quede como una reina, usted que es una poligrilla

Me gusta comer rico. Y me gusta cocinar. Cocinar, que no es lo mismo que hacer la comida.
Entonces llega ese momento del día, tremendo él, oscuro, aterrador (?), cuando surge la pregunta "¿qué comemos?", y mi cuerpo y mi mente se debaten entre el cansancio de comer otra vez fideos, o tarta, o arroz, y el cansancio de hacer algo más elaborado.
Por suerte hay platos como el que sigue. Fáciles, ricos (muy ricos), e incluso aptos para hacerle a algún invitado.  Y quedar de maravilla, sin haber sudado la gota gorda. Anote Mirta, yo sé lo que le digo.

Pollo al verdeo
Agarre el pollo que tenga por ahí, o haya comprado para la ocasión. Yo tenía trozos, con hueso y todo, pero puede usar pechugas sin hueso, o incluso daditos (la cocción será más rápida). 
Tírele sal, pimienta y un poco de ralladura de limón por los dos lados, y déjelo en la heladera mientras corta las cebollitas de verdeo (entre 6 y 10), una cebolla común, y pela dos dientes de ajo
Caliente una sartén y meta un pedazo de manteca y un chorro de aceite. Dore el pollo de todos lados, bien dorado. 
Cuando el pollo esté doradito, tírele las cebollas y los ajos enteros. Y una vez que las cebollas se pongan tiernitas, eche vino blanco hasta que el pollo quede semi hundido.
Huela. Mmmm.
Baje un poco el fuego y deje que todo hierva. Si se queda sin líquido, tírele caldo
Cuando vea que el pollo está listo y todo nada en una salsa medio oscureli, tírele crema de leche
Los ajos los puede retirar al servir (o avisarle a su marido de la existencia de los mismos, y luego escuchar "eso no era una papita! me comí un ajo entero".)
(Las papitas eran "papas rústicas" -tomá pa'vo'- o sea, papa con piel y todo, hecha al horno.)
La ley del menor esfuerzo.








corazón

un corazón limpio y sonriente
suena a cascabeles

un corazón remendado
que ahora late más tranquilo

32 tamborcitos a lo lejos
sonando cada vez más cerca

muchos corazones al mismo ritmo
haciendo lo que mejor saben:
poner las cosas en movimiento
 
  
 

 

el gremio de Rulo

Rulo es ese ser humano que aparece en nuestras casas ante una llamada de auxilio porque: nos llueve en el living, explotó la instalación eléctrica, el inodoro se convirtió en una fuente romana, nos quedamos sin lavarropas, hay que instalar un artefacto... 
Y no importa a qué rama del arte de arreglar/instalar/acondicionar se dedique, aunque lo desconozcamos, Rulo pertenece a una secta que nació en el medioevo y sigue a rajatabla un código de conducta estricto; una serie de leyes que ha jurado respetar hasta la muerte (en el 90% de los casos, producida a manos de sus clientes). Por eso, no importa si plomero, gasista, electricista o cerrajero, Rulo hay uno solo.

- Si Rulo fuera médico, Rulo se la pasaría diagnosticando enfermedades terminales, aunque tengas una gripe de morondanga. Llamás a Rulo para que cambie una lamparita. Eso creés vos, que sos un ignorante y no sabés que la lamparita "se quemó porque hay un cable del año 20 que hace masa con uno del año 63 y es imprescindible cambiar todo", o te caerá la AFIP y te meterá preso por contrabando de instalaciones eléctricas antiguas (?). Menos mal que está Rulo para salvarte.

- Y después del diagnóstico, Rulo anuncia su solución, que siempre es la misma: hay que romper. Así como el chico de sistemas lo primero que hace es apagar todo y volver a prenderlo, Rulo rompe. Porque Rulo, en el fondo de su corazón, más que arreglar cosas, ama romperlas.
 
- Rulo es veloz, hasta que empieza el trabajo. Rulo diagnostica el problemón y promete arreglarlo en menos de lo que canta un gallo. Lo que no aclara Rulo es que el gallo se quedó mudo hace una década y hay que enseñarle a cantar de nuevo. Entonces, un día, te levantás, vas a la cocina en pantuflas, y te encontrás a Rulo desayunando con tu marido y tus hijos, como un integrante más de la familia.

- Así como Rulo tiene una concepción del tiempo diferente a la del resto de los mortales, sus presupuestos se acomodan a una lógica que ningún economista en toda la historia de la humanidad ha desentrañado jamás. Es por eso que Rulo te puede cobrar 500 pesos por apretar una tuerca, y 1000 por cambiar todos los caños de la casa. El valor de "la mano de obra" es un misterio sólo comparable a la existencia de OVNIS o la autoría de las líneas de Nazca.

- Rulo es exhibicionista. Rulo gusta de usar pantalones anchos, que dejan al descubierto sus partes traseras. Partes que una no querría ver ni en sus peores pesadillas. Pero si Rulo no muestra la raya, no sería Rulo.

A este blog lo lee gente que vive en parajes exóticos (?) y países del primer mundo en los que Rulo quizás no exista. Porque hasta donde sabemos Rulo es autóctono, nacional y popular.
Y usted, ¿tuvo la suerte de cruzarse con Rulo alguna vez? 
Si es así, cuente su experiencia, y ya que está mándele saludos, y dígale que me sigue lloviendo el techo de la cocina. Pero que no se haga drama, que yo lo espero. 

 

en cinco minutos me tomo un té

Y te hago un budín. 
Y un post de lunes con un poco de todo, que para algo esto se llama rara mezcla.

1.  ¡Un ansiolítico a la derecha!
Parece que el tema del sexo de porotx me llegó a lo más profundo de la psiquis (?) y ahora también sueño con ello. En realidad no me muero porque sea niña o niño, le encuentro muchos pros a ambos, pero la duda me car-co-me.
En el sueño era nena. Pero en el embarazo anterior mis poderes oníricos anunciaron exactamente lo mismo, por lo que, viendo al muchacho que se cuelga de mis piernas para mirar videos de los Backyardigans en este momento, podemos afirmar que de pitonisa me muero de hambre.

2. Y hablando de hambre
Te soluciono la merienda en cinco minutos. Anotá Carlota*, que no cualquiera te resuelve la vida en tan poco tiempo. 

Budín de miel  
Ingredientes: 
Harina 0000 250 g 
Azúcar 100 g 
Bicarbonato de sodio 1 cda (yo no tenía así que le encajé polvo de hornear)
Leche 220 cc 
Miel 6 cdas

Mezclás los secos. Agregás la leche, luego la miel. Revolvés. Y mandás a un molde enmantecado y al horno suave por 45 minutos (o lo que tarde en quedar hinchadito y dorado)
Y te queda algo como esto:


*En este mismo acto pedimos que vuelva "Cualquier verdura" a las canchas, que nos hacía comer rico y sano. Carloooota, volvé!  


3. La merienda blogger
Finalmente el encuentro blogger se ha reprogramado para el 16 de este mes. Es decir, el sábado que viene, por la tarde. Ya hay varias confirmadas (de las que no daré datos para que no les agarre miedo escénico). Por lo que, aquella que se quiera sumar a tan respetable tertulia, que levante la mano (enviando un mail a ciberviviendo@gmail.com o por el canal que más le guste, que hay muchos).

Por ahora, eso es todo para este boletín.   

¡pero si es una nena!

El otro día, mirando de reojo la televisión mientras revisaba los mails, me sorprendió la nueva publicidad de una empresa que brinda servicios de internet y telefonía. Digo me sorprendió, pero me quedo corta. Lo que me llamó la atención fue una imagen paticular, que me llevó a ver la publicidad completa, y exclamar algo irreproducible en el horario de protección al menor. Porque, después de todo, de eso se trata este post. De la protección de los niños, la que deberíamos darles los adultos, para que justamente puedan vivir esa etapa de sus vidas con plenitud.
En la publicidad, la nena realiza casi el mismo spot que anteriormente protagonizara la modelo Julieta Prandi, cuyo mayor aporte a la humanidad es el latiguillo "Tooodo". Y digo casi porque, a diferencia de Prandi, la niña, que no debe llegar a los 11 años, está mucho más maquillada y muestra supuestas fotos de su Facebook, en la que la podemos ver posar en bikini, como si fuera una modelo. Una modelo adulta. Una modelo sexy. Como Julieta Prandi (la "nena" de Francella, ¿recuerdan? Esa que era deseada por el padre de su amiguita, en un sketch que la hizo famosa).
La niña de la publicidad imita el spot de Prandi, como haría en el living de su casa, jugando. La diferencia es que acá no juega. Trabaja, y trabaja para vender. Ocupa el mismo lugar de la modelo sexy que te vende un servicio de internet, o una pasta de dientes, da lo mismo. Lo que reproduce no es el libreto de un spot, sino toda una concepción sobre el cuerpo de las mujeres y de las niñas, sobre su lugar en nuestra sociedad, sobre su sexualidad y su sexualización cada vez más temprana. Repite un libreto en el que parece que el único papel al que puede aspirar es al de convertirse en objeto de deseo. No importa que sólo sea una nena. 

    



cotidiana

Explicar el cansancio sin que suene a reclamo, o a queja. 
No el cansancio de agitación y sudor después del gimnasio. O esa pesadez en los ojos por haber dormido poco. Poder explicar ese cansancio que se acumula en el pecho, y en la cabeza, y que pesa dos toneladas cada vez que hay que levantarlo a la mañana, para seguir. 
Porque inevitablemente hay que seguir. Porque no importa el dolor de hace más de tres días seguidos. El niño de la cuna no entiende de migrañas. O de embarazos más sintomáticos que otros.
Sí entiende de embarazos. Entiende con el cuerpo. Con el llanto prolongado por cualquier cosa. El berrinche que no hizo jamás. A vos, que sos la madre. Y es con vos y con ningún otro. Porque el embarazo es tuyo, en tu cuerpo, que hasta ahora era de él, y te lo hace saber. Te lo recuerda a los gritos. En tu cabeza. Esa que late con un simple susurro.
No me quiero quejar. Siento que no tengo derecho a quejarme. Lo que sí tengo es suerte, mucha. Muchísima más que otras mujeres. 
Y sin embargo estoy cansada. Y no puedo tirarme a mirar el techo, como tan inocentemente me recomendó el obstetra. Porque hay un niño en la cuna que me demanda, y después hay trabajo, y hay que hacer la comida, y ordenar los jueguetes mil veces al día. 
Y hay un marido. Un marido que llega después de lo que parecen mil horas, y pide una sonrisa. Con razón. Porque del otro lado de la puerta hay un mundo que desgasta, que enloquece.   
Pero la sonrisa no llega. Lo que llega es el silencio. Porque no querés quejarte. Del dolor, del niño que (te) llora, que se cae, que se lastima. De la ropa que ya no te entra, de lo sensible, de lo embarazadísima que estás.
Y no decís nada. Sólo pensás en hacer la comida, e intentar dormir sin despertarte muchas veces, para no estar tan cansada al día siguiente. 
No decís nada, y es peor. Pero cómo decir sin sonar a lamento, a queja. 
Que estás cansada. Que no tenés ganas. De nada. 
De nadie. 
Ni siquiera de vos misma. Sobre todo de vos misma.
Explicar este cansancio sin que suene a queja. Y seguir adelante, como cada día.

el mundo se divide

entre los que toman el mate "clásico"
y los que lo tunean con cascaritas de naranja, yuyos y otros etcs.

no te preocupes

Es una declaración fácil de hacer y difícil de realizar. Aunque la digamos con convencimiento, porque el que tenemos enfrente necesita tranquilidad y sabemos que las cosas van a estar bien.
No estoy preocupada, o intento no estarlo, básicamente no pensando en el temita hasta tener una respuesta científica en mis manos.
El temita es un soplo. Un soplo en el corazón de mi hijo. Un ruido que no debería estar, pero que es muy "normal" en los niños, y más en niños como el que camina sin parar por casa, al que se le da por crecer a lo loco. 
El temita, en realidad, no es sólo su soplo. Es el mío. El que ya no existe porque lo remendaron, hace 21 años, cirugía a corazón abierto de por medio.
El temita es el miedo, porque ese soplo no parecía ser nada, y fue mucho. Fue una cicatriz que me cruza el pecho, por afuera, pero más que nada por adentro.
El temita es el dolor.

No te preocupes, me dicen, me repiten. Me llama el pediatra especialmente para repetir lo que me acaba de decir en persona: no te preocupes.
No, no me preocupo. Tengo miedo. Un poco.
Es mi carne que tiembla, porque sabe de doler.
Y es mi carne que camina sin parar por la casa, y no quiero que duela. Nunca. 

de marido y la belleza real (III)

A las que no lo conocen, desearía presentarles a Concubino, o J, mi marido sin papeles. Ese que hace más de 10 años me ayuda a aguantarme, aguantarnos y me aguanta. Es mucho aguante.
Ese mismo que amo con todo mi corazón, excepto en los momentos en los que busco una respuesta sincera sobre mi estado físico, y lo único que encuentro son respuestas demoledoras. Como esta, o esta. O como la descripción que hizo de mí cuando me vio entrar a la oficina hace unos días.
Yo, toda sensibilidad embarazadística. Yo, toda contenta con mi nueva pollera larga a rayas (de esas verticales que dicen que adelgazan, o disimulan, o vaya a saber). Yo, que hay que decirlo, hace un par de semanas despedí a mi cintura y le di la bienvenida a un culo desde el que tranquilamente se puede practicar bunging jumping*.
Decía, el amor de mi vida me vio entrar a mí, con todo mi yo a cuestas, y como hablaba por teléfono sólo hizo una sonrisita. Diez años después, esa sonrisita sólo podía querer decir "vamos a tener una charla sobre tu pollera nueva".
Y cuando colgó, se produjo el siguiente diálogo (al que ya debería estar... ¿acostumbrada?)

Mate con pollera: - Hola, qué pasa, ¿no te gusta mi pollera nueva?
Concubino con sonrisa: - Sí, es muy linda. 
M: - Entonces, ¿me queda mal?
C: - No, es que, no sé, te hace un cuerpo raro. 
(keyword: raro)
Mate esperando el temblor: - ¿Raro? ¿No será gorrrda?
C: - No, no. Parecés... UN POMO DE COLGATE.

El mismo ser que dice eso mientras se des-cos-ti-lla de la risa (y cuando lo lea acá se va a volver a descostillar) es el que de un día para otro armó una escapada relámpago a Mar del Plata, la ciudad en la que vive su suegro, que vendría a ser mi padre, y hoy, queridos lectores, les escribo con vista al mar.


Como diría el refrán: una de colgate, una de arena...

*(Debería preguntarle a mi obstetra si es un síntoma normal que de golpe y porrazo tenga el inicio del culo a la altura de la nuca.)



  

de confesiones y más premios

Debo hacer una confesión, ahora que están ahí del otro lado. Soy un ser humano, o por lo menos lo parezco, y como tal, y a pesar de mi educación progresista y libertaria (?) tengo prejucios. Sí, así como lo leen. No es tan terrible. Lo terrible es no darse cuenta.
Y será por la edad o por la maternidad (que te da vuelta las estructuras y te deja en bolas y mirando el horizonte) pero hace unos años que estoy a la caza de mis prejuicios, para por lo menos conocerlos, y saber por qué hago lo que hago o dejo de hacerlo.
Todo esto para decir que hace un tiempo hubiese sido incapaz -porque así funcionan los prejuicios, nos incapacitan para hacer, ver, dejar hacer- decía, hubiese sido incapaz de encontrarme con alguien por el sólo hecho de leer su blog y haber intercambiado unos e-mails. También me parecía un poco sinsentido esto de los premios, las cadenas entre blogs... Me parecía ¿infantil?
No sé qué me parecía, pero estaba equivocada. Seguramente lo que me movía, o más bien lo que me inmovilizaba, era la vergüenza. Vergüenza a no recibir respuesta, a la mirada de los demás, aún cuando esa mirada estuviese mediada por una pantalla. 
Tengo años de vivir pendiente de la mirada de los demás. Ya no tanto. Menos mal.

Lo que descubrí es que se puede dar y recibir mucho cariño y alegría, con el sólo acto de perder el miedo al "qué dirán". Y qué importa si a alguien le parece una pavada esto de pasarse un dibujito. Lo que importa es que recibir sus agradecimientos (incluso de algunas que pensé que no leían) por un premio en un blog fue tan lindo que ahora pienso por qué no empecé antes.
Pero acá estoy, y sigo pasando premios y dibujitos. Que no son nada más -y nada menos- que una manera de acercarse, y que sea lo que sea. 
Si es, habremos ganado mucho.

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Los premios eran por originalidad y estilo, yo lo rebauticé personalidad. Y me quedaban cinco, que son:
 
Jennifer Amapola Banfrula. Con ese nombre les dije todo. Pasen y lean. Esta mujer es una personalidad de esas que no pasan desapercibidas.

Alicia. Leo hace poco su blog, pero lo que me gusta es poder mirar otra cultura a través de sus ojos, que son de acá, pero navegan a dos aguas. Muchas ya la conocen, las que no, ya saben qué hacer.

Lila. Personalidad. Mucha. Eso veo en su blog, en su forma de escribir y contar y mezclar y dibujar con las palabras (literalmente, sus posts terminan siendo un dibujo). 

Memé. Ideas originales, muchos proyectos realizados, y un compañero que es para aplaudir. Muchas cosas lindas. 

Agus. Hace muy poco que la visito,  que ella anda en esto de los blogs, pero lo que ví me encantó. Originalidad y estilo a rolete. Pasen por su casa, que seguro se quedan.   

  

así da gusto...

... empezar la semana. Y eso que hay que remontar ese lamento constante que empieza el domingo y parece no terminar hasta el lunes a la tarde, cuando uno ya está resignado a dejar ir el fin de semana.   
Todo comenzó ayer, cuando mi coequiper de organización de evento blogger, la ya famosa Ann, me hizo acreedora de un premio. El susodicho sería porque éste es un blog con estilo. Faaaaah, tomá mate con chocolate. Igual yo creo que su intención fue calmar mi ansiedad por el ya mencionado encuentro. Mi estilo vendría a ser el "bolita de nervios". Igual se agradece lo mismo. Además me dice nerd y cool todo en la misma frase. Qué exagerada esta chica.
Y cuando ya estaba cambiando mi inicio de semana, no va que entro al blog de Fer Fer y ¡me encuentro con otro premio más! Ahí sí que terminó de irse toda la depresión del lunes.
Chicas, ustedes deben recordar que estoy en una etapa sensible de mi vida... Me van a hacer llorar.
En este caso es por "blog original". Qué honor. ¡Gracias Fer! 


Hecho el agradecmiento pertinente, debo pasar uno a 5 blogs y el otro a 10. Pero la verdad es que se me complica premiar a algunos por originales y a otros por tener estilo. Así que, como dirían en Feliz Domingo: Los dos a la final. 
Y entonces, 10 blogs originales y con estilo. Porque sobre todo son blogs (y bloggeras) con PERSONALIDAD. (Hoy los primeros 5 y mañana otra tanda, porque en este momento yo debería estar trabajando. Shhh) 

- Bella, porque es una fanática del Señor de los anillos, y las sagas fantásticas, y lectora empedernida, y tiene una perrita divina, y cocina, y labura, y todo lo cuenta con su personal estilo. 

- Café con tostadas, cuyo nombre nos emparenta de alguna forma  (el café y el mate son primos de alacena) y escribe de una manera que yo envidio mucho, y para colmo musicaliza sus post con canciones hermosas. 

- La Pé. Que antes era la tía, y después no. Que nos deleita con los diálogos laborales más desopilantes dil mondo. Y encima hace cosas riquísimas, y ¡comparte las recetas!

- Cecil, que la leo hace tanto tiempo que ya ni lo cuento. Que escribe como los dioses, y anduvo con la antorcha en mano para hacer justicia. Y se dedica al sacerdocio de la enseñanza. Una heroína.

- Maru, que no sé cuán seguido pasa por acá, pero tiene un blog que demuestra que es verdad que hay imágenes que dicen más que mil palabras, pero que nunca hay que olvidarse del valor de decir(se).



cumbre

Hace más de cinco años empecé a escribir un blog, que me llevó a otro, que me depositó en este espacio, el más personal de todos, ése en el que mezclo vivencias reales y no tanto, con lecturas, y música, y algunos chistes, y también lágrimas. Un poco de todo, y mucho de mí.
Y de a poco este blog se fue convirtiendo en eso que decía hace unos post atrás: una ronda de mate que viaja por fibra óptica. Una charla entre amigos, conocidos o llámelo como quiera, las etiquetas siempre son aburridas...
Todo lo anterior viene a cuento de algo que también dije en ese post: creo que va siendo hora de que esa ronda de mate supere los límites de la pantalla y pase al mundo "real".  Porque, les cuento, mi nombre no es Mate, y tengo un rostro, aunque no me guste mucho hacerlo público por internet. 

Por eso, y debo decirlo, empujada por la grata experiencia de haber conocido a una experta en reuniones bloggers como es Ann (y no haberme desmayado de los nervios en el proceso), les vengo a proponer a ustedes que pasan por acá hace mucho o poco, que comentan a veces o siempre, en fin, a ustedes que están leyendo; decía les propongo la idea de vernos, con algo rico de por medio, para hablar de bueyes perdidos. 
Aprovechando que se acerca el fin de semana largo por el 25 de mayo, entonces, las invito formalmente a una reunión cumbre, porque el pueblo quiere saber de qué se trata esto tan moderno de juntarse un grupo de gente que se conoce por muchas cosas, pero nunca se vieron las caras.
¿Se animan?  

Si son valientes y revolucionarias (?) levanten la mano, dejen un comentario o manden un mail (ciberviviendo@gmail.com), así coordinamos el lugar, hora y demás burocracias. 
Ann y yo estaremos repartiendo escarapelas en la puerta.  

eso no se hace (o el día que empecé a odiar a mi ecografista)

Amo a mi ecografista. Es serio, pero con la dulzura suficiente como para contenerte en momentos de mierda (como ante la pérdida de un bebé). Es tranquilo, especial para las ansiedades de primeriza y embarazadita en general. Es, en fin, de esa cada vez más rara especie de médicos que recuerdan que del otro lado hay un ser humano.
Decía, amaba a mi ecografista.
Escenario: Jueves por la tarde, consultorio del susodicho, realización de translucencia nucal.
Retoño se mueve como si estuviera bailando salsa. Tanto que lo vemos un rato largo hasta que el médico puede freezar la imagen que necesita.

Dr.: -Está todo bien.
Listo. Un camión de miedos afuera.
 
Concubino: -¿Y cuándo se puede saber el sexo?
Dr.: -En la próxima ecografía te lo CONFIRMO.
C: -Entonces ya lo sabés.
El Dr. sonríe. Automáticamente los padres, adultos, se convierten en dos niños de 3 años.
A coro: -Ah, no decinos, por favor. (Mate está en la camilla, en batita, pero si puediera agarrar al ecografista de la solapas lo haría).
Dr.: -No, no, porque si después te lo cambio ¿qué pasa?
Nosotros: -Noooo, te juramos que no te decimos nada. En serio. En serio.

Y no hubo caso. Nos dejó con la intriga.
Sr. ecografista, yo lo quiero mucho, pero sépalo: eso NO se hace. 

"Creo que Peeta dio en la tecla al comentar que nos destruyéramos entre nosotros...

"Creo que Peeta dio en la tecla al comentar que nos destruyéramos entre nosotros para dejar que otra especie más decente ocupara nuestro lugar. Porque algo falla estrepitosamente en unas criaturas capaces de sacrificar a sus hijos para zanjar sus diferencias. Dá igual cómo se justifique."
En Sinsajo, de Suzanne Collins.

Aunque suelo citar partes de los libros que estoy leyendo, o releyendo, nunca emití una opoinión acerca de ninguno. En general cito lo que me gusta, y lo que no me llamó la atención ni siquiera aparece. Pero hoy quiero hacer un pequeño comentario sobre los Juegos del Hambre, una trilogía que muchos habrán conocido por el estreno de su versión cinematográfica.
En mi caso fue al revés. Supe de la existencia del libro antes, y quise leerlo previo al estreno, porque me gusta ver qué han hecho los directores y guionistas con eso que cada uno se imaginó en la individualidad de su cabecita.  Sin embargo, al buscar críticas me encontré con comentarios tan opuestos que no sabía si depositar los pesitos que sale cada tomo.
Algunos decían que era un libro para adolescentes del estilo de las series de Cris Morena (oh por dios), mientras otros se habían hechos fanáticos de la saga. 
Así que, para los que estén en la misma situación que yo, hace tres libros atrás, déjenme darles mi humilde opinión.
Los Juegos del Hambre efectivamente es un libro para adolescentes. Repito, adolescentes, no niños. 
La prosa es rápida, y no deja respiro. El lenguaje es directo, quizás los personajes se explican demasiado, y el triángulo amoroso típico de este tipo de novelas es un poco aburrido. Pero todo se subordina a la acción. 
Supongo que para atrapar a un jóven -y más aún a un jóven de estas épocas- es necesario que pasen cosas permanentemente. Y eso hace que uno no pueda dejar de leer, para saber cómo sigue la historia.
Lo que acabo de decir define a muchos best sellers que por lo demás son una verdadera bazofia, que no dicen nada. 
Pero aquí sucede lo contrario. El libro dice mucho. Sobre los jóvenes, y lo que nuestras sociedades hacen con ellos, de ellos. La utilización de sus cuerpos como método de control social, a través de la violencia, y de la televisación constante de esa violencia. La banalización de su sufrimiento, de sus muertes (y no puedo dejar de pensar en tantos programas de tv donde lo único que se nos muestra es a jóvenes matándose -entre ellos, o a sí mismos-).
La saga habla del hambre, y de la supervivencia. De la desigualdad, y su naturalización. De la realidad construída por los medios de comunicación.
El libro habla de la guerra, y de los vencidos... es decir, todos los que se ven envueltos en ella.


Seguramente la película no haga honor a la historia. Lo digo sin haberla visto, pero dudo mucho que Hollywood lleve a la pantalla tanta violencia y tanta oscuridad. Por eso, a los que lo estaban pensando, les recomiendo leer los libros. 
Después me cuentan.

ronda

Hay mucho que decir. Tanto que se me mezcla todo y no consigo ponerlo en orden.
Ando entre la actividad frenética (ordeno, imprimo fotos, pinto porta retratos, cocino) y el cansancio más absoluto.
Porotx -volvemos a la x, qué nervios, ¿otro niño? ¿una niña?, pura ansiedad- me tiene a mal traer. Todo lo que pasó desapercibido en mi cuerpo el primer embarazo se lo está cobrando el segundo. Náuseas, mareos (no puedo viajar en auto sin sentir que estoy en una montaña rusa pero sin la diversión), baja presión, sueño mucho sueño. Y a la vez tranquilidad: ya lo vi, o la vi, tres centímetros de vida pura. Ahora sólo queda esperarlx con alegría. Y volver a disfrutar de esa sensación plena de tener a alguien creciéndote.
El Chino, mi hijo, esa personita que no para de sorprenderme, está cada día más grande - ya camina, ya me dice mamá, ya tiene su propio código de señas con el que nos entendemos perfectamente - y me llena la vida de luz. 
Mi pareja. Mi compañero. Esa es la palabra. Mi compañero de vida, y de aventuras, y de llantos y de risas. Juntos, hace 11 años, no importa donde nos lleven las olas. Cada día aprendo a ser mejor, gracias a él, y por ellos. Y ahora por los cuatro que estamos por ser.
Intentando ser una amiga menos colgada, menos despistada, aún sabiendo que mis amigos no esperan que cambie tanto, sólo que aprenda a acordarme dónde dejé tirado el celular.
Entendiendo que eso de "nunca digas nunca" se aplica a muchas más cosas de las que pensaba, y que la timidez no debería ser una excusa para perderte de conocer gente buena.
Mezclada. Con sueño y con insomnio. Pensando dónde voy a meter la cuna, al Chino, mi oficina. Pero más que eso, dónde voy a meter tanto amor (¿es posible sentir aún más amor sin estallarse el pecho? Somos infinitos los humanos, y ni siquiera lo sabemos.)
Alborotada, mareada, embrigada.
Con ganas de compartirlo con ustedes, y que este espacio se convierta cada vez más en una ronda de amigos que se pasan un matecito caliente mientras se cuentan las cosas de la vida, así como cantando, cada uno con su tono y su melodía.
Qué me dicen, ¿pongo el agua?

el reino de la pelotudez

A pesar de la cara que ponga Concubino frente a la siguiente afirmación, no por ello deja de ser cierta: no me compro mucha ropa, casi nada. Gastar 200 pé en una remerita de morondanga (qué linda palabra morondanga) me parece un despropósito. Lo mismo con los zapatos y demases.
Peeero... 
Pero tengo ciertas debilidades, que son más potentes que toda la fuerza de voluntad del mundo. Y para peor, hay casas que se dedican sólo a ofrecerme esos objetos por los que siempre siempre termino desembolsando algún dinero.
No mucho, porque son pequeñeces, innecesarias todas... Pavaditas, como diría mi madre. En resumen y hablando en criollo: pelotudeces.
Por ejemplo:
1. Todo Moda: señor José Todo Moda, lo odio profundamente. Si hubiese un país de la pelotudez, sus locales serían la capital.  Llaveritos, libretitas, bolsitos, collares, anillos, pañuelos. Listo. Los odio.
2. "Regalerías": hablo de esos lugares en los que venden chucherías para la casa. Tazas, decoraciones para la heladera, muñequitos (oh, las kimmidoll), abrelatas graciosos, etc. Después no sabés dónde cazzo meter la cantidad de porquerías que compraste, y descubrís que no hay casa que pueda albergar semejante cantidad de adornos y utensillos... pero son taaaan lendos.
3. Librerías: ¿Por qué Staples, por qué te tenías que mudar tan cerca de casa? Eh? ¿Era necesario? Son necesarios los 35 lápices negros, las cajitas llenas de chinches, clips y gomitas de colores, las gomas de borrar con formita (oh dios, tengo 12 años)... ¿Por qué me hacen esto?

Un día, les juro, voy a pasar por la puerta de cualquiera de sus negocios infames y no voy ni a mirar la vidriera. En serio.
En serio. 

Bueh, la vidriera, ¡pero nada más!

Y usted, lector(a) ¿a qué pelotudez no se puede resistir?

receta para la juventud eterna

No sé si es porque estaré harto sensible, pero esta canción y este video me hacen lagrimear 
de ternura, de amor, 
de esperarme en un espejo junto a él, los pelos grises, las manos arrugadas... 
y bailando




Cause when she sings I hear a symphony
And I'm swallowed in sound as it echoes through me
I'm renewed, oh how I feel alive and through autumn's advancing
We'll stay young, go dancing

un tal Soares

...En el baile de máscaras en que vivimos, nos basta el agrado producido por el disfraz que vestimos, disfraz que en el baile es todo. Somos siervos de las luces y los colores, nos deslizamos en la danza como en la verdad, y no hay para nosotros —salvo si, despiertos, no bailamos— conocimiento del gran frío de lo alto de la noche externa, del cuerpo mortal por debajo de los trapos que le sobreviven, de todo cuanto, a solas, nos parece que es esencialmente nosotros, pero que, al fin de cuentas, no es sino la parodia íntima de la verdad de lo que nos suponemos.
Todo lo que hacemos o decimos, todo lo que pensamos o sentimos, muestra la misma máscara o el mismo disfraz. Por más que nos quitemos lo que vestimos, no alcanzamos nunca la desnudez, pues la desnudez es un fenómeno del alma y no de cosas que se sacan. De este modo, vestidos en cuerpo y alma, con nuestros múltiples trajes tan pegados a nosotros como las plumas a las aves, vivimos felices o infelices, o sin saber lo que somos, el breve espacio que nos dan los dioses para que los entretengamos, como niños que juegan a juegos serios.
Uno u otro de nosotros, liberado o maldito, ve de repente —pero incluso éste rara vez lo ve— que todo lo que somos es lo que no somos, que nos engañamos acerca de lo que está bien y no tenemos razón en lo que nos parece justo. Y ese que, en un breve momento, ve el universo desnudo, crea una filosofía, o sueña una religión; y la filosofía se expande y la religión se propaga, y los que creen en la filosofía pasan a usarla como indumentaria que no ven, y quienes creen en la religión terminan poniéndosela como una máscara de la que se olvidan.
Y siempre, desconociéndonos a nosotros y a los demás, y por eso entendiéndonos alegremente, pasamos en las volutas de la danza o en las charlas de las pausas, humanos, fútiles, serios, al son de la gran orquesta de los astros, bajo las miradas desdeñosas y ajenas de los organizadores del espectáculo.
Sólo ellos saben que nosotros somos víctimas de la ilusión que nos impusieron. Pero cuál pueda ser la razón de esa ilusión, y por qué ella, o cualquier otra ilusión existe, o por qué ellos, ilusos también, nos entregaron la ilusión que nos dieron — eso, por cierto, ni siquiera lo saben. 
de Fernando Pessoa, en Libro del desasosiego

buscado


Tengo un problema. Bueno, lo que se dice problema problema, no es, pero dicen que para llamar la atención de los lectores hay que poner una primera frase con punch. Y necesito de su atención.
Sucede que hace unas semanas probé el mejor cheesecake del planeta. No uno riquísimo, no uno muy muy bueno; el MAS MEJOR del MUNDO.  Altísimo, cremoso hasta la locura, dulcísimo, con un toque de limón, y una masa casi inexistente  como base.  Lo recuerdo y se me congestionan las glándulas salivales (y los lacrimales también).
El problema es que el susodicho cheesecake es elaborado un poco lejos de mi casa.  Tanto como a miles de kilómetros. No hay delivery estelar que me lo traiga.
Así que recurro a la infitina sapiencia de los que pasan por acá (y sé que hay muchos gourmets que me visitan, que gustan del buen comer) para que me digan dónde puedo encontrar el segundo mejor cheesecake del planeta, o me den una receta que hayan probado empíricamente como maravillosa.
Sólo eso.
Al final, una pavada.

con la frente marchita

Podés estar en el lugar más hermoso del mundo, o en la ciudad más increíble. Rodeado de la gente que querés, comiendo rico, alojado cómodamente y pesando sólo  a dónde ir a pasear. Podés estar pasándola muy bien. Sin embargo, llega un momento en el que sólo deseás una cosa: VOLVER.
A tu casa, a tu cama, a tus pequeñas ceremonias diarias.
Una lástima que eso también implique volver al trabajo.
De todos modos, no hay mejor lugar que el de uno (más allá de que en este instante, el lugar de una sea un verdadero despelote). 

Ando volviendo. Espero que sigan por ahí. 

So long, farewell...

Un viejo proverbio neozelandés reza "Nadie hará las cosas como tú, excepto tú mismo. Por lo que trabajarás incluso en vacaciones, o dejarás a alguien a cargo y entonces: ajo y agua  (aguantarse y a joderse)." Puede que el traductor se haya tomado algunas atribuciones, pero lo cierto es que la gente obsesiva, como la que suscribe, suele carecer de la voluntad necesaria para delegar sus tareas a otros, por falta de confianza en cualquier ser humano y/o cyborg que no sea uno mismo. 
Eso significa que, a un día de emprender mis vacaciones con la familia, no sólo no haya preparado ni un mísero bolso, sino que hace dos semanas que trabajo día, noche e inclusive en sueños.
¿Y para qué? Para salir con la férrea intención de revisar mails todos los días, y llevar un teléfono con internet por "cualquier emergencia" que suceda. Y esperar la catástrofe.
¿Y por qué? Porque no concibo la idea de dejar a su libre albedrío a aquellos que colaboran conmigo. Porque no puedo, y porque la única vez que le pedí a alguien que hiciera un trabajito de morondanga por mí mientras yo trataba de estar desenchufada, lo hizo MAL.
¿Elijo mal los colaboradores? Puede ser.
¿Tengo problemitas? Sin duda.
¿Puedo cambiar de hoy a mañana? Lo dudo.
 
Así que esta es la situación, queridos amigos que pasan por acá. Me voy de vacaciones. O lo intentaré.
Mientras tanto, seguiré soñando con que me quedo en pampa y la vía gracias a lo no-colaboración de mis colaboradores.
¿Soy la única insoportable? ¿O ustedes sufren del mismo síndrome?
 

365 días después

Dije que no iba a hacerlo en un salón porque era demasiado. Participé de fiestas en las que, mientras los adultos se emborrachaban y pasaban vergüenza gracias a las artes de una animadora, el agasajado lloraba en brazos de un integrante de la única mesa de todo el cumpleaños que no participaba de ningún juego (adivinen cuál era esa mesa).
Pero sí tenía ganas de festejar. Y motivos de sobra: el primer año de mi primer hijo. No se trataba sólo de la alegría por ver cómo creció ese ser minúsculo que un día habitó mi panza y ahora anda por la casa diciendo "uva". También se trata del festejo de un año en el que podemos decirlo, sobrevivimos: como padres (superando las ganas de tomar un vuelo a Singapur para no volver), como pareja (y hubo momentos jodidos, jodidos), como primerizos. Todo un logro. Se los aseguro.
Así que poco a poco me fui entusiasmando, y lo que tenía pensado como un té "muy tranquilo" con la familia, terminó con adornos, torta de DOS pisos e inclusive unos souvenirs (hechos a mano, para los que hicimos una sesión de fotos ad hoc con gorro y globos).
¿Se me fue un poco de las manos? Naaah.
En mi defensa sólo voy a decir una palabra (y los que lo conocen sabrán qué significa): Pinterest. 
El resultado fue una linda reunión, en la que todos la pasamos bonito, comimos mucho, y cantamos el feliz cumpleaños después de la siesta del homenajeado, que se rehusó a soplar la velita (aunque la semana anterior se la pasó soplando al aire cada vez que le cantábamos el apio verde). 
Superamos el primer año. Ahora todo será pan comido (paabre, ella se autoengañaba como loca.)




PD: El niño recibió regalos, algunos de tamaño considerable. Digo yo, si empezamos así, qué me espera en tres años? ¡Voy a tener que alquilar un departamentito aparte sólo para guardar juguetes! 

e-valuando

Amo los libros. Esto significa que me gusta mucho leer -de todo, de a dos o tres libros al mismo tiempo, en todos lados- pero también quiere decir que los libros como objeto me pueden. Obsesiva, presto mis libros con mil recomendaciones y sufro -literalmente- hasta que no los veo de vuelta en mis manos, sanos y salvos.
Para mí el significado de herejía es usar un libro como si fuera una revista y doblarlo todo como un panqueque. O marcar el avance de la lectura haciendo un doblez en las puntas de las páginas.
A nadie le debe interesar todo lo dicho, pero lo cuento porque hace un par de semanas estoy evaluando una posibilidad que ni se me pasaba por la cabeza: comprar un e-book reader.
Mis razones:
- Los libros están cada día más caros, y las ediciones son cada día más pedorras. Actualmente estoy leyendo una saga que va a constar de 7 tomos. Y cada uno cuesta 150 pesos. ¿Estamos todos locos? ¿Quieren que venda los órganos para poder leer?
Para peor, uno se gasta esa cantidad de dinero y ni bien abre el susodicho libro las hojas empiezan a desprenderse como si hubiese llegado el otoño. Así no. 
- Como soy lectora ávida me he bajado una biblioteca completa en pdf, hace muchos años ya, y nunca pude leer nada porque no hay cosa que me moleste más que leer en la pantalla de la computadora (sumado al hecho de que tengo migraña y el brillo del monitor no ayuda).
- Los e-books son mucho más baratos. Eso sin contar que hay versiones piratas de todo lo que uno se imagine, gratis. 
Entonces evalúo. Hay contras:
- lo dije, amo los libros;
- no sé si me sentiré a gusto con la experiencia de lectura en ese aparato;
- no tengo la más pálida idea de qué me conviene comprar.
En fin. Si lxs lectorxs de este blog usan o usaron e-book readers, o saben -digamos- qué se siente, les agradeceré el comentario.
Mientras tanto seguiré leyendo a la antigua. Y evaluando empezar a hacerme la moderna.

en carrera

Con el embarazo y los primeros meses de vida de Poroto me di cuenta de un hecho insoslayable: a la primeriza siempre la estará rodeando un coro de expertos para decirle todo lo que -creen- la pobre mujer, perdida entre pañales con mecoño y pezoneras, necesita saber. En general madresconexperiencia, que aconsejarán, cuando no querrán imponer, sus opiniones.
Con el tiempo (a mí me costó bien poco) una aprende a poner cara de póquer y asentir a todo como si estuviera escuchando el Oráculo de Delfos. Acto seguido, una hace lo que se le canta.
Lo mismo sucede con el niño.
La regla básica de todo infante es: haré lo que se me cante, cuando se me cante (regla que quieren seguir hasta la misma adolescencia). 
O bien, a esta edad: "madre, puedes leer de pé a pá ese manual de estimulación temprana que te regalaron, y aprender que a los ocho meses debo gatear, a los nueve decir mamá y a los diez hacer la vertical. Tú aprende, madre, que yo tengo mi propio plan."
Sin embargo muchas no sólo se rehusan a aceptar que el niño tiene sus tiempos, sino que hacen de sus avances una competencia.
Estamos en presencia de este tipo de mujeres cuando a los oídos nos llegan frases que comienzan con la fórmula "el mío" seguida de un supuesto logro. 
El mío, o los míos, están siempre adelantados a su tiempo. Son abanderados en salita de uno. Caminan, gatean, hablan (y se van de la casa) antes que el resto.
Hace una semana atrás me dijeron, mientras sostenían de las manos a mi hijo, y repito textualmente:
- Ahora lo tenés que entrenar para que camine.
Yo, fiel a mi aprendizaje, asentí con cara de interesadísima en los métodos de la mujer. Y entonces vino el argumento irrefutable:
- Los míos caminaron todos antes del año. (Ponga cara de orgullo aquí.)
Decime una cosa: ¿para qué cazzo querés que camine antes del año?, ¿te dan un premio?, ¿te dan guita? Porque si es así lo pongo al pibe atado a una cinta de gimnasio ya mismo.
Entiendo que a una le de orgullo cualquier pavada que hace "el nene". Aunque no lo querramos aceptar la maternidad te lleva a festejar un pedo como si fuera un acontecimiento increíble.
Pero de ahí a en-tre-nar a tu hijo para que sea el primero del barrio que camina hay un abismo.
Mientras tanto, yo, cada día me sorprendo de que ese porotito minúsculo que alguna vez habitó mi panza se haya convertido en este humanito que ahora mismo se cuelga de mis piernas porque quiere llegar al teclado.
Es simplemente maravilloso.

 
Según el manual, éste no sería el método más común de "gateo". Que venga alguien y se lo explique, porque él está de lo más contento.


mínimos

Un joven jardinero persa dice a su príncipe:
-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan.
El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:
-Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?
-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan. 
"El gesto de la muerte", Jean Cocteau



Chuang Tzu soñó que era una mariposa. Al despertar ignoraba si era Tzu que había soñado que era una mariposa o si era una mariposa y estaba soñando que era Tzu. 
"Sueño de la mariposa", Chuang Tzu
 en Antología de la literatura fantástica. Borges, Bioy Casares, Ocampo.
Sigo acá, al pie del cañón.
Leo, pero no escribo... Silencios de fin de año. 
Del fin de un año en el que cambió todo. 
Todo, todito. Todo.
Por eso el mutismo, creo.

Cuesta escribir estando cabeza abajo. 

momentos navideños

1. La gula
Llegamos al lugar de festejo, nos saludamos. Se escuchan diálogos como el que sigue: 
-"qué calor", 
-"seh, terrible" 
-"y yo con el horno haciendo la pavita, no doy más"
Y la primera pregunta que surge es: ¿Por qué si somos 4 gatos locos hay tres toneladas de comida? ¿Vamos a salir a repartir Vitel Toné a los vecinos? ¿Viene a festejar la tercera división de Cambaceres y no me avisaron?
Y por las barbas de Papá Noel, ¿por qué la Tía Marita que en su vida supo cocinar se empecina en hacer platos calamitosos que no le gustan a nadie pero que hay que tragar para no lastimar sus sentimientos? ¿Por qué?

2. Las mañas
Todos tenemos manías con la comida. En las fiestas se ven to-das.
El abuelo que le pone soda al vino de 400 pesos (mientras el que compró el vino se corta las venas con una cáscara de nuez). El que no toma vino "porque le cae mal" y se baja tres litros de cerveza. Los que le encajan mayonesa hasta el pan dulce. Los que no comen frutas abrillantadas, los que sólo comen frutas secas, los que no comen agridulce (y hacen caras frente al melón con jamón), los que no comen verduras, los que no comen carne, los que toman ananá fizz, los que odian la sidra, y los que sólo le dan al champangne porque son finos.
Lo bueno es que las fiestas es uno de los pocos momentos en los que hay algo para cada uno de ellos. 

3. El momento tenso
Gracias a la mezcla de un calor que te chorrea en las sienes, el exceso de bebidas alcohólicas, y un rejunte de personas que no se ven casi nunca, existe un 80% de probabilidades (científicamente comprobado) de que en algún momento de la cena haya dos o más comensales con unas ganas locas de arrancarse los ojos a punta de escarbadiente. Todo puede comenzar con el Tío Pocho descubriendo su enano facista al grito de "hay que matarlos a todos" o con algún reproche vencido hace rato pero que la esposa de Rolo le pareció bien traer a la mesa. 
Incluso la hecatombe se puede originar en un comentario ingenuo, que no parece ocultar ningún conflicto, como "¿y ustedes cómo se conocieron?"
Y entonces nos enteraremos por la suegra, que "el sátrapa de Roberto la dejó a Martita plantada en el altar", o que, según Roberto, "Martita era la más rápida de la cuadra" (y Martita revoleará una copa de vino en ese mismo instante).
Como decía Francella, lo primero es la familia.

3. El bajón
La misma mezcla que induce a la riña, también provoca la depresión de algunos comensales. Esos comensales que, de integrar la organización del Oscar, sólo se encargarían de armar el videito de los obituarios. En general gente mayor que hace la lista de fallecidos familiares y le atraganta el pan dulce a más de uno cuando comienzan su rosario de penas diciendo "esta es la cuarta navidad sin Julito".

4. Los regalos
No importa si se hizo el amigo invisible, si cada uno le regala al que quiere, para la abuela Rosa "regalo", "calzoncillo", "medias", "colonia Old Spice" y "jabón Heno de Pravia (OMG)" son sinónimos. 
Los años le enseñan a uno a poner cara de alegría mientras se le dice a la abuela Rosa, "ay, qué lindas medias de toalla" y a preguntarle delicádamente a la cuñada si ese collar horrendo que nos regaló se puede cambiar en algún lado.

5. El peligro
Cuando están por llegar las 12 siempre aparece un boludo que no tuvo mejor idea que gastarse el aguinaldo en fuegos artificales, y sale corriendo a buscar al auto una cantidad ingente de cañitas voladoras, petardos y demás porquerías. Elementos que: estuvieron en el baúl de su vehículo al calor de la tarde durante horas, el susodicho boludo le da a manipular a los niños de la familia mientras ríe como un energúmeno, o bien manipula él mismo con la agilidad de una babosa. 
Es el mismo boludo que sale en los noticieros al día siguiente en la Puerta del Santa Lucía, tuerto, o en la cuadra de cualquier hospital con un dedo menos.
Deberíamos hacer algo con el boludo de los fuegos artificales.  

6. El bochorno
Ya nos regalamos cosas feas, brindamos, nos peleamos, nos amigamos, no besamos. Estamos comidos, pero sobre todo estamos muy bebidos. Entonces es la hora del show. Cada familia tiene sus talentos y habrá espectáculos variados.
Se le pide al niño prodigio que toque el violín (y el niño prodigio nos muestra que además de prodigio es sordo), 
el padre del niño prodigio está hace rato ofreciendo una sonata en do mayor de ronquidos y apnea de sueño,
un par de hermanas que alguna vez fueron hippies desempolvan la guitarra y se ponen a ladrar al ritmo de "Rasguña las piedras",
el tío Rulo pone un compilado que armó especialmente para la ocasión y que contiene hitazos como "Cachete, pechito y ombligo", "Tonta" y "Tirate un paso". En ese momento descubrimos que la abuela baila reggaetón, o peor, que la sobrinita de 10 años podría participar del bailando por un sueño del año próximo (destacándose en el baile del caño).  
 
¡Feliz Navidad!