en esta puta ciudad

Una cosa es ser pacífica y esta en contra de cualquier tipo de violencia y otra es que me trates de pelotuda. Te lo digo a vos, habitante de la Ciudad de Buenos Aires y alrededores, que te defecas en todas las normas mínimas de convivencia, y andas por la vida incumpliendo cuanta ley hay escrita en los códigos municipales, nacionales y universales con tu mejor cara de boludo, sin que te importe un pito si con tu actitud estás haciéndole la vida miserable a los pobres seres humanos que tienen la mala fortuna de cruzarse con tu persona (o eso que eres). 
Te hablo a vos, pedazo de desperdicio social, que no sólo tenés el tupé de hacer lo que se te canta la real gana sino que además, cuando alguien indica tu falta de respeto hacia la raza humana eres capaz de indignarte y discutir lo indiscutible.
A vos, hoy te quiero comentar un par de cositas.
1. Esas rayas blancas y negras que ves pintadas en las esquinas no son un capricho fashion del ministro de planemiento urbano al que le gusta el animal print. Se llaman sendas peatonales. Y como su nombre lo indica son caminos/senderos/vías demarcadas para que los peatones/gente de a pie/esos pelotudos que olvidas que existen cuando te subes al auto puedan cruzar la calle.
2. Cuando un peatón desea cruzar la calle y en la susodicha calle no hay semáforo hay una regla que se denomina "el peatón tiene prioridad de paso". Esto quiere decir que ese pobre imbécil que está parado en la esquina NO tiene que esperar a que vos pases con tu automovil/colectivo/taxi/camioneta a docientos kilómetros por hora mientras se encomienda a Dios para que no te lo lleves puesto sino exactamente al revés. Sos vos el que debe parar y esperar a que el pobre diablo cruce la calle (mientras se encomienda a Dios para que el que viene detrás tuyo no lo levante como mierda en pala). No me importa si estás apurado, si se te encarnó la uña del dedo gordo del pie y no sentís bien el freno. Si me ves en la esquina pará y esperá que pase.
Que tenga que esperar varios minutos para cruzar la calle porque no hay una sola persona que se digne a cumplir con la ley no sólo me incita a salir con un bate de beisbol a pegarle en la carrocería a cuanto imbécil me cruce, sino que me tienta a pararme delante del tráfico y que me tengas que pagar por buena. 
3. Por otro lado, la senda peatonal NO es un espacio de estacionamiento.  Si ves que el semáforo va a cambiar antes de que puedas cruzar la calle, no aceleres. Y tampoco te enojes si te puteo en todos los idiomas que conozco porque tengo que hacer malabares para pasar entre tu paragolpes y el del estúpido que viene atrás tuyo (que se te pegó, porque es estúpido) intentando no perder una pierna en el proceso. 

4. Y por último, si eres peatón y se te ocurre que cualquier tramo de la vereda es apto para cruzar, no sólo eres de la misma calaña que el cretino del que hablé anteriormente, sino que mereces que ese mismo energúmeno que viene a ciento veinte por una calle de barrio te haga dar tres vueltas mortales en el aire y te revientes el cerebro en el cordón de la vereda (total, para lo que lo usás).

Y en este mismo acto, quisiera agradecer al benemérito y nunca bien ponderado jefe de la ciudad de buenos aires que no sólo ha decidido que es muy divertido cambiar el sentido de la mitad de las calles de la ciudad, sino que en ese mismo proceso hizo que cruzar la calle en ciertas esquinas sea literalmente imposible (por falta de sendas, porque los semáforos se contradicen entre sí, etc.)
Gracias, no veo la hora de sorprenderme con cuatro años más de "gestión".

Estoy en contra de la violencia, pero no me busquen.

 






   

el caos

después de la calma

cuando volvés del país de dondesea
y hay una casilla que explota de mensajes
urgentes
todos

y de problemas
y de errores

y la la la

whatever
la la la

it doesn't matter




de vacaciones

Por eso hace tanto que este blog anda en stand by (si es que alguien se dio cuenta). Porque en vacaciones intento respetar mi tabla de la ley vacacioneril, que consta de algunos preceptos fundamentales. 
A saber:

1. No tomarás el santo nombre "vacaciones"en vano. 
Esto quiere decir que toda vacación debe por lo menos durar 10 días. Quince o más es la medida ideal, pero no siempre se puede (hay un invento del demonio denominado "jefe" y otro denominado "dinero" que en general te impiden irte el tiempo que quisieras a donde realmente te gustaría -por ejemplo, un mes a las Islas Maldivas-). 
Eso sí, un fin de semana largo no son vacaciones, cuando empezás a descansar te tenés que volver. Eso es frustración. 

2. Te alejarás de todo elemento con enchufe como si se tratara del anticristo
Esto incluye la computadora, el cargador del celular (y más aún si es un blackberry o esas porquerías a las que te llegan los mails), el lavarropas, el secador de pelo y/o planchita (en vacaciones se luce el estilo "sovash" o "a la que te criaste") y cualquier otro electrodoméstico, a excepción de la heladera (en la que solo habrá cerveza, gaseosa, cositas para picar y elementos para hacer sánguches.)

3. No cocinarás ni por orden de un juez
La alimentación base de las vacaciones es sánguche. Comprado o hecho artesanalmente. No importa si te fuiste al polo norte y hace un frío que te duelen los huesos (?), ni se te va a ocurrir ponerte a hacer un guiso. Invitate a comer a la casa de alguien, o metete en uno de esos restaurantes tipo tenedor libre y arrasá con todo, pero jamás de los jamases te pongas a cocinar (a no ser que te encante). 

4. Un porcentaje de tu tiempo debe estar dedicado a hacer nada.
Y cuando digo nada es nada.
Si hay que despertarse todos los días a las 6 am para hacer excursiones estás en un campamento del ejército, no de vacaciones.
Tirate panza arriba por lo menos una horita y disfrutá del ocio. Ese ocio que vas a extrañar todo lo que te resta del año.

5. En las vacaciones criarás panza
No te vas a privar de esa milanga a la napolitana que explota de calorías grasas, o de ese salmón, o de ese helado bañado en chocolate porque estás a dieta. Dejá que la balanza descanse un rato, ya está harta de ver tu cara de horror cada vez que te le subís encima. Desabrochate el cinturón, que tus abdominales se relajen y se estiren.
No te preocupes, ya habrá tiempo para bajar ese contrabando de alfajores que llevás encima: el tiempo que hay entre unas vacaciones y las siguientes.

la teta y yo

(A las almas sensibles les va un aviso: en este post se repetirá la palabra "teta" hasta el hartazgo, si le produce escozor o algo váyase a otro lado, gracias.)

Así como no comprendo por qué la panza de la embarazada pasa a ser de dominio público (apta para ser tocada por cualquier badulaque) durante la dulce espera, tampoco entiendo la razón por la que hay mujeres que mágicamente se ponen a mostrar las tetas frente a todos con el pretexto de que su vástago tiene hambre. Sea tomando mate, en una cena, en el bondi, caminando por la calle, frente a la barra brava de Chicago*... la teta sale automáticamente cuando el bebé chilla, como si funcionara mediante un resorte propulsor o algo similar.
Mecanismo que a todas vistas yo no poseo.
No sólo no discuto los beneficios de la leche materna, soy defensora de la teta y he luchado contra pediatras demasiado amigos del "complemento" a base de paciencia y tezón (y pezón también).  A veces dar la teta es trabajoso.
Además de todo eso soy de las que prefiere conservar los pezones en el anonimato.
Me importa un pito que amamantar sea "algo natural". Esa no es la cuestión. Si todo "lo natural" se hiciera en público el mundo sería una porquería mayor de lo que ya es.
La cuestión es que no tengo ganas de hacer públicas mis tetas. En ese caso me hubiese dedicado a ser vedetonga.
Por lo dicho, oh mami con problemitas de ubicación: no me insistas. Vos con tus tetas hacé lo que quieras, yo me las guardo para la intimidad. 
Dejá que me retire a otra habitación para alimentar a mi hijo sin tener que darte explicaciones.
Y si no hay otra habitación, y no hay forma de apaciguar a la bestia, dejá que me corra a un costado y haga malabares con una pashmina para tapar la cabezota del pequeño hambriento, (que ya tiene problemitas de atención y gusta de alimentarse y admirar el paisaje al mismo tiempo, haciendo todo el proceso aún más complejo).
No sé si soy clara: no quiero que mis tetas participen de la cena. 
Y por las bombachas de Fortuna, tampoco me obligues a discutir sobre mis tetas y su producción con todos los presentes. Si somos un grupo de madres amigas, todavía. Pero preferiría no tener que escucharte haciendo futurología sobre el estado de mis pezones frente a toda la oficina; o participar del relato intitulado "el día que me sangraron las tetas" con una sonrisa comprensiva; ni tener que responder a tu asombro porque siendo "tan chiquita" he podido alimentar a ese ser que en 5 meses ya pasó los 8 kilos de humanidad.
Antes me asombraba por la obsesión de los hombres con las tetas. Ahora me asombra la obsesión de ciertas madres. 
Son tetas, las tenemos todas. ¿Podemos por favor pasar a otro tema?
Muchas gracias.

*Basado en hechos reales.

el deporte y el hombre

En tiempos de Copa América, o sea, en tiempos de fútbol hasta por las orejas, comparto algunos datos importantes para que tú, ignorante de los vericuetos de esa especial relación entre ciertos seres humanos y los deportes, sepas cómo conducirte entre tanto gorrobanderayvincha sin morir en el intento.
1. Si es fútbol (o algo parecido), hay que verlo. 
No importa si se trata de Esportivo Villa Tachito vs. Club Atlético Desahuciados de Palomar, del picadito de un grupo de conductores de algún programa de cable, del fútbol-tenis entre estrellas deportivas venidas  a menos en el programa de Tinelli, o del campeonato de fútbol de Nikelodeon*, el hombre que lleva el vicio del deporte en la sangre se sentará frente al televisor cual ratón hpnotizado por el flautista de Hamelin, y así quedará hasta el final del susodicho partido (o del que le siga, o del siguiente). 
No intente conocer la razón de esta hipnosis, las causas serán descriptas con frases indemostrables del estilo de "en esta categoría son todos partidazos", "el fútbol es fútbol"  y tautologías similares.

2. Si no entiendes, no sabes o no te interesa: no comentes.
El nivel de tolerancia de estos seres humanos frente al televisor durante un partido de fútbol es similar al de ese barrabrava endemoniado que hace gestos obscenos a cámara mientras canta "son todos putos, los tenemos que matar". Si tú eres un ser que no comprende la ley del off side, o no le interesa comprenderla, y quieres mantener tu salud intacta, no es recomendable que intervengas con ningún tipo de comentario durante el match. 
Ahora, si entiendes, sabes y eres mujer, hazte valer muchacha. Basta de seguirle la corriente a los primitos lejanos del eslabón perdido que afirman que "la mujer" no entiende el fútbol.
Eso sí, intenta realizar pocos comentarios adyacentes como "qué cara de nabo que tiene Messi" o "ese peinado a Tevez realmente lo favorece" porque aunque tú sepas de fútbol ellos no entienden de estética.

3. El nivel de importancia de un partido puede ser fácilmente medido por el promedio de puteadas proferidas en un minuto, o bien por la carencia absoluta de las mismas.
Si el espécimen putea a los gritos, incluso a santos que se acaba de inventar (como San Araujo, patrono de las corbatas horrendas) o, por el contrario, está frente a la pantalla con los ojos abiertos, sin pestañar ni emitir ningún tipo de sonido, es recomendable salir de la habitación sigilosamente para buscar el carnet de la obra social. Es probable que de un momento al otro al susodicho le agarre un patatús y uno tenga que salir corriendo a llamar a la ambulancia.
 
4. Cualquier deporte en el que intervenga una pelota, es digno de ser visto.
En nuestra infancia los ejemplares amantes del deporte tenían pocas oportunidades de estupidizarse sin remedio frente a la televisación de los deportes: el campeonato de fútbol, algún que otro de tenis y nada más.
Pero gracias al avance de la tecnología y la aparicion de los canales de cable, ahora es probable que tengamos que convivir con un sujeto que frente a cualquier imagen móvil de un ser humano haciendo algo con una pelota, comience a producir baba a raudales mientras dice en una media lengua  "uh, que bueno, el partido de  Kuchevaski - Del Petro" (jugadores ignotos incluso para sus conterráneos) o "uh, mirá, el campeonato de pelota al cesto de Ucrania".
Y si usted tiene la infinita desgracia de poseer canales HD, la torura es doble (y más nítida).


*Nota: esto está basado en HECHOS REALES.

hoy: cualquier verdura

Hoy, en lugar de encontrarme acá, se pueden dar una vuelta por este blog amigo (amigo nuestro y sobre todo amigo de las cosas ricas y sanas; porque sí señor, eso existe!) y pispear una creación culinaria de mi autoría.
Bueh, ni que fuera Narda... Digamos que hice un arrocito y quedó bastante bueno.
Bon appetite!

todos estuvimos ahí

Cuando frente al televisor decís en voz alta "yo no sé qué le ven a este chico", refiriéndote a este especimen masculino, no sólo demostrás un grado de viejachotez inmenso sino que, para peor, estás eludiendo el hecho de que a vos en tu más tierna juventud te gustaba este otro especimen. 

Toda una generación o dos ha sido víctima de Cris Morena. Afrontémoslo y sigamos adelante (?).

quién pudiera reir como llora Chavela


Mestiza ardiente de lengua libre, 
gata valiente de piel de tigre
con voz de rayo de luna llena.
(...)
Por el bulevar de los sueños rotos
moja una lágrima antiguas fotos
y una canción se burla del miedo.
Las amarguras no son amargas
cuando las canta Chavela Vargas
y las escribe un tal José Alfredo.

Joaquín Sabina

excusas

Hace un par de semanas no me subo a la balanza. No sé si es resignación o desinterés. 
En cualquiera de los dos casos, seguiré respirando bien hondo antes de subir el cierre de los pantalones -si es que pretendo ponérmelos-.
Y si la culpa me ataca en algún momento (como por ejemplo después de comer un regio flan con dulce de leche) la atajaré resuelta al grito de "Hace cuatro meses pesabas 16 kilos más. No te podés quejar"  y seguiré mi vida.
Porque el postparto sigue siendo una buena excusa para lucir estos rollos.
Después veré qué invento.




una de amor

No importa que la hayamos visto veinte veces. O que la pasen doblada, horrendamente doblada.
Que nos sepamos los diálogos, y nos riamos de las situaciones incluso antes de que sucedan.
Que aun conociendo el final siempre siempre termine llorando.
Y él siempre estirando los brazos para contener tanta lágrima.
Y los dos mirándonos, y sonriendo, sin decir nada. Porque no hace falta. Porque sería demasiado cursi. Como este post. Como el final de una película de amor. Esos que a veces sentimos tan conocidos.


los padres terribles

Así como el embarazo es descripto por el saber popular (y las dos millones de páginas web del estilo de mundomamita.com) como esa maravillosa etapa en la que repentinamente la mujer se convierte en una dulce y amigable persona que anda por la vida queriendo que cualquier paspado le frote la barriga; una vez que el crío está afuera se espera que inmediatamente los padres vayan por el mundo proclamando lo bello que es tener un hijo y cuánta alegría trae a tu vida.
Y así como del embarazo dije lo que pensaba (y sentía) aunque me atacara el comando de madres fundamentalistas de mundomamita.com, hace dos meses Concubino y yo podríamos haber convencido a cualquiera, a CUAL-QUIE-RA, de que se hiciera una vasectomía o se ligara las trompas. 
Nuestros comentarios no caían muy bien entre el resto de los padres. Y para peor muchos nos trataban de exagerados. 
Cada cual vivirá una experiencia distinta, hay padres que te cuentan que su hijo durmió 6hs desde que nació. A esos padres teníamos ganas de arrancarles los ojos con un tenedor, nosotros, que dormíamos de a media hora.
Hay niños que NO lloran sin parar, que NO vomitan cual poseídos, que NO tienen cólicos, que te dejan cenar o almorzar como un ser humano más o menos normal. Básicamente hay niños que NO son el nuestro.
Si no dormís un día seguramente al día siguiente estés un poco malhumorado. Si no dormís durante un mes y medio te convertís en Freddy Kruger. Y lo que menos querés es escuchar comentarios como "y por qué no hacés tal cosa" o "ese chico es un santo (porque claro, cuando salís el demonio se transforma mágicamente en angelito)", o "peor va a ser cuando corte los dientes" (muchas gracias, me suicido y vuelvo). 
Por suerte J (aka Concubino) y yo tuvimos un par de voces amigas que nos dijeron que todo eso que nos estaba pasando era normal.
Que es normal la angustia, los raptos de ira con el consecuente rapto de culpa (porque sí, a veces te dan ganas de tirar al niño por la ventana y acto seguido te sentís una porquería de persona). Que es normal preguntarse en qué carajo estabas pensando cuando decidiste tener un hijo. Y por qué nadie te contó este tipo de detalles nimios sobre la vida de primerizo.
Es normal sentirte suicida, asesino, depresivo, zombie... una teta en pijama.
Y es normal que un tiempo después (a veces más, a veces menos) todo esto se vaya convirtiendo en un recuerdo y lo maravilloso empiece a suceder. Y que haber tenido que bañarte a las 3 de la mañana porque el pequeño endemoniado te vomitó hasta el caracú te de risa y no ganas de llorar a mares.
Así que por favor, cuando se encuentren con un par de padres primerizos en vías de cortarse las venas con un escarbadientes traten de calmarlos. No les den consejos (aunque ustedes hayan tenido cinco hijos, no nos importa), no les digan que podría ser peor (o aún más terrible que va a ponerse peor). Limítense a escucharlos, y a decirles que eso que les pasa es normal. Que aguanten un poco más. Que son dos padres agotados, pero nunca dos padres terribles.
 

el mundo se divide

entre los que comen el relleno de las galletitas primero y después las tapas
y los que no saben comer galletitas rellenas


Acá encontré una receta para hacer Merengadas, las más mejores galletitas del mundo. (Si las hago prometo fotos de los resultados.)

dime qué buscas... y te diré dónde encontrarlo, pedazo de paspado

Este post iba a ser publicado ayer, pero la que suscribe tiene una tendencia natural a irse por las ramas, y termina haciendo cosas absolutamente diferentes de aquellas que se propuso. Pero como la que suscribe también es cabeza dura, vuelve a sus planes iniciales ni bien su desvarío se lo permite.
Así que hoy quisiera preguntarles, oh público presente, ¿por qué catzos el conjunto de seres humanos al que solemos llamar varones (en todas sus acepciones, por ejemplo esposo/hijo/hermano/tío/padre/etc.) son incapaces, repito INCAPACES, de encontrar cualquier objeto aún teniéndolo delante de las narices?
¿Es una cuestión genética? ¿Es que son todos niños de mamá que se acostumbraron a que su progenitora les alcanzara las cosas ante el más mínimo reclamo?
¿Cómo cornos es posible que yo, oh esposo adorado, marido fiel y compañero inseparable sepa dónde están tus pantalones de fútbol y vos no? ¿Vos sabés dónde están mis calzas de danza clásica? (Bueno, no hago danza clásica pero si hiciera tampoco sabrías dónde están las calzas).
¿Es posible que después de una descripción mi-nu-cio-sa del lugar donde se encuentra aquello que solicitas, oh hermano, oh padre, oh mamerto, como por ejemplo "tu remera de dormir está en el segundo cajón del armario, del lado izquierdo, al lado del short del Pato Donald" vuelvas a mí con cara de perro apaleado diciendo "ahí no está"? ¿Es posible que tenga que mover mi humanidad hasta el susodicho lugar y sacar la remera de DONDE TE HABÍA DICHO QUE ESTABA ante tu cara de absoluto asombro? ¿Qué te pensás, que hago magia?
¿Es que hay duendes que esconden las cosas sólo para volverte loquito?
¿Necesitas anteojos, un curso de concentración, un GPS colgado de la frente? ¿Qué es lo que precisas para encontrar lo que buscas, oh padre, oh marido, oh hermano, ooooh por las barbas de papá noel?
Preguntas. Preguntas a las que no encuentro respuesta... y ya sé que las voy a tener que buscar yo solita.

Padre, confío en tí... vé por ellas

porque antes de ser mamá era mirta rodriguez de nadie...

No hay mujer más pelotuda que la mujer de la publicidad. Te lo digo así porque no cabe otra palabra (o sí, caben muchas, pero la palabra pe-lo-tu-da lleva en su pronunciación la fuerza de la ira). La mujer de la publicidad que: o se la pasa obsesionada por la limpieza (de la casa, de los gérmenes patógenos que trae el roñoso del marido desde la calle, de las manchas de barro en la remera del roñoso del hijo), o se la pasa obsesionada por las arrugas, la celulitis, las canas y la mar en coche... o por el tránsito lento (piedra filosofal del siglo XXI). O  bien que no se obsesiona por nada porque es un cacho de carne a ser saboreado por algún troglodita del sexo opuesto, que será un animal pero es limpito porque se pone mucho desodorante.
La mujer en la publicidad es una pelotuda. Pero por suerte, como no existe la mujer sino las mujeres, y como se puede hacer una publicidad con un poco más de ingenio, hay una excepción a las reglas (las reglas para ser mujer, como exige la publicidad). 
Una mujer que también es mamá, pero no intenta explicarle al hijo que "frustración" es no poder sacar una mancha de la ropa, sino que, intenta sacarse al hijo de encima un rato para hacer yoga sentada en el medio del comedor, o usa los electrodomésticos (esos que le regalaron para el día de la madre ponele) para liberarse más que para estar esclavizada detrás de una olla. 
Una mujer más parecida a las de carne y hueso... debe ser por eso que la tuvieron que hacer dibujada. 

Acá el informe “Análisis y monitoreo de la violencia simbólica en las pautas publicitarias de la televisión argentina”  
 
Y abajo una serie de avisos de Mama Luchetti para que se rian un rato,  que siempre viene bien un lunes. 

Tengo el control total de mi vida....


Limpio, sucio, limpio, sucio... limpio, limpio, limpio!!

Para esto sirve una licuadora


Porque una también tiene sus contradicciones

tres tristes postres

Vas a comer afuera. Las almas gordas solemos disfrutar de tooooda la comida, pero tenemos especial predilección por el final de la misma: el broche de oro, la frutilla de la torta... o sea, el postre.
Aunque estés a punto de reventar siempre hay un lugarcito para algo dulce (y por las bombachas de Fortuna, ¡que las publicidades no me vengan a querer convencer de que un yogurt laxante se puede convertir en postre!). Pero personalmente, y esto no sé si lo podré compartir con alguien porque es una de esas manías inexplicables que tiene una, hay postres que jamás pediría en un restaurante (y casi que no comería en ninguna ocasión). 
No es porque sean feos, no es porque carezcan de la suculencia (?) que debe tener todo postre que se precie de tal; simplemente es porque de sólo verlos sobre un plato me deprimen.  Son postres TRISTES.
Aquí el top 3 (y aclaro que no incluyo a la reina de la tristeza, la gelatina, porque ese liquidito de nada no puede ser considerado postre en ningún lugar del universo).

El queso y dulce.
Batata+máquina o membrillo+fresco, o haga la mezcla que se le ocurra, el queso y dulce es un postre "tradicional", como el mate ponele. Pero ¿alguien se preguntó por qué se llama "vigilante"? Porque no hay postre más amargo, mala onda y carente de gracia. Con ese nombre no hay más nada que agregar. 

Duraznos en almíbar.
En serio, ¿a quién catzos se le ocurre pedir una copa de duraznos en almíbar en un restaurante? Un "postre" cuya preparación consiste en sacar un durazno de una lata y meterlo en un recipiente sólo puede servirse en una mesa familiar, en tu casa, esos días en los que te morís por comer algo dulce pero no querés seguir engordando cual pavo de navidad. No es que los duraznos en almíbar sean muy diet, pero siempre son preferibles al cuartito de helado de la heladería amiga (sí, esa en la que ya deberías tener acciones)

El almendrado
El almendrado, y su prima menor la casatta, postres que por alguna razón están presentes en todas las fiestas navideñas y findeañescas desde que tengo uso de razón. En los restaurantes generalmente los compran para esas fehcas y luego se los van encajando a los pobres diablos que lo piden en julio, sin saber que están comiendose al fantasma de las navidades pasadas.
Imposibles de adornar, presentar y que queden más o menos lindos. Siempre serán un cacho de helado cuadrado sobre un plato. Triste, moooy triste.

casa porota

porque empecé a pensar en esto ni bien apareció la segunda rayita en el Evatest
porque me compré una máquina de coser para hacer los almohadones, banderines y cintas (y después no la usé nunca más, toda una decepción para Concubino que pensó que por fin iba a tener dobladillos en sus pantalones)
porque esas letras de yeso me costaron un perú y rompí como veinte
y porque él todavía ni se entera (aunque se hipnotiza frente a los muñequitos de la pared cada vez que lo cambio) comparto el cuarto de Poroto con ustedes
y aprovecho a jurar ante estos santos evangelios (?) que la máquina de coser volverá a las canchas en algún momento
no desesperes, Concubino, ya dejarás de pisarte los pantalones
si así no lo hicieras, que dios y la patria costurera me lo demanden




aclaración

Hay días en los que quisiera explicarle a cierta gente que "primeriza" no es sinónimo de "pelotuda". Las buenas costumbres y ese tipo de cuestiones me lo impiden, pero estoy por hacerme una remera, así no quedan dudas.

mauricio te adorna los huevitos

Ya lo dije, un político en campaña hace cualquier estupidez para caerle simpático a la gente. Y nuestro estimado jefe de gobierno comunal, el inefable Maurice, podría llevarse el record Guinnes a la mayor cantidad de pelotudeces auto-promocionales por año. 
Esta vez nos demuestra lo que ya sabemos, como para que no queden dudas: que es un verdadero huevón.  
Se ve que a sus publicistas les encanta encajarle gorros de diferentes tipos para demostrar toda la pelotudez de la que es capaz. (Y esta es la única capacidad que le conocemos hasta el momento.)


un ojo de la cara más el 10%

No soy de comprarme ropa de marca porque odio gastar una estupidez en dos trapos (que por otra parte deben haber gastado dos pesos en confeccionar, ¿qué?, ¿me vieron la cara?). Pero -y siempre hay un pero- me haría boquetera y robaría un banco sólo para comprarme TODAS las ballerinas (y algunas zapatillas y muchos accesorios) de este lugar.
A 100 euros el par (más costo de envío) es la única opción que me queda...

echale la culpa... a la ídem

15:54 Mientras trabaja en la computadora y hamaca con un pie a su hijo de casi dos meses que no para de llorar (inconsciente del concepto de stress laboral), Mate se percata de su profunda deshidratación. 
15:55 Mate toma a su hijo entre los brazos, imposibilitada de dejarlo berreando en su sillita por esa maldita tradición familiar llamada "culpa", y camina con el pequeño hasta la cocina. 
15:57 Mate abre la heladera y comprueba que la botella de agua se encuentra en una ubicación poco práctica para tomar con una sola mano. Sin embargo, en un acto de arrojo (y profunda estupidez) decide intentar una maniobra extrema... Mientras sostiene el peso muerto de su hijo, que se ha llamado a silencio, flexiona las piernas para alcanzar la altura del estante donde se encuentra la botella de agua -intentando que la cabeza del niño no quede colgando de su brazo y lo desnuque- y estira la mano. 
15:58 Lo que no toma en cuenta Mate es que al retirar la susodicha botella,  que forma parte de un tetris heladeril, el resto de los elementos circundantes comienzan a moverse para ocupar el espacio liberado. Entre ellos un sifón de soda que rueda y termina cayendo al piso.
15.59 En un instante fatal, Mate ve en cámara lenta cómo el golpe del sifón contra el piso activa el dispositivo propulsor de soda, trabándolo, por lo que el líquido comienza a salir en un chorro continuo que hace girar al envase sobre su eje empapando toda la cocina y alrededores, y que además salpica al niño, que pega alaridos de terror y mueve las piernitas frenéticamente en un intento vano de aprender a caminar en cinco segundos para poder salir corriendo.

Y todo por no dejarlo llorando solito dos minutos.
Un verdadero negoción...

Hay canciones que por más que las haya escuchado cuatro mil veces, siempre siempre con sólo oir los primeros acordes se me pone la piel de gallina.
Esta es una de ellas.
(¡Gracias Banfrula por recordármela!)


la televisión engorda, pero esto es demasiado

Escenario: Farmacity. Para variar hay dos millones de personas haciendo cola para pagar (para otro post deberíamos tratar el tema de por qué catzos en Farmacity se aglutinan todas las viejas chotas del planeta que tardan 20 minutos para pagar dos aspirinas).
Concubino es una de esas dos millones de personas.
Mate espera paciente en un costado cerca de la puerta, porque está con el carro del bebé que ocupa la mitad del local.
De pronto entra una señorita de pelo platinado, corte carré, vestido gris (que con mucha suerte le tapa las partes pudendas) y unos tacos que me dan vértigo de sólo mirarlos.
La mitad de los seres humanos de la cola se dan vuelta para verla. Es difícil no verla: la mujer mide dos metros y tiene una contextura física imponente (por no decir que es un ropero con peluca)
Desde mi posición veo que Concubino mira un segundo y sigue en su mundo. Concubino no reconoce a su madre aunque la tenga enfrente grintándole el nombre.
No es que carezca de vista, carece de la capacidad de conectar un rostro con la persona que lo porta (en general conecta el rostro con cualquier persona), por lo que estoy segura de que no reconoce a la vedettonga.
Al salir del lugar confirmo mis sospechas. 

Mate: ¿Viste qué grandota es Nazarena Vélez?
Concubino: No... ¿cuál era?
Mate: La rubia con vestido gris que entró cuando estabas en la cola.
Concubino: Aaaah, (sorprendido) ¿en serio era esa? Yo pensé que era un trava mal maquillado.

Y después dicen que las mujeres somos lapidarias...

de entrecasa o... me cago en la elegancia

Hay gente, como mi madre, que vive "de punta en blanco". Gente que se saca el maquillaje, con suerte, cuando se va a dormir, y jamás de los jamases pasa del mediodía con el pijama puesto. Que podría salir en cualquier momento a la calle sin temor a ser encerrada por atentar contra el buen gusto. En fin, gente que no tiene nada que ver conmigo.  
Para mí, llegar a casa significa deshacerme de la ropa de calle, y ponerme el uniforme de fajina, es decir, una combinación de ropa horrenda, vieja y ridícula, pero que por sobre todos esos adjetivos es CÓMODA.
Ropa con la que no puedo atender al cartero, ponele, porque el hombre se me reiría en la cara, o me tiraría un par de monedas... Y que debo cambiarme con la velocidad de la Mujer Maravilla cuando, en efecto, el cartero llama a la puerta.
Hablo de esa shoguineta azul marca "Naik" que se achicó y me llega sólo hasta  los tobillos, que combino tan bien con las medias de toalla gruesas y las pantuflas rosas del mismo material; y que remato con una remera que de tanto usarla se volvió transparente...
Por suerte Concubino me acompaña en el estilo homeless chic. Su equipo más hot consta de un short gris topo (el color original de esa prenda es un misterio) agujereado allí donde no llega la vista, una remera con personajes de Disney (a esta altura más parecidos a los muñecos del trencito de la algería  que a los originales) y, por último, las pantuflas pata de oso. Una preciosura, que exhibe con orgullo cuando baja lo más campante a buscar la pizza.
Quiero creer que la mayor parte de la humanidad tiene un equipo de entrecasa,  merecedor del premio "me cago en la elegancia". Quiero creerlo y comunicárselo a mi madre, que desde que tengo uso de razón me repite que "no sabe a quién le salí tan crota". Mi madre siempre tan simpática.
Y usted, ¿cómo viste entre las cuatro paredes de su hogar?
Hágame el favor y contradiga a mi madre... así me ahorro la visita al psicoanalista.
Muchas gracias.


Nota: Este post va dedicado a eterno sindrome premenstrual, que no ha tenido ningún empacho en hacer pública su afición por usar medias con ojotas. Hacen falta más valientes como ella (?) 
 

la no estación

Llega la media estación, ese lapso en el año en el que salís a la mañana con 10 grados y a las tres horas te tenés que meter todo el abrigo que incluiste en tu vestimenta allí donde no te da el sol, justamente porque el sol calentó la superficie terrestre y ahora hacen 25 grados, y vos estás sudado como un cerdo a la parrilla.
Es la época en la que las madres comienzan a decir "llevate un saquito por las dudas refresque".  La media estación, la no estación, en la que todos parecemos salidos de un manicomio, la mitad vestidos de invierno, la otra mitad en chancletas.
Una estación de porquería, en fin... Fea, como usar ojotas con medias.

poné "Carrozas de fuego" y empezá a correr

La maternidad ha abierto ante mí un mundo de disciplinas deportivas que desconocía.  Son pequeñas hazañas que uno debe ir sorteando cada día, mientras desarrolla habilidades que nunca soñó iba a tener que descubrir.
Por ejemplo:

Vómito teledirigo a distancia
Este es un juego de equipos. Por un lado se encuentra el niño, que debe desarrollar el excelso arte de poner la cabeza de tal manera de eludir toallita, babero y su propia ropa y vomitar todo lo que se encuentra a su alrededor, incluyendo la ropa de uno, los muebles y los pisos de la casa.
El adulto, del otro lado de la cancha, debe atajar el susodicho líquido elemento con lo que encuentre a su alrededor, intentando frustrar la maestría del niño, lo que en general no sucede. 

Baño de velocidad
En esta disciplina el adulto debe ducharse en el preciso momento en el que el niño ha decidido dormirse y terminar de hacerlo antes de que el mismo se despierte a los gritos, lo que suele suceder a los cinco minutos.
Depilarse con una mano mientras te lavás el pelo con la otra es una subdisciplina de este deporte, reservada sólo a las deportistas femeninas.

Balanceo de carro con un pie
En este deporte el adulto debe poder realizar una actividad cualquiera (como por ejemplo mirar televisión, cenar, o trabajar en la computadora) mientras mece al niño -apoltronado en el carrito- con uno de sus pies. 
El secreto para llegar a ser un experto en este arte es mantener la velocidad y ritmo del vaivén sin tener que pensar en ello. De lo contrario los llantos del niño le harán saber que lo está haciendo mal. 

Saltos ornamentales en velocidad
En este caso, como en el del baño a velocidad, el deportista debe aprender a saltar de cabeza a la cama, previo lavado de dientes, en pocos segundos, una vez que el niño haya cerrado los ojos, para intentar ganar preciados minutos de sueño. En general el niño se despertará nuevamente el exacto momento en el que el adulto cierre sus ojos, por lo que el salto se repetirá tantas veces como el niño decida joderle la existencia a uno.
    
Seguramente vaya descubriendo nuevos deportes a medida que pase el tiempo. Mientras tanto voy iré haciéndome experta en éstos, que ya son bastante complicados...

obsesión

Escribiendo el post anterior me acordé de una obsesión que poseo, y que no está muy bien vista por el resto de la sociedad (oh, soy una incomprendida)

Cuando llego a la casa de alguien, quien sea, DEBO abrir la heladera y ver qué hay adentro.

Si no, me es imposible permanecer en ese lugar sin enloquecer.
Sépanlo, anfitriones del mundo: mi salud mental es más importante que las reglas de protocolo. 


y si no tienen pan, que les den torta (y así se armó la podrida)

Hace un tiempo que aprendí a ofrecer algo de tomar, de manera casi automática, cuando alguien llega a casa. Fue un proceso arduo, iniciado por recomendación de Concubino, porque jamás me acordaba y parece que quedaba un poco flojo. 
Es que soy una anfitriona a la sanfaçon, nunca tuve muy en cuenta las reglas de protocolo y ceremonial casero, y en realidad me importan un pito.
Debe ser por eso que no logro entender a los fundamentalistas de la anfitrionidad. Esas personas que a toda costa, inlcluso la misma incomodidad de sus invitados, se empeñan en ser anfitriones estresha. 
Como esos mozos pesados que te llenan el vaso cuando nadie se lo pidió, esta gente se siente profundamente ofendida si uno no se atiborra como un cerdo con el excesivo alimento que han preparado. ¿Qué querés que haga si no me entra un niño envuelto más, que me los incruste por las orejas y los use de audífonos?
Son esas personas que al cumpleaños del  hijo/marido/etc. se sienten en la obligación de llevar la torta (casera, obviamente), aunque el susodicho cumpleaños se realice en un boliche entre adultos borrachos saltando y rodando por el suelo, que terminarán utilizando la torta para hacer una guerra al mejor estilo Tres Chiflados.
Mi mamá es una de esas fundamentalistas. Y mi cuñada también. 
El viernes pasado he descubierto que ésta no es una buena combinación. Por lo menos si las dos se sienten obligadas a demostrar sus dotes al mismo tiempo (una por dueña de casa, la otra por madre). 
Todo sucedió en el cumpleaños de mi hermano (ese boludo grandote al que le siguen diciendo el nene). Mi cuñada cocinó durante dos jornadas para alimentar sólo 6 bocas. Mi madre es de las que lleva la torta bajo el brazo. Y mi hermano definitivamente no sabe manejar ciertas situaciones (porque es un boludo grandote). 
Temí por mi salud cuando entré a la cocina y vi la cara de mi cuñada que blandía una cuchilla enorme con la excusa de estar cortando la picada, pero evidentemente quería ajusticiar a alguien. No quise indagar en el motivo de su mal humor, pero debería haberlo supuesto, cuando la vena de la sien estuvo a punto de reventarle en el mismo momento en que Madre ingresaba al lugar con la bendita torta.
Y como soy una ignorante en estas cuestiones, no tuve mejor idea que hablar... ¡de la comida! "No te hubieras molestado, pedíamos algo y listo, así no laburabas", dije, pobre de mí.
Ante esto, la cabeza de mi cuñada giró sobre su eje, sin que el resto del torso modificara su posición, y con los ojos en llamas me contestó:
"A mi casa nadie trae comida"
WTF? 
Por las dudas asentí, como si en esa frase se escondiera el sentido de la vida, y me fui a  cuidar a Poroto, que si tiene hambre grita, y mientras le den de comer no le interesa de dónde venga el alimento. Y si está lleno eructa con ruido, y sabe cagarse estruendosamente aunque en frente tenga al rey de Inglaterra.
En fin, un verdadero sabio. No como el resto, que puede armar la tercera guerra mundial por una torta mugrienta*.

*Hay que aclarar que si a Madre se le prohibía llevar la torta el conflicto iba a ser el mismo... o sea, la única solución era hacerlo en mi casa, o en un restaurante.  

dignidad es callarte la boca

Si querés posicionarte como un político serio pero super cuul podés cambiar el look, peinarte con jopo, sacarte la corbata, pero... ¿es necesario querer hacernos creer que de un día para el otro sos un sex symbol (a pesar de esa cara de nabo que apesta que tenés)?

Y tú, amante de cartulina abandonada por el cara de nabo, ¿podrías ahorrarnos el espectáculo deprimente de tu persona haciendo declaraciones de despechada, y para peor, diciendo que las susodichas declaraciones son para defender tu "dignidad de mujer"?
 
¿Hay necesidá?

mientras dormía...

algunas notas mientras el mostro duerme (¡aleluya!)

pasa en las películas... y me pasa a mí!
En el curso de preparto me limaron el cerebro explicándome que los partos "en avalancha" (esos que salen en los noticiosos y transcurren en cabinas de peaje, colectivos y/o patrulleros) son casos raros. Rarísimos. Que, a contramano del slogan, lo que pasa en las películas NO pasa en la vida.
Lo que no tenían en cuenta es que a Poroto le gustara ser la excepción a la regla...

El guardia de seguridad que me vio entrar al sanatorio renunció a su empleo por considerarlo insalubre. Nadie le dijo que iba a tener que lidiar con embarazadas posesas, que caminan con las piernas abiertas mientras profieren maldiciones en cuatro idiomas y lanzan llamas por los ojos.
El pobre hombre trató de ofrecerme una silla de ruedas. Una hermosa idea, si pretendía sentarme sobre la cabeza de mi vástago, a punto de salir a saludar en el medio del hall.

números
Trabajo de parto: 4hs.
Duración del parto en sí mismo: 30 minutos.
Peridural: bien gracias.
Peso del mostro: 3.775 Kilos
Largo: 52 cm
Verlo salir (hinchado y violeta cual personaje de Avatar): no tiene precio -ni nombre, ni explicación posible-. 

bienvenida
Llegamos del sanatorio, todos ansiedad y alegría. Media hora después Poroto se cagó en mi cama, manchando sábanas, cubrecolcón y la mitad de mi humanidad mientras yo pensaba cómo puede un ser humano de ese tamaño cagar de semejante manera.
Mientras lo cambiábamos -intentando no desnucarlo- procedió a mearse la cabeza (porque entra en el modo manguerita regadora ON cada vez que se ve liberado de los pañales.) 
Y para darle un final a todo lujo, una vez limpio y precioso, decidió vomitarse por completo, emulando a Linda Blair en el Exorcista.
¡Qué besha es la maternidad!
no comments
La próxima vez que escuche salir de la boca de algún adulto frases como: "¿Ese nene no tiene frío?", "¿No le habrás puesto mal los pañales?", "Cuidado la cabeza", "Ya les tomó el tiempo", o consignas similares, procederé a tomar cualquier elemento contundente y lo revolearé directo al cráneo del susodicho adulto intentando dejarlo sin el don del habla (y si es posible de la vida).
Están avisados.

de terror
En 15 días pasé de ser una mujer trabajadora y activa a ser... una teta. 
Una teta zombie. 



Hace cinco días que no duermo. Y sin embargo es difícil convencerme de que no estoy soñando...
Llegó Poroto, y a mí se me fueron todas las palabras.

Simplemente somos felices.