vaga

Vagar:
(RAE)
"Dicho de una cosa: Andar libre y suelta,
o sin el orden y disposición que regularmente debe tener."


o sin mirarte los zapatos más que para soltarte
                                                                    los cordones
o sin seguir la huella que dejaste ayer grabada en el pavimento
un día sin perseguirte la cola en línea recta

libre y suelta
                   y sin diagnóstico

sin orden, no predispuesta
puesta sólo a perder

perder, que nunca está de moda
el tiempo, los horarios,
perder
                    la mirada en un punto de fuga

vaga, como nunca
                       tu madre
como jamás tu abuela

vaga como vos sola
y también acompañada

vaga como te guste
aunque no le guste al resto

se educa con el ejemplo

Tarde de martes. 
Mate ostenta el agotamiento mental y físico de un viernes.
Mate necesita vacaciones.

Con un esfuerzo sobrehumano, Mate se arrastra hasta la clase de gimnasia. 
La clase comienza y Mate hace lo que puede con su pobre humanidad. 
Entre tanto, la profesora grita como una condenada dando órdenes que Mate se encarga minuciosamente de no seguir. 
"40 abdominales tu madre", piensa, con cara de víctima de Jack el Destripador.

De pronto, la profesora gritona se acerca al cuerpo ya casi carente de signos vitales de Mate.
Acto seguido,  y con tono sumamente didáctico le espeta al resto de los presentes: "Con este ejercicio vamos a quemar el flotador este, ¿ven?", mientras que señala una parte de la humanidad de la alumna.

"¡Ya sé que tengo rollos, pero no es para publicarlos en la revista Gente (excedida de peso)! Pedazo de irrespetuosa."  
Eso lo piensa Mate, que se limita a tragar saliva y reprimir las ganas de pegarle una patada en  el peroné a la profesora.

Y así, Mate termina el martes recuperando las pocas calorías que acaba de bajar, cuando se devora un Cachafaz de Maicena de postre. 

Un verdadero día de miércoles. 

bancate ese defetoc

Gracias a las modificaciones imprevistas en la grilla de canales de cable, hace unos días pude ver un programa nuevo llamado Obsesivos. 
Tranquilamente podría tratarse de una novela de Suar, pero no. Son historias de gente con trastornos obsesivos compulsivos (TOC) severos. Y remarco lo de "severos" porque  personalmente en muchas oportunidades me considero una obsesa. 
(Cuando pido el cuarto de helado bañado en chocolate me considero una obesa, pero eso es otro cantar). 
Y haciendo un recuento de algunos de mis comportamientos toc, he llegado a la conlcusión de que los susodichos no molestan demasiado al resto de los mortales, y tampoco interfieren en mi vida diaria como para salir corriendo al psiquiatra o aparecer en un programa de malamuerte. 
O eso creo. 

Porque no es tan terrible que
me niegue a entrar en contacto con el 80% de las teclas de luz y enchufes, y ande a oscuras por la vida, o solicitando que enciendan, apaguen o enchufen los electrónicos del hogar y alrededores;
despegue las etiquetas de cualquier frasco y/o botella que se me ponga adelante, dejando regueros de papel sobre la mesa;
rompa los manteles de papel de las pizzerías de mala muerte, y luego me dedique a hacer origami con ellos;
cierre las canillas abiertas, aún cuando hay alguien que supuestamente las está usando (digo supuestamente porque si la cierro es porque el agua está corriendo al cuete: no te podés lavar los dientes o enjabonar los platos con la canilla abierta. Sabelo, pedazo de calentador global);
ordene los cds, dvds y libros por género o alguna otra categorización, y pueda llegar a cometer asesinato si alguien modifica ese orden;
cambie el tenedor de mano cada vez que corto un bocado de comida, tardando 18 horas en terminar una porción de tarta;
cierre puertas y cajones que de ningún modo pueden permanecer abiertos, y menos de noche;
revise la heladera en las casas ajenas (no importa hace cuánto tiempo conoza a sus habitantes)
y otros detalles del estilo...

Son minucias, pavaditas. Todos tenemos alguna. 
¿No?





¿No?

el mundo se divide

entre los que saludan al colectivero 
y los que creen que los susodichos son máquinas 

y
entre los colectiveros que devuelven el saludo
y los que creen que somos invisibles


(nota: nunca escribir un post en estado de alta somnoliencia, o sus lectores no entenderán un catzo.)

de la profundidad filosófica de las frases de madre


Hay frases célebres que se nos graban a fuego en la frente durante la infancia, y que juramos y perjuramos, cruzando los dedos sobre la boca, que jamás le repetiremos a nuestros futuros vástagos o sobrinos o cualquier menor imberbe al que debamos adoctrinar de algún modo.
Son esas mismas frases que, un día cualquiera, nos vemos pronunciando en voz alta, con la misma entonación y el mismo gesto que alguna vez aborrecimos, y gracias a las cuales alguien, malintencionado o estúpido, nos dirá "cada día te parecés más a tu mamá".

Lo que he descubierto recientemente es que esas frases esconden un cúmulo de información que va mucho más allá de lo que están destinadas a provocar en el niño y/o púber imberbe al que van dirigidas.

Por ejemplo:

Desarrollo de la conciencia social del niño.
"Hay chicos muriéndose de hambre y vos, no querés comer los brócolis."
A esta frase, a veces se le agrega un componente geográfico, a saber: "en África hay chicos que se mueren de hambre, etc."
Como vemos, esta frase, que se cree destinada a que el niño coma los brócolis, que le parecen apestosos, en realidad quiere infundir en él la solidaridad y hacerlo reflexionar sobre las inequidades reinantes en el sistema capitalista.

Ejemplificación del concepto de pregunta retórica.
"¿En qué idioma hablo?"
Con sus variantes del estilo de "¿yo hablo en –y aquí un idioma como por ejemplo el- ruso?"
En el momento de escucharla, el niño no sólo aprenderá el significado de pregunta retórica, sino además el de esquizofrenia.

Desarrollo de los conceptos de herencia genética, selección natural, evolución y generación espontánea. A saber:
"Vos no sé a quién salís"
Direccionada al otro progenitor como "¿viste lo que hizo TU hijo?"
Y en casos extremos: "vos no sos hijo mío."

Y por último, la inevitabilidad del destino.
"Ya vas a ver cuando tengas hijos."
Que en cristiano significa: por más que luches contra los dioses no podrás evitar repetir las mismas frases que en este momento escuchas, oh púber imberbe, y lo harás con la misma entonación y el mismo gesto.
Jódete, así es la vida.
Te pueden amenazar con pozos y manchas imborrables. Te pueden decir que vas a quedar hecho un escracho, un dálmata humano, un esperpento.
Inventarán slogans publicitarios para convencerte. Pero de nada servirá... en cuestiones epidérmicas hay dos placeres irrestibles e irrenunciables:

1- apretarse los granitos
y 
2- arrancarse los pedazos de piel después de haberse arrebatado al sol.

a lo mejor resulta bien

Hoy me desperté cantando esta canción. Y eso que es lunes. Y diluvia (de nuevo). Y el horno no está para pastelitos...
A veces mi cerebro juega a que es optimista.
Vamos a seguirle la corriente... 

 

las cosas como son

Helado: tres sílabas que de sólo leerlas te dejan babeando como el perro de Pavlov.
Cada uno tendrá su preferido. Hay quienes no salen de combinación de clásicos, sin nueces ni piripiís. Otros son más arriesgados, y cuantas más proquerías tenga adentro el menjungue, mejor.
Y para este tipo de gente, las heladerías se ponen a inventar consas nuevas. Hay helado de chocotorta, ese celestito que se llama crema del cielo (aunque es infernal) e incluso hay helado de fernet.
Una verdadera porquería.
Ayer quería comer helado. Los gustos más o menos como siempre: todo lo que tenga dulce de leche natural y alguna fruta.
Pero en medio de mi pedido, me topé con el anuncio de un nuevo gusto. Un gusto desarrollado por Narda Lepes, la cocinera cool, esa que viaja por todos lados provocando mis ganas de matarla con un rayo fulminante de envidia.
El gusto era chocolate amargo, 88% de cacao, sin leche... y gourmet. La última palabrita debería haber levantado mis sospechas. Todos sabemos que gourmet es la abreviatura de "le pongo un nombre complicado a la milanesa y te la cobro una fortuna".
La cuestión es que pedí el chocolate. La cara de espanto de la chica que me atendía también debería haber levantado mis sospechas.
Cuando abrió la tapa de metal e introdujo la paleta servidora lo que salió de allí era digno de una palícula de terror: una pasta negra, espesa y opaca que no se despegaba de la cuchara.
Más tarde comprobaría que tampoco se despegaba del paladar. 
Hasta hoy sigo rememorando el sabor del bendito chocolate-amargo-88% cacao-gourmet.
Un sabor que ya muchos deben conocer, y sin haber probado el susodicho.
Porque resulta que el chocolate-amargo- 88% cacao-gourmet es Nesquick mezclado con agua y puesto a congelar. Ese experimento culinario que uno hace cuando tiene 4 años, y por el cual a nadie se le ocurriría invitarnos a pasear por el mundo, y mucho menos ponerle gourmet. 
Porque gourmet debería ser, por lo menos, rico.
Por lo tanto, eso no es gourmet señores heladeros. Eso es gourmerd.
Llamemos a las cosas por su nombre.
He dicho. 

de la definición de "pregunta" y su incomprensibilidad universal

Uno está en una clase, conferencia, seminario, o dígale como quiera. La cuestión fundamental es que en ese lugar hay un grupo de gente dividido: unos vendrían a ser los que saben, y los otros los que van a aprender. 
No importa cuánto de verdad haya en esta afirmación. Si uno está en una clase, conferencia, seminario o póngale workshop si le suena más fino, hay una regla tácita que dice "esos, con los cartelitos con el nombre son los que vienen a decir algo que estos de más acá no saben o conocen menos". 
Y llega un punto en este tipo de reuniones humanas en los que los señores de los cartelitos y el micrófono dicen una frase mágica. Una frase que tiene un solo significado y sin embargo nadie entiende. Y no importa en qué idioma sea dicha. Nadie la va a entender nunca.
Si no, ¿cómo se explica que cuando los que están ahí porque saben dicen "alguien tiene una pregunta", los otros (que se supone que saben menos), en vez de realizar la susodicha pregunta, opinan, disertan sobre su propia concepción del universo, le soban las medias al que tiene cartelito, saludan a los presentes o se limitan a decir cuán de acuerdo están con todo lo dicho?
Lo anterior es una pregunta. Ahora necesito alguien con cartelito.

cuando la conocí a Raquel

Mediodía en Buenos aires. Hace 40 grados a la sombra, y sobre mi escritorio se abultan dos pilas de papales: una con tareas por resolver y otra de recetas médicas. La relación que existiría entre el crecimiento de una y de otra es un tema que no viene al caso.
Juntando coraje, llamo a Merdicus. "La empresa de medicina prepaga que hace 25 años le viene robando a mano armada, para que usted pueda morir en cómodas cuotas." (Creo que eso dice el locutor que te atiende, no estoy muy segura.)
Luego, una locutora: "marque 1 para urgencias, 2 para turnos, 3 si quiere que le sigamos sacando plata."
Marco.
La locutora insiste con el multiple choice.
"Marque 1 para resonancia mononuclear, 2 para cardioecosonograma, 3 para anáilsis fecal..." Dos horas después dicen algo que suena parecido a ecografía. Marco.
Vuelve a contarme el locutor que Merdicus "tiene una amplia gama de sanatorios y centros asistenciales, que estarán siempre fuera de su plan cuando usted llegue muriéndose como un perro a sus puertas."
O algo así.
Un rato después atiende una señorita. 
R: Ecografías, buen día habla Raquel.
M: Buen día, quería pedir un turno para una ecografía tiroidea.
R: A ver, un minuto.
Raquel tapa el micófono y habla con su compñaera. (Por suerte me tocó la nueva que no sabe ni lo que es una ecografía)
¿Acá damos turnos para ecografía tiroidea?  Eso pregunta Raquel, que no sólo es nueva sino que desconoce la existencia de la tecla "mute" y nadie le enseñó a tapar bien un micrófono.
Vuelve Raquel: 
R: Sí, a ver... Esperame eh. 

Se escuchan ruidos de papeles y teclas. Raquel hace silencio y vuelve a tapar el micrófono.
¿Este turno es para hoy? (¡Qué suerte! A Raquel tampoco le enseñaron a leer.)

R: Sí, tenés un turno para hoy a las 16.15.
M: Bueno, dale. 
(Voy a tener que salir corriendo, pero si le llego a pedir otra opción temo morir de vieja detrás del teléfono).
R: ¿Me decís tu apellido así te anoto?
Digo mi apellido. Mi apellido es español. Las volcales y consonantes proporcionales. Comprensible hasta por un manatí. 
Sin embargo Raquel me bautiza Fernandez. 
M: No, Fernandez no.
R: Aaaay, ¿no me lo deletreás?
(Ay ¡dios mío! Menos mal que no me llamo Veilchenduft.)
Y en el medio del deletreo:
R: Mejor dame tu DNI.
Le doy el dni.
R: ¿Eso es tu DNI o tu documento de Mérdicus?
A esta altura no sé si Raquel es nueva, retardada o soy víctima de una cámara oculta para un programa veraniego. 

M: Me pediste el dni.
R: Aaaah no (como si la culpa fuese mía), dame tu documento de Mérdicus.
Se lo doy.
Raquel lee mi nombre, y me confirma el turno.
Con el tiempo justo, y dejando mi pila de pendientes mirándome acusadoramente, salgo corriendo.
Finalmente logro llegar al consultorio y me presento a la recepcionista, esperando que no sea Raquel.
No, no es Raquel. 
Raquel trabaja medio día, ya se fue.
De eso me enteraré después, cuando me comuniquen que mi apellido aparece en la planilla. Bien escrito y todo. 
El problema es que la planilla, es la del día siguiente.

el mundo se divide

entre los que usan paraguas los días de lluvia
y los que no 

y se subdivide 
entre los que usan paraguas debajo de los techos
y las personas consideradas

filosofía en chancletas

Ni una playa desierta, ni un atardecer en la montaña. Tampoco una ciudad iluminada y brillante, aún por descubrir. La primera imagen que se forma en mi mente si alguien dice la pabra "vacaciones" es gente amontonada.
Miríadas de seres humanos pegoteados, gesticulantes y gritones. Muchedumbres ingentes de personas que no hacen más que formar colas. Filas interminables de turistas ansiosos por entrar a algún lugar: no importa si es un teatro, un cine, un restaurante, un museo, o un carrito de la costanera.
Vacacionar y esperar deberían ser sinónimos. 
Esperar que deje de pasar gente y sacar la foto. Esperar que se haga un hueco y plantar campamento. Esperar a que el sol "esté bueno", esperar una hora después de comer para meterse al agua.
Esperar, en fin, hasta que llegue ese momento de placer, de frescura, de satisfacción.
Intentar prolongar el disfrute y dejar de estar a la espera... supongo que ese sería un buen consejo.
Aunque creo que hace una línea dejé de hablar de las vacaciones.

con un sapo en la barriga

Tenés suerte: no mucha gente se va de vacaciones y tiene la posibilidad de pagar un hotel como en el que estás vos.
Si, ya sé, no es cinco estrellas, pero tiene todas las comodidades: el revoque de las paredes se queda en su lugar, no hay rastros del huésped anterior (porque una persona se encargó de limpiar su mugre), y no tenés la necesidad de compartir tu habitación con otros 8 energúmenos, o con unos cuatos bichos de toda especie y color.
Si querés ver lo que es sufrir, andate a cualquier edificio de Villa Gesell y hacé el cálculo de densidad poblacional: en promedio encontrarás 5 seres humanos por metro cuadrado.
Entonces, decía, tenés suerte.Tu situación actual me hace pensar que no sos una persona que sufre grandes carencias. Quizás seas un poco esquizofrénico o paranoico, pero nada del otro mundo.
Tenés trabajo, tenés algo de plata para gastarla en ocio... en fin. Hambre no pasás. 
Entonces, querido vacacionista aficionado a molestar en todos los hoteles de este mundo y de las galaxias cercanas.
¿Me querés decir por qué desayunás 40 toneladas de comida cada mañana? 
¿Desde cuándo tu alimentación consiste en engullir una bandeja de huevos revuletos, aderezada con una sandía? ¡Si en tu casa desayunás un mate cocido y una medialuna!
¿Por qué razón suponés, oh querido angurriento, que los demás huéspedes debemos esperar parados como estatuas detrás tuyo mientras hacés Aconcaguas de comestibles, dejando como único testigo de tu asquerosidad las migajas de lo que allí hubiera?
No estás solo, pedazo de energúmeno.
Con eso que te serviste podríamos hacer una campaña para deterner el hambre en África.

Decime, pedazo de bestia, ¿hay necesidá?

 

identikit

Las revistas de chimentos o del corazón; en fin, esas que uno lee en las salas de espera o entre tijeras y secadores de cabello, suelen deleitar nuestra mente con dilemas morales realmente profundos. 
Su objetivo es utilizar la contradicción como fuente y motor del pensamiento. Si no, cuál sería la explicación para que en sus tapas aparezcan mujeres deseosas de exhibir sus partes pudendas en primerísimos primeros planos, mientras declaran a voz de cuello "soy una persona romántica y discreta", "para el amor soy muy conservadora", o la siempre clásica "lo hago por (y aquí el nombre de algún pobre vástago que deberá soportar la malicia de sus congéneres cuando llegue al colegio). Estamos acostumbrados a estas paradojas. 
Pero utilizar la foto de una modelo en bikini para tratar la muerte de su novio... ¿no será mucho?
¿O es que ningún lector podría reconocer a  Liz Solari si no es en tarlipes?





(En otro orden de cosas, la foto de Grace Alfano y el chocolatero es una afrenta semejante al buen gusto, que deberíamos hacerle juicio a la editorial por daños y perjucios.)

caramelos al frasco

La abuela ha sido creada para malcriar. Eso dicen los que saben, y los que no saben... son jefes. 
En fin. Mi abuela paterna se malcriaba a sí misma, porque lo que es a sus nietos, andá a cantarle a Gardel. 
La otra, en cambio, llegaba a casa y todo era una fiesta. Recordar las visitas de mi abuela materna en plena infancia, es sentir brubujas de Redoxón haciéndome cosquillas en la nariz. Por lo visto la abuela no confiaba mucho en la alimentación que me propocionaba mi madre. Cada vez que venía, sacaba dos o tres de esos envases cilíndricos de metal llenos de pastillas naranjas. Y a mí, que no entendía nada de vitaminas y minerales, me encantaban. Además, el tarrito era muy apropiado para jugar y hacer ruido metiéndole alguna cosa adentro. 
Sin embargo, lo que más esperaba eran las golosinas. No por los dulces en sí mismos, sino por las sorpresas que venían adentro. Hablo del chocolatín Jack, que aún tiene vigencia, aunque los muñequitos son espantosos (y ni me imagino cuando uno abra el envoltorio y se encuentre con una mini réplica del dueño de la fábrica). Pero más que nada, hablo de una golosina de la que ni siquiera recuerdo el gusto, pero de sólo nombrarla se me dibuja una sonrisa. Y que si existe no quiero saber en qué estado.
El paquete, de papel bastante berreta, venía infladito como si escondiera grandes creaciones, juguetes soñados. Y romperlo para ver qué guardaba era un momento de esos que sólo abundan en la infancia (y en la adultez, si uno conserva la capacidad de sorprenderse aún ante cosas pequeñas.) 
Hablo del queridísimo Topolín. Un ratón elegante, que como Pérez, nos alegraba el día ,¡y sin pedir ningún diente a cambio! (por lo menos no en el momento, las caries por exceso de topolín corrían por nuestra cuenta).

 

ansiedad

Después de un año de sufrir la explotación de tu jefe, los pedidos ridículos de tus clientes, o el sacerdocio de criar a un ser humano (o todo eso, junto) tenés 15 días para relajarte.
Y relajarte quiere decir tirarte cual bolsa de papas sobre una reposera, preferentemente en una playa, donde la temperatura ambiente (de 45° a la sombra) pueda sobrellevarse gracias a la existencia de un líquido elemento que no te mate por contaminación.
Elegís Mardel. Todo no se puede.

Ponés un pie en la arena amarillenta y te das cuenta de la notable diferencia entre tu figura y la del resto de los veraneantes. No es el rollo que te sobresale por encima del moño de la bikini. Estás pálida como una zombie (las ojeras por las rodillas ayudan bastante a completar el fisic du rol).

Pero sos una persona responsable, que cuida su salud. Y has esuchcado a todos los especialistas y a todas las viejas consejeras del barrio que andan al grito de "el sol está terrible" o "el cáncer es un viaje de ida."
En realidad ya pasaste por la época en la que te bañabas en coca cola antes de salir al sol. O te ponías aceite de bebé para lograr ese bronceado pollo de rotisería que te queda tan bien.
La primera pata de gallo profunda te convirtió en una defensora de los consejos de la OMS.

Entonces, estabas con un pie en la arena.
Intentando no convertirte en milanesa humana te encajás una capa de pantalla 30, y te desplomás por algún lado.
Cada cierta cantidad de tiempo te das vuelta, para que el bronceado sea parejo.
A esta altura ya no te acordás de tu jefe, ni de tus clientes, ni del ser humano que estás criando (y que en este momento está siendo rescatado del fondo del mar por un bañero.)

Todo transcurre apaciblemente, hasta que, al final del día, notás una clara diferencia entre tu figura y la del resto de los veraneantes. Demasiado clara.
¡Estás igual que como llegaste! Y eso que sudaste como un luchador de sumo todo el día.

Pero sabés que el tiempo está a tu favor. Aún quedan 14 jornadas por delante.
Pensando en ello, a la mañana siguiente, volverás a pisar la arena con la misma resolución.
Y con la misma resolución desparramarás tu cuerpo por algún rincón.
Lo que importa es el color, la salud va y viene. Ese será tu mantra.

Esta vez, no habrá barreras entre vos y el bronceado que anhelás.

Y esa noche, tendrás que dormir parada.


inevitable

Desde tu llegada al mundo, aprenderás, de un zopapo, que donde sea que hayas venido a parar, te va a doler. 
Con el tiempo, conocerás sufrimientos de todo tipo, color e intensidad; y  más luego, te darás cuenta de que también hay remedios: analgésicos, paliativos, bálsamos de toda especie.
Tu abuela recomendará una barrita de azufre para las contracturas, y te perseguirá para "tirarte el cuerito" cuando te empaches.
Tendrás una tía pastillómana, de esas que llevan un botiquín en la cartera y son devotas de Santa Aspirineta.
Y quizás, también tengas una madre que todo lo cura en base a las propiedades mágicas del agua: duchate que te vas a sentir mejor, tomate un tesito, mojate la cabeza...
Pero, oh, querido homúnculo doliente, un día llegarás a una terrible conclusión.
Ese día conocerás lo inevitable, lo innombrable, lo irremediable.
Ese día, te machucarás el dedo meñique del pie contra la mesa ratona del living, y no importa si solo o acompañado, jóven o adulto. No importa cuánto saltes, injuries, o cuánto invoques a San Expedito... ese día nadie podrá ayudarte.

si no sos feliz, ¡es porque no querés!

Parece que la nueva moda es que los periodistas-conductores-ovayaunoasaber escriban. No sería nada del otro mundo, si escribiesen textos periodísticos. Pero no, a cococho de Ari Paluch y su combustible espiritual, que le ha llenado los bolsillos de combustible material, y es un éxito arrollador, sobre todo entre los taxistas; ha salido a la calle un nuevo engendro editorial.
Este libro, seguramente ideado como lectura veraniega (es decir, liviana, es decir... mejor no decir) viene de la mano del conductor de un noticiero, bastante parecido al novio de Barbie (no sólo por su peinado plasticoide y su bronceado naranja, sino por lo que hay debajo del mismo).
Cada vez que he visto al susodicho periodista, me ha llamado la atención la capacidad innata que tiene para dramatizar hasta el nacimiento de un panda bebé en el zoológico de Ucrania. Todo es entre lacrimógeno y terrible.
El señor del jopo hace preguntas rayanas en lo miserable... Esas del estilo de "contanos cómo era tu padre recién acribillado por un chorro".
Y sin embargo, en su obra,  nos eneseña cómo ser felices convirtiendo las malas noticias en algo bueno. Porque la lectura errónea de un hecho puede corregirse observándolo a través de otro prísma, y que su carga de negativídad puede trocarse en sentido inverso y proporcional. (¡trocarse!)
Yo entiendo que con el sueldo de conductor no le debe alcanzar para comprar la tonelada de fijador que usa para levantarse el jopo cada mañana, pero ¿es necesario escribir un manual de autoayuda? ¿Y con este tipo de anécdotas trascendentales?
¿Hay necesidá?

hay alguien en casa?

Hace unos años irme de vacaciones cuando todos estaban de vuelta me parecía una idea excelente, divina, espectacular... incluso era una especie de revancha inútil. Ah, ustedes están acá, trabajando cual perros y yo me estoy yendo a no hacer nada, muajaja- decía, como una tarada sin remedio (mientras creía reirme como Cruela de Vil y sólo confirmaba mi taradez).

A medida que los años pasan me es cada vez más dificil no desear subirme al primer micro a cualquier parte, tipo 3 de diciembre. Es que en agosto ya parezco un trapo de piso con el que baldearon todas las veredas mugrientas de Buenos Aires.
Entonces he llegado a una sabia conclusión: si antes no me importaba llegar a marzo sin vacaciones era porque podía llegar a marzo sin vacaciones.
Con febrero saludando en la puerta, mi estado mental y físico es bastante similar al estado de Sandro... en este mismo instante.
Lo único que deseo, sueño y veo reflejado en la pantalla de la computadora como un espejismo en medio del desierto es una playa, un trago y una reposera soportando mis carnes desparramadas y blancas.
Y lo único a lo que puedo aspirar es a pasar un sábado en la playa de sombrishas amarishas que se inventó el benemérito jefe de la ciudad de Buenos Aires. Una playa en la que te calcinarás cual molleja arrebatada, mientras frente a tus ojos se balancean millones y millones de litros de agua que no podrás tocar, si no quieres morir instantáneamente.
Por lo que, seguiré esperando, no me quedan más opciones. Debo trabajar por lo menos hasta... abril.
Me acabo de dar cuenta que nunca lo había puesto por escrito. A-B-R-I-L 
Me retiro a llorar. Que la pasen lindo.


PD: Y a ustedes, que se van o se fueron o se irán de vacaciones antes que yo, y que me obligan a desearles felicidad y descanso, sepan que no los envidio. No, no. no... no voy a caer tan bajo.
Sepan que los odio. 

toda la vida para olvidarte

Yo puedo entender que ya está todo hecho, y que los diseñadores de ropa no tengan ganas de usar su imaginación, y se dediquen a revivir viejos clásicos. Clásicos que nos venden como "vintage" (que quiere decir "esa ropa que pagarás una fortuna y podrías haber encontrado gratis, apolillándose en el ropero de tu madre, que nunca tira nada")
Decía, yo entiendo. Pero todo tiene un límite. Hay clásicos que son simplemente abominaciones. Prendas que debimos sufrir cuando estuvieron de moda. Que uno quiso dejar en el olvido más profundo. Y que las fotos viejas se encargan de recordar (y hacen que te replantees el sentido de tu existencia).
Esta es una de esas abominaciones. Y resulta que a una mente brishante se le ocurrió desempolvarla.
Porque, aunque le digan "jean lavado con colores bajados" o "batikeado" esa porquería que me querés vender es un viejo y nunca bien ponderado NE-VA-DO.
Ya me veo, en un futuro cercano, rodeada de pánfilos vestidos de Biznike y me deprime.
¿Cuál será el próximo revival? ¿El jopo y el batido? ¿La campera de jean con corderito?
Digo yo, ¿hay necesidá?

Se recomienda musicalizar este post con:





are you ready boots?






No es una amenaza... pero tené cuidado.
One of these days these boots are gonna walk all over you.

¿rosa o celeste?

Tarde de domingo. Asado entre amigos. Las únicas dos madres del grupo charlan, porque son las únicas dos madres del grupo, de otra manera estarían sentadas en los dos extremos opuestos de la mesa.
Yo, estoy cerca, pero no me inmiscuyo. Las conversaciones sobre mecoño, pañales y mamaderas a las 3 de la mañana me son absolutamente misteriosas.
Sin embargo, en un momento, escucho un diálogo que me subleva.
De pronto no me importaría clavarle un tenedor en el ojo a una de ellas.

El diálogo es el siguiente:

 Madre de Niño dice: 
- Ay, qué linda que está tu hija.-  Y hace una pregunta sobre algún pormenor que no entiendo.
Madre de Niña le responde:
- Gracias. La verdad que es divina la gorda, y por suerte se porta re bien.
Se hace un pequeño silencio, que dura una milésima. Suficiente para que la otra mire a su hijo, que corre por ahí, y sonriendo de oreja a oreja, diga con voz de pito:
- Seh... igual es mucho más lindo tener varones.

WTF????

Quizás fue sólo una forma retorcida de competencia, y el día que esa mujer tenga una hija, a fuerza de vivir, aprenda que puede ser una experiencia diferente, pero igual de linda.
O no.
Y entonces la que sacará sus conclusiones será esa niña, que a fuerza de vivir, quizás termine  por afirmar que siempre es mejor el varoncito.

la perpetua edad de los por qué - apartado policial

Por qué razón los policías declaran cosas como: "en el día de la fecha, dos NN menores de edad, se aproximaron un sujeto varón del sexo masculino, el cual se desempeña como dependiente del comercio expendedor de golosinas del barrio. Acto seguido, y luego de que el susodicho dependiente les preguntase a los NN qué clase de producto deseaban adquirir, éstos últimos, y por razones que aún no se especifican, deciden guardar silencio. En esos momentos se hace presente en el lugar una mujer de sexo femenino, que solicita al dependiente del local comercial un atado de cigarrillos, momento que los NN aprovechan para sustraer de la repisa exhibidora productos cuya cantidad aún se encuentra bajo investigación, luego de lo cual se dan a la fuga por la avenida."

Es decir, "dos pibes se robaron unos cuantos caramelos del kiosko".

Ah, y una pregunta más. ¿Por qué razón cuando un maleante, caco o similar entra a un lugar y logra controlar a los presentes para luego afanarles todo lo que llevan encima, se dice que los "redujo"? 
¿Acaso el malhechor tiene poderes mágicos? ¿Es jíbaro?

Misterios de la vida...

guarda, no me pises a la abuela!

Dicen que llegó el verano. Dicen, porque a esta ciudad se le ocurre llover día por medio, y calor y humedad no son verano. Verano es otra cosa. Sépanlo, autoridades competentes.

¿Qué es verano? Una especie de fiebre o virus, que la ciencia nunca se encargó de investigar, y afecta a gran parte de la humanidad. Los habitantes de este remoto país parecen especialmente vulnerables.

Por eso hoy, inauguro la sección "¿qué necesidá?", capítulo "hitazos del verano", y me pregunto:

Si durante todos los días de tu vida viajás aplastado como una sardina en un tren mugriento y desvencijado, entre otro millón de homúnculos sudorosos...
Llega el verano, tenés 15 días de descanso.
Entonces ¿por qué razón decidís que "vacaciones" significa amucharte como una sardina en una playa mugrienta, cuyas aguas pueden matarte, entre otro millón de humanoides sudorosos, y además aceitados, que se alimentan a base de sánguche de milanesa y churros?
Decime, ¿qué necesidá hay? ¡¿Qué nececidá?!


(Fotos de "La Bristol" y Brighton, Gran Bretaña. Acá, una playa alemana: igualito.)
Fuente

andá a lavar los platos

En mi hogar se practica y se difunde la equidad de género. Para las tareas del hogar, se utiliza  un método de distribución simple: "hoy cociné, entonces no lavo", en sus diversas variantes.
También existe una libreta de almacén con los "fiados": esos momentos en los que uno de los dos se tira en el sillón al grito de "dejame que no mueva un dedo, por favorrr."
Las tareas extracurriculares, como el trabajo pago, no se somenten a revisión cuando hay que distribuir los quehaceres hogareños. Por mucho que a mi suegra le duela ver al nene, que "trabaja tanto y encima lava los platos".
(Parece que yo juego al tinenti todo el día... pero eso ya es otro tema.)

Todo esto suena muy lindo. Casi idílico.
Y lo es... hasta que cierta mañana, una se acerca al tender de la ropa y ve cómo una remera y un conjunto de ropa interior nuevos, y blancos, se han convertido mágicamente en... celestes.

Y una escucha paciente sentencias del estilo de "igual queda lindo, eh", "por lo menos quedó parejo."

Entonces una se enyoguiza, respira hondo, e imparte la lección 1 del "curso básico de lavado de ropa", mientras mantiene una sonrisa de publicidad de Colgate, y le dedica un par de oraciones al santísimo reproductor de suegras; para que a las generaciones venideras no les parezca normal que un niño varón no sepa lo que es la diferencia cromática entre dos prendas, o mire un lavarropas como si se tratara del mismísimo ET.
O para que no se apañe más al susodicho niño al grito de "pobrecito" cuando ya es  lo suficientemente grande para ganarse la vida y sigue asombrándose de que el tambor horizontal gire frente a sus ojos.

Amigas, amigos, tomémonos de las manos y oremos.
Porque de esto depende nuestro futuro... y el de nuestra ropa blanca.

Amén.

manic & music monday

Caminando el siglo XXI  y comenzando nueva década (que por lo menos tiene nombre: los que nacen ahora son del '10, pero ¿y los de la década anterior?, ¿qué son?, ¿un cero a la izquierda?), no importa cuántos adelantos ni cuántos retrocesos, si los libros de ciencia ficción se cumplieron o no. Mi corazón, que debe saber poco de calendarios, sigue siendo un ochentoso.

Lunes otra vez, ¡movamos las melenas!