Mestiza ardiente de lengua libre, gata valiente de piel de tigre
con voz de rayo de luna llena.
(...)
Por el bulevar de los sueños rotos
moja una lágrima antiguas fotos
y una canción se burla del miedo.
Las amarguras no son amargas
cuando las canta Chavela Vargas
y las escribe un tal José Alfredo. Joaquín Sabina
No importa que la hayamos visto veinte veces. O que la pasen doblada, horrendamente doblada.
Que nos sepamos los diálogos, y nos riamos de las situaciones incluso antes de que sucedan.
Que aun conociendo el final siempre siempre termine llorando.
Y él siempre estirando los brazos para contener tanta lágrima.
Y los dos mirándonos, y sonriendo, sin decir nada. Porque no hace falta. Porque sería demasiado cursi. Como este post. Como el final de una película de amor. Esos que a veces sentimos tan conocidos.
Hay canciones que por más que las haya escuchado cuatro mil veces, siempre siempre con sólo oir los primeros acordes se me pone la piel de gallina.
Hace un tiempo una amiga de la casa (Café -con tostadas-, porque ese es su nobre y apellido) propuso este juego en su blog: agarrar el repodructor de música en reproducción aleatoria y contestar las preguntas que siguen con las canciones que te van tocando en suerte.
Así me quedó a mí.
Prueben y vean qué les augura su mp3 (que a veces parece que tiene poderes mágicos).
¿Si alguien dice "ésto está bien?" vos decís? All i want is you (Barry Louis Polisar)
¿Qué describiría mejor tu personalidad? Sweet Darling (She & Him)
¿Qué te gusta en un chico? Tire swing (Kimya Dawson)
¿Cómo te sentís hoy? Who’ll stop the rain (Creedence Clearwater Revival)
¿Cuál es el propósito de tu vida? O bebado e a equilibrista (Elis Regina)
¿Cuál es tu lema? Here comes your man (Meaghan Smith)
¿Qué piensan tus amigos de vos? The fear (Lily Allen)
¿En qué pensás muy seguido? Contigo (J. Sabina)
¿Cuánto es 2+2? Campus (Vampire Weekend)
¿Qué pensas de tu mejor amigo/a? Sea of love (Cat Power)
¿Qué pensás de la persona que te gusta? Expectations (Belle & Sebastian)
¿Cuál es la historia de tu vida? There goes the fear (Doves)
¿Qué querés ser cuando seas grande? Siting, Waiting, Wishing (Jack Jonhson)
¿Qué pensás cuando ves a la persona que te gusta? Insensatez (Vinicius de Moraes)
¿Qué piensan tus papás de vos? Bones (The Killers)
¿Qué vas a bailar en tu boda? No hago otra cosa que pensar en ti (Serrat)
¿Cuál es tu hobby/cosa de interés? A well respected man (The Kinks)
¿Cuál es tu mayor secreto? Quereme (Miranda)
¿Qué es lo peor que podría pasar? Duas Margems (Chico Cesar)
¿Cómo vas a morir? Black hole (She & Him)
¿De qué cosa te arrepentís? Algo personal (Serrat)
¿Qué te hace reír? Fireflies (Owl City)
¿Qué te hace llorar? Ya no sé qué hacer conmigo (Cuarteto de Nos)
¿Te vas a casar algún día? Chega de saudade (Bebel Gilberto)
¿Alguien gusta de vos? You make my dreams come true (Hall & Oats)
¿Si pudieras volver el tiempo atrás, qué cambiarías? She talks to angels (Hoottie and the Blowfish)
¿Qué te duele ahora mismo? Talvez voce (Chico Cesar)
¿Qué nombre le vas a poner a esta nota? Alegria, alegria (Caetano Veloso)
No voy a despotricar contra este día, atestado de adolescentes hormonales emborrachandose por ahí, y de cronistas de TV asutándose de los adolescentes hormonales que se emborrachan por ahí y dejan la ciudad "a la miseria"
El lunes es el peor día de la semana. Porque el lunes, todas esas ansiedades, miedos, tareas y obligaciones que sólo eran una ficción el domingo a la tarde (cuando nos agarra la depresión semanal crónica) se han hecho realidad.
Y en el lunes la fiaca es reina y señora.
Ganas de nada.
"Esto lo dejo para mañana", es la frase más escuchada del día.
Con toda la semana por delante, ¿qué puede haber de malo en posponer algunas cosillas?
Puede... cuando llega el viernes, y los pendientes se apilan, alejándonos del fin de semana.
Pero hoy hace mal pensar en el viernes. Hoy es lunes. Sería una macana tener que trabajar...
Odio esta canción, pero cada vez que la escucho se me pega como una garrapata al cerebro y no hay manera de evitar repetir el "Alejandro, Alejando, Ale-Ale-Alejandro" durante un par de horas.
Cuando era chica me contaron que una vez una señora tuvo un hijo. Pero ese hijo no era de su marido, era de otro señor: un señor invisible, que al parecer no por ello era menos fértil.
Imagino las cosas que habrán dicho las vecinas indiscretas de aquella mujer . Debe haber sido la comidilla del barrio.
Para colmo de males, cuando ese hijo creció, salió a abrazar a los leprosos, a los pobres, a las prostitutas y a todos los débiles que andaba encontrando por ahí. Un hippie, un loquito, un raro, un anormal. ¡Las cosas que le habrán dicho!
El hijo de esta señora andaba rodeado de unos pescadores medio brutos, diciendo al que lo quisiera escuchar que lo más importante de la vida no era tener plata, poder, armas o tierras, lo más importante era el amor. Y no cualquier amor, el amor incondicional al otro. Que siempre era un semejante.
¡Esos otros, mis semejantes!
Las cosas que le habrán dicho.
Después me explicaron que a ese hombre lo mataron. Porque eso quería el padre (el señor invisible, pero fértil) que en realidad era él mismo, y otro más, todos juntos pero separados.
Ahí las cosas se ponían un poco más complicadas. Lo del embarazo mágico vaya y pase, ¿pero el resto?
El resto era peor.
Ese hombre, el raro, se había muerto por mí. Por mí y por mis pecados.
Porque yo, en el mismo momento de nacer, ya era una pecadora.
Todo por culpa de otra señora, que no quedó embarazada de un señor invisible, pero que nació de una costilla, y se extralimitó con la dieta y la condenaron por glotona. (Las cosas que le habrán dicho.)
Así que, en resumen, uno venía fallado de fábrica. Pero se solucionaba fácil: le tiraban un agüita en la cabeza y san se acabó.
Pero ¿y los bebés que se morían sin agüita? Y... se iban al limbo. Que ya no existe.
Porque antes, cuando a mí me contaban todo esto, había limbo, cielo, purgatorio e infierno. Todos lugares a los que uno iba a parar cuando se moría. La selección era simple: cuanto más pecados tenías más cerca del infierno estabas. Y ahí te hacían cosas espantosas por toda la eternidad.
Entonces, mejor ser bueno. Te convenía.
¿Y el semejante?
El semejante no sé, vos cuidate las espaldas.
Y así se acumulaban las ideas, todas mezcladas. A los ocho le tenía miedo al cuco, pero más miedo me daban los pecados mortales. A los diez sabía que los ángeles son seres-puramente-espirituales-dotados-de-inteligencia-y-voluntad, y otras cosas que ahora no sé repetir pero que están todas en un librito amarillo de preguntas y respuestas.
A los trece iba a misa para ver a los chicos que me gustaban.
Y a los quince tenía cada vez más preguntas.Y las respuestas no estaban en el librito amarillo, y muchas veces se resumían a un "porque es así".
Y así no me servía.
Y hoy, que ya no le temo al cuco, y mucho menos a los pecados mortales; que no me asusta el infierno, al que en cualquier momento lo clausuran por pasado de moda; que no voy a misa, ni siquiera para hacer sociales.
Hoy pienso en ese hombre, el de las sandalias y los pelos largos. Ese, nacido de un embarazo por lo menos extraño, en una familia con dos padres (aunque uno fuera invisible). Ese que le daba la mano a los leprosos y defendía a las putas.
Ese, del que habrán dicho tantas cosas.
Ése hoy estaría con los suyos (los raros, los loquitos, los anormales) levantando una bandera de colores. Una bandera que no es otra más que la del amor al otro.
Las letras de molde dicen sus primicias. Anuncian victorias, inseguridades, progresos, o crisis. Contean los grados celcius del día más frío, o del más caluroso de la década. Cuentan las horas del día más corto, la inflación del mes más largo para el bolsillo.
Todos los días, al compás de la "agenda", como dicen los que saben, leemos lo importante, lo urgente, o quizás sólo lo vendible.
Títulos que también dicen algo de lo que nos pasa. Algo, y muchas veces casi nada.
Porque esa, nuestra noche más larga, no tuvo nada que ver con el cambio de estaciones y el calor de un abrazo jamás se midió en grados celcius.
Porque nuestras victorias, derrotas, inseguridades o nuestras crisis no llegan a la tapa de los diarios. Se escriben sí, en nuestros ojos, en esa arruga debajo del flequillo, en unas manos endurecidas, en un hoyuelo como un pozo de alegrías.
Son noticias que nadie anuncia en letras rojas.
Y son las noticias más urgentes, las más importantes, esas que no se venden: nuestras noticias.
Esas que, todas juntas, algunos las llaman "vida".