Antes era distinto, estaba mi hermano; me decía: «está ya él que piensa», y yo me dedicaba a vivir. La señal de que las cosas han cambiado para mí no ha sido ni la llegada de los austrorrusos, ni la anexión al Piamonte, ni los nuevos impuestos o qué sé yo, sino el no verlo ya a él, al abrir la ventana, allá arriba en equilibrio. Ahora que él no está, me parece que tendría que pensar en muchas cosas, filosofía, política, historia, sigo las gacetas, leo los libros, me rompo la cabeza con ellos, pero lo que quería decir él no se presenta, es otra cosa lo que él pretendía, algo que lo abarcase todo, y no podía decirlo con palabras sino viviendo como vivió. Sólo siendo tan despiadadamente él mismo como fue hasta su muerte, podía dar algo a todos los hombres. 
En El barón rampante, de Ítalo Calvino


Sigo leyendo. Como no podía ser de otra manera, hija va en contra de todos los pronósticos médicos y resiste. Una ocupa en mi panza.
Hijo se rebela, cada día más. Por momentos me llena de besos, de esos un poco salvajes, que limitan con el mordisco. A los cinco minutos no me quiere ni ver, y llora. Un rato después va hasta el huevito, preparado para transportar a la nueva integrante, y lo mece, y nos explica que esa es la silla de la "mana". Y que ahí le vamos a hacer "nanú" (un "noni" alla Chino).
Marido se despierta cada vez que yo lo hago (unas 200 veces por noche) y me pregunta si estoy bien. Y me hace chistes. Y canta. A las 4 de la mañana, canta, y me hace reir. 
Y yo, leo. Y los amo. A los tres. Aunque a la ocupa todavía no le haya visto la cara.  

regalos

Un teléfono que es un puema.
Dormir un sábado hasta el mediodía, como no puedo desde hace... cuánto, ¿dos años?
Llevar a mi hijo a la calesita, ésa que le aterraba y de la que ahora no se lo puede bajar.
Leer, en silencio, acompañada de la lluvia, mientras los hombres de la casa dormían a pata suelta.

Muchos saludos. Palabras que me llenaron de emoción y de orgullo. Palabras de amigos que nos ven tan crecidos a los dos, a estos padres nuevos y felices. 
Alguna tristeza, también, porque a veces el gris de los días se le pega en el alma a la gente. 

Regalos, muchos regalos. El mejor, haber formado esta familia. 
Este amor que me desborda, que me hace sentir un poco -más- loca.

Y esto (su regalo sin saberlo, porque él canta, todo el tiempo, todo lo que oye, y yo sólo puedo mirarlo y sonreir... y seguir cantando)


señora barriga

Dicen que la naturaleza es sabia. Yo digo que es flor de zorrita...

Para asegurar la continuación de la especie, y debido a que el ser humano es el único animal capaz de reflexionar sobre aquello que le sucede (y por ejemplo, decidir que no va a volver a hacer algo ni por orden de un juez), la naturaleza utiliza la memoria selectiva, o la amnesia ídem, para que una olvide ciertos momentos. Por ejemplo, los dolores de parto. Y más acá, la profunda incomodidad que supone llevar un pibe de 3 kilos en la barriga durante las última semanas de embarazo.

Porque yo, que andaba tan contenta diciendo por ahí que me quedaría embarazada de por vida, que qué besho y qué armoso era todo, no había llegado a este punto. Punto en el que hay un cráneo haciendo fuerza en mi pelvis y unas rodillas masajeando al estilo Chuck Norris mis entrañas. Punto en el que dormir, comer, e incluso caminar se convierten en una tarea sobrehumana.
Punto caramelo, en el que todos hacen conjeturas sobre la fecha probable de parto porque "tenés la panza muy baja" o "se te frunce el ombligo" y otras afirmaciones científicas similares.
Punto en el que empieza a hacer ebullición la ansiedad ajena, y te llueven mensajes y llamados telefónicos para saber si "hay novedades".
Punto límite. 

Para ir redondeando, me duele todo, no duermo un pito, sigo laburando, la gente se está poniendo ansiosa y para colmo estoy engripada hace como dos semanas.

Pisando la semana 37, y pisando huevos (que es la única manera de caminar que encuentro) les digo, queridos lectores: la próxima vez que me escuchen en un arranque Maru Botanístico, diciendo cosas como "oh, qué lindo estar embarazada" u "oh, quiero tener otro engendro pateándome las tripas", háganme un favor y recuérdenme este post.
Les aseguro que se los agradeceré eternamente.

de la necesidad de un sucucho

Cuando empecé a trabajar desde mi casa (hace una eternidad), andaba con la notebook de un lado a otro, bendiciendo la posibilidad de estar ganándome el pan, por ejemplo, recostada en la cama y espiando los programas de chimentos.
Con el tiempo fui descubriendo que este deambular con la oficina al hombro sólo significaba una cosa: no dejaba de trabajar nunca. Porque sí, podía estar en la cama, espiando la televisión, pero eran las tres de la mañana y yo seguía "en la oficina".
Por eso, tener un lugar al que limitar el espacio de trabajo del espacio vital se convirtió en algo imprescindible. Así nació la necesidad del sucucho. Chico, o grande, con o sin puerta, la cuestión es poder, como hace cualquiera, dejar la oficina y llegar a casa, aunque el viaje se reduzca a dar dos pasos.
Hace tres semanas y debido a la próxima llegada de #hija, hube de abandonar mi sucucho para cederlo a la progenie. Los sacrificios de ser madre.
Durante la mudanza estuve perdida. Molesta. Trabajando, otra vez, en la mesa del comedor, en un rincón de la cocina. 
Pero ya está. Tomé posesión del nuevo sucucho (antes conocido como el cuarto de Chino) hace unos días y volví a recuperar mi mundito aparte. Porque aunque se trate de la oficina, también es mi lugar, mi espacio de la casa. Abarrotado de cosas, y libros, y adornitos y muñecos. 
Se los presento. Este es mi sucucho (próximamente me mando a hacer una placa que diga "Mi sucucho" y la cuelgo por algún lado, lo acabo de decidir).






  

leyendo espero

Mientras me calmo, a base de reprimendas médicas y familiares varias, y camino con las piernas bien juntitas porque parece que la niña que cargo en la panza (y pesa bastante) está demasiado cerca de la salida, apurada por conocer el mundo, aprovecho estas noches en las que aún no tengo que dar la teta, calmar a un bebé llorón, o cambiar pañales con mecoño, y leo.
Este año leí mucho. Y leí mucho libro digital. Porque sí, finalmente me compré el e-book reader.
Y para aquellos que estaban en el mismo intríngulis que yo, les puedo decir que es altamente recomendable. 

Compré un Sony, el más simple que encontré. Nada de color, 3G o piripipí alguno. Sólo wifi. 
Le adjunté una fundita que además trae una luz para leer de noche sin molestar al resto del mundo (un gadget buenísimo). Y desde que lo tengo lo amorticé con creces.
A pesar de que amo los libros como objeto, el ebook me da la posibilidad de llevar muchos ejemplares sin necesidad de cargar con ellos a todos lados. Porque si en mi cartera siempre hubo un libro, ahora hay muchos.
Su pequeñez también permite leer mamotretos inconcebibles en papel. Como Los Sorias, ponele. O la saga completa de Juego de Tronos.
Hay mucha oferta de libros digitalizados gratis y en versiones muy buenas (los legalistas hagan la vista gorda, sí, estoy hablando de piratería). Eso sí, algunos libros nuevos no se encuentran en formato digital, ni aún queriendo comprarlos. En inglés es más fácil. 
Podés hacer anotaciones, marcar páginas, resaltar texto, y además hacer búsquedas en internet y en el diccionario, sin moverte de tu librito. Eso también suma.
Y por último, algo que me encantó, porque debido a mis problemitas cerebrales la luz excesiva me hace muy mal a la capocha: podés leer con un solazo terrible encima, que la pantalla se ve perfecto.

Amo mi e-book reader. Nunca tanto como amo un libro de carne y hueso. 
Porque, a pesar de todas las ventajas del mundo tecnológico, para ésta que suscribe, la palabra "tesoro" podría ser ilustrada de la siguiente manera:

My preciouuuuus

 

...tangerin, living reflection of a dream...

Y como lo único que me faltaba hacer en estos días de actividad enloquecida era cocinar, les presento un budín que no puede ser más fácil, y es una delicia. Fuerte competidor del budín de miel, que tiene fanáticos en todas las latitudes (?).

Bueno, prepare el delantal.
Prenda el horno a temperatura moderada (no se haga la demasiado moderada, que si no el coso no se le cocina más).
Tome 3 mandarinas, lávelas con mucha fruición -tomá pa vo-  y córtelas a la mitad. Sáqueles las semillas (o tenga la precaución de comprarlas sin semillas y ahorre un paso. La vagancia ante todo). Sáqueles los cabitos, cositas verdes y demases. Córtelas en pedacitos más pequeños, CON LA CÁSCARA Y TODO (sí, sí, así como lo lee. Parece un ajco pero no).
Ahora licue las mandarinas con 3 huevos, 1/3 de taza de aceite, 3 tazas de azúcar y 3 tazas de harina leudante
Le va a quedar una pasta bastante espesita, con puntitos naranjas. 
Meta la pasta en un molde sabarín enmantecado y enharinado y mande al horno.
Espere a que la casa se le llene de olorcito, se le haga agua la boca, y saque el cuchillo limpio del budín. Ahí lo saca del horno, lo deja enfriar (aleje a marido del budín caliente, porque es contraproducente para la salud de marido y del budín), y luego lo desmolda.
Y listo el pollo. Digo, el budín. 


  

ritmo de espera

Transito la época de empollamiento. Esa en la que me gustaría meterme en un tupper, junto a mi marido y a mi hijo, a esperar el día en el que seremos cuatro.
Por eso el silencio. Porque en estos días estoy diciendo poco, aunque no pare de hacer cosas.
Me siento en el piso a pintar durante toda una tarde, a reformar muebles con mapas viejos, aunque después no me pueda mover del dolor de espalda.
Trabajo, y al mismo tiempo busco ideas para el nuevo cuarto de los niños, para mi nueva oficina.
Y cambio todo de lugar, y reviso la ropa de recién nacido del Chino, y me sorprendo de lo chiquito que fue ése que ahora se para en la venta a gritar "holaaauto, chaaauto" y que se despierta y se va a dormir cantando.
Salgo a comprar cosas para poner en acto mis ideas, y llego con dos vestiditos que no estaban en los planes. Y me prometo no ceder más a la tentación. Y sé que no me voy a cumplir.
Y todo lo hago junto a ella, que se mueve sin parar, de día, de noche, de madrugada. 
La veo "asomada" por debajo de mi piel, y la persigo con los dedos. Ella, tan inquieta como yo. Ella, que también espera el día, su día. 

Y así andamos. En silencio. Esperando, mientras nos movemos... las dos, al mismo ritmo.

se7en

Hace como dos mil años, Fer, una amiga de la casa, me pasó un meme que no pude responder por estar en la casita de las sierras panza arriba. Así que, por más tiempo que haya pasado bajo el puente, aquí me tienen, contestando.
En lugar de 7 secretos voy a contar mis 7 pecados capitales. Porque sí, si creyera en Dios seguro que debería temer el infierno.

Ira
Parte de este blog está compuesto por las cosas que me sacan de las casillas, lo que sucede con alguna facilidad. Últimamente me está poniendo en “asesino de Denver mode on” la gente que no lee los mails. No hablo de la gente que no abre sus mails, sino de la que abriéndolos, le pasan con los ojitos por encima al texto, como si esas letritas que están ahí todas juntas no tuvieran ningún significado.
A las palabras se las lleva el viento, pero decime papa frita, si lo que te pido está por escrito, ¿por qué catzos sos incapaz de darle pelota? ¿Cuántas veces tengo que repetir la frase “como te dije en el mail anterior” sin sentir que escribo en ruso, o que soy una boluda a cuerda?

Lujuria
No comments.

Gula
Tengo problemitas con la ingesta de dulce de leche en raciones humanas. Ya lo he dicho: el record de velocidad en hacer desaparecer un kilo del bendito potaje es mío, y no me lo saca nadie.
No sólo le pongo dulce de leche a los postres Ser (decime ¿para qué compro un postre light si le voy a mandar una cucharada de DDL encima?), al helado, a las frutas (dícese de manzana verde, mandarina, banana y la mejor de todas: frutillas) sino a las tortas que ya vienen con DDL, chocolate y otras cosas empalagosas.
Porque nunca es suficiente dulce de leche.
Necesito una intervención de Dulcedelecheros Anónimos ya mismo.

Soberbia
Desde que tengo uso de razón llevo a la autoestima medio a la rastra, por lo que no puedo jactarme de mucho. Peeero, ¿saben qué? MI hijo es el MÁS MEJOR de todo el universo.
Y después de decir eso, también podría agregar que soy la madre más original de la historia humana.

Pereza
Cuando era niña me rehusaba a dormir la siesta. Hoy le tiraría de las colitas a esa misma niña, por desperdiciar tanto sueño. Mi reino por unas horitas de modorra diaria. Y por despertarme después de las 10, y dormir 12 horas de corrido como en las viejas épocas.
Dormir es mi anhelo más profundo desde que tuve un hijo. Y lloro pensando que, en breve, va a haber otra criatura gritona en la casa impidiéndome pegar un ojo en toda la noche.
Mi hijo está quince minutos a los gritos porque yo soy incapaz de mover mi masa corporal de la cama cada mañana. Odio madrugar (lo que sucede si me despiertan antes de las 9). Nunca voy a entender a la gente que se levanta a las 7 am un sábado, o a la que pone el reloj dos horas antes para prepararse antes de salir. Con tal de tener cinco munitos más de sueño, te duermo vestida, maquillada y con la cartera en la mano.
Por eso, felices los que duermen a pata suelta, porque de ellos será el reino de los sueños.

Avaricia
Este vicio no se relaciona con la plata, sino más bien con la acumulación innecesaria de objetos inútiles de todo tipo. En un futuro temo aparecer en ese programa horrendo que se llama acumuladores o algo así. Porque mediante la frase "esto me puede servir más adelante" me lleno de porquerías que jamás en la vida usaré, pero tampoco puedo tirar. Últimamente colecciono tarros de vidrio. Están todos vacíos en un placard, ocupando espacio. Pero ya los voy a usar, aunque los tenga que rellenar de pelusa.

Envidia
Envidio profundamente a la gente que va por la vida sin que le importe un pito la opinión ajena. Con el tiempo aprendí a restarle algo de importancia, pero como dije antes, como mi autoestima viene a la rastra desde que la tengo, siempre me costó hacer y decir sin pensar en el qué dirán. Y me torturo. 
Por ejemplo: conozco a alguien, entablo una conversación semi humana (no soy un as de la charla) y cuando esa persona se va estoy todo el resto del día analizando cada cosa que dije, o que no dije, recordando cada vez que me puse colorada (porque encima me sonrojo por todo), y siempre llego a la conclusión de que la gente debe pensar que soy medio tarada.
Por eso, a vos, que decís cualquier burrada y no se te mueve un pelo. O que salís por la vida vestida como para ir a un baile de disfraces, ponele, a vos, te odio. No porque quiera ser una burra, o una ridícula, sino porque la carencia de autocrítica sólo me recuerda el exceso que llevo a las espaldas.

¿Y usted? Se abre el confesionario. 
Acá nadie lo va a mandar a rezar un padre nuestro al final. Es más, seguro que terminamos aplaudiendo sus vicios. Lo escuchamos atentamente.
   

postales de paz

El viaje de vuelta estuvo cargado de tristeza. Esa tristeza singular que nace del tiempo que sabemos bien aprovechado, palmo a palmo, con los ojos perdidos en el ruido de un arroyo, en las manos sucias de un hijo, en la respiración pausada de ese que siempre anda por la vida rapidito.
Esa tristeza del volver a la ventana que sólo sabe dar a otras ventanas. Tristeza gris, monónota; de ciudad que encima llueve. La muy pedante.
Y aunque en las venas me corre un poco de cemento. Y aunque no concibo una vida alejada de este ruido infame de bocinas, de caras de culo a granel, de lucecitas a toda hora, qué bien vienen las cuotas de otro mundo. Como globulitos homeopáticos de paz. 
Un tratamiento de sólo cinco días. Y volver alegre, y tranquila, y triste al mismo tiempo. Después de haber saludado a los pajaritos que nos vinieron a despertar todas las mañanas, al arroyito que nos enfrió las manos y nos calentó un poquito el alma, a los animalitos que solemos ver desde la ventanilla, ahora pastando por ahí en el "patio". 
Volver, después de haber tenido todo el día, completo, para mí, a esos dos atorrantes que hoy veo de a ratos. 
Volver, pensando en regresar. A la casita de las sierras. Al arroyito. 
Ya será. 
Mientras tanto, me quedan los recuerdos, y algunas postales. De la calma, de la felicidad. Esa cotidiana. De las cosas chiquitas.
La única que vale la pena. 

espiando la infancia televisada

Ser madre no sólo es educar, poner límites, comer sobras y aprender a taparse las manchas que el pibito se encarga de hacerte siempre cinco minutos de salir. También tiene momentos mágicos, como compartir un rato de televisión.
No voy a salir con "en nuestra época la televisión para niños era mejor" porque me acuerdo de la boluda de Xuxa y de la caradura de Patsy (que hacía lo-mis-mo que Xuxa pero made in argentina, pedazo de chorra) y me sacaría las córneas con una cucharita de té. 
Pero en estos días de vacaciones, en los que estuve sentada más de la cuenta frente a canales como Disney Junior y Baby Tv (porque no, a hijo no le gustan los mismos dibujitos que a mí. Mirar Bob Esponja o Pucca no hubiese sido problema y de pakapaka sólo los Chikuchis, es un dictador el enano) me surgieron algunas preguntas/reflexiones.

- ¿Por qué Mickey habla en ruso? Si no, explicame qué es la frase que inicia su programa  "Mishka, Mushka, Mickey Mouse", que incita a repetir como un mantra. Esto en la guerra fría no pasaba.
- Yo recuerdo a Mickey y sus amigos, todos crecimos con el ratón de voz alla Buonanote. Lo que no recuerdo es que fuera taaan goma. Otra cosa que no recuerdo es que Daisy fuera ¡tan trola!
- Los programas donde el niño debe responderle a los personajes, que se quedan mirando la pantalla como estúpidos durante dos o tres segundos, es uno de los peores inventos de la humanidad. Cuando el niño no contesta, porque no sabe hablar ponele, se produce un silencio de esos que sólo pueden reproducirse en un ascensor al que subieron dos vecinos que no se bancan. Y cuando el niño sabe contestar, a los dos minutos entiende que en realidad nadie lo está escuchando. Basta de dibujitos interrogadores. La próxima vez que Dora la exploradora me pregunte por qué camino debe ir, voy a gritarle que se consiga un GPS y me deje de joder.
- No sé a qué psicopedagogo se le ocurrió que cada dos palabras en castellano metan una en inglés para que los pibes vayan aprendiendo la lengua del imperio desde chiquitos. Evidentemente a un spicopedagogo del imperio. Ahora, el pibe ¿aprende algo además de cómo parecer un poco esquizofrénico? ¿O después anda por la vida hablando como un latino ilegal residente en los EEUU?  Hola don Pepito, hello don Pepito! Si Gaby, Fofo y Miliky vieran esto se arrancarían la nariz de payaso a mordiscones entre ellos.
- Debe haber algún estudio al respecto, y debe tener que ver con la educación temprana de nuestras niñas para que sean futuras mujeres reventadoras de tarjetas de crédito. Si no, decime por qué el 80% de las publicidades son de juguetes para nenas. Entre ellos, el shopping de las Pin y Pon, las mil cositas de Barbie, las princesas, y las valijas de maquillaje de Juliana (que hace unos avisos que dan miedo).
- Y además decime en qué universo paralelo a una nena le puede gustar una muñeca diabólica a la que se le enciende la cara.
- Entre otros juguetes vi uno que no pude encontrar en youtube, pero se trata de un juego de mesa para toda la familia, consistente en un perro al que le ponés cosas por la boca... y ¿adiviná por dónde le salen? No sé cuál es el objetivo del juego, y quién gana. Pero tampoco quiero averiguarlo.
- Y por último, quiero tomar lo mismo que los que hacen los programas de Baby TV. En serio. Si en ese canal hicieran antidoping antes de entregar el material, no queda nada...

Y usted, que miraba a Carozo y Narizota, que ahora dan las noticias, y se le eriza la peluca cuando Panam le canta a un cangrejo cuya principal característica es hacer caca frente al resto... ¿qué ha visto de esta TV para la niñez moderna que le llamó la atención? Cuente, así hacemos catarsis de entre todos. Que acá no va a venir ningún pequeño imberbe a retrucarnos que todos esos comentarios sólo podemos hacerlos porque ya estamos viejos y chotos.

yo quiero mi medalla

No hay nada como mirar los juegos olímpicos, desparramada en el sillón, comiendo un muffin de chocolate, en pantuflas, mientras se hacen comentarios tales como "saltó demasiado pronto", "ese yankie es un muerto", o "con Cachito Vigil esto no pasaba". 
Y no es que repentinamente una se haya convertido en una experta alla Bonadeo; una, que tiene menos deporte que la revista Living. Es que una podría llevarse varias medallas, si en los juegos olímpicos se reconocieran disciplinas más mundanas, que exigen capacidades singulares, pero que nadie reconoce.
Porque, si pensamos un poco, todos podemos ganar una medalla de oro. Porque todos escondemos una capacidad innata que nos caracteriza, que nos eleva sobre el resto de los mortales, y nos hace únicos. Como Michael Phepls, pero sin músculos, y con un poco menos de cara de nabo.
Por ejemplo:
- Mi vecina de arriba tiene el récord olímpico en "lanzamiento de objetos contundentes al piso". Y es campeona universal en "arrastramiento de muebles pesados". Una gla-dia-do-ra.
- En la categoría "vaciamiento de potes de dulce de leche a velocidad" soy insuperable. Pero también me destaco en "carrera desorientada y extravío por las calles de Buenos Aires y alrededores", y "emanación de lágrimas por cualquier pavadita", entre otras tantas. Soy una atleta completita... 
- Mi madre tiene el récord mundial en "envío de mensajes de texto incomprensibles", "lanzamiento de comentarios culpógenos a la progenie" (en esta disciplina está cabeza a cabeza con mi suegra) y "resistencia a las opiniones ajenas".
- Mi cuñada se lleva el premio en "disparo de comentarios desubicados en almuerzos familiares" y es velocista en "colocación de cara de culo al piso".
- Mientras que Concubino, se lleva el oro en remo y "natación en pileta de Nutella en reuniones aburridas"; además tiene especial capacidad para el "giro olímpico cual calesita antes de salir de la casa" y "resistencia en posición de potus frente al televisor".
Y usted, querido lector, ¿en qué disciplina se destaca?
No sea humilde, y reclame su medalla.  

the sillita gate

Trato de no discutir con mi madre. Treinta años de clases intensivas de chocar con una pared de sordera, me han enseñado que la mayor parte de las veces es preferible decir "tenés razón" o directamente hacer silencio, a gastar las energías vitales en querer hacerle entender algo a una persona que cree que su cosmovisión es la única posible. Y que los demás somos todos medios opas. 
Desde cuestiones políticas a temas tan triviales como explicar que un xilofón para un niño de 6 meses es tan divertido y tan seguro como chupar un clavo oxidado (y el niño encontraría más diversión en el clavo), llevarle la contraria en algo es una tarea titánica.
La última batalla se está desarrollando alrededor de una sillita. 

No sé de dónde sacó, mi madre, que existe una tradición familiar por la cual "cada uno tiene su sillita" (de esas que en general vienen acompañadas con mesitas ad hoc y donde los niños hacen que toman el té o pintan). 
ELLA es la que tiene sillita. Y un día, en plena adolescencia, me encajó un banquito a mí, imposible de rechazar, por estar pintado con sus propias manos. ¿Para qué catzos podía querer un banquito a los 17 años?
Mi hermano nunca supo de sillita.  Por lo que, o no es considerado parte de la familia, o la tradición hace agua por todos lados.

La cuestión es que cada vez que puede, mi madre, me dice que le va a comprar LA sillita al Chino. "Porque todos tienen su sillita".
A esta altura del relato me tiraría por la ventana con tal de no soportar la frase antedicha una sola vez más. Pero tengo deberes de madre.
Le expliqué que no tengo lugar donde poner la sillita, gracias a ella misma, que antes de esta batalla se empecinó en traer un caballito del tamaño de un pony para que el niño lo montara (el niño, con 9 meses, lloraba a mares cada vez que veía al susodicho caballito del demonio). 
Le dije que el niño no sabe cómo carajo se usa una sillita, y que se va a romper la crisma.
Le dije que una sillita sola es un embole para cualquiera, que debería tener su mesa. Y que si no me entra una sillita menos me va a entrar el jueguito completo.
Finalmente le dije que si se aparecía con una sillita en mi casa la iba a usar de madera para un asado.

Pareció entender. O me dejó creer que entendía.
Porque un domingo de estos que pasaron, fuimos a almorzar a su casa. Y cuando abrimos la puerta, en el medio del comedor, desubicada como vegetariano en Siga la vaca, ¿qué había esperándonos? Una sillita. 
No la compró, era su sillita. 
Su idea era corroborar ante los ojos del resto, los opas que no saben nada de la vida, que el niño se iba a divertir un montón con la sillita.
¿Y qué hizo el niño?
Miró la sillita, se subió a la sillita, y se balanceó hasta caer como una bolsa de nabos de la putísima sillita. 
Y con esto, ¿corroboró mi madre que el niño aún no está en esa etapa de su desarrollo que le permitiría, al menos sin matarse, seguir la tradición familiar inexistente?
¿Eh?
¿Qué creen ustedes, queridos lectores?
Al ver al niño desparramado en el piso y llorando, mi madre, toda comprensión, exclamó:
- Y claro, no sabe cómo usar la sillita... ¡porque no tiene ninguna!

Si me pego un corchazo, cualquier día de estos, no se pregunten por qué.  

el mundo se divide

Entre los que gustan de charlar con el taxista,
y los que NO
(y le rezan a todos los santos para subir y que el susodicho sea mudo)

si sortean casas por lotería, por qué no sortear el menú semanal

Hace un tiempo puse a consideración de esta honorable asamblea (?) ese problemita universal que surge cuando, cada noche, nos preguntamos "¿qué comemos?" y se arma la de San Quintín. 
Los integrantes de este foro me dieron varias ideas, y de ellas salió lo que hoy cuelga de mi heladera y hace dos semanas pongo en práctica: el "Menú semanal por sorteo o licitación".

A pedido del público, cuéntoles cómo funciona.

Preparación:
1. Durante un par de días estuvimos, junto a Concubino, recolectando platos y recetas que hacemos siempre, algunas que teníamos olvidadas, y buscamos nuevas.
2. Luego las separé en categorías (pongalé: carnes, verduras, pastas, tartas, arroces... y así).
3. Armé tarjetas con los platos, sus ingredientes, y una breve explicación de la preparación (que sirve para platos nuevos, o para Concubino, que sólo recuerda cómo se hacen los fideos.)
4.Finalmente, (y durante un domingo de superacción en el que además cosí dos dobladillos, dos fundas de almohadones y  una bolsa en la que mandé el regalo para mi ahijado), armé un "panel" de donde cuelgan las tarjetas.

Funcionamiento: 
1. De los siete días de la semana, el menú funciona durante cinco. Los otros dos se pide o se comen sobras, o se hacen sámbuches.
2. Cada domingo (que es cuando hacemos el pedido del súper) se sortea un plato por categoría. Con eso tenemos los ingredientes que hay que comprar para cocinar toda la semana. 
El sorteo es la parte lúdica de la cuestión, elegimos números, cerramos los ojos, tiramos las tarjetas por el aire cual secretaria de Sofovich, qué se yo... si se tienen niños quizás hasta sea un momento divertido de la familia (ah, ella se comió un capítulo de la Súper niñera y se hace la pedagógica.)
3. En cada categoría, además, hay tarjetas en blanco, o comodines, que nos obligan a buscar una receta nueva de dicha categoría. 
Sólo se puede sacar un comodín por semana.
4. Las tarjetas usadas se van guardando aparte, para que no entren en el sorteo de la semana siguiente, y los platos no se repitan.
5. Cuando se gastan todas las tarjetas, se recomienza el sorteo desde cero. Cuantas más recetas se tengan, más variedad en la alimentación familiar, y menos repetición de platos (y de la frase "otra vez arroz???").

Obviamentese si uno tiene unas ganas locas de comerse una grande de napolitana (y no dormir en toda la noche porque no puede más de la acidez, cof cof), o de cocinar mondongo, no importa lo que diga el menú. La idea es eliminar el conflicto inútil de cada día. Y colaborar a lograr la paz del mundo.

Confección del panel: cinco broches, un cacho 'e goma eva, un sobre con las tarjetas a ser sorteadas, un sobre para las tarjetas ya utilizadas, un sobre para las tarjetas en blanco (que se irán rellenando a medida que salgan los comodines -y que también se pueden usar para hacer la lista de compras-.) Y listo el pollo... o lo que haya salido en el sorteo.


encadenadas

parame la moto
Ayer me percaté, con asombro, que el fin de semana entro en el último trimestre de embarazo. Que alguien me explique cómo caraho se pasaron 6 meses y yo ni me di cuenta.
Y que alguien me explique cómo caraho voy a desarmar la casa para reubicar a sus habitantes si sigo tan pancha, rascándome la barriga mientras como toneladas de dulce de leche...

la bola loca
porque estaríamos en condiciones de afirmar que si me pegan un empujoncito a la entrada de la autopista, te hago Buenos Aires - Mar del Plata en tres horas y media, rodando.
Todo gracias al antojo de chocolate y dulce de leche, y a los budines de miel que salen del horno como tormpada de manco. 
Y pensar que en el embarazo anterior se me antojaba comer frutillas.

la segunda
Lo que pasa es que dicen que todos los embarazos son diferentes, son únicos, y piripipí (para más frases hechas, diríjase a mundomamita.com). Lo que no te dicen es que si en el primer embarazo tenías a toda tu familia encima hinchándote -más- los tobillos, dándote consejos que no pediste, preguntando gansadas y tratándote como una inválida; en el segundo embarazo nadie te pasa ni la hora. No sos novedad, y si encima tuviste el tupé de tener un pibe seguidito al otro, no sólo no sos novedad, sos bastante loquita.

la noticia
Porque a diferencia del primero, las reacciones de la gente cuando contaba que estaba (nuevamente) embarazada, pasaron del asombro a la penita sin escalas.
Escuché cosas como "pobre madre", "la que te espera" y "ay, ¡qué extraño!" (¿extraño?, extraño es que la Virgen María quedara embarazada de una paloma, no esto) y una sarta de expresiones más cercanas a la condolencia que a la alegría.
Pero la que se llevó todos los premios fue madre, que se enteró en el mismo momento que nosotros, y a pesar de nuestras sonrisas de oreja a oreja, nos miró, puso una cara indescriptible (mezcla de mujer de publicidad de Activia antes de tomar el yogurt, y paseante recién salido del tren fantasma) y dijo "aaay, msjhldfugsrbhaaeir". 
Un verdadero momento Kodak.

historia de una pared

Cuando nos mudamos a esta casa hubo que hacer muchos arreglos, entre otras cosas, repintarla completa. Había tantas posibilidades que casi enloquezco, pero opté por pintar todo de un mismo tono de blanco (un blanco que no lo es) y una pared de color en cada cuarto. 
En el mío, además, planifiqué poner una "mocheta" (se me ocurrió una idea y me enteré que se llamaba mocheta) de lado a lado en la susodicha pared de color, para ubicar cuadros y adornitos pequeños encima.
Eso nunca sucedió. 
Después planifiqué poner estantes en diversos niveles.
Eso tampoco sucedió.
Y así fue pasando el tiempo, y todas mis decisiones acerca de la pared quedaban en la mera idea. Y la pared seguía tan mustia como siempre.
Hasta que un día, de esos en los que me ataca la actividad febril (como este domingo, ya contaré al respecto), agarré los portarretratos sin pintar que había comprado hacía un año, un papel (¿crepe?) con el que me habían envuelto una taza, pintura, plasticola, armé cuadritos y finalmente los pegué a la pared con cinta doble faz.
Y ahora, cada vez que entro a mi cuarto, la pared me recibe llena de recuerdos, que seguirán aumentando con el tiempo.
Esa es la historia de esta pared. 
Ahora, llena de nuestra historia.



oda al publicista


Oh tú que eres el obrero
del arte capitalista,
ése que con gran premura
me vende cualquier verdura.

Oh tú que a tu mente obtusa,
la esfuerzas hasta el martirio,
y le vendes al incauto
desde un auto hasta colirio.

Hoy vengo a cantarte a tí,
Oh fiel padre del anuncio,
poetizo de la promo,
hacedor de los concursos;

Hoy vengo a cantarte a tí,
y de rimas hice un curso,
porque en tu prosa me veo,
y es horrendo tu discurso.

Pues me pintas cual esclava,
para vender lavandina.
Soy una sierva inliberta
de la Señora Cocina.

Pero si de Axe se trata
sólo soy un par de tetas,
un culo de dimensiones,
con cerebro de mamerta.

¿Acaso no sabes tú,
y tus otros camaradas
que mi sangre es bermellón,
rubí, roja o escarlata?

¿O es que acaso te confundes
ya entre todos los avisos,
y te crees que en mi útero
hay ríos de limpiapisos?

¿Por qué de mis tripas haces
un problema, un lamento,
encadenando mi suerte
al puto tránsito lento?

Músculos firmes, piel tersa,
sin rastros de grasitud;
y si soy vieja y me pisho,
¡llegó la "maduritud"!

Esa palabra oh creativo
no existe en el español.
Quizás sea un concepto nuevo
de tu idioma, el "menstruñol".

Lo que es yo, hablo castizo,
digo las cosas de frente:
tus avisos me dan asco,
me hacen querer matar gente.

Pues me tratas de boluda,
o de carne al matadero,
y pa’ que lave la ropa
Axel me canta un bolero.

No sé de dónde saliste,
si tienes madre o hermana,
pues para tí las mujeres
son todas pelafustanas.

Pero de algo estoy segura
Creativo Publicitario,
si llegas a ser mujer
me rebano los ovarios.


Esta pieza poética es la segunda incluida en el libro "Te rimo cualquier pavada", de próxima aparición en todos los kioskos de diarios de Paternal. Pídalo a su canillita amigo ya mismo!

de por qué no sé cómo ser madre de una hija

Cuando era chica mi madre siempre repetía que era una varonera, o bien una machona. Mientras el resto de las niñas jugaba a la payana, yo me trepaba a los árboles como un mono, o me subía a un terraplén y volvía toda roñosa y magullada.
En la adolescencia me decía "sos una crota, no sé a quién salís", mientras se le deshacía el brushing del espanto al verme lucir los jeans de mi papá con toda naturalidad. Eso y unos mechones de pelo violeta y verde que ahora imagino me quedaban horrendos.
No me maquillo, hace cinco años que no piso una peluquería, nunca me hice las uñas. La cera depilatoria me da alergia y los shampuses con aditamentos que te dejan el pelo hermoso y brillante, también. Mi cabello no está hermoso ni brillante, y está cortado a la que te criaste, pero no me pica.
Odio ir de shopping, odio el rosa, a las princesas de Disney, y muchas otras cuestiones que se consideran "femeninas".
Podría agregar que gran parte de lo que la sociedad considera como estrictamente "femenino" me parece una pelotudez, pero eso es tema de otro post.
No sé nada de todo ese universo.
Pero de lo que menos sé es de tener una relación madre-hija que no esté siempre al borde de la catástrofe.
No sé cómo es una charla de compinches con mi mamá, de confesiones, porque su mirada siempre me inspiró miedo. Porque mi madre considera que puedo llegar tan lejos, que cualquier paso que dé siempre se queda corto. Entonces, no importa qué hiciera, yo "podía más".  "Vos podés más", una frase que frente al espejo me traducía como "no sos lo suficiente". 
No sé cómo es una charla profunda madre-hija porque mi mamá siempre prefirió escribirme. Y por mucho que digan, las cartas no abrazan. 
Mi mamá no me enseñó ni me habló de esas "cosas de mujeres", quizás porque yo era demasiado machona para su gusto; pero también porque ella "no estaba ahí para ser mi amiga".
Sé que me ama con locura. De eso estoy segura. Los años nos acercaron, y hoy no le temo tanto a su mirada ("tanto", porque sus comentarios a veces siguen doliendo). Hoy sé que un error es tan humano como un acierto. Y que no soy ningún diez. Soy lo que me va saliendo.

Pero entonces, ahora, voy a tener una hija. Y tengo miedo. Porque no conozco otra relación que no sea una siempre al borde de la catástrofe. Porque también fue así la historia que vivió mi madre con la suya.
Ya amo a esa bebé que todavía no conozco, pero tengo miedo. Ese miedo de que llegue el día de mirarme al espejo y volver a sentir que, antes como hija y ahora como mamá, no fui lo suficiente.
 

lo pedís, lo tenés...

Como este blog es democrático y respeta el voto de las mayorías...

Y como con Concubino nos caracterizamos por ser muuuy prolijitos...

VAMOS A TENER UNA NIÑA!!!!!

Ahora se viene la búsqueda del nombre. Y refrenar mis ganas de salir ya mismo a comprar vestiditos...

que salga por lotería Nacional, y chau picho!

Llega la hora maldita, y nos rehuímos la mirada. Si no te miro, y no me ves, nadie pregunta. Pero el escape no dura mucho. Los estómagos llaman, más que preguntar rugen. Y entonces alguien lo dice, porque hay que decirlo. A no ser que tengas un plan. 
Nunca hay un plan.
¿Qué comemos?
Y se arma la podrida.
Porque a vos lo único que se te ocurre hacer son fideos, o vos podrías comer pizza todos los santos días.
Que no tengo ganas de cocinar, pero menos tengo ganas de pedir
¿Y entonces?
Terminamos en el arroz con manteca, los fideos con salsa o las sobras de la semana pasada... Y así no se puede.

Hay que tener un plan. 
¿Se puede tener un plan?
¿Se puede planificar la comida de toda la semana para no caer en el momento crítico del "qué comemos"?
¿Hay gente así de precavida y organizada?
¿Puedo ser YO tan precavida y organizada?
¿No me aburriría ser tan precavida y organizada?
¿Y si hago 14 papelitos con platos diversos y lo que se come sale por sorteo?
Para eso necesito 14 platos. Bueh, ponele que son menos, porque al pobre niño lo hago almorzar polenta cada dos por tres.
Ponele que hay que pensar una x cantidad de platos, fáciles y ricos. Y ponele que los anoto todos, y después hago el sorteo semanal.
¿Puede funcionar?
 
Necesito pensar en los platos.
Necesito ayuda.
¡Ayuda!
 
Lo dicho: qué difícil es ser precavida y organizada, caraho.

quede como una reina, usted que es una poligrilla

Me gusta comer rico. Y me gusta cocinar. Cocinar, que no es lo mismo que hacer la comida.
Entonces llega ese momento del día, tremendo él, oscuro, aterrador (?), cuando surge la pregunta "¿qué comemos?", y mi cuerpo y mi mente se debaten entre el cansancio de comer otra vez fideos, o tarta, o arroz, y el cansancio de hacer algo más elaborado.
Por suerte hay platos como el que sigue. Fáciles, ricos (muy ricos), e incluso aptos para hacerle a algún invitado.  Y quedar de maravilla, sin haber sudado la gota gorda. Anote Mirta, yo sé lo que le digo.

Pollo al verdeo
Agarre el pollo que tenga por ahí, o haya comprado para la ocasión. Yo tenía trozos, con hueso y todo, pero puede usar pechugas sin hueso, o incluso daditos (la cocción será más rápida). 
Tírele sal, pimienta y un poco de ralladura de limón por los dos lados, y déjelo en la heladera mientras corta las cebollitas de verdeo (entre 6 y 10), una cebolla común, y pela dos dientes de ajo
Caliente una sartén y meta un pedazo de manteca y un chorro de aceite. Dore el pollo de todos lados, bien dorado. 
Cuando el pollo esté doradito, tírele las cebollas y los ajos enteros. Y una vez que las cebollas se pongan tiernitas, eche vino blanco hasta que el pollo quede semi hundido.
Huela. Mmmm.
Baje un poco el fuego y deje que todo hierva. Si se queda sin líquido, tírele caldo
Cuando vea que el pollo está listo y todo nada en una salsa medio oscureli, tírele crema de leche
Los ajos los puede retirar al servir (o avisarle a su marido de la existencia de los mismos, y luego escuchar "eso no era una papita! me comí un ajo entero".)
(Las papitas eran "papas rústicas" -tomá pa'vo'- o sea, papa con piel y todo, hecha al horno.)
La ley del menor esfuerzo.








corazón

un corazón limpio y sonriente
suena a cascabeles

un corazón remendado
que ahora late más tranquilo

32 tamborcitos a lo lejos
sonando cada vez más cerca

muchos corazones al mismo ritmo
haciendo lo que mejor saben:
poner las cosas en movimiento
 
  
 

 

el gremio de Rulo

Rulo es ese ser humano que aparece en nuestras casas ante una llamada de auxilio porque: nos llueve en el living, explotó la instalación eléctrica, el inodoro se convirtió en una fuente romana, nos quedamos sin lavarropas, hay que instalar un artefacto... 
Y no importa a qué rama del arte de arreglar/instalar/acondicionar se dedique, aunque lo desconozcamos, Rulo pertenece a una secta que nació en el medioevo y sigue a rajatabla un código de conducta estricto; una serie de leyes que ha jurado respetar hasta la muerte (en el 90% de los casos, producida a manos de sus clientes). Por eso, no importa si plomero, gasista, electricista o cerrajero, Rulo hay uno solo.

- Si Rulo fuera médico, Rulo se la pasaría diagnosticando enfermedades terminales, aunque tengas una gripe de morondanga. Llamás a Rulo para que cambie una lamparita. Eso creés vos, que sos un ignorante y no sabés que la lamparita "se quemó porque hay un cable del año 20 que hace masa con uno del año 63 y es imprescindible cambiar todo", o te caerá la AFIP y te meterá preso por contrabando de instalaciones eléctricas antiguas (?). Menos mal que está Rulo para salvarte.

- Y después del diagnóstico, Rulo anuncia su solución, que siempre es la misma: hay que romper. Así como el chico de sistemas lo primero que hace es apagar todo y volver a prenderlo, Rulo rompe. Porque Rulo, en el fondo de su corazón, más que arreglar cosas, ama romperlas.
 
- Rulo es veloz, hasta que empieza el trabajo. Rulo diagnostica el problemón y promete arreglarlo en menos de lo que canta un gallo. Lo que no aclara Rulo es que el gallo se quedó mudo hace una década y hay que enseñarle a cantar de nuevo. Entonces, un día, te levantás, vas a la cocina en pantuflas, y te encontrás a Rulo desayunando con tu marido y tus hijos, como un integrante más de la familia.

- Así como Rulo tiene una concepción del tiempo diferente a la del resto de los mortales, sus presupuestos se acomodan a una lógica que ningún economista en toda la historia de la humanidad ha desentrañado jamás. Es por eso que Rulo te puede cobrar 500 pesos por apretar una tuerca, y 1000 por cambiar todos los caños de la casa. El valor de "la mano de obra" es un misterio sólo comparable a la existencia de OVNIS o la autoría de las líneas de Nazca.

- Rulo es exhibicionista. Rulo gusta de usar pantalones anchos, que dejan al descubierto sus partes traseras. Partes que una no querría ver ni en sus peores pesadillas. Pero si Rulo no muestra la raya, no sería Rulo.

A este blog lo lee gente que vive en parajes exóticos (?) y países del primer mundo en los que Rulo quizás no exista. Porque hasta donde sabemos Rulo es autóctono, nacional y popular.
Y usted, ¿tuvo la suerte de cruzarse con Rulo alguna vez? 
Si es así, cuente su experiencia, y ya que está mándele saludos, y dígale que me sigue lloviendo el techo de la cocina. Pero que no se haga drama, que yo lo espero. 

 

en cinco minutos me tomo un té

Y te hago un budín. 
Y un post de lunes con un poco de todo, que para algo esto se llama rara mezcla.

1.  ¡Un ansiolítico a la derecha!
Parece que el tema del sexo de porotx me llegó a lo más profundo de la psiquis (?) y ahora también sueño con ello. En realidad no me muero porque sea niña o niño, le encuentro muchos pros a ambos, pero la duda me car-co-me.
En el sueño era nena. Pero en el embarazo anterior mis poderes oníricos anunciaron exactamente lo mismo, por lo que, viendo al muchacho que se cuelga de mis piernas para mirar videos de los Backyardigans en este momento, podemos afirmar que de pitonisa me muero de hambre.

2. Y hablando de hambre
Te soluciono la merienda en cinco minutos. Anotá Carlota*, que no cualquiera te resuelve la vida en tan poco tiempo. 

Budín de miel  
Ingredientes: 
Harina 0000 250 g 
Azúcar 100 g 
Bicarbonato de sodio 1 cda (yo no tenía así que le encajé polvo de hornear)
Leche 220 cc 
Miel 6 cdas

Mezclás los secos. Agregás la leche, luego la miel. Revolvés. Y mandás a un molde enmantecado y al horno suave por 45 minutos (o lo que tarde en quedar hinchadito y dorado)
Y te queda algo como esto:


*En este mismo acto pedimos que vuelva "Cualquier verdura" a las canchas, que nos hacía comer rico y sano. Carloooota, volvé!  


3. La merienda blogger
Finalmente el encuentro blogger se ha reprogramado para el 16 de este mes. Es decir, el sábado que viene, por la tarde. Ya hay varias confirmadas (de las que no daré datos para que no les agarre miedo escénico). Por lo que, aquella que se quiera sumar a tan respetable tertulia, que levante la mano (enviando un mail a ciberviviendo@gmail.com o por el canal que más le guste, que hay muchos).

Por ahora, eso es todo para este boletín.