echale la culpa... a la ídem

15:54 Mientras trabaja en la computadora y hamaca con un pie a su hijo de casi dos meses que no para de llorar (inconsciente del concepto de stress laboral), Mate se percata de su profunda deshidratación. 
15:55 Mate toma a su hijo entre los brazos, imposibilitada de dejarlo berreando en su sillita por esa maldita tradición familiar llamada "culpa", y camina con el pequeño hasta la cocina. 
15:57 Mate abre la heladera y comprueba que la botella de agua se encuentra en una ubicación poco práctica para tomar con una sola mano. Sin embargo, en un acto de arrojo (y profunda estupidez) decide intentar una maniobra extrema... Mientras sostiene el peso muerto de su hijo, que se ha llamado a silencio, flexiona las piernas para alcanzar la altura del estante donde se encuentra la botella de agua -intentando que la cabeza del niño no quede colgando de su brazo y lo desnuque- y estira la mano. 
15:58 Lo que no toma en cuenta Mate es que al retirar la susodicha botella,  que forma parte de un tetris heladeril, el resto de los elementos circundantes comienzan a moverse para ocupar el espacio liberado. Entre ellos un sifón de soda que rueda y termina cayendo al piso.
15.59 En un instante fatal, Mate ve en cámara lenta cómo el golpe del sifón contra el piso activa el dispositivo propulsor de soda, trabándolo, por lo que el líquido comienza a salir en un chorro continuo que hace girar al envase sobre su eje empapando toda la cocina y alrededores, y que además salpica al niño, que pega alaridos de terror y mueve las piernitas frenéticamente en un intento vano de aprender a caminar en cinco segundos para poder salir corriendo.

Y todo por no dejarlo llorando solito dos minutos.
Un verdadero negoción...

2 comentarios:

  1. Nooo, era de plástico. El Drago fue el sifón de mi infancia y hay anécodtas de todo tipo con él... siempre bastante peligrosas!!

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  2. Con el tiempo aprendes a hacer muchas cosas con tu mano izquierda... siendo derecho.
    los padres terminamos siendo ambidiestros gracias a nuestros hijos que nos entrenan y quieren que los tengamos alzando mientras intentamos hacer variedad de cosas.
    Acto seguido y dependiendo de tu nivel de nerviosismo, o lo dejas sentado y que llore ejercitando tu paciencia o te convertis en mejor malabarista que los flacos que se paran en los semaforos.

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Piiiiiiiip