eso no se hace (o el día que empecé a odiar a mi ecografista)

Amo a mi ecografista. Es serio, pero con la dulzura suficiente como para contenerte en momentos de mierda (como ante la pérdida de un bebé). Es tranquilo, especial para las ansiedades de primeriza y embarazadita en general. Es, en fin, de esa cada vez más rara especie de médicos que recuerdan que del otro lado hay un ser humano.
Decía, amaba a mi ecografista.
Escenario: Jueves por la tarde, consultorio del susodicho, realización de translucencia nucal.
Retoño se mueve como si estuviera bailando salsa. Tanto que lo vemos un rato largo hasta que el médico puede freezar la imagen que necesita.

Dr.: -Está todo bien.
Listo. Un camión de miedos afuera.
 
Concubino: -¿Y cuándo se puede saber el sexo?
Dr.: -En la próxima ecografía te lo CONFIRMO.
C: -Entonces ya lo sabés.
El Dr. sonríe. Automáticamente los padres, adultos, se convierten en dos niños de 3 años.
A coro: -Ah, no decinos, por favor. (Mate está en la camilla, en batita, pero si puediera agarrar al ecografista de la solapas lo haría).
Dr.: -No, no, porque si después te lo cambio ¿qué pasa?
Nosotros: -Noooo, te juramos que no te decimos nada. En serio. En serio.

Y no hubo caso. Nos dejó con la intriga.
Sr. ecografista, yo lo quiero mucho, pero sépalo: eso NO se hace. 

"Creo que Peeta dio en la tecla al comentar que nos destruyéramos entre nosotros...

"Creo que Peeta dio en la tecla al comentar que nos destruyéramos entre nosotros para dejar que otra especie más decente ocupara nuestro lugar. Porque algo falla estrepitosamente en unas criaturas capaces de sacrificar a sus hijos para zanjar sus diferencias. Dá igual cómo se justifique."
En Sinsajo, de Suzanne Collins.

Aunque suelo citar partes de los libros que estoy leyendo, o releyendo, nunca emití una opoinión acerca de ninguno. En general cito lo que me gusta, y lo que no me llamó la atención ni siquiera aparece. Pero hoy quiero hacer un pequeño comentario sobre los Juegos del Hambre, una trilogía que muchos habrán conocido por el estreno de su versión cinematográfica.
En mi caso fue al revés. Supe de la existencia del libro antes, y quise leerlo previo al estreno, porque me gusta ver qué han hecho los directores y guionistas con eso que cada uno se imaginó en la individualidad de su cabecita.  Sin embargo, al buscar críticas me encontré con comentarios tan opuestos que no sabía si depositar los pesitos que sale cada tomo.
Algunos decían que era un libro para adolescentes del estilo de las series de Cris Morena (oh por dios), mientras otros se habían hechos fanáticos de la saga. 
Así que, para los que estén en la misma situación que yo, hace tres libros atrás, déjenme darles mi humilde opinión.
Los Juegos del Hambre efectivamente es un libro para adolescentes. Repito, adolescentes, no niños. 
La prosa es rápida, y no deja respiro. El lenguaje es directo, quizás los personajes se explican demasiado, y el triángulo amoroso típico de este tipo de novelas es un poco aburrido. Pero todo se subordina a la acción. 
Supongo que para atrapar a un jóven -y más aún a un jóven de estas épocas- es necesario que pasen cosas permanentemente. Y eso hace que uno no pueda dejar de leer, para saber cómo sigue la historia.
Lo que acabo de decir define a muchos best sellers que por lo demás son una verdadera bazofia, que no dicen nada. 
Pero aquí sucede lo contrario. El libro dice mucho. Sobre los jóvenes, y lo que nuestras sociedades hacen con ellos, de ellos. La utilización de sus cuerpos como método de control social, a través de la violencia, y de la televisación constante de esa violencia. La banalización de su sufrimiento, de sus muertes (y no puedo dejar de pensar en tantos programas de tv donde lo único que se nos muestra es a jóvenes matándose -entre ellos, o a sí mismos-).
La saga habla del hambre, y de la supervivencia. De la desigualdad, y su naturalización. De la realidad construída por los medios de comunicación.
El libro habla de la guerra, y de los vencidos... es decir, todos los que se ven envueltos en ella.


Seguramente la película no haga honor a la historia. Lo digo sin haberla visto, pero dudo mucho que Hollywood lleve a la pantalla tanta violencia y tanta oscuridad. Por eso, a los que lo estaban pensando, les recomiendo leer los libros. 
Después me cuentan.

ronda

Hay mucho que decir. Tanto que se me mezcla todo y no consigo ponerlo en orden.
Ando entre la actividad frenética (ordeno, imprimo fotos, pinto porta retratos, cocino) y el cansancio más absoluto.
Porotx -volvemos a la x, qué nervios, ¿otro niño? ¿una niña?, pura ansiedad- me tiene a mal traer. Todo lo que pasó desapercibido en mi cuerpo el primer embarazo se lo está cobrando el segundo. Náuseas, mareos (no puedo viajar en auto sin sentir que estoy en una montaña rusa pero sin la diversión), baja presión, sueño mucho sueño. Y a la vez tranquilidad: ya lo vi, o la vi, tres centímetros de vida pura. Ahora sólo queda esperarlx con alegría. Y volver a disfrutar de esa sensación plena de tener a alguien creciéndote.
El Chino, mi hijo, esa personita que no para de sorprenderme, está cada día más grande - ya camina, ya me dice mamá, ya tiene su propio código de señas con el que nos entendemos perfectamente - y me llena la vida de luz. 
Mi pareja. Mi compañero. Esa es la palabra. Mi compañero de vida, y de aventuras, y de llantos y de risas. Juntos, hace 11 años, no importa donde nos lleven las olas. Cada día aprendo a ser mejor, gracias a él, y por ellos. Y ahora por los cuatro que estamos por ser.
Intentando ser una amiga menos colgada, menos despistada, aún sabiendo que mis amigos no esperan que cambie tanto, sólo que aprenda a acordarme dónde dejé tirado el celular.
Entendiendo que eso de "nunca digas nunca" se aplica a muchas más cosas de las que pensaba, y que la timidez no debería ser una excusa para perderte de conocer gente buena.
Mezclada. Con sueño y con insomnio. Pensando dónde voy a meter la cuna, al Chino, mi oficina. Pero más que eso, dónde voy a meter tanto amor (¿es posible sentir aún más amor sin estallarse el pecho? Somos infinitos los humanos, y ni siquiera lo sabemos.)
Alborotada, mareada, embrigada.
Con ganas de compartirlo con ustedes, y que este espacio se convierta cada vez más en una ronda de amigos que se pasan un matecito caliente mientras se cuentan las cosas de la vida, así como cantando, cada uno con su tono y su melodía.
Qué me dicen, ¿pongo el agua?

el reino de la pelotudez

A pesar de la cara que ponga Concubino frente a la siguiente afirmación, no por ello deja de ser cierta: no me compro mucha ropa, casi nada. Gastar 200 pé en una remerita de morondanga (qué linda palabra morondanga) me parece un despropósito. Lo mismo con los zapatos y demases.
Peeero... 
Pero tengo ciertas debilidades, que son más potentes que toda la fuerza de voluntad del mundo. Y para peor, hay casas que se dedican sólo a ofrecerme esos objetos por los que siempre siempre termino desembolsando algún dinero.
No mucho, porque son pequeñeces, innecesarias todas... Pavaditas, como diría mi madre. En resumen y hablando en criollo: pelotudeces.
Por ejemplo:
1. Todo Moda: señor José Todo Moda, lo odio profundamente. Si hubiese un país de la pelotudez, sus locales serían la capital.  Llaveritos, libretitas, bolsitos, collares, anillos, pañuelos. Listo. Los odio.
2. "Regalerías": hablo de esos lugares en los que venden chucherías para la casa. Tazas, decoraciones para la heladera, muñequitos (oh, las kimmidoll), abrelatas graciosos, etc. Después no sabés dónde cazzo meter la cantidad de porquerías que compraste, y descubrís que no hay casa que pueda albergar semejante cantidad de adornos y utensillos... pero son taaaan lendos.
3. Librerías: ¿Por qué Staples, por qué te tenías que mudar tan cerca de casa? Eh? ¿Era necesario? Son necesarios los 35 lápices negros, las cajitas llenas de chinches, clips y gomitas de colores, las gomas de borrar con formita (oh dios, tengo 12 años)... ¿Por qué me hacen esto?

Un día, les juro, voy a pasar por la puerta de cualquiera de sus negocios infames y no voy ni a mirar la vidriera. En serio.
En serio. 

Bueh, la vidriera, ¡pero nada más!

Y usted, lector(a) ¿a qué pelotudez no se puede resistir?

receta para la juventud eterna

No sé si es porque estaré harto sensible, pero esta canción y este video me hacen lagrimear 
de ternura, de amor, 
de esperarme en un espejo junto a él, los pelos grises, las manos arrugadas... 
y bailando




Cause when she sings I hear a symphony
And I'm swallowed in sound as it echoes through me
I'm renewed, oh how I feel alive and through autumn's advancing
We'll stay young, go dancing

un tal Soares

...En el baile de máscaras en que vivimos, nos basta el agrado producido por el disfraz que vestimos, disfraz que en el baile es todo. Somos siervos de las luces y los colores, nos deslizamos en la danza como en la verdad, y no hay para nosotros —salvo si, despiertos, no bailamos— conocimiento del gran frío de lo alto de la noche externa, del cuerpo mortal por debajo de los trapos que le sobreviven, de todo cuanto, a solas, nos parece que es esencialmente nosotros, pero que, al fin de cuentas, no es sino la parodia íntima de la verdad de lo que nos suponemos.
Todo lo que hacemos o decimos, todo lo que pensamos o sentimos, muestra la misma máscara o el mismo disfraz. Por más que nos quitemos lo que vestimos, no alcanzamos nunca la desnudez, pues la desnudez es un fenómeno del alma y no de cosas que se sacan. De este modo, vestidos en cuerpo y alma, con nuestros múltiples trajes tan pegados a nosotros como las plumas a las aves, vivimos felices o infelices, o sin saber lo que somos, el breve espacio que nos dan los dioses para que los entretengamos, como niños que juegan a juegos serios.
Uno u otro de nosotros, liberado o maldito, ve de repente —pero incluso éste rara vez lo ve— que todo lo que somos es lo que no somos, que nos engañamos acerca de lo que está bien y no tenemos razón en lo que nos parece justo. Y ese que, en un breve momento, ve el universo desnudo, crea una filosofía, o sueña una religión; y la filosofía se expande y la religión se propaga, y los que creen en la filosofía pasan a usarla como indumentaria que no ven, y quienes creen en la religión terminan poniéndosela como una máscara de la que se olvidan.
Y siempre, desconociéndonos a nosotros y a los demás, y por eso entendiéndonos alegremente, pasamos en las volutas de la danza o en las charlas de las pausas, humanos, fútiles, serios, al son de la gran orquesta de los astros, bajo las miradas desdeñosas y ajenas de los organizadores del espectáculo.
Sólo ellos saben que nosotros somos víctimas de la ilusión que nos impusieron. Pero cuál pueda ser la razón de esa ilusión, y por qué ella, o cualquier otra ilusión existe, o por qué ellos, ilusos también, nos entregaron la ilusión que nos dieron — eso, por cierto, ni siquiera lo saben. 
de Fernando Pessoa, en Libro del desasosiego

buscado


Tengo un problema. Bueno, lo que se dice problema problema, no es, pero dicen que para llamar la atención de los lectores hay que poner una primera frase con punch. Y necesito de su atención.
Sucede que hace unas semanas probé el mejor cheesecake del planeta. No uno riquísimo, no uno muy muy bueno; el MAS MEJOR del MUNDO.  Altísimo, cremoso hasta la locura, dulcísimo, con un toque de limón, y una masa casi inexistente  como base.  Lo recuerdo y se me congestionan las glándulas salivales (y los lacrimales también).
El problema es que el susodicho cheesecake es elaborado un poco lejos de mi casa.  Tanto como a miles de kilómetros. No hay delivery estelar que me lo traiga.
Así que recurro a la infitina sapiencia de los que pasan por acá (y sé que hay muchos gourmets que me visitan, que gustan del buen comer) para que me digan dónde puedo encontrar el segundo mejor cheesecake del planeta, o me den una receta que hayan probado empíricamente como maravillosa.
Sólo eso.
Al final, una pavada.

con la frente marchita

Podés estar en el lugar más hermoso del mundo, o en la ciudad más increíble. Rodeado de la gente que querés, comiendo rico, alojado cómodamente y pesando sólo  a dónde ir a pasear. Podés estar pasándola muy bien. Sin embargo, llega un momento en el que sólo deseás una cosa: VOLVER.
A tu casa, a tu cama, a tus pequeñas ceremonias diarias.
Una lástima que eso también implique volver al trabajo.
De todos modos, no hay mejor lugar que el de uno (más allá de que en este instante, el lugar de una sea un verdadero despelote). 

Ando volviendo. Espero que sigan por ahí. 

So long, farewell...

Un viejo proverbio neozelandés reza "Nadie hará las cosas como tú, excepto tú mismo. Por lo que trabajarás incluso en vacaciones, o dejarás a alguien a cargo y entonces: ajo y agua  (aguantarse y a joderse)." Puede que el traductor se haya tomado algunas atribuciones, pero lo cierto es que la gente obsesiva, como la que suscribe, suele carecer de la voluntad necesaria para delegar sus tareas a otros, por falta de confianza en cualquier ser humano y/o cyborg que no sea uno mismo. 
Eso significa que, a un día de emprender mis vacaciones con la familia, no sólo no haya preparado ni un mísero bolso, sino que hace dos semanas que trabajo día, noche e inclusive en sueños.
¿Y para qué? Para salir con la férrea intención de revisar mails todos los días, y llevar un teléfono con internet por "cualquier emergencia" que suceda. Y esperar la catástrofe.
¿Y por qué? Porque no concibo la idea de dejar a su libre albedrío a aquellos que colaboran conmigo. Porque no puedo, y porque la única vez que le pedí a alguien que hiciera un trabajito de morondanga por mí mientras yo trataba de estar desenchufada, lo hizo MAL.
¿Elijo mal los colaboradores? Puede ser.
¿Tengo problemitas? Sin duda.
¿Puedo cambiar de hoy a mañana? Lo dudo.
 
Así que esta es la situación, queridos amigos que pasan por acá. Me voy de vacaciones. O lo intentaré.
Mientras tanto, seguiré soñando con que me quedo en pampa y la vía gracias a lo no-colaboración de mis colaboradores.
¿Soy la única insoportable? ¿O ustedes sufren del mismo síndrome?
 

365 días después

Dije que no iba a hacerlo en un salón porque era demasiado. Participé de fiestas en las que, mientras los adultos se emborrachaban y pasaban vergüenza gracias a las artes de una animadora, el agasajado lloraba en brazos de un integrante de la única mesa de todo el cumpleaños que no participaba de ningún juego (adivinen cuál era esa mesa).
Pero sí tenía ganas de festejar. Y motivos de sobra: el primer año de mi primer hijo. No se trataba sólo de la alegría por ver cómo creció ese ser minúsculo que un día habitó mi panza y ahora anda por la casa diciendo "uva". También se trata del festejo de un año en el que podemos decirlo, sobrevivimos: como padres (superando las ganas de tomar un vuelo a Singapur para no volver), como pareja (y hubo momentos jodidos, jodidos), como primerizos. Todo un logro. Se los aseguro.
Así que poco a poco me fui entusiasmando, y lo que tenía pensado como un té "muy tranquilo" con la familia, terminó con adornos, torta de DOS pisos e inclusive unos souvenirs (hechos a mano, para los que hicimos una sesión de fotos ad hoc con gorro y globos).
¿Se me fue un poco de las manos? Naaah.
En mi defensa sólo voy a decir una palabra (y los que lo conocen sabrán qué significa): Pinterest. 
El resultado fue una linda reunión, en la que todos la pasamos bonito, comimos mucho, y cantamos el feliz cumpleaños después de la siesta del homenajeado, que se rehusó a soplar la velita (aunque la semana anterior se la pasó soplando al aire cada vez que le cantábamos el apio verde). 
Superamos el primer año. Ahora todo será pan comido (paabre, ella se autoengañaba como loca.)




PD: El niño recibió regalos, algunos de tamaño considerable. Digo yo, si empezamos así, qué me espera en tres años? ¡Voy a tener que alquilar un departamentito aparte sólo para guardar juguetes! 

e-valuando

Amo los libros. Esto significa que me gusta mucho leer -de todo, de a dos o tres libros al mismo tiempo, en todos lados- pero también quiere decir que los libros como objeto me pueden. Obsesiva, presto mis libros con mil recomendaciones y sufro -literalmente- hasta que no los veo de vuelta en mis manos, sanos y salvos.
Para mí el significado de herejía es usar un libro como si fuera una revista y doblarlo todo como un panqueque. O marcar el avance de la lectura haciendo un doblez en las puntas de las páginas.
A nadie le debe interesar todo lo dicho, pero lo cuento porque hace un par de semanas estoy evaluando una posibilidad que ni se me pasaba por la cabeza: comprar un e-book reader.
Mis razones:
- Los libros están cada día más caros, y las ediciones son cada día más pedorras. Actualmente estoy leyendo una saga que va a constar de 7 tomos. Y cada uno cuesta 150 pesos. ¿Estamos todos locos? ¿Quieren que venda los órganos para poder leer?
Para peor, uno se gasta esa cantidad de dinero y ni bien abre el susodicho libro las hojas empiezan a desprenderse como si hubiese llegado el otoño. Así no. 
- Como soy lectora ávida me he bajado una biblioteca completa en pdf, hace muchos años ya, y nunca pude leer nada porque no hay cosa que me moleste más que leer en la pantalla de la computadora (sumado al hecho de que tengo migraña y el brillo del monitor no ayuda).
- Los e-books son mucho más baratos. Eso sin contar que hay versiones piratas de todo lo que uno se imagine, gratis. 
Entonces evalúo. Hay contras:
- lo dije, amo los libros;
- no sé si me sentiré a gusto con la experiencia de lectura en ese aparato;
- no tengo la más pálida idea de qué me conviene comprar.
En fin. Si lxs lectorxs de este blog usan o usaron e-book readers, o saben -digamos- qué se siente, les agradeceré el comentario.
Mientras tanto seguiré leyendo a la antigua. Y evaluando empezar a hacerme la moderna.

en carrera

Con el embarazo y los primeros meses de vida de Poroto me di cuenta de un hecho insoslayable: a la primeriza siempre la estará rodeando un coro de expertos para decirle todo lo que -creen- la pobre mujer, perdida entre pañales con mecoño y pezoneras, necesita saber. En general madresconexperiencia, que aconsejarán, cuando no querrán imponer, sus opiniones.
Con el tiempo (a mí me costó bien poco) una aprende a poner cara de póquer y asentir a todo como si estuviera escuchando el Oráculo de Delfos. Acto seguido, una hace lo que se le canta.
Lo mismo sucede con el niño.
La regla básica de todo infante es: haré lo que se me cante, cuando se me cante (regla que quieren seguir hasta la misma adolescencia). 
O bien, a esta edad: "madre, puedes leer de pé a pá ese manual de estimulación temprana que te regalaron, y aprender que a los ocho meses debo gatear, a los nueve decir mamá y a los diez hacer la vertical. Tú aprende, madre, que yo tengo mi propio plan."
Sin embargo muchas no sólo se rehusan a aceptar que el niño tiene sus tiempos, sino que hacen de sus avances una competencia.
Estamos en presencia de este tipo de mujeres cuando a los oídos nos llegan frases que comienzan con la fórmula "el mío" seguida de un supuesto logro. 
El mío, o los míos, están siempre adelantados a su tiempo. Son abanderados en salita de uno. Caminan, gatean, hablan (y se van de la casa) antes que el resto.
Hace una semana atrás me dijeron, mientras sostenían de las manos a mi hijo, y repito textualmente:
- Ahora lo tenés que entrenar para que camine.
Yo, fiel a mi aprendizaje, asentí con cara de interesadísima en los métodos de la mujer. Y entonces vino el argumento irrefutable:
- Los míos caminaron todos antes del año. (Ponga cara de orgullo aquí.)
Decime una cosa: ¿para qué cazzo querés que camine antes del año?, ¿te dan un premio?, ¿te dan guita? Porque si es así lo pongo al pibe atado a una cinta de gimnasio ya mismo.
Entiendo que a una le de orgullo cualquier pavada que hace "el nene". Aunque no lo querramos aceptar la maternidad te lleva a festejar un pedo como si fuera un acontecimiento increíble.
Pero de ahí a en-tre-nar a tu hijo para que sea el primero del barrio que camina hay un abismo.
Mientras tanto, yo, cada día me sorprendo de que ese porotito minúsculo que alguna vez habitó mi panza se haya convertido en este humanito que ahora mismo se cuelga de mis piernas porque quiere llegar al teclado.
Es simplemente maravilloso.

 
Según el manual, éste no sería el método más común de "gateo". Que venga alguien y se lo explique, porque él está de lo más contento.


mínimos

Un joven jardinero persa dice a su príncipe:
-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan.
El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:
-Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?
-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan. 
"El gesto de la muerte", Jean Cocteau



Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu. 
"Sueño de la mariposa", Chuang Tzu
 en Antología de la literatura fantástica. Borges, Bioy Casares, Ocampo.
Sigo acá, al pie del cañón.
Leo, pero no escribo... Silencios de fin de año. 
Del fin de un año en el que cambió todo. 
Todo, todito. Todo.
Por eso el mutismo, creo.

Cuesta escribir estando cabeza abajo. 

momentos navideños

1. La gula
Llegamos al lugar de festejo, nos saludamos. Se escuchan diálogos como el que sigue: 
-"qué calor", 
-"seh, terrible" 
-"y yo con el horno haciendo la pavita, no doy más"
Y la primera pregunta que surge es: ¿Por qué si somos 4 gatos locos hay tres toneladas de comida? ¿Vamos a salir a repartir Vitel Toné a los vecinos? ¿Viene a festejar la tercera división de Cambaceres y no me avisaron?
Y por las barbas de Papá Noel, ¿por qué la Tía Marita que en su vida supo cocinar se empecina en hacer platos calamitosos que no le gustan a nadie pero que hay que tragar para no lastimar sus sentimientos? ¿Por qué?

2. Las mañas
Todos tenemos manías con la comida. En las fiestas se ven to-das.
El abuelo que le pone soda al vino de 400 pesos (mientras el que compró el vino se corta las venas con una cáscara de nuez). El que no toma vino "porque le cae mal" y se baja tres litros de cerveza. Los que le encajan mayonesa hasta el pan dulce. Los que no comen frutas abrillantadas, los que sólo comen frutas secas, los que no comen agridulce (y hacen caras frente al melón con jamón), los que no comen verduras, los que no comen carne, los que toman ananá fizz, los que odian la sidra, y los que sólo le dan al champangne porque son finos.
Lo bueno es que las fiestas es uno de los pocos momentos en los que hay algo para cada uno de ellos. 

3. El momento tenso
Gracias a la mezcla de un calor que te chorrea en las sienes, el exceso de bebidas alcohólicas, y un rejunte de personas que no se ven casi nunca, existe un 80% de probabilidades (científicamente comprobado) de que en algún momento de la cena haya dos o más comensales con unas ganas locas de arrancarse los ojos a punta de escarbadiente. Todo puede comenzar con el Tío Pocho descubriendo su enano facista al grito de "hay que matarlos a todos" o con algún reproche vencido hace rato pero que la esposa de Rolo le pareció bien traer a la mesa. 
Incluso la hecatombe se puede originar en un comentario ingenuo, que no parece ocultar ningún conflicto, como "¿y ustedes cómo se conocieron?"
Y entonces nos enteraremos por la suegra, que "el sátrapa de Roberto la dejó a Martita plantada en el altar", o que, según Roberto, "Martita era la más rápida de la cuadra" (y Martita revoleará una copa de vino en ese mismo instante).
Como decía Francella, lo primero es la familia.

3. El bajón
La misma mezcla que induce a la riña, también provoca la depresión de algunos comensales. Esos comensales que, de integrar la organización del Oscar, sólo se encargarían de armar el videito de los obituarios. En general gente mayor que hace la lista de fallecidos familiares y le atraganta el pan dulce a más de uno cuando comienzan su rosario de penas diciendo "esta es la cuarta navidad sin Julito".

4. Los regalos
No importa si se hizo el amigo invisible, si cada uno le regala al que quiere, para la abuela Rosa "regalo", "calzoncillo", "medias", "colonia Old Spice" y "jabón Heno de Pravia (OMG)" son sinónimos. 
Los años le enseñan a uno a poner cara de alegría mientras se le dice a la abuela Rosa, "ay, qué lindas medias de toalla" y a preguntarle delicádamente a la cuñada si ese collar horrendo que nos regaló se puede cambiar en algún lado.

5. El peligro
Cuando están por llegar las 12 siempre aparece un boludo que no tuvo mejor idea que gastarse el aguinaldo en fuegos artificales, y sale corriendo a buscar al auto una cantidad ingente de cañitas voladoras, petardos y demás porquerías. Elementos que: estuvieron en el baúl de su vehículo al calor de la tarde durante horas, el susodicho boludo le da a manipular a los niños de la familia mientras ríe como un energúmeno, o bien manipula él mismo con la agilidad de una babosa. 
Es el mismo boludo que sale en los noticieros al día siguiente en la Puerta del Santa Lucía, tuerto, o en la cuadra de cualquier hospital con un dedo menos.
Deberíamos hacer algo con el boludo de los fuegos artificales.  

6. El bochorno
Ya nos regalamos cosas feas, brindamos, nos peleamos, nos amigamos, no besamos. Estamos comidos, pero sobre todo estamos muy bebidos. Entonces es la hora del show. Cada familia tiene sus talentos y habrá espectáculos variados.
Se le pide al niño prodigio que toque el violín (y el niño prodigio nos muestra que además de prodigio es sordo), 
el padre del niño prodigio está hace rato ofreciendo una sonata en do mayor de ronquidos y apnea de sueño,
un par de hermanas que alguna vez fueron hippies desempolvan la guitarra y se ponen a ladrar al ritmo de "Rasguña las piedras",
el tío Rulo pone un compilado que armó especialmente para la ocasión y que contiene hitazos como "Cachete, pechito y ombligo", "Tonta" y "Tirate un paso". En ese momento descubrimos que la abuela baila reggaetón, o peor, que la sobrinita de 10 años podría participar del bailando por un sueño del año próximo (destacándose en el baile del caño).  
 
¡Feliz Navidad!

de la corección en los espacios públicos

Por qué habría que instalar el rifle sanitario como medida de paz social

En alguna oportunidad escribí sobre el uso del celular en espectáculos públicos. Eso fue hace dos años (nos vamos poniendo viejos).
Fui víctima de imberbes escuchadores de música por los parlantes del celular en el colectivo, de gente "transmitiendo" un recital por teléfono, de gente que saca fotos con sus aparatitos en cualquier lugar y situación, del típico ringtone en el medio de una obra de teatro, pero lo que me pasó el sábado no me pasó jamás.

Estábamos en el cine y a dos filas de nosotros había una señora bastante mayor, acompañada únicamente por un balde de pochoclos que le darían diabetes instantánea (o un ataque de presión de ser salados) a cualquier ser humano medio.
La señora llegó tarde, seguramente porque se había entretenido comprando la tonelada de pochoclos. Además del consabido balde llevaba cartera, bolsa de cartón y una bebida de esas que le servirían de pileta olímpica a la enana Noelia. No sabemos si pretendía pernoctar en la sala de cine o qué catzos.
Decía que la señora llegó tarde, cargando cuatroscientas cosas, hecho que sumado a su edad no ayudaban en el mantenimiento del equilibrio de su masa corporal. Masa corporal con la que embistió a unos cinco o seis incautos, sentados hacía rato, hasta llegar a su asiento en el centro de la fila -como no podía ser de otra manera-. 
Vamos a dejar de lado que la señora tardó en acomodar sus carnes unos cinco minutos. Lo único que podíamos visualizar desde nuestro asiento era su cabecita y sus brazos moviéndose frenéticamente como si bailara alla Mick Jagger. 
Vamos a dejar de lado los ruidos de bolsa, deglución de pochoclo y el acomodamiento excesivo de vaso en el apoyabrazos, porque la distancia nos amparaba. Nuestro más sentido pésame a los compañeros de fila de la mujer.
Lo que no podemos pasar por alto, y no hay científico galardonado con el premio Nobel a las neurociencias que me lo pueda explicar, es en qué configuración mental cabe la posibilidad de que a la señora le pareciera de lo más normal:
- tener el celular prendido
- tener el ringtone de su celular a todo volumen
- no saber en qué porción de ese universo que consitutían sus cosas había dejado el aparato, por lo que tardó dos minutos en encontrarlo (mientras el celular seguía sonando)
- y una vez encontrado el susodicho aparato del demonio no sólo atender al imbécil que estaba llamando sin parar sino
PONERSE A CONTARLE LO QUE ESTABA PASANDO EN LA PELÍCULA.

Dicho sea de paso. La vieja no sólo se puso a narrarle la trama a su interlocutor al grito de "seh, la estoy viendo, ella le mete los cuernos con el vampiro", sino que hizo oídos sordos a los reclamos y proclamas del resto del auditorio y terminó su conversación como si hubiese estado sentada en el living de su casa comentando la novela mexicana de las 4.

Increíble, pero real.

el flagelo del calzón

A colación del post anterior, hoy nos introducimos en otro de los hitazos del verano.
Porque el varón de nuestras pampas no sólo tiene el termostato demasiado sensible y clama morir de calor con 25ª; el varón de nuestras pampas, y más que nada el varón de nuestras pampas entrado en años, gusta de quedarse en cuero a la primera de cambio, e incluso, va más allá. Y en esas ocasiones en las que va más allá, a nosotros, espectadores involuntarios de tamaño show, nos encantaría quemarnos las retinas con un carbón al rojo vivo. 
Porque a veces, el varón entrado en años decide que es de lo más normal andar por la vida sólo muñido de ese trapo minúsculo que no llega a taparrabos. Ese trapo que dejaría mal parado hasta el mismísimo George Clonney.  El slip. Una verdadera porquería. Otro flagelo que llega con el verano.

la tercera guerra mundial comenzó con la frase "¿no apagarías el aire?"

Eso de la guerra de los sexos es una estupidez, hasta que llega el calor (más conocido como "la calor") y comienzan las batallas impías por la temperatura en la que debe estar el Aire Acondicionado.
No sé qué gen esquimal poseen la mayor parte de los humanos del género masculino que ante la más mínima elevación de la sensación térmica, salen corriendo al grito de "Uuuuh, qué calor que hace acá" y encienden el aire acondicionado para desgracia de las féminas que comparten el mismo espacio y que, en el 90% de los casos, simplemente se cagan de frío.
Conocozco gente en situación de adolescencia que pone el aire en 17°. A ver nene, si te querés mantener joven y lozano es problema tuyo, no me quieras criogenizar a la fuerza porque a mí las arrugas ya me salieron.
En una oficina en la que solía trabajar había mujeres que se arropaban con frazadas, sí fra-za-das, porque no soportaban la temperatura ambiente, y como la mayor parte del plantel era masculino, no había tu tía.
Para peor, los varones suelen argumentar cualquier tipo de sandés con tal de no abrir una ventana o subir un grado la temperatura del AA, diciendo cosas como que una se puede abrigar, en cambio ellos, consumidos por el fuego interno, no pueden "sacarse la piel" (sic, no voy a dar nombres).
Por las barbas de Papá Noel, me querés decir en qué universo 25° se considera un "calor infernal" que merece gestos dramáticos, onomatopeyas de todo tipo alla Coca Sarli y corridas al baño a mojarse la cabeza (¿por qué, Fortuna, ¿por qué?).
¿Es posible que la naturaleza nos haya equipado con termostatos diferentes? Y si es así, ¿con qué objetivo? 
Volvamos al viejo y querido ventilador. O firmemos un compromiso de no agresión térmica. Para que a mí no se me congelen las patas, mientras vos sudás la gota gorda.
 

el bebé flotador

¿El bebé no te flota y este verano estás decidido a irte de vacaciones a un lugar con pileta, playa y/o lago? ¿Ya probaste tirándolo a la bañera llena y lo único que obtuviste fue un video graciosísimo para subir a internet y recibirte como el padre más sádico del mundo?
¿Estás intentando enseñarle a nadar a un ser humano que ni siquiera sabe comer sin atragantarse?
No importa, para cosas como esta existe el capitalismo (?), y por una pequeña suma ya puedes hacerte de un aro flotador para el cogote de tu pequeño, de la afamada marca Swimava
Dentro del agua es un método practiquísimo para dejar a tu niño a la deriva mientras vos hacés una mortal para atrás y te rompés la crisma. Y fuera de ella, resulta un collar divino, estilo "bebé jirafa" con reminicencias africanas. 
No me digas que no es una maravilla. Yo, ya estoy corriendo a comprarme uno.




chiquilines

Ahora que hay un niño en la casa los juguetes de sus padres pasan desapercibidos. Porque claro, ya nadie pregunta qué razón de ser tiene ese Bob Esponja del tamaño de un nene de 5 años. 
El problema surge cuando algún invitadito reclama ese autito tan lindo, ese muñeco de allá, el yo-yo de esa mesita. Ahí es cuando uno de los adultos debe intervenir. 
-No querido, con eso no se juega. 
-¿Por qué? ¿No es un juguete? 
-Sí, es un juguete, pero es mío... y no te lo presto.

 

nadie está a favor del aborto

“Más allá de la moral, la religión, el pensamiento o la cultura, el aborto existió, existe y existirá siempre, porque hace parte de la vida sexual de las mujeres. (...) Una mujer que decida -por el motivo que sea- no llevar adelante un embarazo, puede llegar a pagar tamaña odsadía con su propia vida. Para la gran mayoría de las mujeres, el acceso a la práctica del aborto es económicamente imposible y socialmente inaceptable, lo que la obliga a realizarse a sí misma prácticas violentas, sangrientas y peligrosas. La sociedad entera sabe que las mujeres, ante la desesperación, se introducen en la vagina y el cuello del útero casi cualquier cosa con el fin de provocarse una hemorragia. En esas condiciones pueden ir “legalmente” a un hospital y pedir asistencia por un embarazo supuestamente interrumpido espontáneamente, y todos, absolutamente todos los médicos saben que se trata de abortos provocados, aunque figuren en las planillas hospitalarias como atención de hemorragias por causas desconocidas. Lo sorprendente es que esta realidad sea tan común y que convierta en la atención del aborto en una de las prácticas más hipócritas y engañosas en las que todos somos partícipes. (…)
De modo inverso, a las mujeres con algo de poder adquisitivo, se las involucra en un impresionante negocio montado a costa del cuerpo femenino, avalado por el poder médico, el poder judicial y el poder policial.
En la Argentina, históricamente, contando con un promedio de 1500 dólares estadounidenses, las mujeres pueden realizarse el aborto en condiciones médicas adecuadas. (…) Con el cuerpo de las mujeres se lucra, y mucho. (…) hagamos la cuenta de la cantidad de abortos que se pueden efectuar en un solo día, por un solo médico, en un solo consultorio, sin mayores riesgos… hay mucho dinero en juego.
Llegado el embarazo no deseado, la decisión de realizarse un aborto es siempre controvertida y dolorosa. Ninguna mujer se somete alegremente a un aborto. A nadie le parece un paraje fantástico. Las mujeres lo supeditamos al último recurso, a la única opción posible. A veces, hay una eleccion interna entre la vida y la muerte.
Cualquier mujer que haya decidido abortar, lo único que necesita es acompañamiento, apoyo, solidaridad, comprensión, amor. No precisa juicios, ni castigos, porque estos abundan en su conciencia.
Con respecto al castigo, vale la pena pensar, como sociedad, qué es lo que estamos penalizando en las mujeres. ¿La sexualidad de la mujer? ¿La decisión de decir “no” a la maternidad? ¿La capacidad de hacer uso de su autonomía? ¿La libertad?”
Laura Gutman, La familia nace con el primer hijo.

“La experiencia de las mujeres que abortan no tiene nada que ver con el “aborto” del debate. El aborto es siempre una experiencia trágica.(…)
¿Qué mujer “quiere” abortar? En todos los casos, está en un trance ético, se ve coercionada a tomar una decisión en el aquí y ahora, no hay retirada ni paz. Se encuentra en una situación de la cual no hay evasión posible ya que no decidir implica continuar embarazada. Cada aborto es un fenómeno único, excepcional, absolutamente singular en cada mujer en cada momento de su vida. (…)
Con su legalización no se “resuelve” el problema del aborto. Es que "el problema del aborto" no es resoluble. Como todas las cosas que realmente nos importan en la vida, nunca dependen sólo de su carácter legal (aunque éste determine, como en este caso, el pavoroso incremento de mujeres sacrificadas por la clandestinidad).
La libertad otorgada por la ley para interrumpir su embarazo, no la libera de ese trance angustioso, sórdido o incómodo.
El aborto es ilegal, abortar es delito penal pero las mujeres abortan igual. No tienen el derecho pero tienen el poder.
Hay una distancia irreductible entre el discuro del derecho y el de la experiencia. Y la experiencia del aborto dice que el cuerpo no cabe en el derecho, que la tragedia no se resuelve jurídicamente, que hay poderes no legítimos y derechos impotentes.
Las mujeres ejercen un poder al que no tienen derecho; tienen el poder de infringir la ley. En él reside la fuerza que hace valer la lucha  por su legalización: si la ley puede garantizar el ejercicio de las libertades, éstas no existen más que por un contenido concreto que no proviene de la ley, sino de las costumbres. Quienes rechazan esa fuerza niegan la parte de la leona que las mujeres tenemos en la experiencia, desconocen ese poder como si fuera peligroso. Y lo es."
Laura Klein, Fornicar y matar. El problema del aborto.

 
El 1ro de noviembre se comienza a discutir en la Comisión de Legislación Penal del Congreso de la Nación, el Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. A las 14 hs se convoca una marcha en Riobamba y Rivadavia, Ciudad de Buenos Aires (Anexo de Diputados) y en más ciudades del país.

Nadie está a favor del aborto. 
Yo estoy a favor del aborto legal, seguro y gratuito. 


Educación Sexual para Decidir, 
Anticonceptivos para No Abortar, 
Aborto Legal, Seguro y Gratuito 
para No Morir.






silencio (u hospital)

Domingo de elecciones. Almuerzo post-voto. 

Toma 1:
Llega hermano de Mate con novia y Madre (de Mate).
Mate: ¿No había gente en sus escuelas tampoco?
Hermano: No, muy poca. Hicimos rapidísimo.
Mate: Nosotros también, nos llamó la atención. Espero que la gente no deje de ir a votar porque imaginan el resultado... hay cada salame.
5 min después.
Mate a Cuñada: Yo pensé que vos viajabas... ¿Hiciste cambio de domicilio?
Cuñada: No, esta vez no voté.  Total, ¿para qué?
Silencio.

Toma 2:
Ya en la mesa.
Hijo se despierta de la siesta. Hijo nos ve comer y quiere comer, aunque se haya deglutido un kilo y medio de Vitina hace escasa hora y media.
Mate trae Corn Flakes para que Hijo se entretenga sin bajarse otro kilo y medio de alimento.

Madre: Ay, pero pobrecito, tarda dos horas en agarrar en agarrar un copo!
Mate -irónica-: Es que le estamos enseñando a desarrollar la motricidad fina.
2 minutos depués
Cuñada a Hermano: Yo no tengo motricidad fina. No es importante. 
Silencio.

Toma 3:
Hermano mete los dedos en la torta.
Cuñada lo reta.
Madre se ríe de las pavadas "del nene".
Cuñada: Si seguís haciendo esas cosas te vas a volver a vivir con tu mamita, que te quiere tanto.
Silencio.

El día que los silencios se rellenen con algo, se arma la podrida. 
Yo avisé. 

la belleza real II

Paola Krum me vendió un tratamiento de dermonosequécosa. Algo que te reduce los poros, esos que parecen pozos petroleros abandonados. Y que te deja la piel tersa, brishante y luminosa. Lo de luminosa ya lo tenía cubierto: la grasitud brilla que no te das una idea.
Decía que Paola Krum ME VENDIÓ un tratamiento de dermonosequé, porque yo no suelo comprar productos de belleza. No uso maquillaje, me lavo el pelo con shampoo antialergénico y me baño con jabón ídem (porque sí, Mirta, mi piel es una desgracia). La última vez que caí en las redes de la publicidad me compré una crema anticelulitis con un rodillito en la punta. El cosito, que venía a servir para activar la circulación me dejaba las piernas moradas y horrendas, pero de alisar los baches ni hablar. 
Entonces yo, que no gasto plata en esas cosas, empecé el tratamiento dermonosequé, y a los dos días, como para no sentirme tan boluda, fui a buscar el apoyo moral de Concubino.
Después de 10 años debería saber que el susodicho no se caracteriza por las respuestas que una espera en estos casos, pero no tenía a nadie más a mano.
Entonces, como quien no quiere la cosa le comento:

Mate: 
- ¿Viste que me compré un tratamiento para la piel? 
Concubino: 
- Sí, lo vi. Una marca que no la conoce nadie, ¿cuánto te salió? 
Mate: 
- 150 pé, es barato. 
Concubino: 
- ¡Pero te hubieras comprado una crema buena! 
(keyword: "buena") 
Mate: 
- No, pero dicen que es buena eh 
(¿dicen? Quién dice? ¿Paola Krum?) 
Mate: 
- Y la verdad que yo siento la piel como más suave...
(keyword: "como") 
Concubino: 
- Seeeh, se te nota. Si hasta parecés siete minutos más joven.

07.10.11

tengo que decir algo. porque en momentos como éste las palabras se quedan mudas, y es cuando más las necesito.
no sé si es que la vida se propone mostrarnos, de manera cruel, que la oscuridad es el perfecto reverso de lo luminoso, que se contienen, que no pueden vivir la una sin el otro...

no.
"la vida" no nos muestra. las cosas son, pasan, y dejan de pasar. y nosotros, que no entedemos nada, le ponemos nombres rebuscados, ampulosos, profundos, inútiles.
inútiles, por sobre todo. 

porque a eso que pasa no podemos hacer más que recibirlo, con los puños apretados y una puteada entre los dientes. y no importa cómo carajo le digamos: dios, destino, mala suerte. no sirve para nada.

anteayer festejábamos la vida. 
ayer acompañamos a dos amigos al funeral de su hijito. 
no hay palabras. no existen. 
y en momentos como éste es cuando uno más las necesita.

cuestión de costos

Para los que son padres lo que voy a decir no debe ser inguna novedad. Para los que no, que sirva como aviso.
A los niños se les suelen regalar juguetes. Si el niño es primer hijo/nieto/bisbieto se le suelen regalar muchos juguetes.
Los juguetes son caros. Muy caros.
Pero el niño, ajeno a temas como la pedagogía, los índices de inflación, o los sentimientos de sus familiares, mirará con desdén ese libro parlante e interactivo que hace luces, mientras que podrá estar tres horas jugando con una botella de plástico vacía, una bolsa de Coto o, para peor, el envoltorio de ese Fisher Price que te salió dos millones de pesos ley.
Así que la próxima, vos regalame una bolsa de 72 pañales, que al chico lo entretenemos con cualquier porquería.