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cómo medir la eternidad

Se fueron a la guardia por las dudas, para agarrar las cosas a tiempo.
Mientras yo cociné una torta de vainilla. Con colores. Para ambos. 
Siempre los extraño cuando salen de ronda hospitalaria. Ya es una especie de tradición.
Es que todo empezó cuando yo portaba una panza de 38 semanas, y no era muy práctico ni muy recomendable que fuera a un hospital lleno de gérmenes. Además con suerte me podía mover.
Así que fueron ellos.
Y la segunda vez Rosita era un bofe mínimo que no se podía despegar de mi teta. Y tampoco podía recibir tanto virus volador.
Así que fueron ellos. 
Igual que el sábado. 
Y les hice torta. Pero a la hora de la merienda la torta quedó sola esperando en la mesada.

Fueron cuatro días. Millones de horas.
Cuatro días de maravillarme con el aguante y el humor de mi hijo, atado a unas máquinas y sin embargo sonriente. Al borde del ahogo y sin embargo charleta.
Cuatro días en los que no dormimos juntos en un sillón. El mejor equipo del mundo, nosotros dos.
Cuatro días de extrañar, de querer estar en dos lugares a la vez. Extrañando a una, tan chiquita, que andaba de mano en mano, pasando el tiempo con abuelas, tíos, los que estuvieran disponibles.
Y extrañándolos, cuando estaba con ella, esos veinte minutos de abrazos y besos para que no se sintiera tan extraña.  Ella, o yo.

Nunca sentí miedo. No lloré.
No porque no tuviera miedo. Mi angustia me espera, se guarda, me deja hacer, me permite ser de piedra. Y un día me caga a palos. Pero ese día ya no necesito ser una piedra.
Hoy ponele.

Cuatro días después volvimos los tres, para volver a ser cuatro.
Y después me volví a encontrar con el caos diario, el cansancio, los dos dando vuelta la casa... pero esta vez lo disfruté. Me encontré sonriendo entre llantos, mocos y comida en el pelo. 
Prefiero una eternidad de este quilombo de a cuatro.
No quiero nunca más cuatro días eternos.



 

No ser de aquí ni ser de allá

No tener tiempo se ha convertido en mi esencia. 
Corro, transpiro la camiseta, me duelen los pies, y el cuello, y la cabeza. Y al final del día recuerdo que no hice ni la mitad de las cosas que hubiese querido.
Y siempre una de esas cosas es ponerme a tiro con los blogs de ustedes, y con este espacio, que me da vueltas en la cabeza pero al que no me asomo hace más de dos meses.
Y eso porque no tengo tiempo. Pero también porque no estuve. Me fui de viaje. Y en pocos días me vuelvo a ir. Mezcla de trabajo, familia y ocio.

Me fui y descubrí que dos pibes de menos de 3 años en un avión pueden portarse como dos santos. Y los dos pibes de atrás pueden portarse como el reverendo ojete. Y está bien, porque son pibes. Y si pretendés que no lloren o no se embolen metidos ocho horas en un espacio cerrado, mínimo e incómodo sos medio pelotudo. Qué querés que te diga. Fijate cómo se portan los adultos y no le pidas peras al olivar.

Descubrí que podemos salir a cenar los cuatro y pasarla bien.
Que los puedo llevar al cine. Que a Rosita no le da miedo nada. La subas a donde la subas, le muestres lo que le muestres. Que a todo le devuelve una sonrisa, de cuatro dientes y una nariz coloradita.
Que el Chino creció, y está faquiiiiito y alto, pero además está vergonzoso. Que no baila tan libre como siempre. Por lo menos frente a los otros.
Que descubrió el miedo a la oscuridad, y las pesadillas. Y él que dormía toda la noche, y se iba a acostar solito, ahora se rebela, se pasa a la cama, se despierta mil veces.
Rosita duerme, toda la noche. Se ve que la idea es ir turnándose para que los que no puedan dormir seamos nosotros, los padres.
El Chino también descubrió que tiene una hermana que dejó de ser un bofe y ahora atrae la atención del resto, y estalla de celos. Y hubo mordidas, y hay rabietas. Y hay que trabajar el equilibrio... y la meditación zen para no ahocarlo. 

Descubrí que viajar con dos pibes tan chiquitos es muy trabajoso, y cansa. Que vivir con dos pibes tan chiquitos cansa, porque no parás, un segundo. Pero se puede. Si no te ahogás en un vaso de agua. 
Si pensás que todo se va ir solucionando, que si olvidaste la mamadera la pibita tendrá que aprender a tomar en vaso. Que si te olvidás el pañal, el pibito andará cagado un rato más, hasta que encuentres una farmacia. 
Lo que no te podés olvidar es la paciencia, y la creatividad para encontrar soluciones. Porque no se puede estar en todo, todo el tiempo.
Se puede viajar, y vivir, y reirse, y disfrutar, con una de 10 meses y otro de dos años y medio, mientras no intentes ser la mujer maravilla.
Y lo digo para convencerme, porque parte de este cansancio eterno es esta -mala- costumbre de intentar tener todo bajo control.

Se viene otro avión, más horas. Menos ocio. Más situaciones desconocidas, nuevas. In-con-tro-la-bles.
Ya no espero el caos. O sí, pero lo abrazaré como a un amigo de la infancia.
No espero acordarme de todo. Estar aquí y más allá, pronosticando el futuro y llevando la solución encima. Si pasa, algo se me ocurrirá.
Ser la "mami" perfecta no es para mí. Con ser "mami" a secas ya tengo suficiente.
 

diálogos chinos

Escena 1 - Día
Chino juega en su cuarto, en silencio. 
Como toda madre sabe, el silencio de un niño sólo puede significar una cosa: la hecatombe (o la previa a la hecatombe).
Entonces la madre que suscribe entra al cuarto de su hijo.
El susodicho está parado en medio de EL CAOS. Se ha encargado de extraer todos los juguetes de sus cajas y desparramarlos por el piso. Aún sostiene una bolsa llena de muñequitos.
- ¿A qué jugás? Pregunto. 
Y como si la realidad no fuera suficiente respuesta, mi hijo, de dos años, me mira y con la mayor tranquilidad del mundo responde:
-A TIRAR TODO.
Y sí, no sé para qué pregunto.

Escena 2 - Tarde
Hijo tiene broncoespasmos a repetición. Hijo se nebuliza a repetición. A la mascarita de nebulización le dice "tortuguita". 
Hijo escucha toser al padre. Entonces se acerca, le pone una manito en la pierna y dice:
- Papá, ¿no querés hacerte la tortuguita?
(Y papá se desmaya, y mamá también. Obviamente.)

Escena 3. Noche
Hijo está cenando. Una vez terminada la comida pide postre. "Marrón", dice.
Marrón es el nombre que le da al postrecito de dulce de leche.
Entonces al padre le agarra la fiebre de la exactitud y se embarca en el siguiente diálogo.
Padre: - No se llama marrón. Es postrecito de dulce de leche.
Hijo: - ¡Es color marrón!
Padre: - Claro, es de color marrón, pero se llama postrecito de dulce de leche.
Como el pibe parece no acceder a llamar al postrecito por su nombre, el padre ensaya otra alternativa pedagógica.
Padre: - A ver. ¿Esto son fideos?
Hijo:- Nooooooo.
Padre: - ¿Este postrecito es de frutilla?
Hijo: - Nooooooo.
Padre: - ¿Es de vainilla?
Hijo:- Noooooooo.
Padre:- Es ¡postrecito de dulce de leche! 
Hijo: -MUY BIEN PAPÁ, TE SABÉS TODAS LAS COMIDAS.


Fuentes cercanas a la que suscribe afirman que Bob Esponja no habría sobrevivido a los juegos de hijo. Ampliaremos.

kinder sorpresa

El Chino empezó el jardín. Literalmente de un día para el otro (hicimos todo como hacemos siempre, a la que te criaste) se enteró de la existencia de algo llamado jardín y al otro día fue.
Ayer, después de dos semanas de adaptación, pasó las tres horas que dura su turno.
Dos semanas en las que hubo que adaptarse. 
El Chino tardó un día, o mejor dicho, media hora de prueba, para saber que en esa salita se iba a divertir mucho más que en la plaza, porque hay el triple de amigos, y hay dos maestras que se la pasan haciendo cosas para que se entretenga, y porque mamá está ahí esperándolo a la salida.
La que tiene que continuar la adaptación soy yo.
A las sillitas de jardín, en la que me obligan a sentarme si hay reunión de padres, o con la maestra, y en la que mi culo rebalsa por los cuatro costados.
A las mamis con demasiado tiempo de sobra, que gustan mandar cadenas de mails por cualquier cosa, reunirse cada dos por tres, tomar cafecito cada vez que se les dá la oportunidad, que tienen el hijo más inteligente, y el que más habla, y el que les cuenta todo. Y que por amor del Papa Francisco, callate un poco porque me voy a extirpar los oídos con una lata de atún oxidada.
El Chino no me cuenta nada. Me entero que anda a los besos con sus compañeritas porque siempre hay alguna madre en la salita. Las mamis que están soberanamente al pedo tienen adaptaciones largas. No sé si porque los hijos las reclaman o porque ellas se quedan para chusmear.
Me entero que jugó con arena porque llega a casa con la cabeza cual playa Bristol, o que manipuló gelatina porque la remera blanca se convirtió en un amasijo rojo y pegajoso con olor a frutilla.
No logro adaptarme al concepto de "delegada de salita de 2".  Ni que la compra de una regalo de cumpleaños tenga que ser debatida como si estuviéramos por enviar una resolución a la ONU.
No pienso adaptarme a la idea general que dice que las mamis son las únicas que aparecen por el jardín. Hay padres. El del Chino es uno, pero hay otros. Y están ahí, esperando a sus hijos, compartiendo, presentes. Hay abuelas, y hay niñeras, o "la chica" o como cada uno le diga a la mujer que cuida de sus hijos y que a veces pasa mucho más tiempo que uno con ellos. 
Hay un mundo más amplio que el de las mamis.
El Chino no puede estar más contento.Es lo único que importa. Por eso, habrá que adaptarse.
 
52*08

liberación

libertad es poder,
poder elegir,
elegir en libertad.

elegir si quiero casarme
con él, o con ella,
o vivir soltera hasta que la muerte me separe;

tener un hijo, o quince, o ninguno;
dar la teta, esconderla,
hacerme las tetas,
andar con las tetas sueltas.

andar por la vida como me plazca
mostrando el culo o con túnica,
despeinada, maquillada, o sin depilar;
comiendo chocolate o lechuga;
tomando cerveza o agüita saborizada;
 
andar, 
andar por donde quiera, 
como quiera, 
con quien quiera;


andar sin temor
sin temor a los insultos,
a la mano que no es mía y que me toca aunque no quiera,
a la violencia disfrazada de piropo,
a la violencia sin ningún disfraz;

poder estudiar si quiero,
poder trabajar 
o ser la ama de mi casa,
o hacer todo junto y a las corridas.

porque quiero
porque elijo
porque nadie me lo impone.
 
poder decir
y cantar
y amar,
como quiera
cuando quiera
a quien quiera.

sin temor.

eso es libertad,
para cada una,
diferente,
mujer, y mucho más
mujer, y nada menos.


Aunque tarde: feliz día de laS mujereS.
Por más libertad. Para todas.

 

pink

Debo poner cara de fanática religiosa cuando lo digo. Algo pasa.
Lo único que sé es que a la gente se le graba en la cabecita. Debe ser mi cara, de fundamentalista.
No me gusta el rosa.
Tengo una hija, bebé. Para el común del pueblo "bebé nena" es equivalente a "color rosa". (Y "bebé nene" a "color celeste").

No.
Lo que no me gusta no es el rosa, es la equivalencia. La equivalencia fundamentalista. La casilla.
Entonces la que se pone fundamentalista soy yo. No me gusta el rosa, anuncio.
El rosa es un color, como cualquiera. El rosa bebé no me agrada, pero menos me agradan los encasillamientos. 

Escucho a la señora que cuida al Chino mostrándole una revista. "Esta sillita es para las nenas, porque es rosa. Esta para los nenes, porque es azul."
Me sulfura la sangre.

Viene mi madrina de visita y me regala un juego de sábanas para Rosita (porque sí, mi hija se apoda Rosita. No es el color, es la equivalencia.)
"¿Está bien?" Me dice con cara de pícara. "Viste que no es rosa, ¿no? ¿Está aprobado?"
Mi madrina me conoce. Me chicanea porque me conoce.
Los que me conocen saben que no me gusta... la equivalencia.
Mi madre me conoce.
Supongo.
Mi madre le regala cosas rosas a Rosita.
No esperaba más de ella.
Lo último es un vestido.
Hay que reconocer que es lindo. Si lo cambio sólo porque es rosa, sería más pelotuda que la equivalencia. 
No lo cambio. 
Rosita lo estrena en el cumple del Chino.

Llega mi cuñada.
Mi cuñada y mi mamá podrían ser amigas. Son parecidas en varios aspectos.
Esos aspectos son los que harían que terminaran sacándose los ojos con una trincheta.
Mi mamá y mi cuñada no podrían ser amigas.

Mi cuñada no me saluda. Entra, mira a Rosita, que está en mis brazos, y me dice: ¡La vestite de rosa! - como si hubiese ganado una batalla.
- Se lo regalé yo-  grita mi madre desde el fondo, con orgullo.

Y sí. Como no podía ser de otra manera.  

  



apio verde tuyú

Hubo preparativos, que se fueron sumando y al final salió una super producción temática (porque en esta casa somos fans de Pocoyó).
Es que había ganas de festejar, porque ¡dos años! (que alguien saque la patita del acelerador, por dior se los pido.)
Hubo cosas ricas, caseras, compradas, traídas y llevadas.
Hubo globos, jueguitos, y energía de sobra.
Hubo una amiguita de la plaza.
Hubo besos en la boca con la amiguita de la plaza (¡esa chirusita!).
Hubo montones de regalos (y hoy hay una madre que no sabe dónde catzos los va a meter).
Hubo asombro cuando veinte personas cantaban el feliz cumpleaños. Porque, claro, del anterior ni registro.
Hubo bises. Como seis bises (el chico se entusisamó, y la familia le da todos los gustos.)
Hubo bises en otros idiomas. Tomá pa' vo. La familia es políglota.
Hubo cariño, mucho.

Hubo fiesta. Porque el Chino cumplió dos.
Y nosotros, sus papás, también.
Mucho que celebrar. Y así lo hicimos.



intermezzo

Tener hijos es la experiencia más maravill... demandante sobra la faz de la tierra.
Para escuchar cosas dulces, escuchemos a Maru Botana, que está completamente cucú y nadie le avisó. (Decir que te gusta tener ocho pibes te convierte automáticamente en una paciente escapada del Moyano.)
 
Sigamos. 
Nadie te prepara para semejante nivel de demanda. Los primeros meses son los peores.
El bebé llora, come, caga, y si te sacaste la lotería, duerme.
Y vos, oh madre, debés estar ahí cuando come, cuando caga y cuando llora. 
Cuando duerme, reprimís un llanto de alegría, y salís corriendo. 
A hacer TODO lo que el bebé no te deja.

Porque, oh infeliz que leíste demasiado mundomamita.com y creíste que los bebés eran todo "ajos", sonrisitas y caritas de inocencia, ser madre es aprender, en lo que dura una siesta, a bañarte, pintarte las uñas, responder mails de trabajo, ordenar, poner la ropa a lavar, depilarte las cejas (el cavado te lo debo), el bozo, leer la novela que empezaste hace dos años, entrar a internet y enterarte que el resto del mundo sí tiene una vida, escribir en tu blog sobre lo amoroso de la maternidad... entre otras cosas. 
(Para que después venga tu marido y te pregunte, con cara de naipe, "¿y cómo estuvo tu día?")

Por eso, no estoy segura, estoy convencida, que este slogan lo ideó una mujer.
Más que una mujer, lo inventó una madre.
Porque para tí, oh compañera de desventuras, impossible is nothing.

late

A los no padres les pido disculpas por esta seguidilla de posts materno infantiles. Pero resulta que este último mes, no sólo me convertí en la teta voluntariosa con ojotas que ya les dije, sino que a hija se le infectó el ombligo -lo que ya está superado-, y Chino tuvo su segundo episodio de broncoespasmo en 40 días -del que estamos saliendo, a base de ventolín, kinesiología y otras yerbas.
Un cuadro de mierda.   
Estoy yendo al pediatra mínimo una vez por semana. Creo que llevo más minutos telefónicos hablados con él que con cualquier otra persona en toda mi vida.
El lunes tenemos turno con un neumonólogo, del que seguramente salgamos con una parva de órdenes para hacer una parva de estudios.
Pero tengo la sensación de que todo esto va a terminar con algún diagnóstico del estilo de "puede ser la contaminación, como la genética, chi lo sa".
Lo único que sé es que no quiero ver más a mi hijo desesperado por respirar. Ni quiero temblar con cada tos que le agarre de acá en adelante. 

Y dicen que ya llega Navidad. 
Mi cerebro está a años luz de pensar en Papá Noel, el vittel toné y la mar en coche. 
Que alguien se lo explique a mi madre, que ayer me vino con el consabido cantito de "a dónde la vas a pasar, porque YO a lo de tu cuñado no voy a ir".
Por lo que debo elegir entre deprimirme con mi escasa familia, o con la familia multitudinaria de marido. 
El de ja vu eterno de las navidades.
 Y sigo sin dormir. Y empecé a laburar.
Estoy agotada.
Sin embargo también hay momentos de puro disfrute. Amo cada día más a mi familia.

Con marido somos un equipo imbatible. En todas las situaciones sé que somos dos contra el mundo. Y así podemos con lo que venga.

El Chino habla como un loro. A veces me extirparía los tímpanos con tal de no escuchar el relato de todo lo que sucede a mi alrededor, o las directivas permanentes, porque el pibe me salió mandoncito y se la pasa dando órdenes: "cantá mamá", "manejá papá", "basta hermana". La mayor parte del tiempo me hace reir, me asombra lo grande que está, y quisiera guardar en la memoria cada minutito, porque no es posible que pase todo tan rápido. 

Y por otro lado, transito la época en la que Duende todavía puede dormir hecha un ovillito arriba de mi pecho sin aplastarme. Una época que sé muy corta, por eso, la malcrío un poco, y la dejo dormir conmigo. Las dos pegadas, como si todavía fuéramos un solo cuerpo.


Así estamos, entre la felicidad y las visitas al pediatra.
Nada del otro mundo.
Pero es nuestro mundo.

delicias de la vida maternal

dejen vivir a la postparturienta 
Resulta que una acaba de expulsar un bofe de 3 kilos y pico de su propia humanidad. Está cansada, dolorida, la cosieron como un matambre, etc. Le dicen que debe descansar, que aproveche mientras el bofe duerme...
Entonces que alguien me explique ¿por qué demonios entra una persona cada diez minutos a la habitación?
Y no me refiero a las visitas familiares, hablo de: la enfermera con la medicación, la enfermera de "nurse" que se lleva al bofe para traerlo al rato, la mucama, la que sirve el desayuno/almuerzo/cena, la puericultora que te pregunta por el estado de tus pezones, el obstetra, la neonatóloga, el peluquero y hasta ¡una fotógrafa! 
En un momento de la internación pensé que alguien me estaba haciendo una cámara oculta. Después me prometí lanzar un pañal rebosante de mecoño al siguiente que viniera a joderme la existencia. 
Pero no lo hice. Intuyo que me quedé dormida.

lo que una necesita es apoyo moral 
Resulta que una acaba de expulsar un bofe de 3 kilos y pico de su propia humanidad. Etc.
Está ataviada con un camisón (horrendo por definición), bombacha descartable, apósitos y el corbatero.  
Llega marido mientras una se cambia. Y ante la visión del colgajo de carne que le quedó en la parte abdominal, con la mayor naturalidad del mundo exclama: 
- mi amor, vamos a tener que llamar a la partera.
- ¿por?
- para decirle que te dejó un pibe adentro

Y sí, la culpa es de una, que se enamoró, entre otras cosas, del humor ácido del energúmeno ese. Ahora, a llorar a la iglesia (o a lanzarle un pañal rebosante de mecoño por el marulo).

nunca es triste la verdad
Después de una ardua investigación estamos en condiciones de decir que el 85% de los recién nacidos son FEOS. Mis hijos no pertenecen al 15% restante. Hija tiene cara de duende. Puede parecer muy simpático, pero lindo no es.
Afirmación que el resto del mundo no tolera por parte de los propios padres del bofe/duende. Entonces te tratan de malvado y te juran y perjuran que tu hija es hermosa, divina, redondita... Lástima que haya algo denominado inconsciente y al rato agreguen frases como "igual después se ponen lindos".
Ok, no me aceptes que es fea, pero no me mientas. Me hicieron una episiotomía, no me cosieron los ojos.

 el flagelo de la teta voluntariosa
Y el tercer día bajó la leche.
Pasó el dolor, la hinchazón, y ellas se acomodaron al ritmo de la lactante. O más o menos. Porque mis tetas tienen voluntad propia. Entonces, si la lactante se quedó dormida y ya es la hora de que coma, mis tetas, que deben ser obsesas como yo, se ponen a producir leche sin que nadie se lo requiera, con el chorreamiento y mancha de ropa correspondiente (no hay pad que resista la voluntad alimentadora de mi cuerpo).
Que esto suceda en el registro civil, mientras le hacés el DNI a la lactante, es lo menos de lo menos.
O bien, si escuchan el llanto de un niño, aunque el que llora sea mi hijo que dejó la teta hace un año, ellas salen al rescate y se ponen a laburar.
A esta altura ya se merecen el premio al empleado del mes. Y yo estoy por ponerme un siempre libre en el corpiño.

la verdad de la milanesa
Entonces una, que está viviendo la maternidad las 24hs al día, porque mucha opción no tiene, anda siempre manchada, ordeñándose por los rincones -sacaleche en mano- como si fuera una Holando Argentina, sin dormir, con las ojeras por las rodillas, gorda, fláccida... La imagen de una verdadera femme fatale.
Lo que he descubierto es que la cuarentena es una excusa que pone el médico para que no haya que decir lo obvio: por más que pudiera, tu marido no te tocaría ni con un puntero láser.
O, como dice una sabia amiga de la casa, para que el día 41 "estés como estés, te agarren con ganas". 
Porque el amor, después de los 40 días, se vuelve ciego por elección.


 

12 días después

Tuvimos tiempo de disfrutar los momentos previos. Sin salir corriendo, sin estar al borde de la noticia en Crónica TV. 
Tuve un parto con risas, con un poco de dolor -para qué negarlo-, y con mucha felicidad.
Y llegó nomás. La duendecita, la chuequita, la pitufa. Tiene 12 días y 400 apodos.
Tiene un hermano que la ama, y le da besos, y la acaricia y la quiere tener a upa aunque le sobre bebé por todos lados.
Tiene que tomar sol, porque está amarilla, la japonesa.
Tiene la costumbre de despertarse a las dos de la mañana y quedarse en vela hasta las cinco. 
Tengo las ojeras a la altura de las rodillas y un sueño imposible de describir.
Tiene los dedos largos, y los pies finitos. 
Tiene la boca del padre, y la cabeza de la madre (según dicen las abuelas).
Tiene todo nuestro amor.  Que es tanto que no sé cómo nos cabe.
Tengo la lágrima fácil, el mal humor a flor de piel, mucha sed, un calor que no se aguanta, las tetas hinchadas y doloridas... tengo puntos nuevos en mi haber. Y sin embargo estoy en calma. No me desespero, no me ahogo en un charco de mecoño.
Tengo que pellizcarme, de vez en cuando: ya somos cuatro, y no es todo TAN caótico.

Tengo que dejar de escribir. Tengo que ir a oficiar de madre.

Antes era distinto, estaba mi hermano; me decía: «está ya él que piensa», y yo me dedicaba a vivir. La señal de que las cosas han cambiado para mí no ha sido ni la llegada de los austrorrusos, ni la anexión al Piamonte, ni los nuevos impuestos o qué sé yo, sino el no verlo ya a él, al abrir la ventana, allá arriba en equilibrio. Ahora que él no está, me parece que tendría que pensar en muchas cosas, filosofía, política, historia, sigo las gacetas, leo los libros, me rompo la cabeza con ellos, pero lo que quería decir él no se presenta, es otra cosa lo que él pretendía, algo que lo abarcase todo, y no podía decirlo con palabras sino viviendo como vivió. Sólo siendo tan despiadadamente él mismo como fue hasta su muerte, podía dar algo a todos los hombres. 
En El barón rampante, de Ítalo Calvino


Sigo leyendo. Como no podía ser de otra manera, hija va en contra de todos los pronósticos médicos y resiste. Una ocupa en mi panza.
Hijo se rebela, cada día más. Por momentos me llena de besos, de esos un poco salvajes, que limitan con el mordisco. A los cinco minutos no me quiere ni ver, y llora. Un rato después va hasta el huevito, preparado para transportar a la nueva integrante, y lo mece, y nos explica que esa es la silla de la "mana". Y que ahí le vamos a hacer "nanú" (un "noni" alla Chino).
Marido se despierta cada vez que yo lo hago (unas 200 veces por noche) y me pregunta si estoy bien. Y me hace chistes. Y canta. A las 4 de la mañana, canta, y me hace reir. 
Y yo, leo. Y los amo. A los tres. Aunque a la ocupa todavía no le haya visto la cara.  

regalos

Un teléfono que es un puema.
Dormir un sábado hasta el mediodía, como no puedo desde hace... cuánto, ¿dos años?
Llevar a mi hijo a la calesita, ésa que le aterraba y de la que ahora no se lo puede bajar.
Leer, en silencio, acompañada de la lluvia, mientras los hombres de la casa dormían a pata suelta.

Muchos saludos. Palabras que me llenaron de emoción y de orgullo. Palabras de amigos que nos ven tan crecidos a los dos, a estos padres nuevos y felices. 
Alguna tristeza, también, porque a veces el gris de los días se le pega en el alma a la gente. 

Regalos, muchos regalos. El mejor, haber formado esta familia. 
Este amor que me desborda, que me hace sentir un poco -más- loca.

Y esto (su regalo sin saberlo, porque él canta, todo el tiempo, todo lo que oye, y yo sólo puedo mirarlo y sonreir... y seguir cantando)


espiando la infancia televisada

Ser madre no sólo es educar, poner límites, comer sobras y aprender a taparse las manchas que el pibito se encarga de hacerte siempre cinco minutos de salir. También tiene momentos mágicos, como compartir un rato de televisión.
No voy a salir con "en nuestra época la televisión para niños era mejor" porque me acuerdo de la boluda de Xuxa y de la caradura de Patsy (que hacía lo-mis-mo que Xuxa pero made in argentina, pedazo de chorra) y me sacaría las córneas con una cucharita de té. 
Pero en estos días de vacaciones, en los que estuve sentada más de la cuenta frente a canales como Disney Junior y Baby Tv (porque no, a hijo no le gustan los mismos dibujitos que a mí. Mirar Bob Esponja o Pucca no hubiese sido problema y de pakapaka sólo los Chikuchis, es un dictador el enano) me surgieron algunas preguntas/reflexiones.

- ¿Por qué Mickey habla en ruso? Si no, explicame qué es la frase que inicia su programa  "Mishka, Mushka, Mickey Mouse", que incita a repetir como un mantra. Esto en la guerra fría no pasaba.
- Yo recuerdo a Mickey y sus amigos, todos crecimos con el ratón de voz alla Buonanote. Lo que no recuerdo es que fuera taaan goma. Otra cosa que no recuerdo es que Daisy fuera ¡tan trola!
- Los programas donde el niño debe responderle a los personajes, que se quedan mirando la pantalla como estúpidos durante dos o tres segundos, es uno de los peores inventos de la humanidad. Cuando el niño no contesta, porque no sabe hablar ponele, se produce un silencio de esos que sólo pueden reproducirse en un ascensor al que subieron dos vecinos que no se bancan. Y cuando el niño sabe contestar, a los dos minutos entiende que en realidad nadie lo está escuchando. Basta de dibujitos interrogadores. La próxima vez que Dora la exploradora me pregunte por qué camino debe ir, voy a gritarle que se consiga un GPS y me deje de joder.
- No sé a qué psicopedagogo se le ocurrió que cada dos palabras en castellano metan una en inglés para que los pibes vayan aprendiendo la lengua del imperio desde chiquitos. Evidentemente a un spicopedagogo del imperio. Ahora, el pibe ¿aprende algo además de cómo parecer un poco esquizofrénico? ¿O después anda por la vida hablando como un latino ilegal residente en los EEUU?  Hola don Pepito, hello don Pepito! Si Gaby, Fofo y Miliky vieran esto se arrancarían la nariz de payaso a mordiscones entre ellos.
- Debe haber algún estudio al respecto, y debe tener que ver con la educación temprana de nuestras niñas para que sean futuras mujeres reventadoras de tarjetas de crédito. Si no, decime por qué el 80% de las publicidades son de juguetes para nenas. Entre ellos, el shopping de las Pin y Pon, las mil cositas de Barbie, las princesas, y las valijas de maquillaje de Juliana (que hace unos avisos que dan miedo).
- Y además decime en qué universo paralelo a una nena le puede gustar una muñeca diabólica a la que se le enciende la cara.
- Entre otros juguetes vi uno que no pude encontrar en youtube, pero se trata de un juego de mesa para toda la familia, consistente en un perro al que le ponés cosas por la boca... y ¿adiviná por dónde le salen? No sé cuál es el objetivo del juego, y quién gana. Pero tampoco quiero averiguarlo.
- Y por último, quiero tomar lo mismo que los que hacen los programas de Baby TV. En serio. Si en ese canal hicieran antidoping antes de entregar el material, no queda nada...

Y usted, que miraba a Carozo y Narizota, que ahora dan las noticias, y se le eriza la peluca cuando Panam le canta a un cangrejo cuya principal característica es hacer caca frente al resto... ¿qué ha visto de esta TV para la niñez moderna que le llamó la atención? Cuente, así hacemos catarsis de entre todos. Que acá no va a venir ningún pequeño imberbe a retrucarnos que todos esos comentarios sólo podemos hacerlos porque ya estamos viejos y chotos.

encadenadas

parame la moto
Ayer me percaté, con asombro, que el fin de semana entro en el último trimestre de embarazo. Que alguien me explique cómo caraho se pasaron 6 meses y yo ni me di cuenta.
Y que alguien me explique cómo caraho voy a desarmar la casa para reubicar a sus habitantes si sigo tan pancha, rascándome la barriga mientras como toneladas de dulce de leche...

la bola loca
porque estaríamos en condiciones de afirmar que si me pegan un empujoncito a la entrada de la autopista, te hago Buenos Aires - Mar del Plata en tres horas y media, rodando.
Todo gracias al antojo de chocolate y dulce de leche, y a los budines de miel que salen del horno como tormpada de manco. 
Y pensar que en el embarazo anterior se me antojaba comer frutillas.

la segunda
Lo que pasa es que dicen que todos los embarazos son diferentes, son únicos, y piripipí (para más frases hechas, diríjase a mundomamita.com). Lo que no te dicen es que si en el primer embarazo tenías a toda tu familia encima hinchándote -más- los tobillos, dándote consejos que no pediste, preguntando gansadas y tratándote como una inválida; en el segundo embarazo nadie te pasa ni la hora. No sos novedad, y si encima tuviste el tupé de tener un pibe seguidito al otro, no sólo no sos novedad, sos bastante loquita.

la noticia
Porque a diferencia del primero, las reacciones de la gente cuando contaba que estaba (nuevamente) embarazada, pasaron del asombro a la penita sin escalas.
Escuché cosas como "pobre madre", "la que te espera" y "ay, ¡qué extraño!" (¿extraño?, extraño es que la Virgen María quedara embarazada de una paloma, no esto) y una sarta de expresiones más cercanas a la condolencia que a la alegría.
Pero la que se llevó todos los premios fue madre, que se enteró en el mismo momento que nosotros, y a pesar de nuestras sonrisas de oreja a oreja, nos miró, puso una cara indescriptible (mezcla de mujer de publicidad de Activia antes de tomar el yogurt, y paseante recién salido del tren fantasma) y dijo "aaay, msjhldfugsrbhaaeir". 
Un verdadero momento Kodak.

no te preocupes

Es una declaración fácil de hacer y difícil de realizar. Aunque la digamos con convencimiento, porque el que tenemos enfrente necesita tranquilidad y sabemos que las cosas van a estar bien.
No estoy preocupada, o intento no estarlo, básicamente no pensando en el temita hasta tener una respuesta científica en mis manos.
El temita es un soplo. Un soplo en el corazón de mi hijo. Un ruido que no debería estar, pero que es muy "normal" en los niños, y más en niños como el que camina sin parar por casa, al que se le da por crecer a lo loco. 
El temita, en realidad, no es sólo su soplo. Es el mío. El que ya no existe porque lo remendaron, hace 21 años, cirugía a corazón abierto de por medio.
El temita es el miedo, porque ese soplo no parecía ser nada, y fue mucho. Fue una cicatriz que me cruza el pecho, por afuera, pero más que nada por adentro.
El temita es el dolor.

No te preocupes, me dicen, me repiten. Me llama el pediatra especialmente para repetir lo que me acaba de decir en persona: no te preocupes.
No, no me preocupo. Tengo miedo. Un poco.
Es mi carne que tiembla, porque sabe de doler.
Y es mi carne que camina sin parar por la casa, y no quiero que duela. Nunca. 

365 días después

Dije que no iba a hacerlo en un salón porque era demasiado. Participé de fiestas en las que, mientras los adultos se emborrachaban y pasaban vergüenza gracias a las artes de una animadora, el agasajado lloraba en brazos de un integrante de la única mesa de todo el cumpleaños que no participaba de ningún juego (adivinen cuál era esa mesa).
Pero sí tenía ganas de festejar. Y motivos de sobra: el primer año de mi primer hijo. No se trataba sólo de la alegría por ver cómo creció ese ser minúsculo que un día habitó mi panza y ahora anda por la casa diciendo "uva". También se trata del festejo de un año en el que podemos decirlo, sobrevivimos: como padres (superando las ganas de tomar un vuelo a Singapur para no volver), como pareja (y hubo momentos jodidos, jodidos), como primerizos. Todo un logro. Se los aseguro.
Así que poco a poco me fui entusiasmando, y lo que tenía pensado como un té "muy tranquilo" con la familia, terminó con adornos, torta de DOS pisos e inclusive unos souvenirs (hechos a mano, para los que hicimos una sesión de fotos ad hoc con gorro y globos).
¿Se me fue un poco de las manos? Naaah.
En mi defensa sólo voy a decir una palabra (y los que lo conocen sabrán qué significa): Pinterest. 
El resultado fue una linda reunión, en la que todos la pasamos bonito, comimos mucho, y cantamos el feliz cumpleaños después de la siesta del homenajeado, que se rehusó a soplar la velita (aunque la semana anterior se la pasó soplando al aire cada vez que le cantábamos el apio verde). 
Superamos el primer año. Ahora todo será pan comido (paabre, ella se autoengañaba como loca.)




PD: El niño recibió regalos, algunos de tamaño considerable. Digo yo, si empezamos así, qué me espera en tres años? ¡Voy a tener que alquilar un departamentito aparte sólo para guardar juguetes! 

en carrera

Con el embarazo y los primeros meses de vida de Poroto me di cuenta de un hecho insoslayable: a la primeriza siempre la estará rodeando un coro de expertos para decirle todo lo que -creen- la pobre mujer, perdida entre pañales con mecoño y pezoneras, necesita saber. En general madresconexperiencia, que aconsejarán, cuando no querrán imponer, sus opiniones.
Con el tiempo (a mí me costó bien poco) una aprende a poner cara de póquer y asentir a todo como si estuviera escuchando el Oráculo de Delfos. Acto seguido, una hace lo que se le canta.
Lo mismo sucede con el niño.
La regla básica de todo infante es: haré lo que se me cante, cuando se me cante (regla que quieren seguir hasta la misma adolescencia). 
O bien, a esta edad: "madre, puedes leer de pé a pá ese manual de estimulación temprana que te regalaron, y aprender que a los ocho meses debo gatear, a los nueve decir mamá y a los diez hacer la vertical. Tú aprende, madre, que yo tengo mi propio plan."
Sin embargo muchas no sólo se rehusan a aceptar que el niño tiene sus tiempos, sino que hacen de sus avances una competencia.
Estamos en presencia de este tipo de mujeres cuando a los oídos nos llegan frases que comienzan con la fórmula "el mío" seguida de un supuesto logro. 
El mío, o los míos, están siempre adelantados a su tiempo. Son abanderados en salita de uno. Caminan, gatean, hablan (y se van de la casa) antes que el resto.
Hace una semana atrás me dijeron, mientras sostenían de las manos a mi hijo, y repito textualmente:
- Ahora lo tenés que entrenar para que camine.
Yo, fiel a mi aprendizaje, asentí con cara de interesadísima en los métodos de la mujer. Y entonces vino el argumento irrefutable:
- Los míos caminaron todos antes del año. (Ponga cara de orgullo aquí.)
Decime una cosa: ¿para qué cazzo querés que camine antes del año?, ¿te dan un premio?, ¿te dan guita? Porque si es así lo pongo al pibe atado a una cinta de gimnasio ya mismo.
Entiendo que a una le de orgullo cualquier pavada que hace "el nene". Aunque no lo querramos aceptar la maternidad te lleva a festejar un pedo como si fuera un acontecimiento increíble.
Pero de ahí a en-tre-nar a tu hijo para que sea el primero del barrio que camina hay un abismo.
Mientras tanto, yo, cada día me sorprendo de que ese porotito minúsculo que alguna vez habitó mi panza se haya convertido en este humanito que ahora mismo se cuelga de mis piernas porque quiere llegar al teclado.
Es simplemente maravilloso.

 
Según el manual, éste no sería el método más común de "gateo". Que venga alguien y se lo explique, porque él está de lo más contento.


cuestión de costos

Para los que son padres lo que voy a decir no debe ser inguna novedad. Para los que no, que sirva como aviso.
A los niños se les suelen regalar juguetes. Si el niño es primer hijo/nieto/bisbieto se le suelen regalar muchos juguetes.
Los juguetes son caros. Muy caros.
Pero el niño, ajeno a temas como la pedagogía, los índices de inflación, o los sentimientos de sus familiares, mirará con desdén ese libro parlante e interactivo que hace luces, mientras que podrá estar tres horas jugando con una botella de plástico vacía, una bolsa de Coto o, para peor, el envoltorio de ese Fisher Price que te salió dos millones de pesos ley.
Así que la próxima, vos regalame una bolsa de 72 pañales, que al chico lo entretenemos con cualquier porquería.

y en este solemne acto

les presento a Poroto
(porque no podía dejar de mostrar a ese hombrecito que nos cambió la vida... pero tampoco podía eludir la máxima familiar que dice "jamás harás públicas en internet fotos de nuestro hijo o te cortaremos los deditos con una trincheta oxidada")