catarsis

No pretendo ovaciones, pero sabiendo las ganas, el tiempo, la cabeza, el cuerpo e inclusive las lágrimas que le puse a ese trabajo, el "seh, está bien" que recibo como única devolución me da ganas de salir corriendo a cortarme las venas con una lata de arvejas oxidada.
Me retiro a llorar por los rincones.

Que tengan un lindo fin de semana.

Merd. 

agua

Durante toda mi infancia viví sobre la Avenida Juan B Justo. En ese preciso lugar de su extensión en el que dos gotas de lluvia la convierten en un río ancho y oscuro.
El agua sube: sin premeditación, pero con alevosía. Recuerdo el apuro, y los medios insultos que profería la boca de madre si el agua nos encontraba del lado de afuera de la puerta. Porque madre dice "la punta del muelle", aunque se haya terminado de dar en el dedo con una masa. Y recuerdo los insultos completos de padre, que pensaba en sus autos, ya de por sí destartalados, flotando a la deriva, convertidos en submarinos.

Se volvía, si se podía. Con el agua a las rodillas, pero antes subiendo por la escalera del bondi. Y todos arriba a la espera de que el colectivero fuera un poquito más allá, un poco más cerca de esa (tu) casa, repentinamente veneciana.
Y si no se podía, nos recibían los abuelos de Once. Los que cenaban café con leche y sandwiches de jamón. Porque la otra abuela, la polaca, que cocinaba cosas ricas, vivía en el sur, y ella también andaba con agua.
¿Ahí hay agua? Es la frase que seguimos usando. Porque madre, que ahora vive con la abuela polaca, sigue sufriendo con cada sudestada. 
Como suegra, que del otro lado de mapa, reza para que su casita siga intacta. 

Y nosotros, que andamos por el medio, ahora somos refugio cuando hay agua. Esa  que limpia, revive y cura. La misma que arrasa, destroza y pudre. 
El agua, esa rebelde que baja como sube: sin perdirle permiso a nadie.

me gusta ser mujer... hasta un punto

Después de los comerciales de Activia, y su elevación del "tránsito lento" a cuestión filosófica fundamental de la humanidad, pensé que no iba a ver nada peor. ¿Qué otro tema femenino iba a abordar la publicidad, con ese ingenio que la caracteriza? 
Lo bueno de la TV es que además de boba, es una caja de sorpresas.

Aquí, un mensajito para las mujeres que quieren tener "una elegante intimidad." 
El concepto de elegancia relacionado con el de intimidad me deja un poco perpleja...
Me suena como si Teté Custarot fuera inmune a la "candidiasis vaginal". 



¿cómo te llamás?

Todavía no sabemos qué es porot@. Las encuestas a boca de jarro vienen dándole ventaja a la niña (como si mi panza fuera una tómbola al paso, todos opinan, inclusive el plomero que vino a arreglar el baño el otro día). Pero más allá de eso, ya comenzamos a pensar en los nombres. Y estamos perdidísimos (se aceptan sugerencias).

Mi madre está empecinada en que compre "el librito" (la pobre no entiende las bondades de internet). 
Mi padre sólo atinó a decir "que no se meta" (hablando de mi madre), sin dar ninguna idea constructiva al respecto.
Algunos amigos hicieron su top five. Edubiges y Abelardo son ejemplos de lo que mis amigos entienden por nombres lindos. Mis amigos son gente extraña.
Y así estamos, en veremos. Por suerte quedan unos cinco meses por delante.

Eso sí, con una mano sobre las santas escrituras (las obras completas de Pizarnik) le he prometido a mi futur@ hij@ que no le cagaré la existencia poniéndole esos raros nombres nuevos, tan caros a los rockeritos cool y las modelitos con dos dedos de frente.
Hablo de nombres como:
- Indio o India (en serio, ¿Indio?, ¿es chiste?), 
- Milo (milo quiere decir choclo señor, choclo, y no me importa que se escriba distinto, ¡es choclo!), 
- Taína (nombre de la hija de Valeria Mazza, que lo eligió porque así se llamaban los aborígenes de no se qué. Ella, que la única vez que vio un aborigen fue en un documental de la National Geographic)
-Minerva (minerva es un jugo señor, ¡un jugo!)
-Almendra (bueh)
- Brando de Dios (ese chico va a ser asesino serial)
y no me meto con las estrellas de jolivud porque estaría todo el día.
¿En qué piensa esta gente cuando elige? ¿Saben que hay un ser humano que tendrá que cargar con el nombre Brando de Dios por el resto de su miserable existencia? 
Y por otro lado, como dice la sabia , ¿saben que Brando de Dios les va a elegir el geriátrico en un futuro?
Yo que ellos, ya estaría temblando.
  

el avivado de la cola

En el ecosistema supermercadil, hay un ser aún más delesnable que esa cajera de uñas esculpidas que parece estar haciéndonos un favor al pasar los productos por la lucecita roja.  Mucho peor aún que la vieja de la cola
Es un personaje que genera la ira del resto, simplemente porque con su actitud les está gritando a todos que son una manga de estúpidos. Hablo de ese ser horrendo que llega a la cola de la caja con el chango medio vacío, no porque carezca de recursos para comprar comida, sino porque se dedicará a llenarlo in situ.
Es el avivado de la cola.
Suelen trabajar en equipo, como los ladrones de banco (?), y muchas veces utilizan a niños para realizar sus sucias artimañas, consistentes en salir corriendo cual participantes de programa de TV de bajo presupuesto a llenar el chango con los productos que traen en su lista mientras la cola avanza lentamente (siempre lentamente) hacia la cajera de uñas esculpidas y cara de orto.
El que queda en la cola o campana, deberá soportar la mirada asesina del resto de los presentes, que empuñando frascos de desodorante, estarán dipuestos a usarlos a modo de proyectil ni bien se les dé la oportunidad. El susodicho le marcará el tiempo al comprador, avisándole con señas cómo va la cola.
Pero, aún si se encuentran solos, los avivados de la cola no tienen empacho en dejar el chango a cuidado de cualquier mamerto (por ejemplo la que suscribe)  con la excusa de que "se olvidaron una cosita" para luego desaparecer durantes varios minutos y volver con las manos repletas de cosas (y volverse a ir, y así sucesivamente, ante la mirada atónita del mamerto en cuestión.)
Por eso, desde este humilde espacio, proponemos echar a patadas en los tobillos de la cola del supermercado a todo ser humano que, habiéndose ubicado en ella con intención de pagar, salga a buscar nuevos productos. Si entraste en la cola te quedás, y soportás el calvario junto con el resto de los mortales que estamos dejando la vida en esta amansadora. 
Eso, o te romperemos la crisma a canastazos de plástico.
Se ha dicho.  

dicen las malas lenguas

que en el día de hoy, la que suscribe, cumple tres décadas. 
(Qué lo parió! ¡Cómo pasa el tiempo! Y pensar que me conocí así de chiquitita...)

La verdad no sé si creerles.
Las calcomanías de Pucca y el Bob Esponja gigante que engalana media habitación corresponden a una púber imberbe.
El dolor de cintura, la migraña crónica y otros achaques que prefiero no listar (para no terminar este post llorando) acusan por lo menos unos cincuenta.
Dicen las malas lenguas que los 30 vienen con crisis. 
Y a mí los 30 me regalaron un porotitx. Y dicen que portotitx siempre viene con pan bajo el brazo.

Dice el cantor que veinte años no es nada... y ¿diez años después?

No importa lo que digan. Hoy festejo. Hoy me dispongo a recibir mimos y abrazos y besos y frases cursis y afirmaciones del estilo de "parecés de 29". 
Hoy le dedico un rato a bailar y cantar como Liza, o Bette, porque hoy recibí una caja llena de comedias musicales de todos los tiempos* y no puedo esperar para verlas.
Que se agarren los vecinos.   
Hoy me voy a calzo el bonete y lleno la casa de globos.
Hoy hay fiesta. El que quiera, está invitado.


*Lo que desmuestra que Concubino no sólo lee este blog, sino que lo lee atentamente.
Soledad, queda formalmente invitada al maratón de musicales. No se olvide el licor y el chocolate.

futuro

En medio de un día perfecto, lleno de sol, calor, agua transparente y arena de esa que no pincha, ella se puso a llorar desconsoladamente. Muy desconsoladamente. Y porque sí. 

Ella, además, repentinamente ha desarrollado la capacidad de engullir toneladas de comida. No por pura gula, ella tiene HAMBRE, así com mayúsculas. Hambre, todo el día. Incluso a mitad de la noche, cuando ataca las galletitas dulces que quedaron de la merienda.

Si ella sigue de esta manera, con esa mezcla de humor cambiante y hambre voraz,  en un par de meses se habrá convertido en la hermana gemela de la orca asesina de Sea World.

como chicle

Odio esta canción, pero cada vez que la escucho se me pega como una garrapata al cerebro y no hay manera de evitar repetir el "Alejandro, Alejando, Ale-Ale-Alejandro" durante un par de horas.
Maldita Lady Gaga... 


no te lo puedo creer

En tu tercer día de vacaciones, llegar al límite de la insolación y recibir un mail laboral cuyo asunto es "Problema" no puede ser muy prometedor.
¡No me dejan vivirrrr!
Ya lo dije, un día de estos mando a todos a freir churros y me pongo a vender empanadas de mondongo en Plaza Francia. 

con la música a otra parte

Tengo los pasajes, los documentos, las valijas listas. Llevo ropa demás, lo sé.  No pude pensar en ahorrar espacio haciendo conjuntos multiuso como acostumbro, es que me cuesta bastante pensar. Porque además de la bikini y el pareo llevo el cerebro en compota adentro de un tarro.
Como siempre, la última semana fue caótica. Ese trabajo que no salía, salió. Ese cliente molesto se puso aún mucho más insoportable. Dormí poco y mal, pero llegué viva hasta hoy. 
Y, aunque me suene increíble: ¡me voy de vacaciones!
Me llevo, junto con la bikini y el pareo, la recomendación de mi madre: cuidate mucho eh, no te andes trepando por ahí.
Mi madre, que debe suponer que soy un monito, o una deportista extrema.
Yo que lo único que pienso hacer es desparramarme al sol como una foca y olvidarme de todo.
O por lo menos intentaré.
Porque con la bikini, el pareo y la recomendación de mi madre, también me llevo la computadora.
Todo no se puede.

¿Felices vacaciones? 
Ya veremos.


será, será, será como papá y mamá

Uno de los temas sobre los que más he escuchado disertar luego del anuncio de la concepción de porot@ es justamente el intríngulis de la @.
- ¿Qué querés que sea?
- No sé, me da igual.
Concubino, responde como las viejas: que sea sanito. 
En general la respuesta no convence. Parece que hay que preferir. Entonces a falta de preferencia (o de motivos para continuar con el tema) la gente empieza a hacer conjeturas: que tenés el pelo más grasoso, entonces es varón. Que si se te ensanchó la cintura es nena. Y así. Cada uno tiene una teoría, y muchas veces se contradicen entre ellas. He presenciado discusiones encarnizadas (?) entre los que afirmaban que linda te ponés si es nena y los que decían lo contrario. Incluso volaron maníes a modo de proyectiles mortales.
Se hizo futurología con mi físico, como si yo ni siquiera estuviese ahí: si es nena te vas a deformar, las nenas te hacen pelota el cuerpo. 
Gracias por el dato. ¿Me puedo empezar a cortar las venas desde ahora? ¿O debo alegrarme de quedar deforme para ser buena madre?
Pero la teoría que hasta el momento se lleva todos los premios es la que me  contó la madre de un niño, que prefiere los niños porque "las madres siempre preferimos a los nenes y los padres a las nenas" (sic). Según la mujer, si un  niño te toca la panza y le da así como asquito, es porque llevás a otro varón en el vientre. En cambio, por la natural atracción sexual (?) si es nena, parece que el varón se te tira encima o algo así.

No sé que será porot@. Ni bien sepa les cuento. Lo único que espero es que todavía no comprenda el idioma... para no tener que escuchar ciertas cosas.

el mundo se divide

entre los que abren el regalo ni bien se lo das
y los que lo dejan a un costado para abrirlo después.


Nota: No sé cómo puede haber gente que resiste por más de cinco minutos la ansiedad de saber qué hay adentro de la bolsa y/o paquete del regalo.  
Además... ¿no es medio de mala onda no abrir el regalo en el momento? 

cenando con Mirto-papá

Padre, de visita, entra en acalorada discusión política con la que suscribe. 
Frente a algunas sentencias de padre (del estilo de "hay que matarlos a todos") la que suscribe se pregunta: ¿y yo a quién catzos habré salido?
Lllega el momento de la despedida. Hay que ir redondeando, como dicen en la tele.
Padre afirma alguna cosa sobre creencias religiosas y Adán y Eva.
Yo le hablo de un señor llamado Darwin.
Entonces me mira, y con un gesto de menosprecio digno de Mirtha Legrand, me responde:
- ¡Vos, porque sos comunista!

Y esa es la últma palabra. 



ri-sueño

Ya era de día, pero de día recién estrenado. Me desperté, no sé por qué razón (cada noche me despierto unas cuatro veces por diferentes motivos -y todos me dan bronca-). Mientras miraba el techo, rogándole a San Clonazepan que viniera en mi ayuda, lo miré. Dormía de costado, de espaldas a mí, plácido. 
De golpe, se le empezaron a mover los hombros. Así, de arriba a abajo, rapidito. Se le aceleró la respiración, y emitió un sonido corto y agudo.
Sé lo que es despertarse acongojada y llorando por un mal sueño. Es horrible.
Me pregunté qué estaría pasando en esa cabeza, por qué tanta angustia, y lo acaricié, tratando de calmarlo.  
Los sonidos se hicieron más fuertes y repetidos. Entonces me di cuenta: no se estaba quejando. 
Se estaba riendo a carcajadas, completamente dormido. 


ecuación

Mi nivel de cansancio físico y mental es directamente proporcional al número de puteadas que emito por frase enunciada.
Actualmente sería digna merecedora del premio  "Me cago en la lengua castellana". 
Necesito vacaciones.
La puta madre.

título

Hoy tuve que firmar un papel en la obra social. 
Nombre y apellido de la madre, decía. Y al lado, nombre y apellido del padre.
Mientras firmaba, y lo miraba firmar, solitas, inesperadas, se me caían las lágrimas.

ganamos

La espera fue tensa, y la verdad no tenía muchas esperanzas.
Amiga vino a casa y estuvimos varias horas charlando los tres, indignándonos, elevando la voz como si esos señores que hablaban en la tele pudieran escuchar nuestras respuestas.
- No puedo ni pensar qué va a pasar - me dijo ella-  la decepción sería muy grande.
Cenamos, seguimos discutiendo, entendiéndonos, intentando mirar desde los ojos del otro. 
Nos despedimos, en la calle desierta y helada, antes de que cambiara el día. 
Seguíamos sin saber.
No pude soportar mucho más, el embarazo me duerme. Un sueño incontrolable.
Y me dormí. Y me desperté a la madrugada. Concubino había prendido la radio, pero no daba signos de estar despierto. Escuché, en silencio, y me levanté.
Concubino me habló, desde la habitación: - ¿te sentís bien?
- Sí, le dije. ¿Viste que ganamos?
Y nos quedamos un ratito charlando. Como dos viejitos, escuchando "el noticioso".
Y sí, ganamos. No un grupo. No una minoría, como podría suponerse.
Ganamos todos. De eso se trataba. 
Ganaron aquellos a los que se les estaba negando un derecho que otros disfrutaban. Ganamos los privilegiados (porque un derecho para unos pocos no es derecho sino privilegio) que queríamos igualdad.
Ganó mi hijo o hija, porque va a vivir en un país un poco más justo.
Sé que falta mucho, pero estamos avanzando. 
Ojalá sigamos haciéndolo.
Pero hoy hay que estar contentos, porque hoy ganamos. 

en la boca del lobo

Sueño que voy a la iglesia con concubino. Desde la adolescencia no piso una iglesia más que para los casorios (momentos en los que me quedo en la puerta mirando de lejos.) 
Concubino ni siquiera está bautizado.
O sea: sueño que voy a la iglesia sólo para escuchar lo que tienen que decir sobre ciertas cosas.
Nos sentamos en un banco marrón oscuro. Todo es oscuro, amarillento.
Sueño que la misa rápidamente se convierte en la conferencia de una señora de pelo permanentado que critica el matrimonio para todos y todas y todis.
Sueño que le contesto, que es a lo que realmente fui. (No me arrodillé, no recé, sólo estoy ahí para no callar.)
Sueño que la vieja se queja y yo le respondo. Bajito, estoy tranquila.  La vieja cacarea.
Los de alrededor me miran mal y cuchichean.
Concubino está al lado mio, estoico, apoyándome. 
Sueño que finalmente las viejas y viejos (son todos viejos y viejas) se paran y me van acorralando hasta la puerta.  En el camino me encuentro con gente conocida, en la misma situación que nosotros: nos están echando. No sé muy bien qué dicen, pero nos quieren del lado de afuera. 
Finalmente la marea de viejos chotos nos conduce al patio. Hay sol, hay adoquines grises, hay plantitas. Es un lindo lugar ahí afuera.
Sueño que los viejos chotos se escurren por la puerta, de vuelta a la oscuridad ámbar.
Y cuando nos estamos por ir, aparecen dos chicas, vestidas de pollera azul. Se ríen, y corren por el patio hacia nosotros.
Nos reparten dulces, y vuelven a irse. Infantiles. 
Quizás no saben que nosotros no somos bienvenidos ahí.
Quizás sí. 
Y con los dulces, en realidad nos estén guiñando el ojo. 

surtido, como en botica

Ay mamá pulpa!
Madre al teléfono, ayer, después de la final. 
Madre: ¿Viste que ganó España?
Mate (deseando que a madre no se le hubiera dado por el comentarismo deportivo): Sí.
Madre (entusiasmada): Mañana en el trabajo seguro me gano algo, porque acerté el prode, yo dije España y Holanda.
Mate (empezando a dudar de las aptitudes futboleras de madre): ¿En serio? Buenísimo. Sos como el pulpo.
Madre (en un arranque de compasión): No, pobre pulpo. Ese acertó todo y seguro no le regalaron ni una galleta. 
¿Una galleta? Para madre un pulpo y un perro deben ser más o menos lo mismo. 

Animalito
Taxista, monologando hacia el espejo retorvisor: Nooo, si este país está muy deteriorado. ¿Vos viste la clase de gente que hay ahora en la calle? ¿Cómo se viste, cómo habla? No puede venir una chica y decirme "eh, vieja llevame hasta tal lado." 
Concubino, intentando suavizar mientras yo miro por la ventana, imaginando cuánto dolería la caída: Bueno, pero eso es por la juventud también.
Taxista, decidio a dejar en claro su punto de vista: Qué juventud. Si subo a cada uno, de treinta años. A esa edad uno es un ser humano completo.
(Y antes que era, ¿casi una persona?)
Nooo, vos andate a Rivadavia y Nazca a las seis de la mañana y vas a ver. Están todos ahí borrachos, se pelean entre ellos, las chicas tiradas por ahí. Son, son...
Es la-sel-va. 

Problemita
En una conversación de la que no participaba (gracias a Fortuna). 
1: Pero Pirulo ¿no es medio tonto?
2: No, nada que ver. 
1: Ah, me parecía.
2: No, no. Es puto, eso sí, pero es buen pibe.
3, dirigiéndose a 1: Me parece que vos te equivocaste de problemita.
Ah. Ahora sí, me quedó mucho más claro.




musiquita optimista y pegadiza

para cantarle al sol,
de frente y sin anteojos 

Sing out, sing out, sing out your joy 
Raise up, raise up, raise up your voice 


carrera

Ella esperaba el ascensor marcando los segundos con el piecito. 
tac tac tac
Ella miró de reojo cuando me paré a su lado. Se revolvió un poquito, como un animal amenazado.
tac tac tac
Volvío a apretar el botón de la flechita que ya estaba encendido. Una, dos veces. 
Gesto inútil, pero delator.
El ascensor llegó. Ella se encargó de abrir las puertas, con una solicitud egoísta. 
- ¿A dónde?
- Al primero, laboratorio.
- Ah, yo también.
Ella volvió a inquietarse y avanzó un paso por delante mío, hacia la puerta, tomando la manija.
El asensor se detuvo.
Ella abrió la puerta tijera y salió empujando la otra, con un ímpetu excesivo.
Salí y mientras cerraba las puertas la ví corriendo hacia el dispenser de números. 
Sólo entonces quedó satisfecha. 
Me había ganado.
Yo tenía el 85, y ella el 84.

Dicen que el tiempo es oro. 
De a cinco minutos ella debe ganar verdaderas fortunas.

dos rayitas

una
tres
dos
una sola, 
entonces está bien
tres minutos, sin respirar, sin mirar, 
aunque la ansiedad te abra los ojos

una...
y dos

dos rayitas
así de simples
mudas
rosadas, como tímidas

y un sólo abrazo
y algunas lágrimas
y mil sonrisas
 
tres minutos
y dos rayitas después
nos cambió la vida


recolectora

Juntar, rejuntar, amontonar. Llámelo coleccionar, si le quiere dar visos de elegancia a su manía de acopiar cualquier basura que encuentra por ahí, y que sigue guardando durante años sin saber bien para qué, pero que se niega rotundamente a arrojar al incinerador porque "le da cosita".
Si me remonto el las aguas del tiempo (?) me doy cuenta que el que rejunta se hace basusrero de chiquito. Al ir avanzando por el camino de la vida en algún momento se encontrará con una bifurcación, y allí deberá elegir: entre seguir apilando porquerías o dedicarse a alguna otra cosa (igual de inútil, no se haga el interesante).
Yo, definitivamente tomé el camino de la recolección.
Algunas de ellas:
Figuritas: de Raimbow Brite y Frutillita. Algunas de estas últimas venían con olor (que a veces reconoczco en el perfume de ciertos locales de ropa) y por eso valían más en el intercambio. También recuerdo las Basuritas, aunque las autoridades de mi colegio las prohibieran (por lo que constituían una especie de mercado negro escolar, toda una rebeldía a los 10 años).
Stikers. Nunca en la vida utilicé ninguno de los stikers de la colección, que quedaron pegados en el álbum fabricado a tal fin. Los más valiosos eran los de felpita, que además se pegaban y despegaban con más facilidad que los truchos (esos que dejaban resabios de papel por todos lados).
Papeles de carta. Recordé esta colección gracias a una amiga de la casa. Como sucedía con los stikers me daba lástima usarlos. Y, cuando me dejaron de dar lástima, ya nadie mandaba cartas (y menos con la cara de Hello Kitty). Por eso todavía conservo algunos, que le legaré a mis hijas (?)
Chupetes. Esto más que una colección era una moda horrenda. Se trataba de unos bodoques de plástico de diverso tamaño y color (con forma de chupete) que las niñas se colgaban en el cogote cual cencerro. Cuanto más chupetes, más piola eras, supongo. Una verdadera porquería.
Tarjetas de boliche Ya estaba grande. Ya iba a bailar y me juntaba en un local de comidas rápidas para hacerme la tarjetera. Hacerme digo, porque lo único que hacía con las tarjetas era guardarlas. Aún las conservo. Hay algunas con unos diseños muy buenos, y hay algunas que la verdad son un vómito. Pero de tirarlas ni hablar.
Cajas de cigarrilos No sólo ya era grande, sino que había comenzado a fumar. Tengo una caja llena de cajas de Camel, de esas de edición limitada. No las puedo tirar porque me gustan, pero tampoco las exhibo ni mucho menos. O sea, no sé para qué las tengo.
Entradas y programas. Las entradas de cine dejaron de tener sentido, porque ahora son todas iguales, pero sigo juntando las de teatro, recitales y demás eventos. Soy la que estorba siempre al grupo al grito de "guardame el programa". La joya de mi colección: el programa de Drácula firmado por sus protagonistas. Lo veo y se me caen las lágrimas.
Monedas y billetes. Una colección que da lástima, por lo escasa, pero que aumento cuando puedo. Ahora ando en busca de las del bicentenario. Las joyas: una moneda cubana con la cara del Che, un billete de plástico brasilero, y una (creo que) oriental que tiene agujerito en el medio.
Postales. De esas que se dan gratis en los restaurantes. Podría empapelar una pared con todas ellas. Pero no, como todo el resto, están perfectamente guardadas en una carpeta.
Y así sigo, juntando, recolectando, amontonando. 
Inútilmente, pero con pasión (que es lo que cuenta).


Y usted, ¿qué camino tomó cuando niño? ¿El del rejunte indiscriminado de porquerías? ¿O del otro lado de la pila: ese lugar más desierto y más monótono... pero mucho más fácil a la hora de las mudanzas?
Cuente sin tapujos.
Soy Mate: lo escucho.



(Nota: tanto el contenido del presente post como su remate no serán utilizados por los lectores maliciosamente para tratar a la que suscribe de vieja chota. Un poco de respeto por sus mayores, caracho.)

un cuento para no dormir

Cuando era chica me contaron que una vez una señora tuvo un hijo. Pero ese hijo no era de su marido, era de otro señor: un señor invisible, que al parecer no por ello era menos fértil. 
Imagino las cosas que habrán dicho las vecinas indiscretas de aquella mujer . Debe haber sido la comidilla del barrio.
Para colmo de males, cuando ese hijo creció, salió a abrazar a los leprosos, a los pobres, a las prostitutas y a todos los débiles que andaba encontrando por ahí. Un hippie, un loquito, un raro, un anormal. ¡Las cosas que le habrán dicho!
El hijo de esta señora andaba rodeado de unos pescadores medio brutos, diciendo al que lo quisiera escuchar que lo más importante de la vida no era tener plata, poder, armas o tierras, lo más importante era el amor. Y no cualquier amor, el amor incondicional al otro. Que siempre era un semejante.
¡Esos otros, mis semejantes! 
Las cosas que le habrán dicho.

Después me explicaron que a ese hombre lo mataron. Porque eso quería el padre (el señor invisible, pero fértil) que en realidad era él mismo, y otro más, todos juntos pero separados. 
Ahí las cosas se ponían un poco más complicadas. Lo del embarazo mágico vaya y pase, ¿pero el resto?
El resto era peor.
Ese hombre, el raro, se había muerto por mí. Por mí y por mis pecados.
Porque yo, en el mismo momento de nacer, ya era una pecadora. 
Todo por culpa de otra señora, que no quedó embarazada de un señor invisible, pero que nació de una costilla, y se extralimitó con la dieta y la condenaron por glotona. (Las cosas que le habrán dicho.)
Así que, en resumen, uno venía fallado de fábrica. Pero se solucionaba fácil: le tiraban un agüita en la cabeza y san se acabó.
Pero ¿y los bebés que se morían sin agüita? Y... se iban al limbo. Que ya no existe.  
Porque antes, cuando a mí me contaban todo esto, había limbo, cielo, purgatorio e infierno. Todos lugares a los que uno iba a parar cuando se moría. La selección era simple: cuanto más pecados tenías más cerca del infierno estabas. Y ahí te hacían cosas espantosas por toda la eternidad.
Entonces, mejor ser bueno. Te convenía. 
¿Y el semejante? 
El semejante no sé, vos cuidate las espaldas.

Y así se acumulaban las ideas, todas mezcladas. A los ocho le tenía miedo al cuco, pero más miedo me daban los pecados mortales. A los diez sabía que los ángeles son seres-puramente-espirituales-dotados-de-inteligencia-y-voluntad, y otras cosas que ahora no sé repetir pero que están todas en un librito amarillo de preguntas y respuestas. 
A los trece iba a misa para ver a los chicos que me gustaban.
Y a los quince tenía cada vez más preguntas.Y las respuestas no estaban en el librito amarillo, y muchas veces se resumían a un "porque es así". 
Y así no me servía.

Y hoy, que ya no le temo al cuco, y mucho menos a los pecados mortales; que no me asusta el infierno, al que en cualquier momento lo clausuran por pasado de moda; que no voy a misa, ni siquiera para hacer sociales. 
Hoy, que acá nomás la gente se va a juntar para reclamar una igualdad que les es negada; y que más allá festejará la diferencia, que no por eso nos hace desiguales...
Hoy pienso en ese hombre, el de las sandalias y los pelos largos. Ese, nacido de un embarazo por lo menos extraño, en una familia con dos padres (aunque uno fuera invisible).  Ese que le daba la mano a los leprosos y defendía a las putas.
Ese, del que habrán dicho tantas cosas.
Ése hoy estaría con los suyos (los raros, los loquitos, los anormales) levantando una bandera de colores. Una bandera que no es otra más que la del amor al otro. 
El otro, mi semejante.


mucho peor que el viejo de la bolsa

Puede sucederte en el banco, en el supermercado, en la farmacia, e incluso en el chino de la vuelta. Sólo hace falta que un grupo de gente se organice en una fila para pagar alguna cosa y ella estará allí, siempre, agazapada, con su pelo ensortijado, sus aros de perla artificial, sus anteojos de carey y su bolsa de nailon.
Ella, tu peor pesadilla.
Ella, la vieja de la cola.

La vieja de la cola siempre tiene problemas auditivos, ceguera repentina o sufre de un ACV al llegar a la caja, lo que dificulta enormemente la comunicación entre el cajero (o cajera) y su persona. Los diálogos que se producen entre estos dos especímenes del ser humano son parecidos a:
-paga en efectivo o tarjeta
-qué???
-efectivo o tarjeta?
-aaah, la tarjeta del descuento?
y así sucesivamente.

La vieja de la cola tomará, de entre los tres millones de productos disponibles, aquél que no tiene precio. Por lo cual, la cajera llamará a un pánfilo al grito de "preciooooo" para que dicho pánfilo salga a buscar el costo del susodicho producto, mientras que el resto de los integrantes de la cola comienzan a intentar cortarse las venas con un pan lactal.

La vieja de la cola pispea la pantalla de la cajera con la ceja levantada y pregunta, cada dos productos, ¿cuánto salía eso? Y si el precio no le convence mucho, optará por dejar el producto tirado a un costado para que lo recolecte el repositor. Señora, ¿será mucho pedir que la próxima vez haga la selección de lo que va a llevar ANTES de llegar a la caja?

Una vez superados todos estos obstáculos y una vez que la cajera logre elucubrar si la vieja paga con efectivo o con tarjeta, llegará la algarabía al resto de los mortales de la cola, a punto de fenecer de tedio.
Sin embargo todo se vendrá abajo cuando la vieja de la cola se disponga a pagar y saque de su cartera:
- una serie de billetes de curso legal... de la década del 30. 
Señora, los australes dejaron de circular hace una década.
- una serie de billetes de curso legal, actuales, pero insuficientes. 
Señora, son 50 pesos no 5.  No es lo mismo 100 que 10. ¿En qué lugar de su cerebro anquilosado se perdieron los ceros, por las barbas de Neptuno?
- una tarjeta que no funciona, por lo que la cajera deberá llamar a algún pánfilo al grito de "validacioooón" o similar, que demorará diez minutos en aparecer, y otros diez minutos en solucionar el pequeño inconveniente.

De esta manera, usted habrá perdido largos minutos de su preciosa (y finita, sépalo) existencia, gracias a ella. La nunca bien ponderada, vieja de la cola.

Nota de la autora: si un día me ven convertida en vieja de la cola les ruego encarecidamente que me sacrifiquen, por el bien de la humanidad. 

noticias

Las letras de molde dicen sus primicias. Anuncian victorias, inseguridades, progresos, o crisis. Contean los grados celcius del día más frío, o del más caluroso de la década. Cuentan las horas del día más corto, la inflación del mes más largo para el bolsillo. 
Todos los días, al compás de la "agenda", como dicen los que saben, leemos lo importante, lo urgente, o quizás sólo lo vendible. 
Títulos que también dicen algo de lo que nos pasa. Algo, y muchas veces casi nada.
Porque esa, nuestra noche más larga, no tuvo nada que ver con el cambio de estaciones y el calor de un abrazo jamás se midió en grados celcius.
Porque nuestras victorias, derrotas, inseguridades o nuestras crisis no llegan a la tapa de los diarios. Se escriben sí, en nuestros ojos, en esa arruga debajo del flequillo, en unas manos endurecidas, en un hoyuelo como un pozo de alegrías.
Son noticias que nadie anuncia en letras rojas. 
Y son las noticias más urgentes, las más importantes, esas que no se venden: nuestras noticias. 
Esas que, todas juntas, algunos las llaman "vida".


dos palabras

Estoy en silencio porque tengo algo en la punta de la lengua.
Trabado ahí por decisión, y también supongo que por miedo. Como si soplar esas dos palabras, desde la punta de la lengua, conjurara unas fuerzas invisibles, rabiosas.
Como si por sólo dos palabras en voz alta fuera a cambiar el destino, el futuro, ponele el nombre que quieras.
No creo en casi nada. No tengo cábalas ni santos de devoción. No alzo la mirada al cielo más que para ver las nubes. No llevo estampitas y no cruzo los dedos.
Y sin embargo… sin embargo no puedo decir esas dos palabras.
Las guardo ahí, al ras de los labios, en la punta de la lengua.
Un poco más.
Por las dudas.
A ver si todavía.

Y también las guardo ahí porque son dulces.
Después de todo, quizás estoy aprovechando a saborearlas.

culpable

No, no, el gol de Corea no fue culpa de Demichelis, demasiado ocupado por arreglarse su cabellera y salir bien en la tele que por defender. 
Tampoco fue cosa del destino. 
No, no. Fui yo, que me tuve que levantar para ir al baño, y dejé mi lugar frente a la TV.
Eso, por lo menos, es lo que me dijeron.
Mis disculpas a todos los hinchas. 
No era mi intención.
A veces no controlo mis poderes. 
(?)


murmullo

No sé que es más molesto: si escuchar a toda hora el zumbido sobrenatural de las vuvuzelas como música ambiental... o  el waka-waka de Shakira.