Se fueron a la guardia por las dudas, para agarrar las cosas a tiempo.
Mientras yo cociné una torta de vainilla. Con colores. Para ambos.
Siempre los extraño cuando salen de ronda hospitalaria. Ya es una especie de tradición.
Es que todo empezó cuando yo portaba una panza de 38 semanas, y no era muy práctico ni muy recomendable que fuera a un hospital lleno de gérmenes. Además con suerte me podía mover.
Así que fueron ellos.
Y la segunda vez Rosita era un bofe mínimo que no se podía despegar de mi teta. Y tampoco podía recibir tanto virus volador.
Así que fueron ellos.
Igual que el sábado.
Y les hice torta. Pero a la hora de la merienda la torta quedó sola esperando en la mesada.
Fueron cuatro días. Millones de horas.
Cuatro días de maravillarme con el aguante y el humor de mi hijo, atado a unas máquinas y sin embargo sonriente. Al borde del ahogo y sin embargo charleta.
Cuatro días en los que no dormimos juntos en un sillón. El mejor equipo del mundo, nosotros dos.
Cuatro días de extrañar, de querer estar en dos lugares a la vez. Extrañando a una, tan chiquita, que andaba de mano en mano, pasando el tiempo con abuelas, tíos, los que estuvieran disponibles.
Y extrañándolos, cuando estaba con ella, esos veinte minutos de abrazos y besos para que no se sintiera tan extraña. Ella, o yo.
Nunca sentí miedo. No lloré.
No porque no tuviera miedo. Mi angustia me espera, se guarda, me deja hacer, me permite ser de piedra. Y un día me caga a palos. Pero ese día ya no necesito ser una piedra.
Hoy ponele.
Cuatro días después volvimos los tres, para volver a ser cuatro.
Y después me volví a encontrar con el caos diario, el cansancio, los dos dando vuelta la casa... pero esta vez lo disfruté. Me encontré sonriendo entre llantos, mocos y comida en el pelo.
Prefiero una eternidad de este quilombo de a cuatro.
No quiero nunca más cuatro días eternos.
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No ser de aquí ni ser de allá
No tener tiempo se ha convertido en mi esencia.
Corro, transpiro la camiseta, me duelen los pies, y el cuello, y la cabeza. Y al final del día recuerdo que no hice ni la mitad de las cosas que hubiese querido.
Y siempre una de esas cosas es ponerme a tiro con los blogs de ustedes, y con este espacio, que me da vueltas en la cabeza pero al que no me asomo hace más de dos meses.
Y eso porque no tengo tiempo. Pero también porque no estuve. Me fui de viaje. Y en pocos días me vuelvo a ir. Mezcla de trabajo, familia y ocio.
Me fui y descubrí que dos pibes de menos de 3 años en un avión pueden portarse como dos santos. Y los dos pibes de atrás pueden portarse como el reverendo ojete. Y está bien, porque son pibes. Y si pretendés que no lloren o no se embolen metidos ocho horas en un espacio cerrado, mínimo e incómodo sos medio pelotudo. Qué querés que te diga. Fijate cómo se portan los adultos y no le pidas peras al olivar.
Descubrí que podemos salir a cenar los cuatro y pasarla bien.
Que los puedo llevar al cine. Que a Rosita no le da miedo nada. La subas a donde la subas, le muestres lo que le muestres. Que a todo le devuelve una sonrisa, de cuatro dientes y una nariz coloradita.
Que el Chino creció, y está faquiiiiito y alto, pero además está vergonzoso. Que no baila tan libre como siempre. Por lo menos frente a los otros.
Que descubrió el miedo a la oscuridad, y las pesadillas. Y él que dormía toda la noche, y se iba a acostar solito, ahora se rebela, se pasa a la cama, se despierta mil veces.
Rosita duerme, toda la noche. Se ve que la idea es ir turnándose para que los que no puedan dormir seamos nosotros, los padres.
El Chino también descubrió que tiene una hermana que dejó de ser un bofe y ahora atrae la atención del resto, y estalla de celos. Y hubo mordidas, y hay rabietas. Y hay que trabajar el equilibrio... y la meditación zen para no ahocarlo.
Descubrí que viajar con dos pibes tan chiquitos es muy trabajoso, y cansa. Que vivir con dos pibes tan chiquitos cansa, porque no parás, un segundo. Pero se puede. Si no te ahogás en un vaso de agua.
Si pensás que todo se va ir solucionando, que si olvidaste la mamadera la pibita tendrá que aprender a tomar en vaso. Que si te olvidás el pañal, el pibito andará cagado un rato más, hasta que encuentres una farmacia.
Lo que no te podés olvidar es la paciencia, y la creatividad para encontrar soluciones. Porque no se puede estar en todo, todo el tiempo.
Se puede viajar, y vivir, y reirse, y disfrutar, con una de 10 meses y otro de dos años y medio, mientras no intentes ser la mujer maravilla.
Y lo digo para convencerme, porque parte de este cansancio eterno es esta -mala- costumbre de intentar tener todo bajo control.
Se viene otro avión, más horas. Menos ocio. Más situaciones desconocidas, nuevas. In-con-tro-la-bles.
Ya no espero el caos. O sí, pero lo abrazaré como a un amigo de la infancia.
No espero acordarme de todo. Estar aquí y más allá, pronosticando el futuro y llevando la solución encima. Si pasa, algo se me ocurrirá.
Ser la "mami" perfecta no es para mí. Con ser "mami" a secas ya tengo suficiente.
Corro, transpiro la camiseta, me duelen los pies, y el cuello, y la cabeza. Y al final del día recuerdo que no hice ni la mitad de las cosas que hubiese querido.
Y siempre una de esas cosas es ponerme a tiro con los blogs de ustedes, y con este espacio, que me da vueltas en la cabeza pero al que no me asomo hace más de dos meses.
Y eso porque no tengo tiempo. Pero también porque no estuve. Me fui de viaje. Y en pocos días me vuelvo a ir. Mezcla de trabajo, familia y ocio.
Me fui y descubrí que dos pibes de menos de 3 años en un avión pueden portarse como dos santos. Y los dos pibes de atrás pueden portarse como el reverendo ojete. Y está bien, porque son pibes. Y si pretendés que no lloren o no se embolen metidos ocho horas en un espacio cerrado, mínimo e incómodo sos medio pelotudo. Qué querés que te diga. Fijate cómo se portan los adultos y no le pidas peras al olivar.
Descubrí que podemos salir a cenar los cuatro y pasarla bien.
Que los puedo llevar al cine. Que a Rosita no le da miedo nada. La subas a donde la subas, le muestres lo que le muestres. Que a todo le devuelve una sonrisa, de cuatro dientes y una nariz coloradita.
Que el Chino creció, y está faquiiiiito y alto, pero además está vergonzoso. Que no baila tan libre como siempre. Por lo menos frente a los otros.
Que descubrió el miedo a la oscuridad, y las pesadillas. Y él que dormía toda la noche, y se iba a acostar solito, ahora se rebela, se pasa a la cama, se despierta mil veces.
Rosita duerme, toda la noche. Se ve que la idea es ir turnándose para que los que no puedan dormir seamos nosotros, los padres.
El Chino también descubrió que tiene una hermana que dejó de ser un bofe y ahora atrae la atención del resto, y estalla de celos. Y hubo mordidas, y hay rabietas. Y hay que trabajar el equilibrio... y la meditación zen para no ahocarlo.
Descubrí que viajar con dos pibes tan chiquitos es muy trabajoso, y cansa. Que vivir con dos pibes tan chiquitos cansa, porque no parás, un segundo. Pero se puede. Si no te ahogás en un vaso de agua.
Si pensás que todo se va ir solucionando, que si olvidaste la mamadera la pibita tendrá que aprender a tomar en vaso. Que si te olvidás el pañal, el pibito andará cagado un rato más, hasta que encuentres una farmacia.
Lo que no te podés olvidar es la paciencia, y la creatividad para encontrar soluciones. Porque no se puede estar en todo, todo el tiempo.
Se puede viajar, y vivir, y reirse, y disfrutar, con una de 10 meses y otro de dos años y medio, mientras no intentes ser la mujer maravilla.
Y lo digo para convencerme, porque parte de este cansancio eterno es esta -mala- costumbre de intentar tener todo bajo control.
Se viene otro avión, más horas. Menos ocio. Más situaciones desconocidas, nuevas. In-con-tro-la-bles.
Ya no espero el caos. O sí, pero lo abrazaré como a un amigo de la infancia.
No espero acordarme de todo. Estar aquí y más allá, pronosticando el futuro y llevando la solución encima. Si pasa, algo se me ocurrirá.
Ser la "mami" perfecta no es para mí. Con ser "mami" a secas ya tengo suficiente.
no está muerto quien postea II
Saco la cabeza del termo para decir que ya voy a leer los blogs, que en algún momento abriré el Facebook y así podré enterarme que el resto del mundo sí tiene una vida (oh, esha la sufridita).
Estoy un poquito saturada. Un poquito.
El jardincito es hermoso para la socialización del niño, el Chino va feliz, pero por desgracia vuelve cargado de virus de todos los colores.
Y cae enfermo. Y atrás el broncoespasmo.
Y contagia a la hermana, y por suerte ella también termina broncoespásmica. Porque los genes son así de simpáticos.
Y contagia a la señora que los cuida mientras yo intento trabajar, o pintarme una uña. Y la señora no viene una semana. Y yo me quiero cortar las venas con una galletita de agua.
Y en el medio me agarra tendinitis en el tobillo. Y quedo renga, y me es imposible hacer reposo. Y el día que duerme bien Rosita yo no pego un ojo del dolor.
Y hago sesiones de kinesiología al divino pedo, porque el tobillo se hincha cada noche. Y la kinesióloga respiratoria de Rosita me dice, mientras Rosita aúlla como si a estuvieran desollando, que mínimo me tengo que poner hielo tres veces al día. Y yo pienso cuándo catzo tengo tres momentos en los que puedo estar con las patas levantadas quince minutos. Y el hielo sale una vez por día, y gracias.
Y Rosita tose, y el Chino moquea, y acá nos hicimos devotos de San Ventolín, patrono de los pulmones liberados. Y de la Virgen Desatamocos. Y de la kinesióloga, que es una santa.
Y también trabajo, cuando puedo. Y me hacen ir a reuniones en el culo del planeta para decirme una pelotudez que podrían mandarme perfectamente por mail. y tengo que dejar a los pibes con mi hermano, que tiene la pedagogía de un chimpancé, porque la señora que los cuida está enferma.
Y mi mamá me dice que estoy más flaca.
Debo estar por fallecer.
Y que me cuide.
Y me duele todo.
Y el endocrinólogo me confirma que mi tiroides bien, que eso de estar quedándome pelada, que me duela hasta el apellido y que no tenga ni fuerzas para levantarme a la mañana debe ser stress.
Y concubino me dice que seguro tengo cáncer.
Y nos reimos.
Porque somos así. Tan chistosos.
Y escribo esto con la culpa de no haber pasado por ningún blog, de haberme pasado la colecta de la escuelita, porque no leo ni los mails, de no hablar con mis amigos ni por chat. De olvidarme de la mitad de las cosas. De no poder entablar una conversación más o menos coherente con nadie porque no dormí, porque estoy pensando en otra cosa.
Porque vivo en un termo.Del que saco la nariz cinco minutos, antes de ir a llevar al Chino al jardín. Y lleno este blog de lamentos. Y puteadas.
Ustedes perdonen.
Llego tarde al jardín.
Saludos a todos.
Estoy un poquito saturada. Un poquito.
El jardincito es hermoso para la socialización del niño, el Chino va feliz, pero por desgracia vuelve cargado de virus de todos los colores.
Y cae enfermo. Y atrás el broncoespasmo.
Y contagia a la hermana, y por suerte ella también termina broncoespásmica. Porque los genes son así de simpáticos.
Y contagia a la señora que los cuida mientras yo intento trabajar, o pintarme una uña. Y la señora no viene una semana. Y yo me quiero cortar las venas con una galletita de agua.
Y en el medio me agarra tendinitis en el tobillo. Y quedo renga, y me es imposible hacer reposo. Y el día que duerme bien Rosita yo no pego un ojo del dolor.
Y hago sesiones de kinesiología al divino pedo, porque el tobillo se hincha cada noche. Y la kinesióloga respiratoria de Rosita me dice, mientras Rosita aúlla como si a estuvieran desollando, que mínimo me tengo que poner hielo tres veces al día. Y yo pienso cuándo catzo tengo tres momentos en los que puedo estar con las patas levantadas quince minutos. Y el hielo sale una vez por día, y gracias.
Y Rosita tose, y el Chino moquea, y acá nos hicimos devotos de San Ventolín, patrono de los pulmones liberados. Y de la Virgen Desatamocos. Y de la kinesióloga, que es una santa.
Y también trabajo, cuando puedo. Y me hacen ir a reuniones en el culo del planeta para decirme una pelotudez que podrían mandarme perfectamente por mail. y tengo que dejar a los pibes con mi hermano, que tiene la pedagogía de un chimpancé, porque la señora que los cuida está enferma.
Y mi mamá me dice que estoy más flaca.
Debo estar por fallecer.
Y que me cuide.
Y me duele todo.
Y el endocrinólogo me confirma que mi tiroides bien, que eso de estar quedándome pelada, que me duela hasta el apellido y que no tenga ni fuerzas para levantarme a la mañana debe ser stress.
Y concubino me dice que seguro tengo cáncer.
Y nos reimos.
Porque somos así. Tan chistosos.
Y escribo esto con la culpa de no haber pasado por ningún blog, de haberme pasado la colecta de la escuelita, porque no leo ni los mails, de no hablar con mis amigos ni por chat. De olvidarme de la mitad de las cosas. De no poder entablar una conversación más o menos coherente con nadie porque no dormí, porque estoy pensando en otra cosa.
Porque vivo en un termo.Del que saco la nariz cinco minutos, antes de ir a llevar al Chino al jardín. Y lleno este blog de lamentos. Y puteadas.
Ustedes perdonen.
Llego tarde al jardín.
Saludos a todos.
un premio, un premio!
Mi desordenada cabeza en general me impide responder estos memes porque simplemente me olvido. Y cuando me acuerdo ya pasaron como dos mil años.
Así que, haciendo gala de un esfuerzo mental increíble, voy a responder a este premio.
Antes que nada: Gracias Mamy a la obra! Una mujer multitaskin. Si no, vean su blog y las cosas hermosas que hace. Una decana del reciclaje.
¿Qué te llevó a comenzar tu blog?
En el primer blog, hace dos mil años luz: Tener la loca idea de que escribía bien y me iban a editar un libro con las paparruchadas que posteaba.
Una vez que me di cuenta de que no sólo no me iban a editar ni un sobre de azúcar sino que no me leía ni mongo, abrí el segundo, para reirme de mi costado nerdoide. Y todos los días sueño con revivirlo porque le tengo mucho cariño.
Y éste lo abrí porque soy más que una nerd.
¿Qué te aporta tener un blog?
Aclarar mi cabeza.
Divertirme.
Y hace un tiempo, conocer gente linda.
¿Dónde encuentras tu inspiración?Como diría alguien: la vida misma.
¿Planificas con mucha antelación los contenidos que vas a publicar?
Puf.
¿Tienes alguna nueva idea para tu blog?Quiero abrir otro. Porque el blog es como el tatuaje, te hacés uno y terminás como Tinelli. Decía, uno nuevo que sólo trate temitas de madre. Porque mis lectores no padres se deben aburrir mucho.
Y para este nada nuevo. Seguir siendo así de fresca y simpática (?)
¿Cuánto tiempo le dedicas a tu blog?El que me permite la vida misma (con dos pibes, es casi nada, pero lo intento).
¿Cuál es tu mejor momento del día para crear?
Siempre fue y será la noche. La madrugada.
Tener una bebé que se despierta a las 4 am ponele es un aliciente bárbaro para crear.
Para crear la mejor manera de suicidarme.
¿Qué lugar del mundo te gustaría conocer?
El mundo.
Viajar es TODO.
¿Pasatiempo?
Seh, el tiempo pasa a una velocidad increíble. Y cuando puedo, leo. Ese debe ser mi pasatiempo predilecto.
Reformulo: leer y viajar son TODO.
Bueno. Y ahora debería pasar este premio a 11 blogs con menos de 200 seguidores.
Es mucho para mí. No me pidan que cabecee.
Se lo voy a pasar a Bella, que gusta de los memes, y que la tengo taaan descuidada que me siento culpable.
A Irene
A LuminicusA Mai
y a Bigmamushka (aunque nos meta los cuernos con wordpress).
Así que, haciendo gala de un esfuerzo mental increíble, voy a responder a este premio.
Antes que nada: Gracias Mamy a la obra! Una mujer multitaskin. Si no, vean su blog y las cosas hermosas que hace. Una decana del reciclaje.
¿Qué te llevó a comenzar tu blog?
En el primer blog, hace dos mil años luz: Tener la loca idea de que escribía bien y me iban a editar un libro con las paparruchadas que posteaba.
Una vez que me di cuenta de que no sólo no me iban a editar ni un sobre de azúcar sino que no me leía ni mongo, abrí el segundo, para reirme de mi costado nerdoide. Y todos los días sueño con revivirlo porque le tengo mucho cariño.
Y éste lo abrí porque soy más que una nerd.
¿Qué te aporta tener un blog?
Aclarar mi cabeza.
Divertirme.
Y hace un tiempo, conocer gente linda.
¿Dónde encuentras tu inspiración?Como diría alguien: la vida misma.
¿Planificas con mucha antelación los contenidos que vas a publicar?
Puf.
¿Tienes alguna nueva idea para tu blog?Quiero abrir otro. Porque el blog es como el tatuaje, te hacés uno y terminás como Tinelli. Decía, uno nuevo que sólo trate temitas de madre. Porque mis lectores no padres se deben aburrir mucho.
Y para este nada nuevo. Seguir siendo así de fresca y simpática (?)
¿Cuánto tiempo le dedicas a tu blog?El que me permite la vida misma (con dos pibes, es casi nada, pero lo intento).
¿Cuál es tu mejor momento del día para crear?
Siempre fue y será la noche. La madrugada.
Tener una bebé que se despierta a las 4 am ponele es un aliciente bárbaro para crear.
Para crear la mejor manera de suicidarme.
¿Qué lugar del mundo te gustaría conocer?
El mundo.
Viajar es TODO.
¿Pasatiempo?
Seh, el tiempo pasa a una velocidad increíble. Y cuando puedo, leo. Ese debe ser mi pasatiempo predilecto.
Reformulo: leer y viajar son TODO.
Bueno. Y ahora debería pasar este premio a 11 blogs con menos de 200 seguidores.
Es mucho para mí. No me pidan que cabecee.
Se lo voy a pasar a Bella, que gusta de los memes, y que la tengo taaan descuidada que me siento culpable.
A Irene
A LuminicusA Mai
y a Bigmamushka (aunque nos meta los cuernos con wordpress).
diálogos chinos
Escena 1 - Día
Chino juega en su cuarto, en silencio.
Como toda madre sabe, el silencio de un niño sólo puede significar una cosa: la hecatombe (o la previa a la hecatombe).
Entonces la madre que suscribe entra al cuarto de su hijo.
El susodicho está parado en medio de EL CAOS. Se ha encargado de extraer todos los juguetes de sus cajas y desparramarlos por el piso. Aún sostiene una bolsa llena de muñequitos.
- ¿A qué jugás? Pregunto.
Y como si la realidad no fuera suficiente respuesta, mi hijo, de dos años, me mira y con la mayor tranquilidad del mundo responde:
-A TIRAR TODO.
Y sí, no sé para qué pregunto.
Escena 2 - Tarde
Hijo tiene broncoespasmos a repetición. Hijo se nebuliza a repetición. A la mascarita de nebulización le dice "tortuguita".
Hijo escucha toser al padre. Entonces se acerca, le pone una manito en la pierna y dice:
- Papá, ¿no querés hacerte la tortuguita?
(Y papá se desmaya, y mamá también. Obviamente.)
Escena 3. Noche
Hijo está cenando. Una vez terminada la comida pide postre. "Marrón", dice.
Marrón es el nombre que le da al postrecito de dulce de leche.
Entonces al padre le agarra la fiebre de la exactitud y se embarca en el siguiente diálogo.
Padre: - No se llama marrón. Es postrecito de dulce de leche.
Hijo: - ¡Es color marrón!
Padre: - Claro, es de color marrón, pero se llama postrecito de dulce de leche.
Como el pibe parece no acceder a llamar al postrecito por su nombre, el padre ensaya otra alternativa pedagógica.
Padre: - A ver. ¿Esto son fideos?
Hijo:- Nooooooo.
Padre: - ¿Este postrecito es de frutilla?
Hijo: - Nooooooo.
Padre: - ¿Es de vainilla?
Hijo:- Noooooooo.
Padre:- Es ¡postrecito de dulce de leche!
Hijo: -MUY BIEN PAPÁ, TE SABÉS TODAS LAS COMIDAS.
Chino juega en su cuarto, en silencio.
Como toda madre sabe, el silencio de un niño sólo puede significar una cosa: la hecatombe (o la previa a la hecatombe).
Entonces la madre que suscribe entra al cuarto de su hijo.
El susodicho está parado en medio de EL CAOS. Se ha encargado de extraer todos los juguetes de sus cajas y desparramarlos por el piso. Aún sostiene una bolsa llena de muñequitos.
- ¿A qué jugás? Pregunto.
Y como si la realidad no fuera suficiente respuesta, mi hijo, de dos años, me mira y con la mayor tranquilidad del mundo responde:
-A TIRAR TODO.
Y sí, no sé para qué pregunto.
Escena 2 - Tarde
Hijo tiene broncoespasmos a repetición. Hijo se nebuliza a repetición. A la mascarita de nebulización le dice "tortuguita".
Hijo escucha toser al padre. Entonces se acerca, le pone una manito en la pierna y dice:
- Papá, ¿no querés hacerte la tortuguita?
(Y papá se desmaya, y mamá también. Obviamente.)
Escena 3. Noche
Hijo está cenando. Una vez terminada la comida pide postre. "Marrón", dice.
Marrón es el nombre que le da al postrecito de dulce de leche.
Entonces al padre le agarra la fiebre de la exactitud y se embarca en el siguiente diálogo.
Padre: - No se llama marrón. Es postrecito de dulce de leche.
Hijo: - ¡Es color marrón!
Padre: - Claro, es de color marrón, pero se llama postrecito de dulce de leche.
Como el pibe parece no acceder a llamar al postrecito por su nombre, el padre ensaya otra alternativa pedagógica.
Padre: - A ver. ¿Esto son fideos?
Hijo:- Nooooooo.
Padre: - ¿Este postrecito es de frutilla?
Hijo: - Nooooooo.
Padre: - ¿Es de vainilla?
Hijo:- Noooooooo.
Padre:- Es ¡postrecito de dulce de leche!
Hijo: -MUY BIEN PAPÁ, TE SABÉS TODAS LAS COMIDAS.
Fuentes cercanas a la que suscribe afirman que Bob Esponja no habría sobrevivido a los juegos de hijo. Ampliaremos.
kinder sorpresa
El Chino empezó el jardín. Literalmente de un día para el otro (hicimos todo como hacemos siempre, a la que te criaste) se enteró de la existencia de algo llamado jardín y al otro día fue.
Ayer, después de dos semanas de adaptación, pasó las tres horas que dura su turno.
Dos semanas en las que hubo que adaptarse.
El Chino tardó un día, o mejor dicho, media hora de prueba, para saber que en esa salita se iba a divertir mucho más que en la plaza, porque hay el triple de amigos, y hay dos maestras que se la pasan haciendo cosas para que se entretenga, y porque mamá está ahí esperándolo a la salida.
La que tiene que continuar la adaptación soy yo.
A las sillitas de jardín, en la que me obligan a sentarme si hay reunión de padres, o con la maestra, y en la que mi culo rebalsa por los cuatro costados.
A las mamis con demasiado tiempo de sobra, que gustan mandar cadenas de mails por cualquier cosa, reunirse cada dos por tres, tomar cafecito cada vez que se les dá la oportunidad, que tienen el hijo más inteligente, y el que más habla, y el que les cuenta todo. Y que por amor del Papa Francisco, callate un poco porque me voy a extirpar los oídos con una lata de atún oxidada.
El Chino no me cuenta nada. Me entero que anda a los besos con sus compañeritas porque siempre hay alguna madre en la salita. Las mamis que están soberanamente al pedo tienen adaptaciones largas. No sé si porque los hijos las reclaman o porque ellas se quedan para chusmear.
Me entero que jugó con arena porque llega a casa con la cabeza cual playa Bristol, o que manipuló gelatina porque la remera blanca se convirtió en un amasijo rojo y pegajoso con olor a frutilla.
No logro adaptarme al concepto de "delegada de salita de 2". Ni que la compra de una regalo de cumpleaños tenga que ser debatida como si estuviéramos por enviar una resolución a la ONU.
No pienso adaptarme a la idea general que dice que las mamis son las únicas que aparecen por el jardín. Hay padres. El del Chino es uno, pero hay otros. Y están ahí, esperando a sus hijos, compartiendo, presentes. Hay abuelas, y hay niñeras, o "la chica" o como cada uno le diga a la mujer que cuida de sus hijos y que a veces pasa mucho más tiempo que uno con ellos.
Hay un mundo más amplio que el de las mamis.
El Chino no puede estar más contento.Es lo único que importa. Por eso, habrá que adaptarse.
Ayer, después de dos semanas de adaptación, pasó las tres horas que dura su turno.
Dos semanas en las que hubo que adaptarse.
El Chino tardó un día, o mejor dicho, media hora de prueba, para saber que en esa salita se iba a divertir mucho más que en la plaza, porque hay el triple de amigos, y hay dos maestras que se la pasan haciendo cosas para que se entretenga, y porque mamá está ahí esperándolo a la salida.
La que tiene que continuar la adaptación soy yo.
A las sillitas de jardín, en la que me obligan a sentarme si hay reunión de padres, o con la maestra, y en la que mi culo rebalsa por los cuatro costados.
A las mamis con demasiado tiempo de sobra, que gustan mandar cadenas de mails por cualquier cosa, reunirse cada dos por tres, tomar cafecito cada vez que se les dá la oportunidad, que tienen el hijo más inteligente, y el que más habla, y el que les cuenta todo. Y que por amor del Papa Francisco, callate un poco porque me voy a extirpar los oídos con una lata de atún oxidada.
El Chino no me cuenta nada. Me entero que anda a los besos con sus compañeritas porque siempre hay alguna madre en la salita. Las mamis que están soberanamente al pedo tienen adaptaciones largas. No sé si porque los hijos las reclaman o porque ellas se quedan para chusmear.
Me entero que jugó con arena porque llega a casa con la cabeza cual playa Bristol, o que manipuló gelatina porque la remera blanca se convirtió en un amasijo rojo y pegajoso con olor a frutilla.
No logro adaptarme al concepto de "delegada de salita de 2". Ni que la compra de una regalo de cumpleaños tenga que ser debatida como si estuviéramos por enviar una resolución a la ONU.
No pienso adaptarme a la idea general que dice que las mamis son las únicas que aparecen por el jardín. Hay padres. El del Chino es uno, pero hay otros. Y están ahí, esperando a sus hijos, compartiendo, presentes. Hay abuelas, y hay niñeras, o "la chica" o como cada uno le diga a la mujer que cuida de sus hijos y que a veces pasa mucho más tiempo que uno con ellos.
Hay un mundo más amplio que el de las mamis.
El Chino no puede estar más contento.Es lo único que importa. Por eso, habrá que adaptarse.
apio verde tuyú
Hubo preparativos, que se fueron sumando y al final salió una super producción temática (porque en esta casa somos fans de Pocoyó).
Es que había ganas de festejar, porque ¡dos años! (que alguien saque la patita del acelerador, por dior se los pido.)
Hubo cosas ricas, caseras, compradas, traídas y llevadas.
Hubo globos, jueguitos, y energía de sobra.
Hubo una amiguita de la plaza.
Hubo besos en la boca con la amiguita de la plaza (¡esa chirusita!).
Hubo montones de regalos (y hoy hay una madre que no sabe dónde catzos los va a meter).
Hubo asombro cuando veinte personas cantaban el feliz cumpleaños. Porque, claro, del anterior ni registro.
Hubo bises. Como seis bises (el chico se entusisamó, y la familia le da todos los gustos.)
Hubo bises en otros idiomas. Tomá pa' vo. La familia es políglota.
Hubo cariño, mucho.
Hubo fiesta. Porque el Chino cumplió dos.
Y nosotros, sus papás, también.
Mucho que celebrar. Y así lo hicimos.
Es que había ganas de festejar, porque ¡dos años! (que alguien saque la patita del acelerador, por dior se los pido.)
Hubo cosas ricas, caseras, compradas, traídas y llevadas.
Hubo globos, jueguitos, y energía de sobra.
Hubo una amiguita de la plaza.
Hubo besos en la boca con la amiguita de la plaza (¡esa chirusita!).
Hubo montones de regalos (y hoy hay una madre que no sabe dónde catzos los va a meter).
Hubo asombro cuando veinte personas cantaban el feliz cumpleaños. Porque, claro, del anterior ni registro.
Hubo bises. Como seis bises (el chico se entusisamó, y la familia le da todos los gustos.)
Hubo bises en otros idiomas. Tomá pa' vo. La familia es políglota.
Hubo cariño, mucho.
Hubo fiesta. Porque el Chino cumplió dos.
Y nosotros, sus papás, también.
Mucho que celebrar. Y así lo hicimos.
regalos
Un teléfono que es un puema.
Dormir un sábado hasta el mediodía, como no puedo desde hace... cuánto, ¿dos años?
Llevar a mi hijo a la calesita, ésa que le aterraba y de la que ahora no se lo puede bajar.
Leer, en silencio, acompañada de la lluvia, mientras los hombres de la casa dormían a pata suelta.
Muchos saludos. Palabras que me llenaron de emoción y de orgullo. Palabras de amigos que nos ven tan crecidos a los dos, a estos padres nuevos y felices.
Alguna tristeza, también, porque a veces el gris de los días se le pega en el alma a la gente.
Regalos, muchos regalos. El mejor, haber formado esta familia.
Este amor que me desborda, que me hace sentir un poco -más- loca.
Y esto (su regalo sin saberlo, porque él canta, todo el tiempo, todo lo que oye, y yo sólo puedo mirarlo y sonreir... y seguir cantando)
Dormir un sábado hasta el mediodía, como no puedo desde hace... cuánto, ¿dos años?
Llevar a mi hijo a la calesita, ésa que le aterraba y de la que ahora no se lo puede bajar.
Leer, en silencio, acompañada de la lluvia, mientras los hombres de la casa dormían a pata suelta.
Muchos saludos. Palabras que me llenaron de emoción y de orgullo. Palabras de amigos que nos ven tan crecidos a los dos, a estos padres nuevos y felices.
Alguna tristeza, también, porque a veces el gris de los días se le pega en el alma a la gente.
Regalos, muchos regalos. El mejor, haber formado esta familia.
Este amor que me desborda, que me hace sentir un poco -más- loca.
Y esto (su regalo sin saberlo, porque él canta, todo el tiempo, todo lo que oye, y yo sólo puedo mirarlo y sonreir... y seguir cantando)
leyendo espero
Mientras me calmo, a base de reprimendas médicas y familiares varias, y camino con las piernas bien juntitas porque parece que la niña que cargo en la panza (y pesa bastante) está demasiado cerca de la salida, apurada por conocer el mundo, aprovecho estas noches en las que aún no tengo que dar la teta, calmar a un bebé llorón, o cambiar pañales con mecoño, y leo.
Este año leí mucho. Y leí mucho libro digital. Porque sí, finalmente me compré el e-book reader.
Y para aquellos que estaban en el mismo intríngulis que yo, les puedo decir que es altamente recomendable.
Compré un Sony, el más simple que encontré. Nada de color, 3G o piripipí alguno. Sólo wifi.
Le adjunté una fundita que además trae una luz para leer de noche sin molestar al resto del mundo (un gadget buenísimo). Y desde que lo tengo lo amorticé con creces.
A pesar de que amo los libros como objeto, el ebook me da la posibilidad de llevar muchos ejemplares sin necesidad de cargar con ellos a todos lados. Porque si en mi cartera siempre hubo un libro, ahora hay muchos.
Su pequeñez también permite leer mamotretos inconcebibles en papel. Como Los Sorias, ponele. O la saga completa de Juego de Tronos.
Hay mucha oferta de libros digitalizados gratis y en versiones muy buenas (los legalistas hagan la vista gorda, sí, estoy hablando de piratería). Eso sí, algunos libros nuevos no se encuentran en formato digital, ni aún queriendo comprarlos. En inglés es más fácil.
Podés hacer anotaciones, marcar páginas, resaltar texto, y además hacer búsquedas en internet y en el diccionario, sin moverte de tu librito. Eso también suma.
Y por último, algo que me encantó, porque debido a mis problemitas cerebrales la luz excesiva me hace muy mal a la capocha: podés leer con un solazo terrible encima, que la pantalla se ve perfecto.
Amo mi e-book reader. Nunca tanto como amo un libro de carne y hueso.
Porque, a pesar de todas las ventajas del mundo tecnológico, para ésta que suscribe, la palabra "tesoro" podría ser ilustrada de la siguiente manera:
My preciouuuuus
postales de paz
El viaje de vuelta estuvo cargado de tristeza. Esa tristeza singular que nace del tiempo que sabemos bien aprovechado, palmo a palmo, con los ojos perdidos en el ruido de un arroyo, en las manos sucias de un hijo, en la respiración pausada de ese que siempre anda por la vida rapidito.
Esa tristeza del volver a la ventana que sólo sabe dar a otras ventanas. Tristeza gris, monónota; de ciudad que encima llueve. La muy pedante.
Y aunque en las venas me corre un poco de cemento. Y aunque no concibo una vida alejada de este ruido infame de bocinas, de caras de culo a granel, de lucecitas a toda hora, qué bien vienen las cuotas de otro mundo. Como globulitos homeopáticos de paz.
Un tratamiento de sólo cinco días. Y volver alegre, y tranquila, y triste al mismo tiempo. Después de haber saludado a los pajaritos que nos vinieron a despertar todas las mañanas, al arroyito que nos enfrió las manos y nos calentó un poquito el alma, a los animalitos que solemos ver desde la ventanilla, ahora pastando por ahí en el "patio".
Volver, después de haber tenido todo el día, completo, para mí, a esos dos atorrantes que hoy veo de a ratos.
Volver, pensando en regresar. A la casita de las sierras. Al arroyito.
Ya será.
Mientras tanto, me quedan los recuerdos, y algunas postales. De la calma, de la felicidad. Esa cotidiana. De las cosas chiquitas.
La única que vale la pena. espiando la infancia televisada
Ser madre no sólo es educar, poner límites, comer sobras y aprender a taparse las manchas que el pibito se encarga de hacerte siempre cinco minutos de salir. También tiene momentos mágicos, como compartir un rato de televisión.
No voy a salir con "en nuestra época la televisión para niños era mejor" porque me acuerdo de la boluda de Xuxa y de la caradura de Patsy (que hacía lo-mis-mo que Xuxa pero made in argentina, pedazo de chorra) y me sacaría las córneas con una cucharita de té.
Pero en estos días de vacaciones, en los que estuve sentada más de la cuenta frente a canales como Disney Junior y Baby Tv (porque no, a hijo no le gustan los mismos dibujitos que a mí. Mirar Bob Esponja o Pucca no hubiese sido problema y de pakapaka sólo los Chikuchis, es un dictador el enano) me surgieron algunas preguntas/reflexiones.
- ¿Por qué Mickey habla en ruso? Si no, explicame qué es la frase que inicia su programa "Mishka, Mushka, Mickey Mouse", que incita a repetir como un mantra. Esto en la guerra fría no pasaba.
- Yo recuerdo a Mickey y sus amigos, todos crecimos con el ratón de voz alla Buonanote. Lo que no recuerdo es que fuera taaan goma. Otra cosa que no recuerdo es que Daisy fuera ¡tan trola!
- Los programas donde el niño debe responderle a los personajes, que se quedan mirando la pantalla como estúpidos durante dos o tres segundos, es uno de los peores inventos de la humanidad. Cuando el niño no contesta, porque no sabe hablar ponele, se produce un silencio de esos que sólo pueden reproducirse en un ascensor al que subieron dos vecinos que no se bancan. Y cuando el niño sabe contestar, a los dos minutos entiende que en realidad nadie lo está escuchando. Basta de dibujitos interrogadores. La próxima vez que Dora la exploradora me pregunte por qué camino debe ir, voy a gritarle que se consiga un GPS y me deje de joder.
- No sé a qué psicopedagogo se le ocurrió que cada dos palabras en castellano metan una en inglés para que los pibes vayan aprendiendo la lengua del imperio desde chiquitos. Evidentemente a un spicopedagogo del imperio. Ahora, el pibe ¿aprende algo además de cómo parecer un poco esquizofrénico? ¿O después anda por la vida hablando como un latino ilegal residente en los EEUU? Hola don Pepito, hello don Pepito! Si Gaby, Fofo y Miliky vieran esto se arrancarían la nariz de payaso a mordiscones entre ellos.
- Debe haber algún estudio al respecto, y debe tener que ver con la educación temprana de nuestras niñas para que sean futuras mujeres reventadoras de tarjetas de crédito. Si no, decime por qué el 80% de las publicidades son de juguetes para nenas. Entre ellos, el shopping de las Pin y Pon, las mil cositas de Barbie, las princesas, y las valijas de maquillaje de Juliana (que hace unos avisos que dan miedo).
- Y además decime en qué universo paralelo a una nena le puede gustar una muñeca diabólica a la que se le enciende la cara.
- Entre otros juguetes vi uno que no pude encontrar en youtube, pero se trata de un juego de mesa para toda la familia, consistente en un perro al que le ponés cosas por la boca... y ¿adiviná por dónde le salen? No sé cuál es el objetivo del juego, y quién gana. Pero tampoco quiero averiguarlo.
- Y por último, quiero tomar lo mismo que los que hacen los programas de Baby TV. En serio. Si en ese canal hicieran antidoping antes de entregar el material, no queda nada...
Y usted, que miraba a Carozo y Narizota, que ahora dan las noticias, y se le eriza la peluca cuando Panam le canta a un cangrejo cuya principal característica es hacer caca frente al resto... ¿qué ha visto de esta TV para la niñez moderna que le llamó la atención? Cuente, así hacemos catarsis de entre todos. Que acá no va a venir ningún pequeño imberbe a retrucarnos que todos esos comentarios sólo podemos hacerlos porque ya estamos viejos y chotos.
yo quiero mi medalla
No hay nada como mirar los juegos olímpicos, desparramada en el sillón, comiendo un muffin de chocolate, en pantuflas, mientras se hacen comentarios tales como "saltó demasiado pronto", "ese yankie es un muerto", o "con Cachito Vigil esto no pasaba".
Y no es que repentinamente una se haya convertido en una experta alla Bonadeo; una, que tiene menos deporte que la revista Living. Es que una podría llevarse varias medallas, si en los juegos olímpicos se reconocieran disciplinas más mundanas, que exigen capacidades singulares, pero que nadie reconoce.
Porque, si pensamos un poco, todos podemos ganar una medalla de oro. Porque todos escondemos una capacidad innata que nos caracteriza, que nos eleva sobre el resto de los mortales, y nos hace únicos. Como Michael Phepls, pero sin músculos, y con un poco menos de cara de nabo.
Por ejemplo:
- Mi vecina de arriba tiene el récord olímpico en "lanzamiento de objetos contundentes al piso". Y es campeona universal en "arrastramiento de muebles pesados". Una gla-dia-do-ra.
- En la categoría "vaciamiento de potes de dulce de leche a velocidad" soy insuperable. Pero también me destaco en "carrera desorientada y extravío por las calles de Buenos Aires y alrededores", y "emanación de lágrimas por cualquier pavadita", entre otras tantas. Soy una atleta completita...
- Mi madre tiene el récord mundial en "envío de mensajes de texto incomprensibles", "lanzamiento de comentarios culpógenos a la progenie" (en esta disciplina está cabeza a cabeza con mi suegra) y "resistencia a las opiniones ajenas".
- Mi cuñada se lleva el premio en "disparo de comentarios desubicados en almuerzos familiares" y es velocista en "colocación de cara de culo al piso".
- Mientras que Concubino, se lleva el oro en remo y "natación en pileta de Nutella en reuniones aburridas"; además tiene especial capacidad para el "giro olímpico cual calesita antes de salir de la casa" y "resistencia en posición de potus frente al televisor".
Y usted, querido lector, ¿en qué disciplina se destaca?
No sea humilde, y reclame su medalla.
que salga por lotería Nacional, y chau picho!
Llega la hora maldita, y nos rehuímos la mirada. Si no te miro, y no me ves, nadie pregunta. Pero el escape no dura mucho. Los estómagos llaman, más que preguntar rugen. Y entonces alguien lo dice, porque hay que decirlo. A no ser que tengas un plan.
Nunca hay un plan.
¿Qué comemos?
Y se arma la podrida.
Porque a vos lo único que se te ocurre hacer son fideos, o vos podrías comer pizza todos los santos días.
Que no tengo ganas de cocinar, pero menos tengo ganas de pedir.
¿Y entonces?
Terminamos en el arroz con manteca, los fideos con salsa o las sobras de la semana pasada... Y así no se puede.
¿Se puede tener un plan?
¿Se puede planificar la comida de toda la semana para no caer en el momento crítico del "qué comemos"?
¿Hay gente así de precavida y organizada?
¿Puedo ser YO tan precavida y organizada?
¿No me aburriría ser tan precavida y organizada?
¿Y si hago 14 papelitos con platos diversos y lo que se come sale por sorteo?
Para eso necesito 14 platos. Bueh, ponele que son menos, porque al pobre niño lo hago almorzar polenta cada dos por tres.
Ponele que hay que pensar una x cantidad de platos, fáciles y ricos. Y ponele que los anoto todos, y después hago el sorteo semanal.
¿Puede funcionar?
Necesito pensar en los platos.
Necesito ayuda.
¡Ayuda!
el gremio de Rulo
Rulo es ese ser humano que aparece en nuestras casas ante una llamada de auxilio porque: nos llueve en el living, explotó la instalación eléctrica, el inodoro se convirtió en una fuente romana, nos quedamos sin lavarropas, hay que instalar un artefacto...
Y no importa a qué rama del arte de arreglar/instalar/acondicionar se dedique, aunque lo desconozcamos, Rulo pertenece a una secta que nació en el medioevo y sigue a rajatabla un código de conducta estricto; una serie de leyes que ha jurado respetar hasta la muerte (en el 90% de los casos, producida a manos de sus clientes). Por eso, no importa si plomero, gasista, electricista o cerrajero, Rulo hay uno solo.
- Si Rulo fuera médico, Rulo se la pasaría diagnosticando enfermedades terminales, aunque tengas una gripe de morondanga. Llamás a Rulo para que cambie una lamparita. Eso creés vos, que sos un ignorante y no sabés que la lamparita "se quemó porque
hay un cable del año 20 que hace masa con uno del año 63 y es
imprescindible cambiar todo", o te caerá la AFIP y te meterá preso por
contrabando de instalaciones eléctricas antiguas (?). Menos mal que está Rulo para salvarte.
- Y después del diagnóstico, Rulo anuncia su solución, que siempre es la misma: hay que romper. Así como el chico de sistemas lo primero que hace es apagar todo y volver a prenderlo, Rulo rompe. Porque Rulo, en el fondo de su corazón, más que arreglar cosas, ama romperlas.
- Rulo es veloz, hasta que empieza el trabajo. Rulo diagnostica el problemón y promete arreglarlo en menos de lo que canta un gallo. Lo que no aclara Rulo es que el gallo se quedó mudo hace una década y hay que enseñarle a cantar de nuevo. Entonces, un día, te levantás, vas a la cocina en pantuflas, y te encontrás a Rulo desayunando con tu marido y tus hijos, como un integrante más de la familia.
- Así como Rulo tiene una concepción del tiempo diferente a la del resto de los mortales, sus presupuestos se acomodan a una lógica que ningún economista en toda la historia de la humanidad ha desentrañado jamás. Es por eso que Rulo te puede cobrar 500 pesos por apretar una tuerca, y 1000 por cambiar todos los caños de la casa. El valor de "la mano de obra" es un misterio sólo comparable a la existencia de OVNIS o la autoría de las líneas de Nazca.
- Rulo es exhibicionista. Rulo gusta de usar pantalones anchos, que dejan al descubierto sus partes traseras. Partes que una no querría ver ni en sus peores pesadillas. Pero si Rulo no muestra la raya, no sería Rulo.
A este blog lo lee gente que vive en parajes exóticos (?) y países del primer mundo en los que Rulo quizás no exista. Porque hasta donde sabemos Rulo es autóctono, nacional y popular.
Y usted, ¿tuvo la suerte de cruzarse con Rulo alguna vez?
Si es así, cuente su experiencia, y ya que está mándele saludos, y dígale que me sigue lloviendo el techo de la cocina. Pero que no se haga drama, que yo lo espero.
en cinco minutos me tomo un té
Y te hago un budín.
Y un post de lunes con un poco de todo, que para algo esto se llama rara mezcla.
1. ¡Un ansiolítico a la derecha!
Parece que el tema del sexo de porotx me llegó a lo más profundo de la psiquis (?) y ahora también sueño con ello. En realidad no me muero porque sea niña o niño, le encuentro muchos pros a ambos, pero la duda me car-co-me.
En el sueño era nena. Pero en el embarazo anterior mis poderes oníricos anunciaron exactamente lo mismo, por lo que, viendo al muchacho que se cuelga de mis piernas para mirar videos de los Backyardigans en este momento, podemos afirmar que de pitonisa me muero de hambre.
2. Y hablando de hambre
Te soluciono la merienda en cinco minutos. Anotá Carlota*, que no cualquiera te resuelve la vida en tan poco tiempo.
Budín de miel
Ingredientes:
Harina 0000 250 g
Azúcar 100 g
Bicarbonato de sodio 1 cda (yo no tenía así que le encajé polvo de hornear)
Leche 220 cc
Miel 6 cdas
Mezclás los secos. Agregás la leche, luego la miel. Revolvés. Y mandás a un molde enmantecado y al horno suave por 45 minutos (o lo que tarde en quedar hinchadito y dorado)
Y te queda algo como esto:
*En este mismo acto pedimos que vuelva "Cualquier verdura" a las canchas, que nos hacía comer rico y sano. Carloooota, volvé!
3. La merienda blogger
Finalmente el encuentro blogger se ha reprogramado para el 16 de este mes. Es decir, el sábado que viene, por la tarde. Ya hay varias confirmadas (de las que no daré datos para que no les agarre miedo escénico). Por lo que, aquella que se quiera sumar a tan respetable tertulia, que levante la mano (enviando un mail a ciberviviendo@gmail.com o por el canal que más le guste, que hay muchos).
de marido y la belleza real (III)
A las que no lo conocen, desearía presentarles a Concubino, o J, mi marido sin papeles. Ese que hace más de 10 años me ayuda a aguantarme, aguantarnos y me aguanta. Es mucho aguante.
Ese mismo que amo con todo mi corazón, excepto en los momentos en los que busco una respuesta sincera sobre mi estado físico, y lo único que encuentro son respuestas demoledoras. Como esta, o esta. O como la descripción que hizo de mí cuando me vio entrar a la oficina hace unos días.
Yo, toda sensibilidad embarazadística. Yo, toda contenta con mi nueva pollera larga a rayas (de esas verticales que dicen que adelgazan, o disimulan, o vaya a saber). Yo, que hay que decirlo, hace un par de semanas despedí a mi cintura y le di la bienvenida a un culo desde el que tranquilamente se puede practicar bunging jumping*.
Decía, el amor de mi vida me vio entrar a mí, con todo mi yo a cuestas, y como hablaba por teléfono sólo hizo una sonrisita. Diez años después, esa sonrisita sólo podía querer decir "vamos a tener una charla sobre tu pollera nueva".
Y cuando colgó, se produjo el siguiente diálogo (al que ya debería estar... ¿acostumbrada?)
Mate con pollera: - Hola, qué pasa, ¿no te gusta mi pollera nueva?
Concubino con sonrisa: - Sí, es muy linda.
M: - Entonces, ¿me queda mal?
C: - No, es que, no sé, te hace un cuerpo raro.
(keyword: raro)
Mate esperando el temblor: - ¿Raro? ¿No será gorrrda?
C: - No, no. Parecés... UN POMO DE COLGATE.
El mismo ser que dice eso mientras se des-cos-ti-lla de la risa (y cuando lo lea acá se va a volver a descostillar) es el que de un día para otro armó una escapada relámpago a Mar del Plata, la ciudad en la que vive su suegro, que vendría a ser mi padre, y hoy, queridos lectores, les escribo con vista al mar.
*(Debería preguntarle a mi obstetra si es un síntoma normal que de golpe y porrazo tenga el inicio del culo a la altura de la nuca.)
cumbre
Hace más de cinco años empecé a escribir un blog, que me llevó a otro, que me depositó en este espacio, el más personal de todos, ése en el que mezclo vivencias reales y no tanto, con lecturas, y música, y algunos chistes, y también lágrimas. Un poco de todo, y mucho de mí.
Y de a poco este blog se fue convirtiendo en eso que decía hace unos post atrás: una ronda de mate que viaja por fibra óptica. Una charla entre amigos, conocidos o llámelo como quiera, las etiquetas siempre son aburridas...
Todo lo anterior viene a cuento de algo que también dije en ese post: creo que va siendo hora de que esa ronda de mate supere los límites de la pantalla y pase al mundo "real". Porque, les cuento, mi nombre no es Mate, y tengo un rostro, aunque no me guste mucho hacerlo público por internet.
Por eso, y debo decirlo, empujada por la grata experiencia de haber conocido a una experta en reuniones bloggers como es Ann (y no haberme desmayado de los nervios en el proceso), les vengo a proponer a ustedes que pasan por acá hace mucho o poco, que comentan a veces o siempre, en fin, a ustedes que están leyendo; decía les propongo la idea de vernos, con algo rico de por medio, para hablar de bueyes perdidos.
Aprovechando que se acerca el fin de semana largo por el 25 de mayo, entonces, las invito formalmente a una reunión cumbre, porque el pueblo quiere saber de qué se trata esto tan moderno de juntarse un grupo de gente que se conoce por muchas cosas, pero nunca se vieron las caras.
¿Se animan?
Si son valientes y revolucionarias (?) levanten la mano, dejen un comentario o manden un mail (ciberviviendo@gmail.com), así coordinamos el lugar, hora y demás burocracias.
Ann y yo estaremos repartiendo escarapelas en la puerta.
ronda
Hay mucho que decir. Tanto que se me mezcla todo y no consigo ponerlo en orden.
Ando entre la actividad frenética (ordeno, imprimo fotos, pinto porta retratos, cocino) y el cansancio más absoluto.
Porotx -volvemos a la x, qué nervios, ¿otro niño? ¿una niña?, pura ansiedad- me tiene a mal traer. Todo lo que pasó desapercibido en mi cuerpo el primer embarazo se lo está cobrando el segundo. Náuseas, mareos (no puedo viajar en auto sin sentir que estoy en una montaña rusa pero sin la diversión), baja presión, sueño mucho sueño. Y a la vez tranquilidad: ya lo vi, o la vi, tres centímetros de vida pura. Ahora sólo queda esperarlx con alegría. Y volver a disfrutar de esa sensación plena de tener a alguien creciéndote.
El Chino, mi hijo, esa personita que no para de sorprenderme, está cada día más grande - ya camina, ya me dice mamá, ya tiene su propio código de señas con el que nos entendemos perfectamente - y me llena la vida de luz.
Mi pareja. Mi compañero. Esa es la palabra. Mi compañero de vida, y de aventuras, y de llantos y de risas. Juntos, hace 11 años, no importa donde nos lleven las olas. Cada día aprendo a ser mejor, gracias a él, y por ellos. Y ahora por los cuatro que estamos por ser.
Intentando ser una amiga menos colgada, menos despistada, aún sabiendo que mis amigos no esperan que cambie tanto, sólo que aprenda a acordarme dónde dejé tirado el celular.
Entendiendo que eso de "nunca digas nunca" se aplica a muchas más cosas de las que pensaba, y que la timidez no debería ser una excusa para perderte de conocer gente buena.
Mezclada. Con sueño y con insomnio. Pensando dónde voy a meter la cuna, al Chino, mi oficina. Pero más que eso, dónde voy a meter tanto amor (¿es posible sentir aún más amor sin estallarse el pecho? Somos infinitos los humanos, y ni siquiera lo sabemos.)
Alborotada, mareada, embrigada.
Con ganas de compartirlo con ustedes, y que este espacio se convierta cada vez más en una ronda de amigos que se pasan un matecito caliente mientras se cuentan las cosas de la vida, así como cantando, cada uno con su tono y su melodía.
momentos navideños
1. La gula
Llegamos al lugar de festejo, nos saludamos. Se escuchan diálogos como el que sigue:
-"qué calor",
-"seh, terrible"
-"y yo con el horno haciendo la pavita, no doy más"
Y la primera pregunta que surge es: ¿Por qué si somos 4 gatos locos hay tres toneladas de comida? ¿Vamos a salir a repartir Vitel Toné a los vecinos? ¿Viene a festejar la tercera división de Cambaceres y no me avisaron?
Y por las barbas de Papá Noel, ¿por qué la Tía Marita que en su vida supo cocinar se empecina en hacer platos calamitosos que no le gustan a nadie pero que hay que tragar para no lastimar sus sentimientos? ¿Por qué?
2. Las mañas
Todos tenemos manías con la comida. En las fiestas se ven to-das.
El abuelo que le pone soda al vino de 400 pesos (mientras el que compró el vino se corta las venas con una cáscara de nuez). El que no toma vino "porque le cae mal" y se baja tres litros de cerveza. Los que le encajan mayonesa hasta el pan dulce. Los que no comen frutas abrillantadas, los que sólo comen frutas secas, los que no comen agridulce (y hacen caras frente al melón con jamón), los que no comen verduras, los que no comen carne, los que toman ananá fizz, los que odian la sidra, y los que sólo le dan al champangne porque son finos.
Lo bueno es que las fiestas es uno de los pocos momentos en los que hay algo para cada uno de ellos.
3. El momento tenso
Gracias a la mezcla de un calor que te chorrea en las sienes, el exceso de bebidas alcohólicas, y un rejunte de personas que no se ven casi nunca, existe un 80% de probabilidades (científicamente comprobado) de que en algún momento de la cena haya dos o más comensales con unas ganas locas de arrancarse los ojos a punta de escarbadiente. Todo puede comenzar con el Tío Pocho descubriendo su enano facista al grito de "hay que matarlos a todos" o con algún reproche vencido hace rato pero que la esposa de Rolo le pareció bien traer a la mesa.
Incluso la hecatombe se puede originar en un comentario ingenuo, que no parece ocultar ningún conflicto, como "¿y ustedes cómo se conocieron?"
Y entonces nos enteraremos por la suegra, que "el sátrapa de Roberto la dejó a Martita plantada en el altar", o que, según Roberto, "Martita era la más rápida de la cuadra" (y Martita revoleará una copa de vino en ese mismo instante).
Como decía Francella, lo primero es la familia.
3. El bajón
La misma mezcla que induce a la riña, también provoca la depresión de algunos comensales. Esos comensales que, de integrar la organización del Oscar, sólo se encargarían de armar el videito de los obituarios. En general gente mayor que hace la lista de fallecidos familiares y le atraganta el pan dulce a más de uno cuando comienzan su rosario de penas diciendo "esta es la cuarta navidad sin Julito".
4. Los regalos
No importa si se hizo el amigo invisible, si cada uno le regala al que quiere, para la abuela Rosa "regalo", "calzoncillo", "medias", "colonia Old Spice" y "jabón Heno de Pravia (OMG)" son sinónimos.
Los años le enseñan a uno a poner cara de alegría mientras se le dice a la abuela Rosa, "ay, qué lindas medias de toalla" y a preguntarle delicádamente a la cuñada si ese collar horrendo que nos regaló se puede cambiar en algún lado.
5. El peligro
Cuando están por llegar las 12 siempre aparece un boludo que no tuvo mejor idea que gastarse el aguinaldo en fuegos artificales, y sale corriendo a buscar al auto una cantidad ingente de cañitas voladoras, petardos y demás porquerías. Elementos que: estuvieron en el baúl de su vehículo al calor de la tarde durante horas, el susodicho boludo le da a manipular a los niños de la familia mientras ríe como un energúmeno, o bien manipula él mismo con la agilidad de una babosa.
Es el mismo boludo que sale en los noticieros al día siguiente en la Puerta del Santa Lucía, tuerto, o en la cuadra de cualquier hospital con un dedo menos.
Deberíamos hacer algo con el boludo de los fuegos artificales.
6. El bochorno
Ya nos regalamos cosas feas, brindamos, nos peleamos, nos amigamos, no besamos. Estamos comidos, pero sobre todo estamos muy bebidos. Entonces es la hora del show. Cada familia tiene sus talentos y habrá espectáculos variados.
Se le pide al niño prodigio que toque el violín (y el niño prodigio nos muestra que además de prodigio es sordo),
el padre del niño prodigio está hace rato ofreciendo una sonata en do mayor de ronquidos y apnea de sueño,
un par de hermanas que alguna vez fueron hippies desempolvan la guitarra y se ponen a ladrar al ritmo de "Rasguña las piedras",
el tío Rulo pone un compilado que armó especialmente para la ocasión y que contiene hitazos como "Cachete, pechito y ombligo", "Tonta" y "Tirate un paso". En ese momento descubrimos que la abuela baila reggaetón, o peor, que la sobrinita de 10 años podría participar del bailando por un sueño del año próximo (destacándose en el baile del caño).
¡Feliz Navidad!
silencio (u hospital)
Domingo de elecciones. Almuerzo post-voto.
Toma 1:
Llega hermano de Mate con novia y Madre (de Mate).
Mate: ¿No había gente en sus escuelas tampoco?
Hermano: No, muy poca. Hicimos rapidísimo.
Mate: Nosotros también, nos llamó la atención. Espero que la gente no deje de ir a votar porque imaginan el resultado... hay cada salame.
5 min después.
Mate a Cuñada: Yo pensé que vos viajabas... ¿Hiciste cambio de domicilio?
Cuñada: No, esta vez no voté. Total, ¿para qué?
Silencio.
Toma 2:
Ya en la mesa.
Hijo se despierta de la siesta. Hijo nos ve comer y quiere comer, aunque se haya deglutido un kilo y medio de Vitina hace escasa hora y media.
Mate trae Corn Flakes para que Hijo se entretenga sin bajarse otro kilo y medio de alimento.
Madre: Ay, pero pobrecito, tarda dos horas en agarrar en agarrar un copo!
Mate -irónica-: Es que le estamos enseñando a desarrollar la motricidad fina.
2 minutos depués
Cuñada a Hermano: Yo no tengo motricidad fina. No es importante.
Silencio.
Toma 3:
Hermano mete los dedos en la torta.
Cuñada lo reta.
Madre se ríe de las pavadas "del nene".
Cuñada: Si seguís haciendo esas cosas te vas a volver a vivir con tu mamita, que te quiere tanto.
Silencio.
El día que los silencios se rellenen con algo, se arma la podrida.
Yo avisé.
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