ¿corroboró mi madre que el niño aún no está en esa etapa de su desarrollo que le permitiría, al menos sin matarse, seguir la tradición familiar inexistente?
¿Eh?
¿Qué creen ustedes, queridos lectores?
Al ver al niño desparramado en el piso y llorando, mi madre, toda comprensión, exclamó:
- Y claro, no sabe cómo usar la sillita... ¡porque no tiene ninguna!

Si me pego un corchazo, cualquier día de estos, no se pregunten por qué.  

de por qué no sé cómo ser madre de una hija

Cuando era chica mi madre siempre repetía que era una varonera, o bien una machona. Mientras el resto de las niñas jugaba a la payana, yo me trepaba a los árboles como un mono, o me subía a un terraplén y volvía toda roñosa y magullada.
En la adolescencia me decía "sos una crota, no sé a quién salís", mientras se le deshacía el brushing del espanto al verme lucir los jeans de mi papá con toda naturalidad. Eso y unos mechones de pelo violeta y verde que ahora imagino me quedaban horrendos.
No me maquillo, hace cinco años que no piso una peluquería, nunca me hice las uñas. La cera depilatoria me da alergia y los shampuses con aditamentos que te dejan el pelo hermoso y brillante, también. Mi cabello no está hermoso ni brillante, y está cortado a la que te criaste, pero no me pica.
Odio ir de shopping, odio el rosa, a las princesas de Disney, y muchas otras cuestiones que se consideran "femeninas".
Podría agregar que gran parte de lo que la sociedad considera como estrictamente "femenino" me parece una pelotudez, pero eso es tema de otro post.
No sé nada de todo ese universo.
Pero de lo que menos sé es de tener una relación madre-hija que no esté siempre al borde de la catástrofe.
No sé cómo es una charla de compinches con mi mamá, de confesiones, porque su mirada siempre me inspiró miedo. Porque mi madre considera que puedo llegar tan lejos, que cualquier paso que dé siempre se queda corto. Entonces, no importa qué hiciera, yo "podía más".  "Vos podés más", una frase que frente al espejo me traducía como "no sos lo suficiente". 
No sé cómo es una charla profunda madre-hija porque mi mamá siempre prefirió escribirme. Y por mucho que digan, las cartas no abrazan. 
Mi mamá no me enseñó ni me habló de esas "cosas de mujeres", quizás porque yo era demasiado machona para su gusto; pero también porque ella "no estaba ahí para ser mi amiga".
Sé que me ama con locura. De eso estoy segura. Los años nos acercaron, y hoy no le temo tanto a su mirada ("tanto", porque sus comentarios a veces siguen doliendo). Hoy sé que un error es tan humano como un acierto. Y que no soy ningún diez. Soy lo que me va saliendo.

Pero entonces, ahora, voy a tener una hija. Y tengo miedo. Porque no conozco otra relación que no sea una siempre al borde de la catástrofe. Porque también fue así la historia que vivió mi madre con la suya.
Ya amo a esa bebé que todavía no conozco, pero tengo miedo. Ese miedo de que llegue el día de mirarme al espejo y volver a sentir que, antes como hija y ahora como mamá, no fui lo suficiente.
 

en carrera

Con el embarazo y los primeros meses de vida de Poroto me di cuenta de un hecho insoslayable: a la primeriza siempre la estará rodeando un coro de expertos para decirle todo lo que -creen- la pobre mujer, perdida entre pañales con mecoño y pezoneras, necesita saber. En general madresconexperiencia, que aconsejarán, cuando no querrán imponer, sus opiniones.
Con el tiempo (a mí me costó bien poco) una aprende a poner cara de póquer y asentir a todo como si estuviera escuchando el Oráculo de Delfos. Acto seguido, una hace lo que se le canta.
Lo mismo sucede con el niño.
La regla básica de todo infante es: haré lo que se me cante, cuando se me cante (regla que quieren seguir hasta la misma adolescencia). 
O bien, a esta edad: "madre, puedes leer de pé a pá ese manual de estimulación temprana que te regalaron, y aprender que a los ocho meses debo gatear, a los nueve decir mamá y a los diez hacer la vertical. Tú aprende, madre, que yo tengo mi propio plan."
Sin embargo muchas no sólo se rehusan a aceptar que el niño tiene sus tiempos, sino que hacen de sus avances una competencia.
Estamos en presencia de este tipo de mujeres cuando a los oídos nos llegan frases que comienzan con la fórmula "el mío" seguida de un supuesto logro. 
El mío, o los míos, están siempre adelantados a su tiempo. Son abanderados en salita de uno. Caminan, gatean, hablan (y se van de la casa) antes que el resto.
Hace una semana atrás me dijeron, mientras sostenían de las manos a mi hijo, y repito textualmente:
- Ahora lo tenés que entrenar para que camine.
Yo, fiel a mi aprendizaje, asentí con cara de interesadísima en los métodos de la mujer. Y entonces vino el argumento irrefutable:
- Los míos caminaron todos antes del año. (Ponga cara de orgullo aquí.)
Decime una cosa: ¿para qué cazzo querés que camine antes del año?, ¿te dan un premio?, ¿te dan guita? Porque si es así lo pongo al pibe atado a una cinta de gimnasio ya mismo.
Entiendo que a una le de orgullo cualquier pavada que hace "el nene". Aunque no lo querramos aceptar la maternidad te lleva a festejar un pedo como si fuera un acontecimiento increíble.
Pero de ahí a en-tre-nar a tu hijo para que sea el primero del barrio que camina hay un abismo.
Mientras tanto, yo, cada día me sorprendo de que ese porotito minúsculo que alguna vez habitó mi panza se haya convertido en este humanito que ahora mismo se cuelga de mis piernas porque quiere llegar al teclado.
Es simplemente maravilloso.

 
Según el manual, éste no sería el método más común de "gateo". Que venga alguien y se lo explique, porque él está de lo más contento.


silencio (u hospital)

Domingo de elecciones. Almuerzo post-voto. 

Toma 1:
Llega hermano de Mate con novia y Madre (de Mate).
Mate: ¿No había gente en sus escuelas tampoco?
Hermano: No, muy poca. Hicimos rapidísimo.
Mate: Nosotros también, nos llamó la atención. Espero que la gente no deje de ir a votar porque imaginan el resultado... hay cada salame.
5 min después.
Mate a Cuñada: Yo pensé que vos viajabas... ¿Hiciste cambio de domicilio?
Cuñada: No, esta vez no voté.  Total, ¿para qué?
Silencio.

Toma 2:
Ya en la mesa.
Hijo se despierta de la siesta. Hijo nos ve comer y quiere comer, aunque se haya deglutido un kilo y medio de Vitina hace escasa hora y media.
Mate trae Corn Flakes para que Hijo se entretenga sin bajarse otro kilo y medio de alimento.

Madre: Ay, pero pobrecito, tarda dos horas en agarrar en agarrar un copo!
Mate -irónica-: Es que le estamos enseñando a desarrollar la motricidad fina.
2 minutos depués
Cuñada a Hermano: Yo no tengo motricidad fina. No es importante. 
Silencio.

Toma 3:
Hermano mete los dedos en la torta.
Cuñada lo reta.
Madre se ríe de las pavadas "del nene".
Cuñada: Si seguís haciendo esas cosas te vas a volver a vivir con tu mamita, que te quiere tanto.
Silencio.

El día que los silencios se rellenen con algo, se arma la podrida. 
Yo avisé. 

está hablando de fasoooo

Dos abuelas que han pasado la barrera de los 70 comparten una cena junto a sus nietos. Hay sushi. Las abuelas nunca comieron sushi. 
Una descubre que le encanta el sushi. La otra confunde un pedazo de jengibre con un langostino y decide que hasta ahí llegó su experimentación culinaria.
No se sabe bien si por la exitación de la nueva experiencia, o por qué, una dice:- Yo no me voy a morir sin antes haber fumado un porro.
La otra queda estupefacta. Intentando encontrar una explicación a tamaña frase le dice al resto:
- No le hagan caso, es por la cerveza.
A lo que la primera, blandiendo un palito responde :
- Porrera sí, borracha jamás.
 

de entrecasa o... me cago en la elegancia

Hay gente, como mi madre, que vive "de punta en blanco". Gente que se saca el maquillaje, con suerte, cuando se va a dormir, y jamás de los jamases pasa del mediodía con el pijama puesto. Que podría salir en cualquier momento a la calle sin temor a ser encerrada por atentar contra el buen gusto. En fin, gente que no tiene nada que ver conmigo.  
Para mí, llegar a casa significa deshacerme de la ropa de calle, y ponerme el uniforme de fajina, es decir, una combinación de ropa horrenda, vieja y ridícula, pero que por sobre todos esos adjetivos es CÓMODA.
Ropa con la que no puedo atender al cartero, ponele, porque el hombre se me reiría en la cara, o me tiraría un par de monedas... Y que debo cambiarme con la velocidad de la Mujer Maravilla cuando, en efecto, el cartero llama a la puerta.
Hablo de esa shoguineta azul marca "Naik" que se achicó y me llega sólo hasta  los tobillos, que combino tan bien con las medias de toalla gruesas y las pantuflas rosas del mismo material; y que remato con una remera que de tanto usarla se volvió transparente...
Por suerte Concubino me acompaña en el estilo homeless chic. Su equipo más hot consta de un short gris topo (el color original de esa prenda es un misterio) agujereado allí donde no llega la vista, una remera con personajes de Disney (a esta altura más parecidos a los muñecos del trencito de la algería  que a los originales) y, por último, las pantuflas pata de oso. Una preciosura, que exhibe con orgullo cuando baja lo más campante a buscar la pizza.
Quiero creer que la mayor parte de la humanidad tiene un equipo de entrecasa,  merecedor del premio "me cago en la elegancia". Quiero creerlo y comunicárselo a mi madre, que desde que tengo uso de razón me repite que "no sabe a quién le salí tan crota". Mi madre siempre tan simpática.
Y usted, ¿cómo viste entre las cuatro paredes de su hogar?
Hágame el favor y contradiga a mi madre... así me ahorro la visita al psicoanalista.
Muchas gracias.


Nota: Este post va dedicado a eterno sindrome premenstrual, que no ha tenido ningún empacho en hacer pública su afición por usar medias con ojotas. Hacen falta más valientes como ella (?) 
 

y si no tienen pan, que les den torta (y así se armó la podrida)

Hace un tiempo que aprendí a ofrecer algo de tomar, de manera casi automática, cuando alguien llega a casa. Fue un proceso arduo, iniciado por recomendación de Concubino, porque jamás me acordaba y parece que quedaba un poco flojo. 
Es que soy una anfitriona a la sanfaçon, nunca tuve muy en cuenta las reglas de protocolo y ceremonial casero, y en realidad me importan un pito.
Debe ser por eso que no logro entender a los fundamentalistas de la anfitrionidad. Esas personas que a toda costa, inlcluso la misma incomodidad de sus invitados, se empeñan en ser anfitriones estresha. 
Como esos mozos pesados que te llenan el vaso cuando nadie se lo pidió, esta gente se siente profundamente ofendida si uno no se atiborra como un cerdo con el excesivo alimento que han preparado. ¿Qué querés que haga si no me entra un niño envuelto más, que me los incruste por las orejas y los use de audífonos?
Son esas personas que al cumpleaños del  hijo/marido/etc. se sienten en la obligación de llevar la torta (casera, obviamente), aunque el susodicho cumpleaños se realice en un boliche entre adultos borrachos saltando y rodando por el suelo, que terminarán utilizando la torta para hacer una guerra al mejor estilo Tres Chiflados.
Mi mamá es una de esas fundamentalistas. Y mi cuñada también. 
El viernes pasado he descubierto que ésta no es una buena combinación. Por lo menos si las dos se sienten obligadas a demostrar sus dotes al mismo tiempo (una por dueña de casa, la otra por madre). 
Todo sucedió en el cumpleaños de mi hermano (ese boludo grandote al que le siguen diciendo el nene). Mi cuñada cocinó durante dos jornadas para alimentar sólo 6 bocas. Mi madre es de las que lleva la torta bajo el brazo. Y mi hermano definitivamente no sabe manejar ciertas situaciones (porque es un boludo grandote). 
Temí por mi salud cuando entré a la cocina y vi la cara de mi cuñada que blandía una cuchilla enorme con la excusa de estar cortando la picada, pero evidentemente quería ajusticiar a alguien. No quise indagar en el motivo de su mal humor, pero debería haberlo supuesto, cuando la vena de la sien estuvo a punto de reventarle en el mismo momento en que Madre ingresaba al lugar con la bendita torta.
Y como soy una ignorante en estas cuestiones, no tuve mejor idea que hablar... ¡de la comida! "No te hubieras molestado, pedíamos algo y listo, así no laburabas", dije, pobre de mí.
Ante esto, la cabeza de mi cuñada giró sobre su eje, sin que el resto del torso modificara su posición, y con los ojos en llamas me contestó:
"A mi casa nadie trae comida"
WTF? 
Por las dudas asentí, como si en esa frase se escondiera el sentido de la vida, y me fui a  cuidar a Poroto, que si tiene hambre grita, y mientras le den de comer no le interesa de dónde venga el alimento. Y si está lleno eructa con ruido, y sabe cagarse estruendosamente aunque en frente tenga al rey de Inglaterra.
En fin, un verdadero sabio. No como el resto, que puede armar la tercera guerra mundial por una torta mugrienta*.

*Hay que aclarar que si a Madre se le prohibía llevar la torta el conflicto iba a ser el mismo... o sea, la única solución era hacerlo en mi casa, o en un restaurante.  

mientras dormía...

algunas notas mientras el mostro duerme (¡aleluya!)

pasa en las películas... y me pasa a mí!
En el curso de preparto me limaron el cerebro explicándome que los partos "en avalancha" (esos que salen en los noticiosos y transcurren en cabinas de peaje, colectivos y/o patrulleros) son casos raros. Rarísimos. Que, a contramano del slogan, lo que pasa en las películas NO pasa en la vida.
Lo que no tenían en cuenta es que a Poroto le gustara ser la excepción a la regla...

El guardia de seguridad que me vio entrar al sanatorio renunció a su empleo por considerarlo insalubre. Nadie le dijo que iba a tener que lidiar con embarazadas posesas, que caminan con las piernas abiertas mientras profieren maldiciones en cuatro idiomas y lanzan llamas por los ojos.
El pobre hombre trató de ofrecerme una silla de ruedas. Una hermosa idea, si pretendía sentarme sobre la cabeza de mi vástago, a punto de salir a saludar en el medio del hall.

números
Trabajo de parto: 4hs.
Duración del parto en sí mismo: 30 minutos.
Peridural: bien gracias.
Peso del mostro: 3.775 Kilos
Largo: 52 cm
Verlo salir (hinchado y violeta cual personaje de Avatar): no tiene precio -ni nombre, ni explicación posible-. 

bienvenida
Llegamos del sanatorio, todos ansiedad y alegría. Media hora después Poroto se cagó en mi cama, manchando sábanas, cubrecolcón y la mitad de mi humanidad mientras yo pensaba cómo puede un ser humano de ese tamaño cagar de semejante manera.
Mientras lo cambiábamos -intentando no desnucarlo- procedió a mearse la cabeza (porque entra en el modo manguerita regadora ON cada vez que se ve liberado de los pañales.) 
Y para darle un final a todo lujo, una vez limpio y precioso, decidió vomitarse por completo, emulando a Linda Blair en el Exorcista.
¡Qué besha es la maternidad!
no comments
La próxima vez que escuche salir de la boca de algún adulto frases como: "¿Ese nene no tiene frío?", "¿No le habrás puesto mal los pañales?", "Cuidado la cabeza", "Ya les tomó el tiempo", o consignas similares, procederé a tomar cualquier elemento contundente y lo revolearé directo al cráneo del susodicho adulto intentando dejarlo sin el don del habla (y si es posible de la vida).
Están avisados.

de terror
En 15 días pasé de ser una mujer trabajadora y activa a ser... una teta. 
Una teta zombie. 


traducción

Si los únicos comentarios de madre sobre su nueva nuera son "parece mucho más grande" y  "lo más importante es que tu hermano esté contento", es que la susodicha todavía no le pasó por la glotis.

mi abuela me mima

Ya dije que mi madre, abuela y suegra son elogiadoras por lo menos deficientes.
El domingo, abuela, hizo futurología sobre el resultado de la combinación genética entre Concubino y yo.
Este fue su veredicto: 
- Ese nene va a ser di-vi-no... 
Lindo como vos e inteligente y bueno como J (a.k.a. Concubino).

¿Y si sale al revés? Mejor ni pensarlo, ¿no? Pobre chico... 

mi mamá me mima

Nuestras madres (la mía y la de concubino) son de esas madres que intentan decirte cosas lindas... y no pueden. No les sale. Es una cuestión genética, no sé.
Te quieren decir algo lindo y terminan acotando alguna cosa que te deja la autoestima por el piso. Es una palabra, una frase que embarra todo.
Uno las conoce, entiende que son así, pero... ¿quién les enseñó el concepto de elogio a estas mujeres?

Pokebola
Madre, a Mate, ostensiblemente embarazadita:
- Ay, estás tan linda... toda redondita.
Abuela (para ponerle el moño)
- Síi, es que engordó todo parejo...
Gracias, soy tan linda como ¡un huevito Kinder!

Yo tarzán, tú Jane
Suegra, después de escuchar una conversación en inglés de Concubino, al susodicho:
- Muy bien eh... Por lo mal que pronunciás te manejás bárbaro. ¡Te entienden todo!


Seguí participando
Suegra, comiendo un rogel casero hecho por Mate:
- Mmm, está muy rico... ¡parece Rogel!


Ahora no recuerdo más...
Si mi madre leyera esto diría algo así como lindo post, lástima que te quedaste un poco corta con los ejemplos.


surtido, como en botica (bis)

Fábrica
Ya puedo contestar la.pregunta.más.popular.a.la.embarazada.que.suscribe: ¿sabés qué es?  Sí, es varón.
Lo que no imaginaba es que con esa respuesta iban a venir dos frases célebres más: 
1- Y cómo se va a llamar (no sé, por ahora le decimos Oscar), y 
2- Aaah, entonces después van a tener que buscar a la nena.
A ver, querid@, todavía no parí, no sé lo que es cambiar un pañal, veo un carrito de bebé y no puedo pensar más que en lo torpe que voy a resultar con semejante mamotreto por la calle y ¿vos ya estás pensando en "la nena"?  
Qué te pensás que soy, ¿la fábrica de los Pitufos?

Más que verde, mugriento
Ayer pasé por la autopista que está en la 9 de julio y me fijé en la tira de caños roñosos del que salen unas plantitas mustias y la visión de semejante esperpento me deprimió.
Hoy, el gran diario argentino me anuncia que se trata de "muros verdes." Muy ecológicos, arquitectónicos y modernos... pero horribles. Vamos a ver cuando las plantitas mustias crezcan...

The nanny
Feria de exposiciones con madre y concubino.
Se me acerca promotora y me da un folleto que ofrece servicio de niñeras "Evaluadas por psicólogas y asistentes sociales. Antecedentes penales" (sic). 
Madre se acerca y mientras me saca el folleto de la mano le clava la mirada a la pobre promotora y anuncia resuelta : - Al bebé lo voy a cuidar yo.
Más claro, echale nasssta.

 
Fecha
La frase del mes: ¡Cómo se pasó el año! Cuando te quieras acordar ya estamos con las fiestas encima.
La sensación del mes: depresión profunda con arranques suicidas.

Armónica mágica
Un grosso, munido de una armónica y mucho talento.

agua

Durante toda mi infancia viví sobre la Avenida Juan B Justo. En ese preciso lugar de su extensión en el que dos gotas de lluvia la convierten en un río ancho y oscuro.
El agua sube: sin premeditación, pero con alevosía. Recuerdo el apuro, y los medios insultos que profería la boca de madre si el agua nos encontraba del lado de afuera de la puerta. Porque madre dice "la punta del muelle", aunque se haya terminado de dar en el dedo con una masa. Y recuerdo los insultos completos de padre, que pensaba en sus autos, ya de por sí destartalados, flotando a la deriva, convertidos en submarinos.

Se volvía, si se podía. Con el agua a las rodillas, pero antes subiendo por la escalera del bondi. Y todos arriba a la espera de que el colectivero fuera un poquito más allá, un poco más cerca de esa (tu) casa, repentinamente veneciana.
Y si no se podía, nos recibían los abuelos de Once. Los que cenaban café con leche y sandwiches de jamón. Porque la otra abuela, la polaca, que cocinaba cosas ricas, vivía en el sur, y ella también andaba con agua.
¿Ahí hay agua? Es la frase que seguimos usando. Porque madre, que ahora vive con la abuela polaca, sigue sufriendo con cada sudestada. 
Como suegra, que del otro lado de mapa, reza para que su casita siga intacta. 

Y nosotros, que andamos por el medio, ahora somos refugio cuando hay agua. Esa  que limpia, revive y cura. La misma que arrasa, destroza y pudre. 
El agua, esa rebelde que baja como sube: sin perdirle permiso a nadie.

con la música a otra parte

Tengo los pasajes, los documentos, las valijas listas. Llevo ropa demás, lo sé.  No pude pensar en ahorrar espacio haciendo conjuntos multiuso como acostumbro, es que me cuesta bastante pensar. Porque además de la bikini y el pareo llevo el cerebro en compota adentro de un tarro.
Como siempre, la última semana fue caótica. Ese trabajo que no salía, salió. Ese cliente molesto se puso aún mucho más insoportable. Dormí poco y mal, pero llegué viva hasta hoy. 
Y, aunque me suene increíble: ¡me voy de vacaciones!
Me llevo, junto con la bikini y el pareo, la recomendación de mi madre: cuidate mucho eh, no te andes trepando por ahí.
Mi madre, que debe suponer que soy un monito, o una deportista extrema.
Yo que lo único que pienso hacer es desparramarme al sol como una foca y olvidarme de todo.
O por lo menos intentaré.
Porque con la bikini, el pareo y la recomendación de mi madre, también me llevo la computadora.
Todo no se puede.

¿Felices vacaciones? 
Ya veremos.


será, será, será como papá y mamá

Uno de los temas sobre los que más he escuchado disertar luego del anuncio de la concepción de porot@ es justamente el intríngulis de la @.
- ¿Qué querés que sea?
- No sé, me da igual.
Concubino, responde como las viejas: que sea sanito. 
En general la respuesta no convence. Parece que hay que preferir. Entonces a falta de preferencia (o de motivos para continuar con el tema) la gente empieza a hacer conjeturas: que tenés el pelo más grasoso, entonces es varón. Que si se te ensanchó la cintura es nena. Y así. Cada uno tiene una teoría, y muchas veces se contradicen entre ellas. He presenciado discusiones encarnizadas (?) entre los que afirmaban que linda te ponés si es nena y los que decían lo contrario. Incluso volaron maníes a modo de proyectiles mortales.
Se hizo futurología con mi físico, como si yo ni siquiera estuviese ahí: si es nena te vas a deformar, las nenas te hacen pelota el cuerpo. 
Gracias por el dato. ¿Me puedo empezar a cortar las venas desde ahora? ¿O debo alegrarme de quedar deforme para ser buena madre?
Pero la teoría que hasta el momento se lleva todos los premios es la que me  contó la madre de un niño, que prefiere los niños porque "las madres siempre preferimos a los nenes y los padres a las nenas" (sic). Según la mujer, si un  niño te toca la panza y le da así como asquito, es porque llevás a otro varón en el vientre. En cambio, por la natural atracción sexual (?) si es nena, parece que el varón se te tira encima o algo así.

No sé que será porot@. Ni bien sepa les cuento. Lo único que espero es que todavía no comprenda el idioma... para no tener que escuchar ciertas cosas.

surtido, como en botica

Ay mamá pulpa!
Madre al teléfono, ayer, después de la final. 
Madre: ¿Viste que ganó España?
Mate (deseando que a madre no se le hubiera dado por el comentarismo deportivo): Sí.
Madre (entusiasmada): Mañana en el trabajo seguro me gano algo, porque acerté el prode, yo dije España y Holanda.
Mate (empezando a dudar de las aptitudes futboleras de madre): ¿En serio? Buenísimo. Sos como el pulpo.
Madre (en un arranque de compasión): No, pobre pulpo. Ese acertó todo y seguro no le regalaron ni una galleta. 
¿Una galleta? Para madre un pulpo y un perro deben ser más o menos lo mismo. 

Animalito
Taxista, monologando hacia el espejo retorvisor: Nooo, si este país está muy deteriorado. ¿Vos viste la clase de gente que hay ahora en la calle? ¿Cómo se viste, cómo habla? No puede venir una chica y decirme "eh, vieja llevame hasta tal lado." 
Concubino, intentando suavizar mientras yo miro por la ventana, imaginando cuánto dolería la caída: Bueno, pero eso es por la juventud también.
Taxista, decidio a dejar en claro su punto de vista: Qué juventud. Si subo a cada uno, de treinta años. A esa edad uno es un ser humano completo.
(Y antes que era, ¿casi una persona?)
Nooo, vos andate a Rivadavia y Nazca a las seis de la mañana y vas a ver. Están todos ahí borrachos, se pelean entre ellos, las chicas tiradas por ahí. Son, son...
Es la-sel-va. 

Problemita
En una conversación de la que no participaba (gracias a Fortuna). 
1: Pero Pirulo ¿no es medio tonto?
2: No, nada que ver. 
1: Ah, me parecía.
2: No, no. Es puto, eso sí, pero es buen pibe.
3, dirigiéndose a 1: Me parece que vos te equivocaste de problemita.
Ah. Ahora sí, me quedó mucho más claro.




la peor madre del mundo

Mi mejor amiga tenía la peor madre del mundo.
No es que la maltratara o no la quisiera. El problema era justamente el contrario: la mujer estaba convencida de que su hija era perfecta. Sin ambigüedades ni metáforas: per-fec-ta. 
Sé que mi afirmación puede sonar ridícula, pero por experiencia conozco los desajustes mentales que produce el deber permanente de llegar a la perfección. Lo sé porque mi madre compartía esta convicción, pero la madre de mi mejor amiga estaba mucho más loca.
Con los años y los golpes uno termina aprendiendo que es posible equivocarse y el mundo no se termina. Que, aun haciendo las cosas bien, se puede quedar en el anonimato o ser del montón. Y el planeta sigue girando.
Pero hacen falta años. Y muchos golpes.
En estos días de bicentenarismo, gritos de libertad, escarapelas al viento, versiones del himno en ritmo de cumbia, rock pesado o percusión con botellas rellenas de chapitas, no puedo más que recordar los actos del colegio: esos eventos en los que madres y maestras sacan a relucir su idoneidad como directoras de teatro o de orquesta, y que obliga a los pequeños a demostrar dotes actorales y/o musicales de las que el 90% de los susodichos carece.
Y en esos actos, la primera imagen que viene a la mente no es la mía, sino la de mi amiga, y su madre.
Su madre que creía ver en la niña a la próxima Andrea del Boca, y se había instalado una carpa en el patio del colegio para salir en su defensa ante el más mínimo atisbo de que sus talentos no fueran debidamente reconocidos por los maestros.
Como dije, mi madre no estaba tan loca. Es cierto que iba por la vida diciendo que yo servía casi para cualquier actividad (desde actuación hasta salto con garrocha) y me hacía ensayar mil veces la letra (aunque ésta se limitara a gritar “viva la patria”) pero nunca se le hubiese ocurrido ir a hablar con la maestra porque no me daban un papel protagónico.
La madre de mi mejor amiga sí. Y lo conseguía.
Entonces era su hija la que gritaba primero “viva la patria”, cantaba el solo, o tocaba el redoblante en primera fila.
Era su hija la del mejor disfraz. Ese con miriñaque de verdad, mantilla y peineta, que salía dos millones de dólares.
Era su hija la que ostentaba joyas reales, aunque hiciera el papel de aborigen, o la que estaba pintada como una puerta, más parecida a una vedette de la calle corrientes del 1800 que a una dama antigua.
Y mientras los demás niños abrazaban a los espectadores emocionados, entre felicitaciones por haber dicho “empanadas calientes” con tanta gracia, siempre era su hija la que salía llorando.
Porque se había olvidado la letra, porque había desentonado, porque la habían aplaudido poco.
En fin, porque no había sido perfecta. Como quería su madre.
La madre de mi mejor amiga, que en ese momento, era la peor madre del mundo

de la profundidad filosófica de las frases de madre


Hay frases célebres que se nos graban a fuego en la frente durante la infancia, y que juramos y perjuramos, cruzando los dedos sobre la boca, que jamás le repetiremos a nuestros futuros vástagos o sobrinos o cualquier menor imberbe al que debamos adoctrinar de algún modo.
Son esas mismas frases que, un día cualquiera, nos vemos pronunciando en voz alta, con la misma entonación y el mismo gesto que alguna vez aborrecimos, y gracias a las cuales alguien, malintencionado o estúpido, nos dirá "cada día te parecés más a tu mamá".

Lo que he descubierto recientemente es que esas frases esconden un cúmulo de información que va mucho más allá de lo que están destinadas a provocar en el niño y/o púber imberbe al que van dirigidas.

Por ejemplo:

Desarrollo de la conciencia social del niño.
"Hay chicos muriéndose de hambre y vos, no querés comer los brócolis."
A esta frase, a veces se le agrega un componente geográfico, a saber: "en África hay chicos que se mueren de hambre, etc."
Como vemos, esta frase, que se cree destinada a que el niño coma los brócolis, que le parecen apestosos, en realidad quiere infundir en él la solidaridad y hacerlo reflexionar sobre las inequidades reinantes en el sistema capitalista.

Ejemplificación del concepto de pregunta retórica.
"¿En qué idioma hablo?"
Con sus variantes del estilo de "¿yo hablo en –y aquí un idioma como por ejemplo el- ruso?"
En el momento de escucharla, el niño no sólo aprenderá el significado de pregunta retórica, sino además el de esquizofrenia.

Desarrollo de los conceptos de herencia genética, selección natural, evolución y generación espontánea. A saber:
"Vos no sé a quién salís"
Direccionada al otro progenitor como "¿viste lo que hizo TU hijo?"
Y en casos extremos: "vos no sos hijo mío."

Y por último, la inevitabilidad del destino.
"Ya vas a ver cuando tengas hijos."
Que en cristiano significa: por más que luches contra los dioses no podrás evitar repetir las mismas frases que en este momento escuchas, oh púber imberbe, y lo harás con la misma entonación y el mismo gesto.
Jódete, así es la vida.

¿rosa o celeste?

Tarde de domingo. Asado entre amigos. Las únicas dos madres del grupo charlan, porque son las únicas dos madres del grupo, de otra manera estarían sentadas en los dos extremos opuestos de la mesa.
Yo, estoy cerca, pero no me inmiscuyo. Las conversaciones sobre mecoño, pañales y mamaderas a las 3 de la mañana me son absolutamente misteriosas.
Sin embargo, en un momento, escucho un diálogo que me subleva.
De pronto no me importaría clavarle un tenedor en el ojo a una de ellas.

El diálogo es el siguiente:

 Madre de Niño dice: 
- Ay, qué linda que está tu hija.-  Y hace una pregunta sobre algún pormenor que no entiendo.
Madre de Niña le responde:
- Gracias. La verdad que es divina la gorda, y por suerte se porta re bien.
Se hace un pequeño silencio, que dura una milésima. Suficiente para que la otra mire a su hijo, que corre por ahí, y sonriendo de oreja a oreja, diga con voz de pito:
- Seh... igual es mucho más lindo tener varones.

WTF????

Quizás fue sólo una forma retorcida de competencia, y el día que esa mujer tenga una hija, a fuerza de vivir, aprenda que puede ser una experiencia diferente, pero igual de linda.
O no.
Y entonces la que sacará sus conclusiones será esa niña, que a fuerza de vivir, quizás termine  por afirmar que siempre es mejor el varoncito.

el título ponelo vos

Seguimos con los efectos colaterales de diciembre y sus festejos.
Ayer me junté con amigos (dije que lo necesitaba, hay que cumplir lo que uno se promete.)
Mañana tengo una cena laboral, pasado un cumpleaños. El domingo moriré de cirrosis... o de hartazgo.

Y en el medio mi mamá.
Que tiene una fijación con los festejos navideños. Que empieza a hacer preguntas molestas desde octubre.

Que hace una semana viene llamando todos los días sólo para saber dónde pasamos la navidad. Que le avise ni bien sepa, que tiene que preparar el pionono. Que tiene que comprar nosequé.

La familia de él arregla la cena navideña dos horas antes de que la susodicha se produzca, lo que no colabora mucho con la ansiedad materna (ni con el estado de mi salud mental).

Anteayer le comuniqué la noticia: "la pasamos en lo de C".

Supuse que el martirio se terminaba con esa frase tan simple.

A veces soy extremadamente ilusa. 

Ahora, cada vez que suena el teléfono mi madre quiere saber "qué prepara" para la cena. Porque el pionono lo hace siempre. Porque quiere innovar. ¿Y si hace vittel toné? ¿Y si mejor aceitunas rellenas?


¿Y si me tomo un bondi al otro lado del mundo hasta que todo esto pase?
¿Dale?