divino tesoro

Últimamente los jóvenes están en el ojo de la tormenta. Son objeto de análisis, discusiones y teorías filosóficas de todo tipo, emitidas por homúnculos que, o nunca fueron jóvenes o tienen poca memoria.
Se los acusa (a los jóvenes, porque a los homínidos que difunden estupideces a troche y moche nadie los mira), digo, se los acusa de borrachos, violentos, promiscuos, drogadipptos y, según le convenga al gobernante de turno, de boludos sin ideología o troskistas revolucionarios que quieren desetabilizar al país (a los políticos les encanta decir "desestabilizar", y "crispado" y "yo no tengo nada que ver con eso, viene de la gestión anterior".)
La televisión se relame. Los busca, los mira, critica sus modos, les reclama una adultez que ni ella misma tiene. E incluso les pregunta por sus padres.
¿Dónde está su padre que es usted el que debe salir a manifestarse?
Y peor aún, ¿quién es su padre para que a usted se le ocurra salir a manifestarse?

Los jóvenes, en todas las épocas, fueron culpables. Porque sí, por las dudas. Porque están y estuvieron ahí para recordarle a muchos "adultos" que ellos un día también creyeron en algo, que también soñaron con cambiar el mundo. Pero sobre todo, están ahí  para recordarles que finalmente dejaron que el mundo los cambiara a ellos.


Y frente a tanta estupidez, nunca viene mal un poco de inteligencia... 

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Piiiiiiiip