murmullo

No sé que es más molesto: si escuchar a toda hora el zumbido sobrenatural de las vuvuzelas como música ambiental... o  el waka-waka de Shakira.

Reeblock (o filosofía de la zapatilla)

Me quiero comprar un par de zapatillas. No las necesito, tengo varios pares, y además,en lugar de zapatillas debería comprarme zapatos de "señora de mi edad". Ya no puedo ir a las reuniones laborales vestida de "sport". Mi madre siempre me reclama mi falta de ropa formal. Pero odio la ropa formal, y odio esa idea estúpida de que una es mejor empleada porque usa trajecito.
La ropa de "señora seria" me queda ridícula, más bien me hace sentir ridícula.
Pero en este mundo prejucioso y medio imbécil, la ropa le dice al otro, que podría convertirse en tu jefe o tu cliente, si tenés experiencia, sos responsable, proactivo, y todas esas palabras que le gustan a los de recursos humanos. 
Es una declaración de pertenencia.
Como las zapatillas. Porque esas zapatillas que me quiero comprar  me gustan desde que tenía doce años.
Mis padres, clase media colgando de la cornisa, no tuvieron mejor idea que enviarme a un colegio privado. Privado y muy pipí-cucú. Pagaban la cuota a base de lágrimas de sangre con la convicción de que el esfuerzo valdría la pena.
La cuestión es que, en ese entonces, me importaba bien poco el legado educativo que me estaban brindando. Yo era una niña clase media colgando de la cornisa, entre otras niñas de clase más que acomodada. Niñas que consumían en base a sus posibilidades, a todas luces muy alejadas de las mías.
Entonces siempre me sentí descolocada. Era la que se iba todas las vacaciones a Mardel Plata (¡verano e invierno!), y sabía lo que era playa bristol, mientras que mis compañeras el único Bristol que conocían quedaba en Gran Bretaña. 
Vivía en un departamento mínimo, y no tuve teléfono hasta  sexto grado. A los ocho años, un proyecto de conchuda vino a mi casa y al día siguiente le comunicó al resto de la clase que yo vivía en un nido de ratas (sic). Demás está decir que nunca más invité a nadie.
Así sobreviví, sintiéndome una intrusa, tratando de amoldarme, y no pudiendo.
Porque se me notaba la pertenencia a otro lugar.  ¿Cómo? Y, por ejemplo, en las zapatillas.
Como dije, a mis doce aparecieron esas zapatillas. Y pasaron a ser parte del uniforme: del que usábamos en las clases de gimnasia, pero también de ese por el cual las adolescentes se visten todas iguales.
Obviamente trasladé mi pedido de zapatillas a la mode a mis progenitores al grito de "soy la única tarada que usa Toppers". 
Mis padres sabían perfectamente que comprar esas zapatillas era un gasto que no se podían permitir. Pero tambien sabían que las zapatillas eran mucho más que calzado para mí.
Entonces, un día, mi padre apareció con una caja de zapatos. No lo podia creer. 
Al ver la bolsa pensé: me compraron LAS zapatillas. Y salté de alegría.
Hasta que la abrí.
Me habían comprado una imitación de LAS zapatillas, obviamente mucho más económicas. No se parecían ni de lejos y ostentaban la marca "pirulo" a todo color en el costado. Para que no quedaran dudas. Después supongo que dejaron de usarse, y jamás me las compré.
Creo que por esa misma época entendí que por más esfuerzo que hiciera siempre iba a desentonar un poco entre mis compañeras, pero que quizás eso no estaba tan mal después de todo.  Que un par de zapatillas decían muy poco de mí misma, lo mismo que hoy un trajecito, y que el que me juzgara sólo por eso no merecía ningún esfuerzo de mi parte.
Por eso, ahora que lo pienso, ya no sé si no me compro las zapatillas porque no las necesito, o por una especie de cuestión de principios. 
Como una forma de lealtad a esa que aprendí a ser, a base de llevar como bandera un par de zapatos pirulo.

violencias

No salgo de mi indignación. Y no es pacatería ni falta de ojo estético. No me vengan ahora con el concepto de obra de arte, porque esto no tiene nada de arte, y sí mucho de declaración de principios.
Y quiero salir de mi indiganción y de mi bronca para decir las cosas claras. Porque de ciertos temas hay que hablar sin pelos en la lengua. 
Porque hay que decir, cada días más fuerte y más claro, que la violencia nace de la desigualdad. Y si nos llenamos la boca hablando de la cantidad de violencia que nos rodea, tendríamos que preguntarnos qué hacemos para eliminar la desigualdad, o para fomentarla. Desigualdad que quiere decir no ser respetados, no poder acceder a una escuela, a un hospital en condiciones. Ser iguales si queremos trabajar, besarnos por la calle, casarnos con el que se nos antoje, tener un hijo o no tenerlo.
Hay que seguir precisando que un golpe, un insulto y una amenaza son violencia, y punto.
Hay que repetir hasta que no tengamos más voz, y entonces habrá que escribirlo en las paredes, que nadie tiene derecho a ser violento con el otro. Ni un jefe, ni un maestro, ni una pareja.
Que los celos no tienen nada que ver con la violencia. 
Y que el amor es exactamente lo contrario.
Habrá que grabárselo en la frente: si te pega, si te insulta, si te amenaza, no sólo no te quiere, andá a denunciarlo.
Quizás a alguno le parezca una reacción exagerada, pero no. No, porque mueren demasiadas mujeres por casos de violencia. Y porque hay muchas, demasiadas mujeres que viven aterradas, escondidas, encarceladas en su propia casa. 
Me enojo porque todos los días hay tanta gente que trabaja con tan pocos recursos para evitar que estas cosas se repitan. Tanta gente a la que no les alcanza ni el tiempo ni el dinero para solventar campañas enormes, pero que sin embargo siguen ahí, ayudando, enseñando, superando el miedo, luchando contra instituciones medievales, intentando cambiarlas.
Tanta gente, para que una mujer salga ensangrentada en la tapa de una revista, como si esa imagen fuera inocente y lisa.
Déjenme decirles que la desigualdad también es simbólica. Que ese cuerpo, está ahí para banalizar una situación tan grave que lleva a miles de mujeres a la muerte. 
Tanto esfuerzo para que en todos los programas habidos y por haber, se digan barbaridades como "le gusta que la caguen a trompadas", que se termine justificando al violento.  Que todo se desdibuje, se pierda, se convierta en basura.
Entonces habrá que seguir diciendo. Porque vivimos en un país en el que un señor que trata a una mujer como una cosa, y también un poco menos que eso, es el más exitoso. Vivimos en un país en el que un pueblo salió a la calle a defender a tres violadores. Un país en el que hoy, la imagen una mujer ensangrentada, la imagen de una violencia, vende miles de revistas.  

preguntas mundialistas

Me gusta el fútbol. No llego al extremo de ver partidos de nacional J, como concubino, que se apasiona hasta las lágrimas con Indefensos de Morón vs. Atlético MarChiquita, pero me gusta mirar un par de partidos por fecha cuando hay campeonato, y disfruto mucho del mundial. 
Entiendo bastante del tema, sin embargo, hay cosas que exceden lo estrcitamente futbolístico, y que me generan algunas dudas, a saber:

¿Cómo es posible que una persona racional, bien pensante y honrada(?) suponga que el resultado de un partido depende de su posición frente al televisor, del lugar físico donde lo está mirando, o del calzoncillo que lleva puesto?
Déjeme decirle que ponerse el mismo traje, camiseta o calzón no es cábala, es roña. 
Las puetadas y gritos de toda laya que algunos televidentes direccionan hacia la pantalla, ¿llegan mágicamente a oídos de los jugadores? Porque a los oídos del resto de los presentes llegan perfecto, y son insufribles.

Si el hincha cabecea un centro imaginario en el living de su casa, ¿Messi hará lo propio? ¿Existe algo así como la  telepatía muscular?

¿Cómo podemos pasar del amor al odio en una hora y media? Si ganamos un partido mísero nos convertimos automáticamente en campeones, Maradona es el mejor DT del mundo y los que lo criticaron salen a decir que la tienen adentro pero con honra. 
Y si perdemos: duelo nacional. Escucharemos frases del estilo de "somos unos perros", "yo siempre dije que este gordo era un inútil" y así. 
Todo lo cual se repetirá en el partido siguiente, y en el otro, y en el otro.
¿Los argentinos, somos bipolares o esquizofrénicos?

¿Por qué Quilmes hizo una publicidad tan pedorra este año? Se les terminaron las ideas, ¿o es una técnica para terminar declarando su apoyo incondicional a Brasil? 

¿Es necesario que Roberto Giordano vaya al mundial a desperdigar estupidez, palabras sin sentido y caras de imbécil? En serio ¿es necesario?

Y por último, y más importante:
Ahora que todos van a hablar del mundial, ¿podremos evitar la cara y el leguaje deformes de Ricardo Fort las 24hs del día por cadena nacional? 
Díganme que sí, por favor, ¡díganme que sí!


pedido

Estimado Maurice:
Mi nombre es MateConDuraznos y soy una ciudadana de este pedazo de tierra que usted tiene el honor y la responsabilidad de gobernar. Antes que nada, le ruego que no se escandalice y lance esta carta al cesto de la basura sin haberla leído. Imagino que la palabra "mate" le debe hacer demasiado ruido (ruido a bombo, pongalé), a usted, tan acostumbrado al Cafe latte o a cualquier bebida que le recuerde calles más venturosas, como las de New York o Londres. 
Pero no se asuste. El motivo de esta misiva es solicitarle tenga a bien publicar una lista completa de los espacios culturales de la ciudad, y la capacidad de rellenado humano de los mismos.
No es que pretenda controlar cuántos espacios culturales hemos ganado o perdido durante su gestión. No soy una persona masoquista. Lo que sucede es que próximamente se avecinan algunas fechas muy importantes para mi persona, y quisiera celebrarlas a la altura de las circuntancias. 
En primer lugar, mi onomástico y el de mi padre: número 30 y 60 respectivamente. Como verá, somos una familia muy ordenada, que no sólo paga religiosamente sus impuestos, sino que cumple redondo el mismo año para no causarle gastos desmedidos al gobierno de la ciudad, teniendo en cuenta los niveles inflacionarios actuales.
Visto y considerando el festejo de la señora Mirtha, creo que es muy buena idea utilizar el Teatro Colón para este propósito celebratorio. Como se imaginará, no se cumplen 30 y 60 todos los días. 
Le ruego que me indique cuáles son los pasos a seguir para utilizar este salón de fiestas municipal, si hay una lista de espera, o en qué lugar debo hacer el trámite correspondiente. 
Demás está decirlo, pero me comprometo a levantar el papel picado y los vasitos de plástico que utilicemos, una vez terminada la fiesta, y eliminar todo rastro de nuestro paso por el lugar. Entiendo que hay que ser considerado con los que realicen eventos al día siguiente.
A fin de año, evaluaré la posibilidad de hacer la cena navideña en el teatro San Martín, pero todavía no estoy segura, por eso le he solicitado la lista que nombré al principio de esta carta. Quizás haya opciones mucho más interesantes, como el Museo de Arte Decortaivo, que es tan monono.
Por último, le ruego que no se deje llevar por las críticas de algunas lenguas viperinas, nacidas de la envidia, que le achacan la falta de gas, paredes o techos en las escuelas. Todas nimiedades, si se piensa en todo lo que usted ha hecho por esta ciudad: ¡una playa! ¡muchas bicisendas!, ¡dos metros más de subte!, ¡una policía con uniformes y patrulleros cool, no como la bonaerense, tan demodé!, y tantas otras cosas.
Sin otro particular, y agradeciendo su notable esfuerzo por democratizar los espacios de cultura para que todos los podamos sentir más nuestros, le envío mis más cordiales saludos y quedo a la espera de su respuesta.
Atte.
MateConDuraznos


lo abierto

Busqué la palabra más adecuada para definir lo que me pasa. Para hablar de lo que permanece abierto. Escribí molestia, inquietud, sobresalto, inclusive obsesión. Pero no. Lo que permanece abierto me angustia.
En la vida cotidiana voy cerrando canillas, alacenas, placares, cajones… Símbolos de otra cosa. Porque yo predico la clausura como método, como línea de acción, como remedio y como bandera.
Soy una fundamentalista cuyo símbolo de fe es un círculo.
Encuentro en el cierre, como prescripción, como camino para superar una herida, una lista infinita de argumentos. Sueno lógica, si bien estoy movida por el desasosiego.
Debe ser por eso que las personas acostumbran a escucharme. También debe ser por eso que me cuentan lo que no les pregunto. Se abren, con la seguridad de que sólo es por un rato. Porque a todos nos inquieta un poco el resquicio: ese lugar donde perfectamente cabe una daga.   
A mí no sólo me inquieta, a mí me angustia.
Hace dos semanas que duermo poco y mal. Que me acuesto sólo para desordenar las sábanas. Dando vueltas, y vueltas, de la cabeza al resto del cuerpo.
Lo que gira y (se) me revuelve es todo lo abierto: aquello que no termino, que no logro dejar atrás. Lo posible que insiste, siempre inminente y nunca real. El teléfono que debería sonar, la carta que no llega, el anuncio que se atrasa. Todo se apila y desmorona frente a mis ojos como botones.     
Son las tres o las cinco, y no encuentro las llaves que preciso. No las encuentro porque no existen. Porque las tiene otro.
Entonces, lo único que me queda es cerrar los ojos.
Lo único que puedo cerrar. Todo lo demás permanece abierto. Todo lo demás es angustia.

todo concluye al fin

Lost Poster 07y terminó. cualquier final iba a ser decepcionante. todo final lo es en algún sentido (o más bien en todos).
para los que seguimos la serie con esa adicción incontrolable que nos llevó a hacer maratones sin dormir porque siempre fue imposible dejar de ver qué pasaba después, es triste saber que ya no habrá más Lost. 
el resto de la gente seguirá sin entender el fanatismo, las dos millones de teorías, los foros, las discusiones encarnizadas entre amigos... 
y por todo eso, el final es en cierta medida otro chiste de los autores. otro guiño de esos de los que la serie estuvo llena.
no podíamos esperar todas las respuestas, porque en realidad poco importaban. las preguntas siempre fueron mucho más interesantes.
y entonces de seguro sigamos discutiendo, repasando, buscando una lógica que no existe. y seguirá siendo apasionante.
y todo eso por una serie de TV.
siemplemente genial.


Un video muy divertido sobre el tema:


y acá la serie de posters de donde salió el que ilustra el post.
 



desde el imperio incaico a su mesa

En esta oportunidad, y después de la invasión locrera, guisera y empanadera de los últimos días bicentenarios, les traigo una receta carente de carne, y con todas las propiedades bondadosas que ésta tiene  (y muchas más). 
La susodicha receta contiene quinoa, un pseudocereal utilizado por los pueblos andinos desde hace milenios, repleto de proteínas, aminoácidos y todas esas cosas que le hacen bien al cuerpo. Además rinde muchísimo (porque aumenta tres veces su tamaño cuando la cocinás).
Se trata de un pastel de espinaca, que bien puede ser utilizado como principal o cortado en cuadraditos para picar antes de comer. 
Que la disfruten.

ingredientes
1 cebolla
dos atados de espinaca 
aceite de oliva
1 taza de quinoa
3 huevos
queso rallado
sal y pimienta a gusto y piacere

preparación
lavar la quinoa y hervirla en dos tazas de agua sin sal (es importante que no se le agregue nada al agua porque el grano pierde las propiedades nutritivas que contiene y cambia el sabor)
está lista cuando a los granitos les sale una especie de "uña" chiquita y blanca

rehogar la cebolla en aceite de oliva, agregar la espinaca cocida, la quinoa, salar y salpimentar.
agregar los 3 huevos, el queso rallado y llevar a horno fuerte en una asadera enmantecada hasta que la pasta esté dorada y firme

como en casa hay que "enbellecer" los vegetales para que concubino no se asuste, como verán en la foto, al pastel lo convertí en una especie de pizza, y le agregué rodajas de tomate y un poco de mozarella rallada. 
y glup!



fiesta

estoy casi sin dormir, pero contenta. 
no sé qué habrá sentido ese millón de personas que se apretujaban ayer al compás de la música, que bailaban y aplaudían y gritaban.
creo que también estaban contentos. y estaban emocionados, pero tranquilos. 
haciendo suyo, nuestro, ese lugar que hace tanto tiempo no compartíamos así: sin dolor, ni duelos, ni bronca, ni violencias. 
sin invitaciones, ni reglas de etiqueta. 
el pueblo -y no la gente- mezclándose hasta perderse. saliendo a mostrarse y a verse. reconociéndose en el otro. 
haciendo suya, nuestra, la calle. sin triunfalismos, sin penas ni olvidos.
por el sólo gusto de encontrarse... y festejar.      

hoy se apagaron las luces de colores y volvemos a ser lo que éramos antes de ayer. ni más ricos ni más pobres.
quizás un poco más cansados. 
pero eso no importa, porque ayer, ayer estuvimos de fiesta.







Actualización: a propósito del tema, recomiendo este excelente post de María Esperanza Casullo.

patria comestible

nunca supe cuál es la diferencia entre locro, mondongo y puchero. sólo comprendo el concepto de guiso. y no es un concepto que me haga agua la boca.
mis repulgues dan asco. mis empanadas y/o tartas quedan siempre deformes y explotan.
odio las tortas fritas.
el vino tinto me da migraña (como el 80% de los estímulos sensoriales que se denominan "vida", pero el tinto es aún peor)
el 90% de la comida argentina tiene carne. no me gusta la carne.


me cago en la comida patriótica. 


abanderado

YO:
- buen día, por favor hasta tal y tal.
e intentemos mantener el mutismo, me duele la cabeza como si me hubiese pasado un mamut por encima.

TAXISTA que por desgracia no escucha lo que pienso pero sí la radio a todo volumen:
- están entregando las banderitas. 

YO: 
- aaah.
y a mí qué carajo me importará, ¿no?

En la radio un señor grita "esto es impresionante, cada vez hay más taxistas, por suerte está la gente de la guardia urbana ayudando a organizar el tránsito"
claaaro, si los piqueteros te cortan la calle están armando "un caos", pero si son unos boludos entregando banderitas, es una movida patriótica.

TAXISTA, haciendo oídos sordos a mi silencio de tumba, y visiblemente exaltado:
- yo fui el primero en llevarme la banderita. 

YO: 
....
felicitaciones, una verdadera hazaña. deberían darte un premio.

TAXISTA:
- porque yo escucho siempre la radio.

YO, elevando las cejas y asintiendo:
- mmmm

TAXISTA:
- y fui y le dije a Rodolfo, "Rodolfo, me tenés que dar la banderita, porque yo después me voy para otro lado y no puedo volver, y va a ser imposible"

YO:
claro.
y si no tenés banderita tus amigos taxistas te asesinarán por traidor a la patria ponele.

TAXISTA orgushoso de sus contactos:
- y Rodolfo me dio la banderita.

YO:
- qué bueno.
oh por el amor de Zeus, mátenme.

TAXISTA, con una media sonrisa, guiñándome el ojo por el espejo retrovisor:
- pero me la guardé y puse la del año pasado.

WTF?????

la peor madre del mundo

Mi mejor amiga tenía la peor madre del mundo.
No es que la maltratara o no la quisiera. El problema era justamente el contrario: la mujer estaba convencida de que su hija era perfecta. Sin ambigüedades ni metáforas: per-fec-ta. 
Sé que mi afirmación puede sonar ridícula, pero por experiencia conozco los desajustes mentales que produce el deber permanente de llegar a la perfección. Lo sé porque mi madre compartía esta convicción, pero la madre de mi mejor amiga estaba mucho más loca.
Con los años y los golpes uno termina aprendiendo que es posible equivocarse y el mundo no se termina. Que, aun haciendo las cosas bien, se puede quedar en el anonimato o ser del montón. Y el planeta sigue girando.
Pero hacen falta años. Y muchos golpes.
En estos días de bicentenarismo, gritos de libertad, escarapelas al viento, versiones del himno en ritmo de cumbia, rock pesado o percusión con botellas rellenas de chapitas, no puedo más que recordar los actos del colegio: esos eventos en los que madres y maestras sacan a relucir su idoneidad como directoras de teatro o de orquesta, y que obliga a los pequeños a demostrar dotes actorales y/o musicales de las que el 90% de los susodichos carece.
Y en esos actos, la primera imagen que viene a la mente no es la mía, sino la de mi amiga, y su madre.
Su madre que creía ver en la niña a la próxima Andrea del Boca, y se había instalado una carpa en el patio del colegio para salir en su defensa ante el más mínimo atisbo de que sus talentos no fueran debidamente reconocidos por los maestros.
Como dije, mi madre no estaba tan loca. Es cierto que iba por la vida diciendo que yo servía casi para cualquier actividad (desde actuación hasta salto con garrocha) y me hacía ensayar mil veces la letra (aunque ésta se limitara a gritar “viva la patria”) pero nunca se le hubiese ocurrido ir a hablar con la maestra porque no me daban un papel protagónico.
La madre de mi mejor amiga sí. Y lo conseguía.
Entonces era su hija la que gritaba primero “viva la patria”, cantaba el solo, o tocaba el redoblante en primera fila.
Era su hija la del mejor disfraz. Ese con miriñaque de verdad, mantilla y peineta, que salía dos millones de dólares.
Era su hija la que ostentaba joyas reales, aunque hiciera el papel de aborigen, o la que estaba pintada como una puerta, más parecida a una vedette de la calle corrientes del 1800 que a una dama antigua.
Y mientras los demás niños abrazaban a los espectadores emocionados, entre felicitaciones por haber dicho “empanadas calientes” con tanta gracia, siempre era su hija la que salía llorando.
Porque se había olvidado la letra, porque había desentonado, porque la habían aplaudido poco.
En fin, porque no había sido perfecta. Como quería su madre.
La madre de mi mejor amiga, que en ese momento, era la peor madre del mundo

paga dios al derecho de piso ya!

Todos en algún momento hemos sido "el nuevo" en algún lugar de trabajo. Esto significa que tuvimos que hacernos de paciencia y superar ese cúmulo de momentos de mierda que se compendian en la frase políticamente correcta "pagar derecho de piso". 
Malos tragos que pueden provenir de nuestra ignorancia sobre algunas cuestiones de la organización de la que entramos a formar parte, o de la simple hijaputes de ciertos compañeros. El peor de ellos: el inseguro jerárquico.
El inseguro jerárquico es aquel retardado social que ve en el nuevo integrante de la empresa una amenaza. No importa si el inseguro es gerente y el nuevo un simple administrativo. El nuevo está ahí para amenazar su posición, su estatus y sobre todo su estrellato. Porque además de ser retardado social, padece del síndrome estrellita mía, por el cual, en cualquier  situación él debe ser centro de atención. 
El inseguro jerárquico, por lo tanto, se hace amigo de los inútiles, y odia con toda la fuerza de su retorcidez psíquica a aquellos que van a cobrar un sueldo por trabajar. 
Entonces, para el inseguro jerárquico, el nuevo, si eficiente, dos veces malo.
Toda vez que esté en sus manos, el inseguro jerárquico intentará ensuciar el trabajo del nuevo,  buscando argumentos que no sólo critiquen su labor sino que dinamiten su relación con el resto del grupo.
Por ejemplo: 
Argumento 1: ¿Le preguntaste a Pirulo?
El inseguro jerárquico sabe que Pirulo es un exponente supremo de la  estupidez humana, pero lo nombrará eminencia de todo aquel tema que el nuevo quiera tratar. Entonces, este pobre diablo, se verá obligado a luchar contra la imbecilidad de Pirulo para hacer su trabajo, o se verá catalogado como un mal compañero por no querer trabajar con Pirulo.
Argumento 2: ¿Rellenase el formulario?
El inseguro jerárquico se caga en las reglas. No sólo eso, cuando puede se afana algo de la oficina, paga cenas particulares con la tarjeta de la empresa y cosas semejantes. Pero, toda vez que el nuevo presente un trabajo, se encargará de puntualizar todas las reglas que no se siguieron y que resultan "fundamentales para el buen funcionamiento de la empresa".
Otro argumento es la chupada de medias lisa y llana para con el jefe. Es ahí donde el inseguro jerárquico muestra su lado más servil y asqueroso.
En estas últimas semanas pude presenciar dos casos distintos de inseguro jerárquico, en su versión femenina (realmente de temer). Y aunque uno de ellos repercute en mi trabajo, no soy yo la que se debe enfrentar a estos seres.
La cuestión es, ¿qué debe hacer la víctima del inseguro jerárquico? Denunciar sus manejos es  casi imposible, aguantarlo es inhumano y entorpece el trabajo... ¿entonces? 
¿Los matamos con la ignorancia?
¿Los matamos?
¿Esperamos a que venga otro nuevo para que el inseguro descargue sus frustraciones?
Porque el nuevo en algún momento deja de serlo, pero el imbecil, ese no tiene remedio.
 

parirás con dolor... y comerás sólo lo que te haga bien

Haciendo gala, una vez más, de un gusto exquisito para la realización de publicidades, el yogurt que quiere acabar con el tránsito lento nos presenta una nueva pieza del ingenio humano. Esta vez, no nos compara con globos que se desinflan; ni hay un marido que, tan bondadoso y magnánimo, aprueba la inclusión del consabido brebaje en el prespuesto familiar, aún en tiempos de crisis. 
Esta vez se nos presenta una duda, cuasi existencial. No porque el activa intestinos venga a abrir interrogantes filosóficos, sino por lo que esa pregunta esconde. Vos, ¿comés yogurt porque te gusta o porque te hace bien?
La publicidad, y el protagonista responden: vos sos mujer, lo comés porque te hace bien. 
¿WTF?
Yo, a esto, lo llamo el síndrome de la sufridita. 
La sufridita aprendió de la madre o de la abuela, o lo leyó en la Paratí, que las mujeres han sido hechas para aguantar (el dolor de parir, el dolor de hacer cuatromillones de abdominales para tener la panza chata, el dolor de la depilación, el dolor de ovarios, y así), porque el aguante nos conducirá a la eterna felicidad (?).
La sufridita, entonces, mira el placer propio y ajeno desde la culpa, la recriminación o desde el miedo de no estar haciendo las cosas como "se deben". No concibe el disfrute sin peros, y suele ser de aquellas que hacen balances: si hay algo que gusta mucho, entonces debe ser mitigado. Torta de chocolate pero con coca light, sexo pero siempre con amor. Como si el placer por el placer mismo fuera pecado. 
La chica de la publicidad comería el yogurt sólo porque le hace bien, aunque tenga gusto a caca (como el 90% de los alimentos que hacen bien, no engordan, etc). 
Él está ahí para decirnos que en realidad el yogurt no tiene gusto a caca. Porque él  sí puede disfrutarlo: sin pensar en el tránsito lento (porque parece que ningún hombre del planeta tiene estreñimiento), en la panza chata o en lo que sea. Él se lo toma, y punto.
Un verdadero bienaventurado. 


encandilados

Sueño con el fin del mundo. Que llega así nomás, sin preámbulos ni profesías, como debería ser todo apocalipsis que se precie. 
Detrás del sol de un amanecer opaco, vemos crecer una luna extraña, brillante y negra. Su luz tiñe el cielo de violetas y grises hasta cubrirlo todo. Como tirados por esa luna nueva y última, cuatro caballos enormes, relucientes y negros como el vacío, corcovean en el cielo.  
Nadie grita. Ni siquiera atinan a moverse. 
Las patas inmensas golpean la tierra y se funden con ella. Olas ocres avanzan hacia la multitud extasiada.
Nadie grita, nadie se mueve. 
El fin del mundo nos toma por sorpresa. Porque llega así nomás, sin preámbulos ni profesías. Pero más que nada, porque es hermoso.    

encuentre las 7 diferencias

Fuente

ah, era eso?

Hay un malón de hormonas jugando al tobogán entre la cabeza y los pies, 
lloro como una desquiciada por cualquier cosa, 
me siento un globo de helio a punto de reventar, 
relleno mágicamente los corpiños de mi abuela que tiene 120 de busto,
me duele la cintura, y hay un hamster que se ensaña con mi cerebro,
paso del amor al odio en diez segundos, y en el medio lloro de angustia, o de alegría.
Puedo parecer demente, pero no soy estúpida.
Por lo tanto, señores de Tafirol Mujer, limítense a amedrentar mis contracciones uterinas con su analgésico, del resto me encargo yo, que sé perfectamente lo que me pasa.



cerebrrrossss

Hay un tipo de películas que me aburre, me harta, y que esquivo cada vez que puedo: las películas de zombies, casi todas iguales, sosas, ridículas...
Igualitas a las 20 que ayer le regalé para su cumpleaños.

Si eso no es amor, por lo menos es masoquismo.

por fin una buena? dónde?

Ya dije que soy enemiga de la violencia, pero hay cosas que superan mi pacifismo y despiertan mis peores características animales. De solo verlas me empieza a germinar el poroto asesino, se me enrojecen los globos oculares y me sale espumita por la boca. Los objetos de mi aversión son variados, pero debo reconocer que la TV se lleva los primeros puestos. 
Por eso, agrego a las etiquetas una denominada "pasame la antirábica" (soy tan mala etiquetando que merecería una mención honorífica), y hoy quiero exteriorizar mi encono hacia el estereotipo de marido imbécil y machista que se dedican a propalar ciertas publicidades, en especial dos de ellas, protagonizadas por el mismo actor (que no tiene la culpa pero que abofetearía si pudiera... además su cara es muy abofeteable).
Hablo de Rizzuti que debe decidir si viajar a ver el mundial o quedarse a presenciar el nacimiento de su primer hijo, y el marido de la publicidad de una tarjeta de crédito que hace comentarios supuestamente graciosos sobre las actividades de su mujer.
Y aún peor que soportar este dechado de ingenio publicitario, es escuchar los comentarios aprobatorios de conocidos, compañeros y demás humanos con los que me relaciono.
Como si el espectáculo de un tipo llano, por no decir bestia, y una mujer poco más que retardada fuera algo para aplaudir.
No me hagan crecer el enano asesino. Por favor se los pido. Yo quiero sembrar la paz, ¡pero así no se puede!   

ábrete sésamo!

En otra oportunidad hablé de la maldad de ciertos objetos de uso común: esos que cuando más desesperadamente necesitamos se obstinan en desaparecer de nuestra vista. Hoy, siguiendo con la línea de pensamiento por la cual podría afirmar que existe un complot universal para hacer nuestras vidas más miserables, me detendré en una situación de la vida cotidiana que a veces resulta un verdadero calvario: la apertura de envases.
No importa cuántos adelantos técnicos, dispositivos “abre fácil” o instrucciones le encajen al envase, éstos serán imposibles de abrir sin la ayuda de los poderes sobrenaturales de alguna divinidad. Por ejemplo:

El sobre de ketchup y/o mayonesa.
 Cuando usamos este tipo de artefactos alimenticios (?) es porque nos encontramos a punto de ingerir un alimento que dañará nuestra imagen social de manera permanente. Porque, digamos la verdad, nunca vi a nadie que comiera una hamburguesa con glamour.
Y para colmo de males, invariablemente tendremos que luchar con el sachet de condimento. Primero, uno, que es lo suficientemente civilizado, intentará abrir el sobrecito por la línea de puntos, como indican los señores fabricantes, lo que resultará completamente inútil.
A los dos minutos de no obtener resultados, uno, que será civilizado pero carece de paciencia, hincará un diente en el susodicho tirando del otro extremo.
Y entonces, la hecatombe. El procedimiento cuasi perruno abrirá el envase, pero de manera tan brusca que buena parte de su contenido le caerá en la camisa blanca que se puso porque hoy tiene una reunión importante. Y es difícil explicarle a un jefe que el Ketchup es diabólico (por lo menos si esperamos mantener nuestro puesto de trabajo).

Las galletitas con “hilito rojo”
Se supone que el hilito rojo está ahí, rodeando el extremo del envase de galletitas, para que uno tire de él y el paquete se abra. Error.
El hilito rojo es un chiste con el que los fabricantes de snacks (que poseen un humor bastante particular) se ríen de nosotros, pobres mamertos, que tiramos de la susodicha cintita al divino cuete.
Porque la basura de cintita esa, en el 80% de los casos sale del paquete lo mas panchita (chiste que solo entenderán los consumidores de las ídem) sin producir ningún cambio en el envase. O bien, el susodicho estará fabricado de tal forma que al tirar del hilito rojo la primera galletita, infaliblemente, saldrá volando y caerá al piso estallando en mil pedazos.
Debido a esto, y gracias a una amplia experiencia en el tema, no recomiendo tratar de abrir un paquete de galletitas frente a la computadora. Eso, si no quieren criar un nido de cucarachas debajo del teclado.   

El sándwich envasado al vacío
Hambre.
Tenés hambre y te acercás a un kiosko donde se te vende un sándwich fabricado industrialmente, de esos envasados al vacío. Con esto, está claro que nuestra alimentacion apesta, ¡y encima nos la complican!
Si tu vida dependiese de ingerir el referido tentempié, lamento comunicarte que estas destinado a morir.
Porque, en otra broma de los fabricantes de snacks, habrá unas bonitas instrucciones destinadas a la apertura del envase, que se mantendrá minuciosamente cerrado, por más empeño que uno le ponga.
El sellado que se utiliza para cerrar esos paquetes de plástico es el mismo que utiliza la NASA para sellar las naves espaciales. Por lo que, para comer el sándwich será necesario tener a mano un cuchillo, o un taladro neumático. Dos elementos muy comunes en la cartera de la dama y el bolsillo del caballero.

Por todo lo dicho, si se llegan a cruzar con algún miembro del gremio de fabricantes de snacks yo que ustedes me cuidaría. Esa gente y es maligna.

qué fantástica, fantástica esta fiesta

Aunque el muchacho entrado en años se peine de coté para tapar la incipiente huída de sus cabellos del hogar craneo-encefálico, la edad traiciona. 
Por más tintura y crema reafirmante que la señorita se unte por todo el cuerpo, las décadas salen a pasear solitas en cuanto te descuidás un poco. 
Y la fiesta, oh la fiesta, es el lugar más apropiado para ello.

Se ne nota, se te nota, se te caen varias sotas... 
Cuando salís bailando como loco si el DJ pasa "Saca la mano Antonio", 
y sabés perfectamente quiénes son Las Primas  y  Rafaela Carrá, mientras los invitados más núblies creen que se trata de dos tenedores libres. 
Porque a las 2 de la mañana bostezás como una morsa de la costa atlántica, encallada en una roca, sin esperanza alguna de volver a mover los miembros,
o a los cinco minutos de baile te sacás los zapatos porque te matan los juanetes.
Cuando el sudor te corrió tanto la capa de maquillaje que parecés Freddy Krueguer.
Y si suenan "los piratas" saltás en ronda con otros dos mamertos en una pista de baile desierta, mientras el resto los observa con un poco de pena (porque lo único que a ese grupo le queda de piratas es que uno está ciego de un ojo y otro se quedó rengo)
O porque sos el primero que arma el trencito, que más que ser de la alegría se parece al tren fantasma. 

Y sobre todo, porque a la mañana siguiente sos un trapo de piso, por más que la fiesta, oh la fiesta, haya terminado mucho antes del alba.  

 

la perra que los parió

Tengo dos canes, o mejor, tengo dos cuasicanes (dado que por su tamaño podrían ser confundidos tranquilamente con ratas obesas). Esto significa que, en algún momento de borrachera, locura y/o estupidez, decidí aceptar la responsabilidad de cuidar a dos criaturas cuya vida depende de que mis momentos de borrachera, locura y/o estupidez sean escasos.
Una de las caracteristicas propias de todo animalito de dios, es que el susodicho se alimenta, y por ende, como consecuencia del buen funcionamiento de su aparato digestivo, excreta aquél alimento que no necesita. En criollo, estaríamos afirmando sin ningún lugar a dudas, que los susodichos animalitos mean, y cagan. Cosas dificiles de recordar cuando uno está borracho, es loco o es estúpido. Lo que, en  la ciudad de Buenos Aires, parece suceder con demasiada frecuencia.
Si no, quisiera saber por qué razón uno no puede caminar por las veredas (ya de por sí hechas añicos gracias a la disfución de nuestros funcionarios públicos) sin tener que andar esquivando montañas de bosta. 
Por ello, querido poseedor de perro y afines: si tuviste el tupé de pensar que eras capaz de criar a un ser vivo, haceme el favor, y responsabilizate por su mierda, que estricto sensu, es también la tuya. Llevá una bolsita, y como hacemos las personas responsables, hacé desaparacer dentro el producto digestivo de tu animalito.   
Y si sos tan retardado social de tener un labrador encerrado en un dos ambientes, cuyas deposiciones no las puede levantar ni la grua del A.C.A, lo lamento por vos. Salí con una pala mecánica y después baldeame la vereda.
La próxima vez que te vea poniendo cara de boludo mientras tu pichicho deja un caminito de caca sobre el espacio que nos es común, prometo levantarlo yo misma y untártelo por toda la extensión de tu cuerpo humano.
Estás avisado, después no preguntes. 


 

ramdom de sucesos/pensamientos en un día de trabajo como el de hoy

11AM Concubino decreta feriado y mira TV mientras yo trabajo cual burro de carga (?) analizando tasas de desempleo. 
¡Injusticia, injusticia!  

Concubino me pregunta desde la otra habitación si Bandana hizo una película. 
Contesto que creo que sí 
-¡Uy nooo, la estaba mirando! - responde. 
Está aterrorizado, debe temer por la desintegración inmediata de su cerebro 

Más tarde en ciudad gótica... Escucho que alguien dice en la TV “con más senos y más glúteos piensa regresar al mundo de la música." 
Si el día sigue así, voy a terminar escribiendo que para regresar al mercado de trabajo es preciso operarse las tetas. 
Bueh… tan errada no estaría. 

5.15 PM 
una galleta de avena y un postrecito ser no es un almuerzo. Ni una merienda. 
Es una porquería. 

Pongo música, que siempre hace la vida menos miserable. 
Qué bien que me hace esta banda. 
Ella no puede ser más linda.
No, no puede. Maldita sea. 
Creo que la odio. 

Leo un post donde el autor evita nombrar a cierto ex presidente de la Nación considerado yeta por la mayor parte de la población. 
Dicen que hay que tocarse el izquierdo para contrarrestar la yeta. 
“Tocarse el huevo izquierdo: entre la superstición y el onanismo”, sería un buen título para una tesis doctoral. 

6.20 sending fruit mode ON 
Escribir cosas como “allende fronteras”, “cambiará la vida de millones de hombres, mujeres y niños”, me hace merecedora de premio Jorge Bucay del día de la fecha. 
Aplausos. 

El vecino cuelga la ropa. Lo miro y me mira. Me sonríe. Me da vergüenza y giro la cabeza hacia la pantalla. 
Vista de afuera debo parecer un hamster en una pecera. 
Un hamster sí, pero con banda ancha. 

 7.31 Leo un articulo llamado “20 razones por las que no deberías ser freelancer.” Me veo reflejada en 10. 
Se olvidaron de poner “lees artículos como éste mientras deberías estar trabajando” 

7.38 
A las 8 cierro todo. No me importa hasta dónde llegue. 

8.15 
Mierrrda.

8.23 Cuelgo un post que no le interesa a nadie en lo más mínimo.
Esta es una de las 30 razones por la que tampoco debería ser blogger. 

el mundo se divide

entre los que lavan los platos inmediatamente después de usarlos
y los que los "dejan para después"

Esta división ha sido y continua siendo causa de todo tipo de conflictos humanos en hogares, oficinas y escenarios diversos. Incluso, estamos en condiciones de afirmar que la guerra de los cien años comenzó con esta frase "Robeeeerto, ¿todavía no lavaste los platos???"

y entonces el gato dijo: a mí me mató Schrödinger, y no la curiosidad

Hacía mucho que no colgaba alguna campaña, así que aquí estamos. Un día como hoy, que por estos lares provoca salir a explorar ese mundo que ayer parecía desolado. Explorar, que es preguntarse, que a veces es encontrar respuestas, y entonces es conocer, y avanzar, y crecer, y volver a preguntar... Al fin y al cabo la curiosidad no era tan mala.


Y aquí el por qué del título del post y de la famosa expresión sobre la curiosidad asesina. 
(Un cacho de cultura, lararara)

galletitas de avena contra la lluvia

podemos usar un paraguas, o correr dando saltitos debajo de los techos; podemos negarnos a sacar la nariz de la casa en todo el día... o, para combatir la lluvia, podemos llenar la casa de vapores dulces, de olorcitos siempre memorables. nada mejor para un día como el de ayer, o el de hoy, que el calorcito del horno, el olor a manteca, el chocolate derritiéndose, la vainilla, la tentación de comer la masa así como está por más dolor de panza que te dé, las galletitas recién salidas del horno, y la sorpresa del que entra y sonríe al verlas sobre la mesa.
nada mejor para un día como ayer, o como hoy. 
les dejo la receta. prueben y después me dicen.

ingredientes
125g de manteca
155 g de azúcar
1 huevo
1 cda de leche
esencia de vainilla
210g de harina
1 cdita de polvo de hornear
280g de avena
200g de chocolate picado
nueces picadas

preparación
mezclamos la manteca y el azúcar hasta que se forme una pasta (qué lindo, me siento Narda Lepes), después agregamos los líquidos (huevo, leche y e. de vainilla) y mezclamos. 
después vamos a incorporar los "secos",(harina, avena y chocolate) de a uno y mezclando para que todo quede bien integrado. si les gusta también se pueden agregar nueces o cambiar el chocolate por miel.
después hacemos bolitas de masa y las aplastamos para que queden discos. ubicamos  los susodichos (separaditos porque se inflan) sobre una asadera y  llevamos al horno fuerte hasta que se doren de arriba y de abajo.
ya está. 
espero que me hayan entendido, si no, preguntan.



teenangels

Tengo que admitirlo. A pasitos de la treintena me encuentro con más y más asiduidad pensando cosas dignas de mi madre. No hay nada que hacerle, estoy vieja... vieja y chota.
Los púberes imberbes me inflaman la paciencia. Tienen una facilidad para provocar la germinación de mi poroto intolerante que ni te cuento. 
El fin de semana estuve rodeada de algunos especímenes.
Y estuve a punto de ahogar a una sumergiéndole la cabeza en el inodoro. No es que me haya hecho algo. Esa era la única manera de que saliera del baño, donde pasó tres cuartas partes de la tarde frente al espejo. El tiempo restante lo utilizó para sacarse fotos, inclusive con mi perra, a la que perseguía y retenía mientras hacía muecas frente a cámara. Debo suponer que la pobre se ha convertido en un perro flogger.
Creí que la susodicha era mudita, pero me equivoqué. En cierto momento abrió la boca para emitir un chillido ensordecedor dirigido a su madre porque no la quería llevar a no sé dónde. Pataleó, lloró y aulló como un animalito a punto de ser degollado. Y la madre... nada.  Y el padre menos que nada.
Ahí me germinó el poroto.
A tono con esta situación, días atrás viajaba en un transporte público e intentaba leer. Intentaba, porque detrás mío se apropicuaron dos adolescentes tardías cuyo tono de voz superaba al ruido del motor del bondi. Entre la multitud de "tipo que" y "bolah" que proferían, una llamó a la madre para pedirle que le preparara la comida. No, me corrijo, le exigió que lo hiciera. Quería milanesas. Con ensalada. 
"Hacete una ensaladita. ¿Cómo que no hay? ¿Tomate no haaay? ¿Y rúuucula?"
Yo no sé si los progenitores se cansaron, no les importa, o qué. Pero -y aquí viene el viejachotismo- cuando yo tenía esa edad, si llegaba a hacer ciertas cosas se armaba la de san quintín. O, en una frase de manual: esto en mi época no pasaba. 
     

ira

Estoy en contra de la violencia. Pero cada vez que la mala fortuna cruza su carita de niñabuena y sus comentarios de Doña Rosa 2.0 en mi camino, juro que la mataría a trompadas.

Deborah Pérez Golpin, sabelo, tenés una enemiga a-cé-rri-ma.
Y sabés dónde te podés meter los besitos de buenos días ¿no?
Eso.